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viernes, 10 de octubre de 2014

Masaya no quiere decir Más allá en japonés

Hoy he estado en Japón visitando a Masaya. Bueno yo no he estado pero mi mente sí. Os hablo del lugar en el que descubrí que el sushi estaba bueno. Cuando le cuento a mis amigos, compañeros de viaje, familia, viandantes, camareros de bar, que he estado comiendo sushi en Barcelona muchos piensan en Àsia amb gràcia. No. Descubrí este rincón japonés en mitad del barrio de Sarrià gracias a una buena amiga que conocí hace ya tres años en uno de mis viajes de aventura. Ayer estuve media hora aprendiendo con Youtube a sujetar los palillos chinos (o hashis como dicen los profesionales). Al final conseguí hacer algunos avances. El sushi ya no se me escapa pero tengo algunos problemas para comer fideos, arroz o incluso para intentar cortar algo con los palillos. Yo pongo los dedos como el video indica pero después el resultado no es el mismo. A veces me pregunto porque los orientales no aprendieron a usar cuchillo y tenedor como la gente normal. Las tradiciones están muy bien para practicarlas en ocasiones especiales pero cuando hablamos de aspectos prácticos como en la comida, las tradiciones las tiro por el balcón.

Este no es el primer post que escribo sobre comida. Me encanta recomendar lugares para comer a mis lectores sin embargo tengo menos gracia a la hora de comunicar lo mucho o lo poco que me ha gustado un plato o un restaurante que contando chistes. Ya lo intenté con mi primera visita a un vegetariano y el resultado fue peor que el primer flan de plátano de mí madre. No es que ella no sepa lo que pienso de ese flan, ella misma lo reconoció.

viernes, 3 de octubre de 2014

La Tarta ¡Oh! del Teresa Carles

Si hay algo que deteste de los resfriados, es cuando se te tapona la nariz y apenas puedes respirar. Ahora mismo solo puedo respirar por la boca y vamos a tener que comenzar a aplicar crema labial. Mis labios están más secos que el desierto del Gobi y soy yo el que durante la mañana ha estado rompiendo el silencio de la biblioteca intentando destaponar cualquiera de las dos vías nasales.

Hoy he comprado mi vuelo a Santander para ir por carretera a Bilbao. Reduciré un viaje de seis horas y veinte minutos a un viaje de dos horas y media. El precio es lo mejor porque me ha costado solo cinco euros más que yendo con el lujoso Alvia. Incluso podría haberme costado diez euros menos de no ser porque he esperado cinco días a que el profesor confirmara la agenda para las próximas cuatro semanas. Este no es un viaje cualquiera, es un viaje en calidad de ex Erasmus porque hemos decidido hacer un pequeño encuentro en la ciudad en la que poco a poco se va convirtiendo en mi segunda casa.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Back in town

Hoy me estoy descomponiendo a niveles saharianos. Ayer llegué a Barcelona a las diez de la noche con una bolsa que pesa tres mil quilos. Aún me quedan seis horas hasta que pueda descansar en el tren de vuelta a casa. Hoy además tengo oratoria y no sé si me veo en cuerpo o en alma o en las dos cosas para poder intervenir. Mi cara ha envejecido varios años y ahora mismo solo deseo tumbarme en la cama. He aguantado como un toro la clase de fiscalidad la cual me preparé ayer tarde en el tren y ha sido un auténtico coñazo. Aun así, le he respondido una pregunta. Ese ha sido mi aportación del día.

Aun me queda un largo día cargando con mi bolsa de viaje a cuestas. Me queda el trayecto hasta Drasanes y la clase de francés con mis nuevos compañeros quienes me mirarán o tacharán de loco al verme con el equipaje.

-        ¡Oh sí Javier! ¿Cómo fue el viaje?
-        ¡Estupendo, gracias!

No consigo decidirme si este viaje ha sido o no mejor que el primero. Mi inmersión en la cultura vasca lleva ritmos similares a los de Gareth Bale tras el balón. La sensación de estar entre decenas de vascos y ser el único que confundiría Ongi Etorri con Onegin es incomoda. A mí ya me ha pasado. Mi travesía tras el rastro de Ocho Apellidos Vascos me llevó a San Juan de Gasteluatxe donde no solo hicimos piernas, culo e incrementamos nuestra capacidad respiratoria (tres hurras para Sara que llegó al primera: hip hip…) sino que además recibí una clase magistral de cultura vasca para no vascos de la mano de su tío. A esa clase teórica, le siguió una clase práctica de botellón o “litreo” como se dice por ahí en medio de Bolueta (un sitio raro junto a una discoteca).

No se cuantos escalones: 300 o por ahí. Lo peor no fueron los escalones sino la cuesta arriba de vuelta al coche

lunes, 15 de septiembre de 2014

Entre ser novato y ser veterano

Hoy ha sido un día extraño. He vuelto a analizar a cada uno de los pasajeros que se sentaban junto a mí en el tren y leído las portadas de sus libros. He intentado identificar caras conocidas de años anteriores y pasajeros frecuentes. He encontrado dos. Un hombre con cierta obsesión por los animales en las corbatas. Hoy llevaba una azul marino con pececitos rojos. A juzgar por su indumentaria tiene pinta de estar escalando posiciones dentro del departamento de ventas u operaciones. Me ha sorprendido encontrarme a un hombre que solía sentarse a mi lado. Nunca nos hablábamos pero si me veía, se sentaba a mi lado. Delgado y con gafas. Estilo sencillo y definitivamente tenía que estar trabajando en investigación porque tenía cara de listo.

Volver a mi roñosa, ruinosa y decimonónica facultad de economía después de un año ha sido emocionante pero a la par un poco frustrante o quizás también deprimente. Te vas un año y algunos apenas te recuerdan o ni te saludan (definitivamente no les marqué lo suficiente durante los dos años anteriores). Me he sentido como si hubiera estado en un centro de reinserción y después de un año, me hubieran dejado en libertad y hubiera vuelto al mismo barrio donde vivía. Realmente no me puedo quejar del todo, en mi primera clase he conocido a un chico que está en mi misma situación, un ex-erasmus perdido y con un hambre feroz de nuevas experiencias. En la cafetería todo estaba cambiando. Incluso el mobiliario que tenía un aspecto de Wok construido con muebles de Ikea. Lo que no ha cambiado es la mierda de secretaria que sigue dando problemas. Una me ha llamado “nene”. Odio que me llamen “nene” ¿Qué mierda de confianzas son esas?

Voy a apuntarme a un curso de oratoria, expresión escrita y debate. Me falta un crédito para cuadrar mi expediente y he creído conveniente apuntarme a este. Quizás me ayude a desarrollar mejor mis ideas en público y teniendo en cuenta que este semestre tendré que hacer montones y montones de exposiciones orales, el curso será muy beneficioso. Quizás también lo notéis en la calidad literaria del blog.

Por otro lado he visto algunos compañeros míos de clase que han estado trabajando este verano y eso me ha hecho entrarme ganas de querer empezar pronto mis prácticas. En los próximos días tendré que llevar a cabo una intensiva estrategia de relaciones sociales en clase con tal de no quedarme arrinconado. Este fin de semana puede que me vaya de mochileo por los Pirineos aunque todavía no hay nada confirmado. La semana sí que hago la mochila, cojo el Alvia y cruzo de nuevo el desierto de los Monegros para adentrarme en las Vascongadas.


Sin nada más que decir, me despido estupendos y fieles lectores. Aquellos que hoy disfrutaban de la playa durante el mediodía, os deseo un resfriado y mucha lluvia durante la mañana. 

sábado, 13 de septiembre de 2014

Ser solidario por un día

Hoy ha sido un día muy completo. Acabo de escuchar el último podcasts de James Altucher quien afirma que es más satisfactorio escribir I-did Lists que no To-do Lists porque al hacer la segunda, nos frustramos al no completarla. Así que yo haré lo mismo y sacaré pecho con todas las cosas que he hecho.

Para empezar me he levantado a las 6:50 de la mañana un sábado por la mañana ¡Un sábado! Como ya había comentado hace dos días, me había apuntado de voluntario a una carrera solidaria con el objetivo de recaudar fondos para un niño llamado Pol. Aprovecho la gran cantidad de tráfico que tiene mi blog para dar a conocer su caso. Con el estómago lleno, mi vestimenta de falso runner y una ilusión máxima, me he plantado a las 7:57 en la playa. Me he encontrado a un hombre catalán hablando con acento vasco y lo he ayudado a montar todo el tinglado, he cargado 150 botellas de agua y otras 150 de Powerade y nos hemos ido a montar el avituallamiento de agua.

Entre tres docenas y media de mocas, hemos preparado toda la bebida. He visto muchísima gente correr, algunos lo llevaban mejor, otros no tanto, pero la intención es lo que cuenta, al menos eso dicen. Sin embargo, yo soy de los que piensa que esa frase es solo una consolación para las primeras veces. Hay que ir siempre a por el máximo. La edad de la mayoría de corredores rondaba los 35-55 años, una edad que desde hace unos pocos años es la que frecuenta los paseos y las playas a cualquier hora. Los que tienen más valor lo hacen por la mañana muy temprano, los que tienen aún más y más valor, lo hacen en las horas en las que pega más el sol y los que aún les queda fuerza de voluntad, salen al volver del trabajo por la tarde al atardecer. He visto abuelos que tranquilamente tendrían 70 años largos y podrían aparentar 60. Mi deseo es que pueda mantenerme al menos la mitad de bien que esos ancianos.

Me costó decidirme entre apuntarme como voluntario o no. Jamás había participado en un evento de este tipo y sentía vergüenza al no conocer a nadie de la organización dentro del evento. Recordé uno de los consejos que me dio un test de aptitud (“Alguna vez prueba a llegar hasta el final de tus objetivos) y me apunté. Probablemente habría estado más emocionante si hubiera participado en la carrera, pero ni siquiera para correr 6 quilómetros estaba preparado (pero sí que lo estoy para hacer 3. Ahora ya puedes reírte). Me ha encantado participar porque aunque no me conocieran de nada, me han tratado como si hubiera estado con ellos desde el primer día. Incluso me he llegado a sentir como si hubiera hecho algo muy grande (y de hecho todos lo hemos hecho) al salir en una foto con todo el equipo.

Mi gesto solidario no es de las únicas cosas que puedo añadir a mi I-did List de hoy porque apenas he descansado en casa 2 horas para después darme un chapuzón (posiblemente el último de verano) en la playa y después darnos un atracón de galletas tanto dulces como saladas y jugar al Uno hasta que ha anochecido. Hacía tiempo que no congeniaba tan bien con algunas de las personas que se encontraban conmigo hoy. Quizás es el efecto pareja que te permite hablar de temas exclusivos que no puedes hablar con otros.

El lunes comenzamos, hoy nos vamos de farra (lo añado a mí I-did List) y mañana será obligatorio aprovechar el último día antes del inicio de nuestra rutina. Volvemos a la capital catalana.

Ah sí, olvidaba añadir algo a la lista: he escrito en el blog.

Paz para todos. 

domingo, 7 de septiembre de 2014

Las tres Bs para comer en Barcelona

A poco menos de cincuenta minutos para que Sara llegue a la acogedora, gastronómica, feroz y lluviosa Bilbao, yo estoy para el arrastre en el sofá de casa. Después de siete días de calor, caminatas, metros y paseos nocturnos, aquí me encuentro de vuelta. Sara se ha ido. Ha sido una gran semana, agotadora y en la que he llegado a odiar la ciudad en la que vivo la mayor parte del día. Sara venía con ganas de ver cosas catalanas y desde luego, las únicas palabras que ha escuchado en catalán han sido las mías y las de la chica de Human bodies. Una Barcelona tomada por turistas es lo que nos hemos encontrado. No es ningún secreto que los ciudadanos de la capital catalana rehúyen el centro de Barcelona y solo lo pisan en contadas ocasiones como en navidades o Sant Jordi. Una de las cosas que me propuse antes de que llegara Sara, fue no caer en las decenas y decenas de trampas para turistas que existen en Barcelona a la hora de comer. Me prometí a mí mismo que no iba a acabar comiendo fast food cada día como hice en Londres. Fue terrible y durante cuatro días engañé mis propios principios alimenticios.

Así pues esta vez he hecho una buena investigación en internet y entre Google, Tripadvisor y quien lo fuera a decir, el periódico vasco El Correo, me han permitido seleccionar una serie de sitios en los que comer por alrededor de diez euros. Sin duda esta investigación me ha ayudado a conocer mejor Barcelona, donde comer barato y conocer mejor cada una de las calles. Para empezar, Conesa, un bar de los de toda la vida y que descubrí gracias a un amigo una noche de mayo. Tal y como dijo aquella misma señora catalana con fuerte acento barcelonino y con cara de venir allí frecuentemente, es el típico bar con las tres Bs. Conesa (Carrer de la Llibretería, 1) es famoso por sus bocadillos de grandísima calidad, por sus colas que bien pueden llegar a la mitad de Plaza Sant Jaume. Sara obedeció me recomendación y copió mi comanda (Salchichas del país, pimiento rojo, queso y cebolla). Pan de verdad, caliente, tostado y buenísimo. Comimos los dos por 9 euros con agua.

Por la noche y después de patear todo la Ciutat Vella bajo un sol que me quemó los brazos, besarnos en un banco de estilo modernista en Passeig de Gràcia y un café americano con granos de Kenia, cenamos en el Viena. Siempre me ha parecido una cadena de comida (semi) rápida bastante curiosa. La cadena catalana se limita únicamente a estar presente en el territorio catalán. Hace poco leí que iba a probar suerte en Canadá. Lo curioso de esta cadena es el estilo y decoración austriaca que tiene y jamás entenderé el porqué de la elección de tal estilo. Sin embargo, todo y ser una cadena de restaurantes, tienen una oferta buenísima de bocatas. A mí me parece la mejor cadena de comida rápida que puede existir y tienen una amplia variedad de productos. La flauta de jamón serrano que se pidió Sara fue considerada por el New York Times como la mejor flauta de jamón serrano. La cadena también tiene un café bastante bueno. Sara y yo cenamos por doce euros (mi bocadillo provenzal se subía de precio). Yo siempre voy al Viena que podéis encontrar en Calle Pelayo junto a Plaza Catalunya.

Desde luego, me sonrojo cuando admito que hace falta que vengan las visitas para conocer tu propia casa. Ha sido con Sara con la que he visitado gran parte de los lugares turísticos que ofrece Barcelona. El martes y tras estar desprovisto de información con la que asombrar a Sara con datos e historias de la ciudad, me armé con toda la información sobre la Sagrada Familia y el Parc Güell de la mano de nuestra amiga Wikipedia. Lamentablemente no me pude resistir a un descuento del Burger King para comer dos personas por 7 euros. Dos bocadillos de pechuga de pollo (hechas con sesos según teorizaba Sara).  

Ahora alerta turista que por remota casualidad caigas en estos lares. No compres la entrada al Parc Güell conjunta con la Sagrada Familia como hice yo. Un terrible error (garrafal). Lo único que harás será pagar 7 euros por ver la casa de Gaudi donde enseñan las estupendas sillas ergonómicas en las que se la pelaba por las tardes a la luz del sol. Por la noche sí, para cenar me volví a guiar de la mano de Internet y cenamos en una pizzería a 60 metros de Rambla Catalunya: Buenas Migas (Plaça Bonsuccés, 6). Tienen mucha comida italiana pero nosotros comimos foccaccia. El sitio es bastante “cuqui” y el bajo precio no es resultado de un ambiente sucio como en un paki de barrio. Una buena porción de foccaccia de queso azul, ruccula y membrillo por 4 euros. Los dos por poco más de diez euros con bebida.

Sigo escribiendo con mi estilo Erasmus contándoos lo bien que he comido estos días porque quiero que como yo, no os acuchillen la cartera cada vez que queráis cenar en esta ciudad en la que un billete sencillo de metro vale 2,15€. He poner especial hincapié al gran descubrimiento que hice el jueves pasado: Pim Pam Burger (Calle Sabateret, 4 en el Born). Para mí se ha convertido en un templo de las hamburguesas (aunque aún he de probar el Bacoa). Repito, con este post intento deciros donde comer bueno, bonito y barato en el centro de Barcelona sin tener que comerte un kebab hecho por tu amigo Jalim. Pim Pam Burger es bueno porque utiliza carne picada de verdad, de la buena. Mi hamburguesa era 100% de ternera (no como la que vende Carrefour que está hecha con mierda de ternera); es barato porque mi enorme hamburguesa de ternera con queso gouda, parmesano y feta con salsa especial, lechuga y cebolla costó 4,70 euros más agua (11 euros Sara y yo); es bonito porque todo y ser un pequeño local, está bien amueblado. Por la clientela que había en el momento que fuimos, pude deducir que es una hamburguesería mayormente conocida por gente local y no por turistas. Los turistas se paraban delante de la pizarra de la calle y a continuación seguían andando. Entrar no os arrepentiréis. Sara comió una Pim Pam Pollo que estaba muy muy buena. Ya os digo, un templo divino.



Pim Pam Burger fue el último local que integró mi Ruta Gastronómica para Bolsillos Estrechos en Barcelona. Sin embargo, si os podéis dar un capricho, subir hasta la Calle Blai en Poble Sec (Paral·lel L3 o L2) e iros de tapeo. Salir por Ronda de Sant Pau y subir por la Calle Roser. El barrio es un poco pintoresco pero completamente inofensivo. Me voy de tema. En la calle Blai hay una taberna vasca (KoskaTaverna en Blai, 8) que no os engaño si os digo que se cena de PUTA MADRE. Sara (como buena vasca) llegó a admitir que hasta el camarero de la barra era un auténtico camarero vasco: antipático en su justa medida. La mejor caña de bar que he bebido jamás ha dio en Koska Taverna y el pintxo de pimiento relleno de bacalao está estupendo; lo mismo digo del pintxo de anchoa. Un comensal pidió Sardina fumada y este llegó a afirmar que estaba de muerte. Si aún no os he convencido para ir, Tripadvisor con sus decenas de excelentes reseñas y su 4,5/5 debería convenceros. Como yo no hice foto de mis pintxos, tomo una prestada de Internet. Todo y lo que os estoy diciendo, calle Blai es larga y la lista de bares para ir de pintxos de bastante larga: Entrar donde os llamen los pintxos. El País recomendó un bar en Blai, 23 pero a mí no me acabó de gustar.



Acabo de escribir este post veinte minutos después que Sara haya llegado a Bilbao. A ella le mando ánimos para mañana. Sin darnos cuenta, ha hecho un año desde que Sara y yo nos conocimos en la puerta de embarque de camino a Cork. A mí me espera un test de nivel de francés que tiene muchos números de ser un completo fracaso. Vuelvo con mucho mono de escribir y ponerme al día de blogs y nuevas historias. Hasta el martes no tendré un momento de relax  para gestionar los pocos días que me quedan libres antes de empezar mi cuarto y último año de carrera.


Por último, nadie va al supermercado y compra únicamente condones. El viernes tuve que ir y compré también agua. No sé si por necesidad o por disimular el paquete. Lo primero, lo prometo. 

martes, 26 de agosto de 2014

Lo que me enseñó mi amigo Cherry

Alba se ha ido hoy por la mañana a emprender la aventura que empecé yo hace ya casi un año (faltan diez días para hacer un año). Aitor la empieza mañana. Quien pudiera repetir me digo durante estos días. La semana pasada recordaba con Sara algunos momentos aunque realmente todo esto es agua pasada. Aun así, todos estos acontecimientos no hacen más que alimentar mi deseo de volver a irme una temporada y dejar atrás la rutina de Pineda de Mar. Puede que definitivamente lo que necesito es independizarme.

Probablemente este pasado fin de semana fue alguno de los mejores que haya tenido durante este verano. Después de una frenética tarde en Barcelona, conseguimos juntarnos para despedirnos de Alba. La tarde en Barcelona no pasó sin incidencias pues volví a toparme con un servicio de restauración maleducado. Todo y que su café y su pastel de chocolate estaban deliciosos, el servicio de cafetería de We Pudding era de lo más lamentable. Jamás me han atendido con “Rápido que voy de culo” y aun así he tenido que repetirlo varias veces. Sin embargo, el lugar era genial y estaba ambientado en David el Gnomo donde había champiñones gigantes a modo de lámparas. Para quemar parte delas 800 calorías que tragué con aquel pastel, andamos hasta la calle Roselló 158 para visitar la librería Re-Read de la que había leído hacía meses en El País. Se trata de una librería low cost y te permite comprar hasta cinco libros por 10 euros. Todos son títulos posteriores a los noventa aunque la librería tiene una sección de clásicos. Los libros son de segunda mano y algunos tienen aún la etiqueta del Opencor o el Alcampo pegada en la cubierta. Es un lugar pequeño pero muy tranquilo. Además de buen precio, la librería también compra libros de segunda mano a euro la unidad (una oportunidad para perder un poco de peso literario Sara). Una adorable pareja de jubilados vendió dos bolsas repletas de libros en los que al menos había 50 o 70 euros.

No sé qué tienen estas noches con los amigos que siempre acabamos haciendo referencia a los buenos tiempos de instituto y recordando viejas glorias como la historia de un chico al que le llamábamos Zapacaca en honor a una mierda que pisó y con la que fue al aula. Esto y unas piñas coladas cargadas hicieron que nos llamaran la atención en la terraza. A los 21 años, aún nos queda parte de aquel niñato de instituto.

La vuelta en tren con Mireia me hizo llegar a la conclusión que el hecho de querer moverme y cambiar de rutina no era un deseo único en mí sino que ella también lo estaba deseando e incluso puedo decir que en ella era más intenso. Es Mireia quien había estado rezando por la existencia de algún programa de becas o convenios con Suramérica todavía abierto En mi caso mi deseo incluye poder acercarme más a Sara y me imagino cruzando la ruta 66 con ella mientras se broncea nuestra blanca (en su caso, blanquísima) piel.

Esta es mi última semana de trabajo lo cual supone el fin de mis ingresos estivales. Desde la perspectiva económica me da pena pero desde la perspectiva existencial (si se puede llamar tal cual) no siento ninguna lastima. Llevo cinco veranos haciendo este trabajo y lo más útil que he hecho ha sido grabar pulseras personalizadas como la que le gravé ayer a un hombre bastante hecho polvo llamado Cherry. De hecho quería hacer un inciso porque después de atender a este hombre vi lo importante que es guardar la compostura con gente creepy y saber crear conversación, acercarlo a ti, ganarte su confianza y al final convertirte en su amigo. Así lo hago yo, no te puede temblar el pulso porque esta gente son como las mascotas, huelen el miedo y la simpatía es tu mejor arma. Esto es algo que me enseñó mi jefe quien tiene casi dos decenas de clientes peculiares y con todos se lleva a las mil maravillas. Esto me obliga a corregirme y decir que aunque puede que lo más útil que he hecho ha sido manejar la máquina Gravograph, estar de cara al público te da seguridad y te enseña a cómo lidiar con gente peculiar como mi amigo Cherry. Todo y eso, durante este año que viene toca conseguir subir un escalón e iniciarse dentro de mi campo de estudios tal y como casi logro este verano.

Sara llega el lunes, el alcalde Trias la recibirá con todos los honores correspondientes.


Llevo casi tres semanas viendo Friends y he de decir que Mónica está buenísima. 

sábado, 16 de agosto de 2014

Sobre qué hice durante mis vacaciones blogueriles

A los siete días, volví a la luz. He vuelto sí. La semana pasada hablaba de un batido/gazpacho/puré de depresión, soledad y agobio fruto de: las ideas que inundaban mi cabeza de cara al futuro; la decreciente relación social que tenía con mis amigos (cada vez más baja que el interés del bono alemán a diez años); la necesidad de tener que tomar una serie de decisiones pero no sabía ni en qué orden ni cómo. Así pues decidí poner el blog en pausa. Lo sé, fue duro, todos aquellos fieles lectores (más fieles que los votantes de Convergencia i Unió) se pueden haber sentido abandonados pero aquí estoy, de vuelta.

Esta semana me ha ido muy bien, necesitaba esto, necesitaba desconectar. Cada vez que dedicaba el tiempo a otras cosas que no fuera escribir en el blog, una vocecilla parecida a la de mi madre y llamada conciencia, no paraba de repeterime “No estás escribiendo eh…tanto rollo y al final nada…”. Así pues, harto de encontrarme cada mañana con el dilema de escribir o aclarar mis ideas, decidí parar unos días y analizar la situación. Sara se asusta cuando me ve tan en éxtasis porque parece que me haya tomado algo.

¿Qué he hecho durante esta semana de vacaciones blogueril? Leerme más blogs.

Para empezar, decidí comenzar a poner orden en mi círculo como lector de blogs. Había alcanzado un nivel en el que parecía un yonkie amateur probando todo tipo de drogas. Blog que descubría, blog que añadía a favoritos; parecía mi madre con los blogs de cocina (si vierais su carpeta de marcadores, os daba un patatús). Así pues he decidido arrancar el problema de raíz y quedarme con los cinco blogs que me han ayudado hasta ahora a mejorarme a mí mismo. No pretendo hacerles publicidad sin más, solo pretendo explicar por qué me parecen tan buenos y tan entretenidos para seguir.

1) Vivir al máximo es un gran blog de desarrollo personal. Lo escribe un tal Ángel que viaja por el mundo y tiene un negocio online y bla bla bla. Eso no es lo interesante. Lo interesante es que viaja por el mundo y mientras cuenta su vida, hace reflexiones profundas que te enseñan o como él mismo dice “Aportan valor”. Lo que más me gusta de él, es que como yo, se preocupa por sus ahorros y tiene varios artículos sobre finanzas personales y desarrollo personal. Llegué a él a través de su artículo sobre por qué no hacer un master y a raíz de él, llegué a Marina.

2) Marina es estupenda. Lleva casi diez años escribiendo en massobreloslunes. Ella escribe sobre todo tipo de cosas pero sobretodo sobre su vida. Su vida mola, ella lo sabe y lo reconoce. Cuando Marian escribe, es capaz de ser muy cercana y eso es lo que más me gusta de ella porque como dice ella “Los humanos como asquerosamente parecidos unos a otros”. De ella he aprendido muchos trucos y mucha motivación para escribir más y mejor. Me cae bien porque es cercana y espontánea. Sara reconoció lo cool que era yo cuando se enteró que Marina me seguía en Twitter.

3) A James Altucher lo descubrí hace poco y Sara está asustada ante la posibilidad de que se haya convertido en mi nueva estrella a seguir. Sin embargo, yo no me qeujo cuando la veo fangirlear con Charlie o quien quiera que siga en Youtube. Altucher es la ostia, es un tío sincero y directo. Altucher escribe sobre emprendimiento, escribir mejor, libros y finanzas personales y sobre todo, sobre su vida diaria. Para mí es una mina de oro de conocimiento y experiencias. Este hombre ha ganado millones de dólares, se ha arruinado varias veces, se ha casado, divorciado, casi suicidado y tenido hijos. Me gusta mucho por su claridad, es detallista cuando escribe y da consejos útiles. A parte de su post sobre finanzaspersonales, tiene otros granes post como por ejemplo, como hizo perder 2 millones a Yasser Arafat (responsable de que Palestina esté como está ahora y no me da miedo a decirlo) u treinta y tres consejos para ser mejor escritor.

4) El espectador digital lo lleva Eduardo Archanco. Un tipo muy sensato y a quien se le ve informado de las cosas sobre las que habla. Me gusta la tecnología y con Eduardo puedo enterarme de las últimas tendencias, estrategias, polémicas en red, etc.

5) Como estudiante de economía, he de estar enterado de la economía y dado que en este país, los periódicos económicos son una soberana mierda y lo que único que hacen es crear alarma, he de leer a gente que entienda de lo que habla. Alejandro Nieto escribe El blog salmón y él es ingeniero informático pero también experto en economía de a pie. También escribe en el blog de tecnología Xataka.

A parte de estar leyendo blogs, he estado haciendo otras cosas. Por ejemplo, he decidido que en cuanto acabe de trabajar, empezaré a leer sobre el ajedrez. Voy a aprender a jugar al ajedrez. Algún día de estos, cuando haya entrado de lleno en el aprendizaje de ese juego tan nerd, os explicaré los numerosos beneficios que tiene para la mente. ¿Por qué he decidido esto? Porque me preocupa hacerme viejo y atrofiarme principalmente. Además, hace tiempo que quiero jugar. Me descargué una app para el móvil y el propio ordenador me gana. Una vergüenza. 

Además de ajedrez, me gustaría escribir fuera de este blog pero ese asunto puede que lleve mucho más tiempo. 

También he estado leyendo sobre mi futuro profesional y aclarándome las ideas a través de un artículo de Ramit Sethi sobre el trabajo de tus sueños. Es una persona muy sincera per a veces le da muchas vueltas a una cosa para decir solo una. Por otro lado, harto de las comisiones que me carga LaCaixa hasta abrir la puerta de la sucursal, estoy pensando en seriamente en abrirme una cuenta en otro banco. 

A parte de mi obsesión personal, la semana ha transcurrido sin grandes noticias. El jueves amaneció sin agua en todo el pueblo. Un reventón me hizo ir al trabajo sin ducharme por segundo día. Tuve que ir a comprar ocho garrafas y la gente comenzó incluso a llevarse el agua de la fuente. Las necesidades gástricas son invenciblesr. Afortunadamente la falta de agua se vio compensada con varios días de tormenta que provocó un efecto caracol de las playas hacia el negocio en el que trabajo. Hordas de turistas buscaban refugio en él. 

Ahora me preparo para una nueva Only Boys Night Out en la que me siento totalmente emocionado al haber sido yo mismo el que ha movilizado al personal. Esta noche voy a Malgrat de Mar, las única barrakas en las que te registran la mochila antes de entrar. El año pasado tuve que beber vino Don Simon con zumo de piña caliente. Este año no caeré en esa misma dura y áspera piedra. Voy a cenar en un bar que hace años que no piso. En mi opinión lo único bueno que tienen es la hamburguesa, hecha a mano. Las patatas bravas están bien pero no son nada especial. La Torre 2 se llama. Un día os hablaré de la fórmula que utilizo para puntuar un restaurante. 

En dos semanas viene Sara a Barcelona y he de pensar en planear (antes de que lo haga ella) su visita turística a través de la ciudad. Sin embargo mi malvado plan es esquivar todos los turistas cocidos y enseñarle lo mejor de la capital catalana. Como a Sara le guste todo el mundo que habla en catalán, voy a tener un serio problema de competencia.

El otro día comentaba con ella que su visita coincide con el aniversario del día en que nos conocimos en el vuelo 563 de Aer Lingus. Todo muy americano. 

domingo, 13 de julio de 2014

Más trágico que el 1-7 de Brasil contra Alemania

Hacía semanas que no conseguía levantarme por la mañana y sentir tantas ganas de escribir. Aquí estamos, mi desordenada habitación la cual mi madre califica de “vergüenza” y yo con mi cara de sueño después de haber dormido solo 7 horas. Por alguna extraña razón, no quiero dormir demasiado. Siempre estoy pensando en lo corto que es el día, lo valioso que es mí tiempo y cuanto he de aprovecharlo. Cuando trabajas, ese sentimiento se intensifica.

Hoy la habitación me apesta a leña. Es el último día de las fiestas del barrio y lo celebran haciendo alguna comida popular en la que por supuesto, el lameculos del alcalde participa. Último día de música flamenca de fondo. Gracias Señor.

Sin duda, no está siendo un verano digno de alguien que ha vuelto de Erasmus. La depresión crece en mi interior y cada día me dan más ganas de tirarme a la bebida. Para empezar, no veo a Sara, lo cual también tiene su lado positivo porque no me da la tabarra con lo despacio que leo o ver alguna serie/vlogger que a mí no me apetece. Ni yo le doy la tabarra con mi obsesión por la salud y que pronto contaré. Pero por otro lado, echo de menos esas noches post-resaca en la que subía a su céntrico apartamento con vistas al despacho de abogados y abríamos la primera sidra. Después la cosa se desmadraba y lo que había empezado como un sábado de recuperación, acababa con enviarme a por más sidra a la off licence de Washington Street (qué vida aquella…y qué lejos queda ya, 2 meses casi). Cuando digo se desmadraba, lo digo en todos los aspectos.

Llegados a este punto tan nostálgico de recordarme aquellos buenos tiempos en los que el régimen totalitario de mí madre estaba lejos de casa y en la cocina, reinaba un nuevo rey (yo) dejando entrar nuevos sabores, me pregunto si estoy siendo demasiado masoca o gilipollas de recordar estas cosas.

La mayoría de proyectos que tenía para hacer tan estupendo el verano como había planeado, no los he cumplido. El proyecto de girasol que planté a principios de junio, ha muerto. Lamentablemente, mi madre no consiguió otorgarme la habilidad de la botánica cuando me engendró. Sin embargo, he hecho un nuevo intento. Esta vez en una maceta mejor y más grande. Por otro lado, todas las fotos que hice Bolson Cerrado (Bilbo o en la lengua común, Bilbao) con mí Minolta X-700, se fueron al traste por culpa de mí padre que no enganchó correctamente la película del carrete cuando lo puso. Alex de la Iglesia debería haber grabado mi cara de terror cuando comencé a asumir que todas mis fotos estaban perdidas. Eso fue una tragedia y no la derrota de Brasil contra Alemania. Por no hablar del bonsái que ni siquiera germinó.

Por otro lado, como ya dije, este año casi todos mis amigos también trabajan (para que luego digan que no hay trabajo). Nos vemos un poco más que el cometa Halley: una vez a la semana. Ahora comenzamos a ir a chiringuitos de playa y a veces hablamos de trabajo. Qué adulto suena todo por Dios. Veo el público de 30-45 años y me asusto.

Así pues me queda un mes y medio por delante en un trabajo en el que su ambiente, no ayuda a trabajar más a gusto; una novia que va más de fiesta que yo; una madre a la que tengo como jefa; un viaje a Barcelona que planificar para Sara, aunque de eso ya hablaré.

¿Cosas buenas que han pasado estos días? Con esto ya acabo, lo prometo. Recibí una carta de UCC con mis super notazas de las que he de estar, enormemente agradecido al sistema de conversión europeo. Gracias EU.

Iba con el objetivo de escribir sobre mi futuro pero he acabado contándoos como se plantea este verano.


Me despido con Ana Belén sonando de fondo desde la plaza enviando muchos besos y ternura.

lunes, 7 de julio de 2014

El verano es "maravilloso"

Hace nada, leía en el blog de una chica, lo maravilloso que es el verano. Una mierda. El verano solo es maravilloso para aquellos que pueden disfrutar de él. Con este verano, es el quinto año que trabajo en verano. Los trabajos de verano son agotadores, estresantes y calurosos. Si a este año le añades que he estado de Erasmus, mi depresión se agrava. La fortuna y mi incompatibilidad de agenda, hizo no poder cambiar mi cochambroso (a la par de privilegio) puesto de trabajo con turistas, por uno dedicado a lo que estudio. Añadámosle y este es un factor decisorio, el trabajar con tu madre.

Cuando empecé con 16 años, era el único pringado (o afortunado) de mis amigos, que trabajaba en verano; mis amigos se iban a la playa, yo veía a la gente pasar por delante con la sombrilla y las toallas y yo estaba allí, atendiendo a un maldito ruso que me hablaba en jodido ruso como si yo hablara puto ruski. Esto parece un post de desahogo y consolación, puede que lo sea. Sin embargo, con los años, mis amigos han ido entrando al mercado laboral, de forma más o menos dura que yo. Ahora me ha tocado a mí consolar o dar fuerzas a aquellos que afrontan su primer empleo de verano. Esos compañeros de trabajo; esos clientes que se creen que no les llegas, ni a la suela de la chancla o incluso esas horas de reloj que no pasan y tan eternas se hacen.

¿Cómo me motivo frente a eso? Mi único foco de motivación en este caso, es el salario a fin de mes. Puedo decir desde hace años y con la cabeza alta, que alcancé la independencia económica de mis padres (a excepción de mis estudios). Me motivo pensando en los viajes que haré a final de verano; ese portátil nuevo que me compré con mi primer sueldo; el dinero extra que ahorré para irme de Erasmus y me permitió hacer todas esas cosas que no podría haber hecho si no hubiera trabajado.

Y cuando ese ruso me explica su vida y analiza con su escáner una toalla de playa en busca de defectos, yo pienso en septiembre cuando por fin podré ver a Sara en Barcelona. También tengo ganas de volver a pasarme por el norte para ganar alguno de los kilos que perdí en Irlanda y aún no he recuperado. Vuelvo en sí y el ruso me da el certificado de aprobación.

Qué diferencia entre mis días pre-trabajo y los de ahora. Antes despilfarraba mi tiempo libre. Si un día no veía una serie, la veía al día siguiente; si no estudiaba francés ese día, lo hacía dos días después; si no iba a correr, lo hacía por la noche. Ahora, mi tiempo es oro y gestionarlo es un trabajo más complicado que extraer gas con el método fracking. Hago malabarismos para poder escribir, ver Black Sails, West Wind, Friends o Leftovers o hacer ejercicio y mi día de fiesta se ha convertido en un día en el que algo grande ha de ocurrir.

No dejo de pensar en lo afortunado que soy de tener un trabajo pero también miro con rabia a otros que consiguen lo mismo con menos esfuerzo. El año que viene, si el universo/Dios/Buda/ o yo hago bien las cosas, entraré en ese mar de agonía juvenil post-universitario llamado mercado  laboral.

¡Ánimos a todos! ¡Disfrutad del verano como podáis! ¡Yo lo hago!

lunes, 9 de junio de 2014

Club Socios del Tren

Aquí estoy, con la bolsa de viaje a medio acabar con el drama de decidir que llevar y que no llevar. Me voy para solo una semana y entre mis cosas y las de Sara, que se dejó en Irlanda para no tener que pagar por el exceso de peso, parece que me vaya para dos semanas. Seis libros de Sara, uno mio y mi Minolta X-700 complementan la bolsa. Normalmente cuando viajo no me pongo nervioso pero con gente a mí alrededor como mi madre u otros que piensan que me largo a las antípodas en Nueva Zelanda, uno no puede evitar que le invada cierta tensión pre-viajera. Estaba viendo que a este paso no iba a escribir nada nuevo antes de irme así que aquí estoy escribiendo mi post.

Mí viaje en tren a Barcelona fue una mina de inspiración. Me encanta viajar en tren porque ves a la gente, ves a la gente de la calle quienes con poca probabilidad te verán a ti y si tienes suerte como yo, puedes gozar de un paisaje magnífico. Al final no asistí al evento de couchsurfing entre otros motivos porque confundí la hora y lo hacían a la noche. Llamarme antiguo o raro pero jamás he hecho un picnic por la noche y creo que lo gracioso del picnic es disfrutar de la luz del día y ese ambiente que se respira.

El viaje no comenzó bien, perdí dos trenes, uno por culpa de un amigo que también iba a Barcelona de ligoteo y salió tarde de casa; otro por culpa de unos turistas rusos que no se aclaraban a donde iban. Tuve que esperar media hora en el andén, tiempo que dediqué a seleccionar qué gente no quería tener ni de lejos cerca mio en el vagón (como por ejemplo, la niña pequeña que no paraba de gritar). Sin mi amigo, sin auriculares y sin libro, mi aburrimiento hizo que me fijara en la gente del vagón, en el mar que pasaba rápido junto al paseo de Calella por el que normalmente paso veloz en bicicleta.

Es muy diferente el tipo de gente que frecuenta el tren durante los días laborales y durante el fin de semana. La principal diferencia, es que unos son como socios permanentes, nos vemos las caras cada mañana al ir en tren a Barcelona, algunos te miran, ya saben quien se duerme, quien no, quien abre la boca al dormir y quien lee o qué lee, amiguitas y amigotes etc. En fin de semana hay pasajeros ocasionales que van por alguna razón concreta: unos van de compras, a un concierto, han quedado con alguien y algunos otros que sí que van a trabajar. Después de pararnos en Calella, el vagón ya lleva unos cuantos jóvenes súper preparados para el futuro y con mucho SWAG. Me senté en una ventana junto al mar porque en un día tan soleado como el que hizo ayer tenía que volver a ver el mar como no lo veía en Irlanda desde hacía meses. Pasamos por San Pol, pueblo en el que si me tuviera que quedar a vivir cerca de mis padres viviría. Junto a Banys Lluis, un chiringuito al que fui una o dos veces el verano pasado a tomar algunas cervezas junto al mar, unos niños saludan al tren desde unas canoas en la arena sin que ellos puedan ver a la gente del interior y pienso en lo desconectado que he estado de mi circulo rutinario en casa durante estos meses en el extranjero y la de cosas que me he perdido. Me he perdido fracasos amorosos, malos rollos, me perdí Sant Jordi (el día más bonito para visitar la capital catalana) y he perdido el contacto con algunas personas de la universidad (creo que la culpa está repartida al 50%).

Siempre que el tren pasa por Canet de Mar, miro la playa nudista, culos, tetas y todo lo que alcanza la vista desde la ventana, cada año hay más gente, eso es bueno. Ya no estoy solo y una chica sonríe con el móvil por algún contenido gracioso, seguro. Después se nos une otra mujer, esta parece que viaja frecuentemente los sábados, lleva una sopa de letras y mira el reloj como preocupada por el horario del tren. Ya tiene la palabra RECORD. Recibo whatsapps de una amiga con la que había quedado y la cual estaba empinando el codo a las 2 de la tarde, le mentí unas cuantas veces para excusar mi retraso.

El set de cuatro asientos se completó con una mujer que como yo miraba al mar y un chico que venía de la playa y leía El médico de Noah Gordon. Veía Barcelona a lo lejos envuelta en una nube de polvo en suspensión que anunció el hombre del tiempo el viernes pasado. Eso me hizo arrepentirme de llevar pantalón largo. Llegamos a Barcelona después de que un dúo de jóvenes argentinos (al menos parecían argentinos) cantara unas canciones (con un buen acento inglés) de los Beatles. La mujer de la sopa de letras acabó con la palabra BIENESTAR.


Qué calor en Barcelona, recordé porque voy tan poco en verano a la ciudad, miles de turistas, calor y agobio pero mi visita a la librería La Central valió la pena y ya os contaré otro día.