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sábado, 16 de agosto de 2014

Sobre qué hice durante mis vacaciones blogueriles

A los siete días, volví a la luz. He vuelto sí. La semana pasada hablaba de un batido/gazpacho/puré de depresión, soledad y agobio fruto de: las ideas que inundaban mi cabeza de cara al futuro; la decreciente relación social que tenía con mis amigos (cada vez más baja que el interés del bono alemán a diez años); la necesidad de tener que tomar una serie de decisiones pero no sabía ni en qué orden ni cómo. Así pues decidí poner el blog en pausa. Lo sé, fue duro, todos aquellos fieles lectores (más fieles que los votantes de Convergencia i Unió) se pueden haber sentido abandonados pero aquí estoy, de vuelta.

Esta semana me ha ido muy bien, necesitaba esto, necesitaba desconectar. Cada vez que dedicaba el tiempo a otras cosas que no fuera escribir en el blog, una vocecilla parecida a la de mi madre y llamada conciencia, no paraba de repeterime “No estás escribiendo eh…tanto rollo y al final nada…”. Así pues, harto de encontrarme cada mañana con el dilema de escribir o aclarar mis ideas, decidí parar unos días y analizar la situación. Sara se asusta cuando me ve tan en éxtasis porque parece que me haya tomado algo.

¿Qué he hecho durante esta semana de vacaciones blogueril? Leerme más blogs.

Para empezar, decidí comenzar a poner orden en mi círculo como lector de blogs. Había alcanzado un nivel en el que parecía un yonkie amateur probando todo tipo de drogas. Blog que descubría, blog que añadía a favoritos; parecía mi madre con los blogs de cocina (si vierais su carpeta de marcadores, os daba un patatús). Así pues he decidido arrancar el problema de raíz y quedarme con los cinco blogs que me han ayudado hasta ahora a mejorarme a mí mismo. No pretendo hacerles publicidad sin más, solo pretendo explicar por qué me parecen tan buenos y tan entretenidos para seguir.

1) Vivir al máximo es un gran blog de desarrollo personal. Lo escribe un tal Ángel que viaja por el mundo y tiene un negocio online y bla bla bla. Eso no es lo interesante. Lo interesante es que viaja por el mundo y mientras cuenta su vida, hace reflexiones profundas que te enseñan o como él mismo dice “Aportan valor”. Lo que más me gusta de él, es que como yo, se preocupa por sus ahorros y tiene varios artículos sobre finanzas personales y desarrollo personal. Llegué a él a través de su artículo sobre por qué no hacer un master y a raíz de él, llegué a Marina.

2) Marina es estupenda. Lleva casi diez años escribiendo en massobreloslunes. Ella escribe sobre todo tipo de cosas pero sobretodo sobre su vida. Su vida mola, ella lo sabe y lo reconoce. Cuando Marian escribe, es capaz de ser muy cercana y eso es lo que más me gusta de ella porque como dice ella “Los humanos como asquerosamente parecidos unos a otros”. De ella he aprendido muchos trucos y mucha motivación para escribir más y mejor. Me cae bien porque es cercana y espontánea. Sara reconoció lo cool que era yo cuando se enteró que Marina me seguía en Twitter.

3) A James Altucher lo descubrí hace poco y Sara está asustada ante la posibilidad de que se haya convertido en mi nueva estrella a seguir. Sin embargo, yo no me qeujo cuando la veo fangirlear con Charlie o quien quiera que siga en Youtube. Altucher es la ostia, es un tío sincero y directo. Altucher escribe sobre emprendimiento, escribir mejor, libros y finanzas personales y sobre todo, sobre su vida diaria. Para mí es una mina de oro de conocimiento y experiencias. Este hombre ha ganado millones de dólares, se ha arruinado varias veces, se ha casado, divorciado, casi suicidado y tenido hijos. Me gusta mucho por su claridad, es detallista cuando escribe y da consejos útiles. A parte de su post sobre finanzaspersonales, tiene otros granes post como por ejemplo, como hizo perder 2 millones a Yasser Arafat (responsable de que Palestina esté como está ahora y no me da miedo a decirlo) u treinta y tres consejos para ser mejor escritor.

4) El espectador digital lo lleva Eduardo Archanco. Un tipo muy sensato y a quien se le ve informado de las cosas sobre las que habla. Me gusta la tecnología y con Eduardo puedo enterarme de las últimas tendencias, estrategias, polémicas en red, etc.

5) Como estudiante de economía, he de estar enterado de la economía y dado que en este país, los periódicos económicos son una soberana mierda y lo que único que hacen es crear alarma, he de leer a gente que entienda de lo que habla. Alejandro Nieto escribe El blog salmón y él es ingeniero informático pero también experto en economía de a pie. También escribe en el blog de tecnología Xataka.

A parte de estar leyendo blogs, he estado haciendo otras cosas. Por ejemplo, he decidido que en cuanto acabe de trabajar, empezaré a leer sobre el ajedrez. Voy a aprender a jugar al ajedrez. Algún día de estos, cuando haya entrado de lleno en el aprendizaje de ese juego tan nerd, os explicaré los numerosos beneficios que tiene para la mente. ¿Por qué he decidido esto? Porque me preocupa hacerme viejo y atrofiarme principalmente. Además, hace tiempo que quiero jugar. Me descargué una app para el móvil y el propio ordenador me gana. Una vergüenza. 

Además de ajedrez, me gustaría escribir fuera de este blog pero ese asunto puede que lleve mucho más tiempo. 

También he estado leyendo sobre mi futuro profesional y aclarándome las ideas a través de un artículo de Ramit Sethi sobre el trabajo de tus sueños. Es una persona muy sincera per a veces le da muchas vueltas a una cosa para decir solo una. Por otro lado, harto de las comisiones que me carga LaCaixa hasta abrir la puerta de la sucursal, estoy pensando en seriamente en abrirme una cuenta en otro banco. 

A parte de mi obsesión personal, la semana ha transcurrido sin grandes noticias. El jueves amaneció sin agua en todo el pueblo. Un reventón me hizo ir al trabajo sin ducharme por segundo día. Tuve que ir a comprar ocho garrafas y la gente comenzó incluso a llevarse el agua de la fuente. Las necesidades gástricas son invenciblesr. Afortunadamente la falta de agua se vio compensada con varios días de tormenta que provocó un efecto caracol de las playas hacia el negocio en el que trabajo. Hordas de turistas buscaban refugio en él. 

Ahora me preparo para una nueva Only Boys Night Out en la que me siento totalmente emocionado al haber sido yo mismo el que ha movilizado al personal. Esta noche voy a Malgrat de Mar, las única barrakas en las que te registran la mochila antes de entrar. El año pasado tuve que beber vino Don Simon con zumo de piña caliente. Este año no caeré en esa misma dura y áspera piedra. Voy a cenar en un bar que hace años que no piso. En mi opinión lo único bueno que tienen es la hamburguesa, hecha a mano. Las patatas bravas están bien pero no son nada especial. La Torre 2 se llama. Un día os hablaré de la fórmula que utilizo para puntuar un restaurante. 

En dos semanas viene Sara a Barcelona y he de pensar en planear (antes de que lo haga ella) su visita turística a través de la ciudad. Sin embargo mi malvado plan es esquivar todos los turistas cocidos y enseñarle lo mejor de la capital catalana. Como a Sara le guste todo el mundo que habla en catalán, voy a tener un serio problema de competencia.

El otro día comentaba con ella que su visita coincide con el aniversario del día en que nos conocimos en el vuelo 563 de Aer Lingus. Todo muy americano. 

domingo, 10 de agosto de 2014

Estancamiento existencial digerido con paella y alcohol

El día de fiesta empezó con mal pié. Me encontraba muy solo y sin ningún plan emocionante y cargado de adrenalina con el que destacar aquel único día de fiesta antes de volver al trabajo. Ni siquiera tenía a mi novia cerca para hacerme un poco de caso. Unos trabajaban, otros de vacaciones y otros sencillamente, no estaban disponibles. Me pasé toda la mañana adecentando la habitación después de estar revuelta durante una semana y buscando los calcetines detrás de la cama. A media tarde mi depresión ya era latente. Había estado leyendo durante varios días blogs que creaban (muchas) ideas en mi cabeza y todo se volvía como una espiral de tener mucho y nada al mismo tiempo. Empecé a notar que estaba estancándome y comencé a plantearme la posibilidad de tener alguno de los síntomas del que Marina llama burnout existencial. Sara que me entiende y me escucha, me dijo algo sensato y simple: relájate. Lo mismo que Marina en su post.

Tras un viaje fallido al Carrefour en busca de un buen muesli para desayunar y tahini para hacer hummus, volví a casa apenas media hora antes de ir a ver a Mireia al camping en el que trabaja y zamparnos un platazo de paella tamaño vasco. Cuando me dijo “Paella, en el camping” la desconfianza me inundó. No podía haber buena paella en un lugar como aquel pero cuando vi aquello, a punto estuve de comenzar a venerar una nueva diosa. A parte de hacer pensar a su jefa que ella y yo éramos novios y seguirle la corriente todo el rato, no hubo ningún acontecimiento más a destacar. El ambiente en un camping es genial, me habría gustado que mis padres me hubieran llevado de vacaciones a un camping. Allí el ambiente es menos artificial, es más familiar y humano. Puedes ir a la parcela de al lado a pedirle pan y tú le das servilletas, haces amigos, haces sangrías o paellacas como la que me comí ayer. Los adolescentes se juntan entre ellos y hacen sus fechorías veraniegas. Los chicos adolescentes del camping son como cazadores, tienen un tiempo y un espacio limitado para cazar y el que consigue más y mejores presas, tiene mayor reputación entre su Camping Clan (esto me lo acabo de inventar). Con suerte, alguno tendrá un amor campero de verano. Los cotilleos deben volar entre parcela y parcela. Otros jóvenes se escapan para salir de fiesta, otros más pequeños se han de quedar jugando al ping pong.



Nos escapamos para irnos a barrakas de Santa Susanna en las que el ambiente era más bien triste. Parecían unas barrakas de +16. Estuve ayudando a Mireia a trazar su venganza sentimental entre Badoo, páginas de contactos homosexuales y Tarot pero la chica sigue sedienta de sangre. Mucho más incluso después de haber leído en Enfemenino, otros casos de venganza frustrados. Estuve bebiendo cerveza mala toda la noche, mee un montón y para acabar, me metí un chupito de Jack Daniels. La chica de la barra nos miró incrédula a Enric y a mí ante nuestra demanda pero aun así, obedeció y se quedó ahí delante esperando ver nuestras caras de sufrimiento. Aguanté el concierto hasta que cogieron a dos borrachos de la pista y les afeitaron (mal) la cabeza. Cuando esta mañana sus madres los vean, no los conocerán.

Escribí varios tweets borracho y decidí poner en pausa este blog durante una semana al menos. El tiempo que me haga falta para poder aclarar todas mis ideas. Sé que esto será duro para la inmensa cantidad de lectores que tengo. Mis fans se suicidarán, releerán antiguos posts para saciar su sed y gritarán entre lágrimas “Vuelveeee!”.


Volveré, más pronto de lo que pensáis. 

viernes, 8 de agosto de 2014

Cuando la mantequilla y mi cuerpo se asemejan en textura

Con el calor que hace últimamente, me siento muy chafado, sin fuerzas o cerebralmente espeso para escribir. Tampoco me ayuda el hecho que tenga tan poco tiempo libre y siempre me van surgiendo asuntos que resolver durante las mañanas. Sin embargo, siempre intento hacer un poco de struggle bloguero y escribo un día sí, un día no. Algo que sí he hecho estos días, ha sido leer muchísimos blogs pues desde que empecé, he descubierto un nuevo mundo de información gratuita y desarrollo que es muy útil en los tiempos que corren.

Con la humedad que hace hoy, me es difícil recordar todos los blogs que he estado visitando. Como siempre, he estado leyendo un poco más de massobreloslunes porque Marina sabe contar las cosas y narrar esa cotidianidad con la que todos nos sentimos identificados. Últimamente vuelvo a leer el blog de Vivir al máximo porque fue el blog con el que empecé a replantearme todo de nuevo y pensar si lo que estaba haciendo era lo que de verdad quería hacer. Soy la versión blogger-addicted de Sara, ella puede estar tres  horas poniéndose al día con sus youtoubers diarios y después, leerse un tocho de 600 páginas en apenas día y medio. Algo me dice en mi interior, que esta chica acabará haciendo algo relacionado con los libros porque desde luego, los quiere más que a mí. Ayer noche estuvo recomendándome libros vía Skype hasta la una de la madrugada aunque en su perfil de Goodreads me esperan otros veinte o treinta favoritos a parte. Aunque ella no lo crea, creo que tiene buen gusto.

Por otro lado, he decidido que este curso que viene, voy a despegarme mucho más del móvil. He llegado a la conclusión que estoy muy pendiente del móvil,  como si estuviera a la espera de una llamada muy importante. Mucho tiempo lo pierdo contestando whastapps al minuto o consultando Facebook. Mi productividad estudiantil lo notará y yo animo a todos aquellos que están como yo, a apagar internet en el movil durante las horas en las que necesitamos trabajar y centrarnos en lo que debemos. Este año estuve utilizando una app de Google llamada Pomodoro. La aplicación me bloqueaba durante 25 minutos todas las páginas webs potencialmente peligrosas para mi productividad pero no podía bloquearme Whatsapp así que su eficacia no era del 100%. Después de esos 25 minutos, la aplicación me daba cinco minutos de descanso para visitar todas esas páginas que anteriormente había bloqueado y darme una dosis de red social.

Otra de las cosas que intento hacer desde hace días, es investigar un poco más sobre los potenciales caminos profesionales que me apetece seguir. He estado visitando varios career planners aunque no me gusta ese concepto de “planificar tu carrera profesional” pues la vida da mil vueltas. Sin embargo, es muy útil para conocer caminos que desconocía, estudios o incluso empresas y sectores de los que no tenía constancia de su existencia. Una cosa está clara: no veo mi vida girando en torno a Pineda de Mar, ciudad dormitorio en la que todo está tan estancado. Ya os hablé una vez de la villa en la que vivo, vuelvo a tener esa necesidad de cambiar de aires pues desde que he vuelto, lo único que cambió, fue una antigua casa que han derribado.

Por último, estoy sopesando la posibilidad de abrir un nuevo blog más enfocado a lo que estudio, sin embargo, aunque todavía es un proyecto sin forma, he de leer un poco más sobre él y como quiero y debo enfocarlo.

 Solo quedan 23 días para ver a la princesa vasca.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Viaje al pasado: la peluquería

Vengo de la peluquería donde me he cortarme el pelo a un nivel aceptablemente corto pero que al mismo tiempo, conserve el sexappeal del que Sara se siente atraída. Lo que he visto en la peluquería ha sido pura cotidianidad, una capsula del tiempo.

El hombre que hoy me ha cortado el pelo, es el mismo que me cortaba el pelo cuando era pequeño e iba a otra peluquería regentada por un pesetero. Cuando llegó la hora, este buen hombre se fugó y montó su propia peluquería, haciéndose con una buena cuota de mercado. Siempre hay que pedir hora para poder cortarse el pelo allí. Su peluquería me recuerda mucho al barbero japonés de Pearl Harbour que en la película, pasaba información al ejército japonés. Tiene unas ventanas muy grandes, por lo que puedes ver la plaza y una calle principal. El peluquero puede ver pasar a la gente, saludarla y ver a sus clientes, comprobar cómo se peinan o las últimas tendencias. Llevo unos diez o doce años yendo a ese peluquero y desde entonces, pocas cosas han cambiado en ese establecimiento.

En una época de rebeldía y cuando me encontraba en la edad más gilipollas del mundo, la adolescencia, me cambié de peluquero y me fui a una con más estilo. Sin embargo, esta nueva peluquera a que además de ser una cotilla y trabajar para la CIA del barrio recopilando información, me cobraba once euros por lavar y cortar. ¿Acaso tengo el pelo largo? ¿Acaso me has preguntado si quiero que me lo laves? En aquel lugar, las yayas campaban a sus anchas y contaban las mil doscientas treinta y tres penas que sufrían; eso sí, el sofá era de lo más cómodo. A todo esto, no quiero decir que mi actual peluquero corte y peine como un franquista, es excelente pero maneja menos estilos que la cotilla de barrio a la que fui durante cuatro meses.

La peluquería que se llama como el peluquero, conserva los mismos muebles con los que abrió: madera azul barnizada con tres fotos de modelos con peinados que nadie pide pero sí les inspira. En una vitrina se exponen varios frascos de perfumes que jamás nadie ha pedido y cinco sillas junto a un perchero crean el espacio donde los clientes esperan a su turno. En una mesa, comics de Mortadelo y Filemon, Zipi y Zape y Aserix y Obelix acompañan a varios ejemplares (ninguno reciente) de la revista ¡Hola! De joven, ojeaba el Interviu buscando las fotos de las chicas en pelotas para poder recrearme la vista. Siempre lo hacía cuando no tenía a nadie a mi lado. Por la tardes, el peluquero siempre ve Saber y Ganar y este responde las preguntas en susurros mientras corta el pelo; después ve los mil y una veces repetidos documentales de La 2 (no dejan de ser fascinantes).

Hoy mientras me cortaba el pelo, en una de las sillas, un abuelo leía el Marca. Como el peluquero solo habla con la gente mayor que conoce (como con mi padre), el silencio se había hecho en la peluquería y solo se podía oír el ruido del aparato del aire acondicionado. El peluquero que debía haber visto a través del espejo que el abuelo leía el Marca le pregunta cómo cree que va a venir la temporada este año. “Mucho centrocampista y poco delantero” responde el señor mayor. Comienzan a hablar del Real Madrid y del Barça, como en la política, el bipartidismo campa a sus anchas. El anciano sentencia su pronóstico con un “Lo tendrían que haber vendido ya” como diciendo todo y nada al mismo tiempo.


Me cepillan las orejas y laterales para eliminar todo resto de pelo, pago siete euros cincuenta y sin olvidarme las gafas, dejo aquel paraíso climático de aire acondicionado.