Mostrando entradas con la etiqueta oratoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta oratoria. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de noviembre de 2014

Sobre cómo pisotearon nuestra presetanción y aún así salimos airosos

Para el programa de hoy necesitaremos los siguientes ingredientes: un tema de presentación bastante complicado de entretener, que abarque varios aspectos de los cuales puedas matizar a grandes rasgos así como enseñar doscientos ejemplos gráficos; una fecha de entrega reducida que aporte nerviosismo entre los miembros del grupo; hacerlo en inglés y finalmente tener otro grupo que presente otro tema aburrido.



Llevas dos días pensando en cómo vas a introducir al público el tema de la presentación, a tus compañeros y a ti. Piensas como puedes aplicar lo aprendido en tus sesiones de oratoria con Fernando. Te imaginas dando los buenos días, presentándote a ti y al resto del grupo, gesticulando pero sin parecer Rajoy, moviéndote por el aula, mirando a todo el público y enlazando el tema anterior con el próximo tema que vais a presentar. Tus compañeros y tú habéis hecho un Powerpoint lleno de animaciones e imágenes para darle la gracia que no tiene al tema de exposición (la planificación fiscal agresiva).

lunes, 29 de septiembre de 2014

Back in town

Hoy me estoy descomponiendo a niveles saharianos. Ayer llegué a Barcelona a las diez de la noche con una bolsa que pesa tres mil quilos. Aún me quedan seis horas hasta que pueda descansar en el tren de vuelta a casa. Hoy además tengo oratoria y no sé si me veo en cuerpo o en alma o en las dos cosas para poder intervenir. Mi cara ha envejecido varios años y ahora mismo solo deseo tumbarme en la cama. He aguantado como un toro la clase de fiscalidad la cual me preparé ayer tarde en el tren y ha sido un auténtico coñazo. Aun así, le he respondido una pregunta. Ese ha sido mi aportación del día.

Aun me queda un largo día cargando con mi bolsa de viaje a cuestas. Me queda el trayecto hasta Drasanes y la clase de francés con mis nuevos compañeros quienes me mirarán o tacharán de loco al verme con el equipaje.

-        ¡Oh sí Javier! ¿Cómo fue el viaje?
-        ¡Estupendo, gracias!

No consigo decidirme si este viaje ha sido o no mejor que el primero. Mi inmersión en la cultura vasca lleva ritmos similares a los de Gareth Bale tras el balón. La sensación de estar entre decenas de vascos y ser el único que confundiría Ongi Etorri con Onegin es incomoda. A mí ya me ha pasado. Mi travesía tras el rastro de Ocho Apellidos Vascos me llevó a San Juan de Gasteluatxe donde no solo hicimos piernas, culo e incrementamos nuestra capacidad respiratoria (tres hurras para Sara que llegó al primera: hip hip…) sino que además recibí una clase magistral de cultura vasca para no vascos de la mano de su tío. A esa clase teórica, le siguió una clase práctica de botellón o “litreo” como se dice por ahí en medio de Bolueta (un sitio raro junto a una discoteca).

No se cuantos escalones: 300 o por ahí. Lo peor no fueron los escalones sino la cuesta arriba de vuelta al coche

lunes, 22 de septiembre de 2014

Toalla suave o toalla que rasca



Acabo de salir de mi primera clase de oratoria y debate. Ha sido una sensación muy extraña. La sensación ha sido parecida a cuando integras un equipo a punto de emprender una aventura de la que no sabes si volverás a ser el mismo al regresar. Acaba de entrar un chino dentro del aula de informática. El mismo chino que ha llegado una hora tarde a la primera sesión y el profesor le ha dedicado un fuerte aplauso. No lo he dicho, estoy en el aula de informática de la biblioteca. Hay unos quince ordenadores en esta sala y hay una especie de microclima tropical asiático que se entremezcla con el polvo acumulado en las aspas de los sistemas de refrigeración de cada ordenador. 

Aprovecho esta hora libre que tengo hasta que llegue la hora de citarme en el tren con otros compañeros para poder escribir un post que sin duda, aspiro a que no sea ni el 10% de lo malo que fue el de ayer. Así pues me he sentado en la biblioteca y como alguien que está haciendo algo a escondidas, he elegido el último ordenador en una esquina. No lo he escogido a propósito, he estado comparando el tamaño de las pantallas. Había pantallas que eran demasiado pequeñas, unas Proview que aún conservan la etiqueta de garantía ecológica de 1999 y que tienen el mismo aspecto que esas televisiones de habitación de hotel que solo tienen el botón de encendido y apagado. Yo he escogido una un poco más grande, una Philips que no lleva ninguna garantía ecológica pero está al lado de un enchufe libre que permite recargar el móvil. 

Esto de fijarme tanto en los detalles no lo he hecho a propósito para meter más paja en el texto. Hoy me he levantado muy observador. Por la mañana (o madrugada si tenemos en cuenta que eran las 6) mientras untaba la mantequilla ATO (hay que consumir productos catalanes dicen), pensaba en lo mucho que me gusta comer pan con mantequilla y mermelada. Más que pensar en lo como me gusta, pensaba en esos segundos que pasan, ese fascinante momento en el que la mantequilla se derrite fruto del calor residual del pan tostado. Después cojo la mermelada de melocotón y unto una capa encima de la mantequilla ya fundida. 

En casa hay dos clases de comensales: los que comen de todo sin preocuparse por si tiene mucha sal o poca sal (o azúcar) porque ya comen equilibrado sin sentirse obligados; los que consumen productos light y mierdas de esas comerciales que solo se creen los que se sienten culpables al comerse una crêpe el sábado por la tarde. Yo pertenezco al primero. Mi hermana y mi padre al segundo y por eso en casa hay mermelada de melocotón light y mermelada de melocotón casera normal y ya está. ¿Por qué os cuento todo esto? Pues no lo sé la verdad, hablaba de los detalles y me he ido por los cerros de Ubeda. Admito que puedo ser un verdadero nazi de la alimentación. Sin embargo si me quiero comer una croissant de chocolate, me lo como.  

Volvamos a la primera sesión de oratoria porque el asunto no tiene desperdicio. Jamás he sentido tanta valentía y vergüenza al mismo tiempo. Cada vez que el profesor pedía dos voluntarios, mi mente dibujaba un león rugiendo al público. Después una ratilla se cruzaba en mi camino y ese león se convertía en nada. ¿Sabéis sobre que tenía ganas que me preguntaran? Sobre mi blog y lo guay que es para mí escribir. A mí me encanta escribir y animar a la gente a que como yo empiece a escribir. Por eso quería hablar de ello y convencer a la gente para que empezara. Definitivamente si he de exponer un tema, empezar un blog será uno de los candidatos. 

Sobre la metáfora del león y el ratón (que la debo haber sacado de algún dibujo animado que vería durante mi pre-adolescencia), he visto a gente realmente capaz y que me hacen mucha sombra. Hay una chica que habla inglés y francés, se defiende en chino y en alemán, ha trabajado de repostera y camarera y su único problema es que tiene vergüenza. Hemos tenido que hablar con otro compañero para poder conocerlo mejor y después venderlo al público y convencer a este para que lo contraten. Desde luego, no me ha tocado el mejor candidato. Os  prometo que he intentado darle juego pero desde luego el a mí no. Si liga igual que habla, apaga y vámonos. Bueno algo en claro sí he sacado de él, le encanta la pasta pero bien seguro os digo que no tiene ni idea de qué hacer con su vida (Ya está aquí el tipo seguro y decidido que escribe). Yo por el contrario, le he explicado todas las cosas guays que envuelven mi vida. ¡Le he explicado lo mucho que me gusta viajar y no le ha importado una mierda! Lo he llevado al terreno de las aficiones y no se ha interesado ni en lo más mínimo por mi tiempo libre. Me habría gustado explicarle lo apasionante que es mi afición de disecar cucarachas. 

Han hecho dos debates de treinta segundos por turno y el tema ha sido escogido al azar. La gente propone temas demasiado serios y demasiado tensos sobre los que hablar: el aborto (seriously?? ). Sin duda me he inclinado por temas mucho más entretenidos a debatir como ahora: toalla suave o toalla que rasque; calzoncillo bóxer o slip. Desde luego yo me inclino más por la toalla que rasca. Es la que seca y la que consigue retirar todas las posibles impurezas (roña para los menos finos) de la piel que hayan podido quedar después de la ducha. La toalla suave por el contrario, es suave. Sin más, ni seca, ni limpia ni hace nada.
Sobre el tema de calzoncillos. Yo habría preferido introducir el calzoncillo de Tipo abuelo contra el bóxer. Prefiero esta otra modalidad por que el calzoncillo slip ha perdido mucho terreno, todo el mundo sabe que es muy incómodo y puede pellizcarte cosas que no son la piel. Yo llevo los de abuelo porque a) están de moda, b) son cómodos y tengo la sensación de ir libre c) a Sara le gustan más. 

Yo soy el de la derecha (de verdad)

No me quiero extender mucho más. Sorprendentemente este post acaba de superar las mil palabras y creo que me merezco una ovación frente a tal estupendo post sobre la preferencia por la toalla que rasca y los calzoncillos de abuelo frente a la toalla suave y los bóxer que tiran de algunos sitios. 

Seguiremos informando sobre mi progreso dentro del mundo de la oratoria y desde luego prometo que el lunes que viene os regalaré una historia sobre mi intervención oral. 

Y vosotros qué preferís ¿Toalla suave o toalla seca? ¿Calzoncillo de abuelo o bóxer? ¿Aún usáis slip? 

¡Mucho ánimo con vuestras aventuras!