Mostrando entradas con la etiqueta comer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comer. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de noviembre de 2014

El estandarte del blog

No sé qué ocurre con los viernes que por regla general no son productivos. Debería haberme dedicado a estudiar y leer algunos artículos para la universidad pero como soy así de chungo, me he dedicado a correr y repasar toda la actualidad informativa y bloguera. He leído sobre la burbuja en la alta cocina y como esta ha bajado los humos a aquellos que intentaron sumarse al carro de la alta cocina de Michelin. Después me he acordado de otro tipo de Madrid que dejó la música para dedicarse a diseñar y construir bicicletas a medida sin ningún tipo de experiencia. He repasado de pe a pa todo el contenido de Feedly (para el que no lo sepa una app estupenda para seguir los blogs que tienen a uno enamorado/a).


domingo, 16 de noviembre de 2014

Os debo una explicación

Estoy dos semanas sin publicar una cochina publicación y llego con mi estupenda cara bonita y un intento de barba que no llega y os publico algo. Así sin más, porque sí. “Podrías dar explicaciones” me dijo la princesa vasca casi exigiéndolas. Lo había pensado, os lo prometo pero no quería aburriros. No me había ido a buscar el Santo Grial como hizo Aguila Roja al final de la última temporada. Tampoco me fui a coordinar el aterrizaje de Philae de la misión Rosetta. La verdad es que volví de Bilbao y vi un tsunami desde la ventana del avión.



martes, 14 de octubre de 2014

El Brasas

Este post viene con retraso. Debería haberlo escrito ayer y sin embargo, aquí estoy a las 22:13 empezando a tirar del hilo que me sale de la oreja derecha. Mi madre me ha propuesto tortilla para cenar pero hoy no me sentía demasiado “huevo” y he optado por comer un poquito de rico jamón serrano cortado como si de papel de fumar se tratara.
Ya que hablamos de comida, ayer tuve que comer solo. De hecho, como solo prácticamente todas las semanas pero ayer fue un día particular. Generalmente agradezco muchísimo el tener compañía en la tétrica sala de microondas. Para empezar, la sala de microondas cada vez va perdiendo más la función que le da nombre su nombre. De cuatro microondas, ya solo funcionan dos y llegar a las 13:30 a la cola es una tragedia.  

Sin embargo, yo no agradezco toda clase de compañía. Me gusta conversar siempre y cuando sea un tema que domine y pueda aportar algo. No me gusta la gente que comienza a escupir palabras como si no hubiera mañana y sobre todo en aquellos casos en los que no ven que estas siendo una tortura para la otra persona. Este es el caso de un antiguo compañero de clase que conocí en primero de carrera. Yo le llamo para mis adentros “El Brasas”.

viernes, 10 de octubre de 2014

Masaya no quiere decir Más allá en japonés

Hoy he estado en Japón visitando a Masaya. Bueno yo no he estado pero mi mente sí. Os hablo del lugar en el que descubrí que el sushi estaba bueno. Cuando le cuento a mis amigos, compañeros de viaje, familia, viandantes, camareros de bar, que he estado comiendo sushi en Barcelona muchos piensan en Àsia amb gràcia. No. Descubrí este rincón japonés en mitad del barrio de Sarrià gracias a una buena amiga que conocí hace ya tres años en uno de mis viajes de aventura. Ayer estuve media hora aprendiendo con Youtube a sujetar los palillos chinos (o hashis como dicen los profesionales). Al final conseguí hacer algunos avances. El sushi ya no se me escapa pero tengo algunos problemas para comer fideos, arroz o incluso para intentar cortar algo con los palillos. Yo pongo los dedos como el video indica pero después el resultado no es el mismo. A veces me pregunto porque los orientales no aprendieron a usar cuchillo y tenedor como la gente normal. Las tradiciones están muy bien para practicarlas en ocasiones especiales pero cuando hablamos de aspectos prácticos como en la comida, las tradiciones las tiro por el balcón.

Este no es el primer post que escribo sobre comida. Me encanta recomendar lugares para comer a mis lectores sin embargo tengo menos gracia a la hora de comunicar lo mucho o lo poco que me ha gustado un plato o un restaurante que contando chistes. Ya lo intenté con mi primera visita a un vegetariano y el resultado fue peor que el primer flan de plátano de mí madre. No es que ella no sepa lo que pienso de ese flan, ella misma lo reconoció.

viernes, 3 de octubre de 2014

La Tarta ¡Oh! del Teresa Carles

Si hay algo que deteste de los resfriados, es cuando se te tapona la nariz y apenas puedes respirar. Ahora mismo solo puedo respirar por la boca y vamos a tener que comenzar a aplicar crema labial. Mis labios están más secos que el desierto del Gobi y soy yo el que durante la mañana ha estado rompiendo el silencio de la biblioteca intentando destaponar cualquiera de las dos vías nasales.

Hoy he comprado mi vuelo a Santander para ir por carretera a Bilbao. Reduciré un viaje de seis horas y veinte minutos a un viaje de dos horas y media. El precio es lo mejor porque me ha costado solo cinco euros más que yendo con el lujoso Alvia. Incluso podría haberme costado diez euros menos de no ser porque he esperado cinco días a que el profesor confirmara la agenda para las próximas cuatro semanas. Este no es un viaje cualquiera, es un viaje en calidad de ex Erasmus porque hemos decidido hacer un pequeño encuentro en la ciudad en la que poco a poco se va convirtiendo en mi segunda casa.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Back in town

Hoy me estoy descomponiendo a niveles saharianos. Ayer llegué a Barcelona a las diez de la noche con una bolsa que pesa tres mil quilos. Aún me quedan seis horas hasta que pueda descansar en el tren de vuelta a casa. Hoy además tengo oratoria y no sé si me veo en cuerpo o en alma o en las dos cosas para poder intervenir. Mi cara ha envejecido varios años y ahora mismo solo deseo tumbarme en la cama. He aguantado como un toro la clase de fiscalidad la cual me preparé ayer tarde en el tren y ha sido un auténtico coñazo. Aun así, le he respondido una pregunta. Ese ha sido mi aportación del día.

Aun me queda un largo día cargando con mi bolsa de viaje a cuestas. Me queda el trayecto hasta Drasanes y la clase de francés con mis nuevos compañeros quienes me mirarán o tacharán de loco al verme con el equipaje.

-        ¡Oh sí Javier! ¿Cómo fue el viaje?
-        ¡Estupendo, gracias!

No consigo decidirme si este viaje ha sido o no mejor que el primero. Mi inmersión en la cultura vasca lleva ritmos similares a los de Gareth Bale tras el balón. La sensación de estar entre decenas de vascos y ser el único que confundiría Ongi Etorri con Onegin es incomoda. A mí ya me ha pasado. Mi travesía tras el rastro de Ocho Apellidos Vascos me llevó a San Juan de Gasteluatxe donde no solo hicimos piernas, culo e incrementamos nuestra capacidad respiratoria (tres hurras para Sara que llegó al primera: hip hip…) sino que además recibí una clase magistral de cultura vasca para no vascos de la mano de su tío. A esa clase teórica, le siguió una clase práctica de botellón o “litreo” como se dice por ahí en medio de Bolueta (un sitio raro junto a una discoteca).

No se cuantos escalones: 300 o por ahí. Lo peor no fueron los escalones sino la cuesta arriba de vuelta al coche

sábado, 13 de septiembre de 2014

Ser solidario por un día

Hoy ha sido un día muy completo. Acabo de escuchar el último podcasts de James Altucher quien afirma que es más satisfactorio escribir I-did Lists que no To-do Lists porque al hacer la segunda, nos frustramos al no completarla. Así que yo haré lo mismo y sacaré pecho con todas las cosas que he hecho.

Para empezar me he levantado a las 6:50 de la mañana un sábado por la mañana ¡Un sábado! Como ya había comentado hace dos días, me había apuntado de voluntario a una carrera solidaria con el objetivo de recaudar fondos para un niño llamado Pol. Aprovecho la gran cantidad de tráfico que tiene mi blog para dar a conocer su caso. Con el estómago lleno, mi vestimenta de falso runner y una ilusión máxima, me he plantado a las 7:57 en la playa. Me he encontrado a un hombre catalán hablando con acento vasco y lo he ayudado a montar todo el tinglado, he cargado 150 botellas de agua y otras 150 de Powerade y nos hemos ido a montar el avituallamiento de agua.

Entre tres docenas y media de mocas, hemos preparado toda la bebida. He visto muchísima gente correr, algunos lo llevaban mejor, otros no tanto, pero la intención es lo que cuenta, al menos eso dicen. Sin embargo, yo soy de los que piensa que esa frase es solo una consolación para las primeras veces. Hay que ir siempre a por el máximo. La edad de la mayoría de corredores rondaba los 35-55 años, una edad que desde hace unos pocos años es la que frecuenta los paseos y las playas a cualquier hora. Los que tienen más valor lo hacen por la mañana muy temprano, los que tienen aún más y más valor, lo hacen en las horas en las que pega más el sol y los que aún les queda fuerza de voluntad, salen al volver del trabajo por la tarde al atardecer. He visto abuelos que tranquilamente tendrían 70 años largos y podrían aparentar 60. Mi deseo es que pueda mantenerme al menos la mitad de bien que esos ancianos.

Me costó decidirme entre apuntarme como voluntario o no. Jamás había participado en un evento de este tipo y sentía vergüenza al no conocer a nadie de la organización dentro del evento. Recordé uno de los consejos que me dio un test de aptitud (“Alguna vez prueba a llegar hasta el final de tus objetivos) y me apunté. Probablemente habría estado más emocionante si hubiera participado en la carrera, pero ni siquiera para correr 6 quilómetros estaba preparado (pero sí que lo estoy para hacer 3. Ahora ya puedes reírte). Me ha encantado participar porque aunque no me conocieran de nada, me han tratado como si hubiera estado con ellos desde el primer día. Incluso me he llegado a sentir como si hubiera hecho algo muy grande (y de hecho todos lo hemos hecho) al salir en una foto con todo el equipo.

Mi gesto solidario no es de las únicas cosas que puedo añadir a mi I-did List de hoy porque apenas he descansado en casa 2 horas para después darme un chapuzón (posiblemente el último de verano) en la playa y después darnos un atracón de galletas tanto dulces como saladas y jugar al Uno hasta que ha anochecido. Hacía tiempo que no congeniaba tan bien con algunas de las personas que se encontraban conmigo hoy. Quizás es el efecto pareja que te permite hablar de temas exclusivos que no puedes hablar con otros.

El lunes comenzamos, hoy nos vamos de farra (lo añado a mí I-did List) y mañana será obligatorio aprovechar el último día antes del inicio de nuestra rutina. Volvemos a la capital catalana.

Ah sí, olvidaba añadir algo a la lista: he escrito en el blog.

Paz para todos. 

sábado, 16 de agosto de 2014

Sobre qué hice durante mis vacaciones blogueriles

A los siete días, volví a la luz. He vuelto sí. La semana pasada hablaba de un batido/gazpacho/puré de depresión, soledad y agobio fruto de: las ideas que inundaban mi cabeza de cara al futuro; la decreciente relación social que tenía con mis amigos (cada vez más baja que el interés del bono alemán a diez años); la necesidad de tener que tomar una serie de decisiones pero no sabía ni en qué orden ni cómo. Así pues decidí poner el blog en pausa. Lo sé, fue duro, todos aquellos fieles lectores (más fieles que los votantes de Convergencia i Unió) se pueden haber sentido abandonados pero aquí estoy, de vuelta.

Esta semana me ha ido muy bien, necesitaba esto, necesitaba desconectar. Cada vez que dedicaba el tiempo a otras cosas que no fuera escribir en el blog, una vocecilla parecida a la de mi madre y llamada conciencia, no paraba de repeterime “No estás escribiendo eh…tanto rollo y al final nada…”. Así pues, harto de encontrarme cada mañana con el dilema de escribir o aclarar mis ideas, decidí parar unos días y analizar la situación. Sara se asusta cuando me ve tan en éxtasis porque parece que me haya tomado algo.

¿Qué he hecho durante esta semana de vacaciones blogueril? Leerme más blogs.

Para empezar, decidí comenzar a poner orden en mi círculo como lector de blogs. Había alcanzado un nivel en el que parecía un yonkie amateur probando todo tipo de drogas. Blog que descubría, blog que añadía a favoritos; parecía mi madre con los blogs de cocina (si vierais su carpeta de marcadores, os daba un patatús). Así pues he decidido arrancar el problema de raíz y quedarme con los cinco blogs que me han ayudado hasta ahora a mejorarme a mí mismo. No pretendo hacerles publicidad sin más, solo pretendo explicar por qué me parecen tan buenos y tan entretenidos para seguir.

1) Vivir al máximo es un gran blog de desarrollo personal. Lo escribe un tal Ángel que viaja por el mundo y tiene un negocio online y bla bla bla. Eso no es lo interesante. Lo interesante es que viaja por el mundo y mientras cuenta su vida, hace reflexiones profundas que te enseñan o como él mismo dice “Aportan valor”. Lo que más me gusta de él, es que como yo, se preocupa por sus ahorros y tiene varios artículos sobre finanzas personales y desarrollo personal. Llegué a él a través de su artículo sobre por qué no hacer un master y a raíz de él, llegué a Marina.

2) Marina es estupenda. Lleva casi diez años escribiendo en massobreloslunes. Ella escribe sobre todo tipo de cosas pero sobretodo sobre su vida. Su vida mola, ella lo sabe y lo reconoce. Cuando Marian escribe, es capaz de ser muy cercana y eso es lo que más me gusta de ella porque como dice ella “Los humanos como asquerosamente parecidos unos a otros”. De ella he aprendido muchos trucos y mucha motivación para escribir más y mejor. Me cae bien porque es cercana y espontánea. Sara reconoció lo cool que era yo cuando se enteró que Marina me seguía en Twitter.

3) A James Altucher lo descubrí hace poco y Sara está asustada ante la posibilidad de que se haya convertido en mi nueva estrella a seguir. Sin embargo, yo no me qeujo cuando la veo fangirlear con Charlie o quien quiera que siga en Youtube. Altucher es la ostia, es un tío sincero y directo. Altucher escribe sobre emprendimiento, escribir mejor, libros y finanzas personales y sobre todo, sobre su vida diaria. Para mí es una mina de oro de conocimiento y experiencias. Este hombre ha ganado millones de dólares, se ha arruinado varias veces, se ha casado, divorciado, casi suicidado y tenido hijos. Me gusta mucho por su claridad, es detallista cuando escribe y da consejos útiles. A parte de su post sobre finanzaspersonales, tiene otros granes post como por ejemplo, como hizo perder 2 millones a Yasser Arafat (responsable de que Palestina esté como está ahora y no me da miedo a decirlo) u treinta y tres consejos para ser mejor escritor.

4) El espectador digital lo lleva Eduardo Archanco. Un tipo muy sensato y a quien se le ve informado de las cosas sobre las que habla. Me gusta la tecnología y con Eduardo puedo enterarme de las últimas tendencias, estrategias, polémicas en red, etc.

5) Como estudiante de economía, he de estar enterado de la economía y dado que en este país, los periódicos económicos son una soberana mierda y lo que único que hacen es crear alarma, he de leer a gente que entienda de lo que habla. Alejandro Nieto escribe El blog salmón y él es ingeniero informático pero también experto en economía de a pie. También escribe en el blog de tecnología Xataka.

A parte de estar leyendo blogs, he estado haciendo otras cosas. Por ejemplo, he decidido que en cuanto acabe de trabajar, empezaré a leer sobre el ajedrez. Voy a aprender a jugar al ajedrez. Algún día de estos, cuando haya entrado de lleno en el aprendizaje de ese juego tan nerd, os explicaré los numerosos beneficios que tiene para la mente. ¿Por qué he decidido esto? Porque me preocupa hacerme viejo y atrofiarme principalmente. Además, hace tiempo que quiero jugar. Me descargué una app para el móvil y el propio ordenador me gana. Una vergüenza. 

Además de ajedrez, me gustaría escribir fuera de este blog pero ese asunto puede que lleve mucho más tiempo. 

También he estado leyendo sobre mi futuro profesional y aclarándome las ideas a través de un artículo de Ramit Sethi sobre el trabajo de tus sueños. Es una persona muy sincera per a veces le da muchas vueltas a una cosa para decir solo una. Por otro lado, harto de las comisiones que me carga LaCaixa hasta abrir la puerta de la sucursal, estoy pensando en seriamente en abrirme una cuenta en otro banco. 

A parte de mi obsesión personal, la semana ha transcurrido sin grandes noticias. El jueves amaneció sin agua en todo el pueblo. Un reventón me hizo ir al trabajo sin ducharme por segundo día. Tuve que ir a comprar ocho garrafas y la gente comenzó incluso a llevarse el agua de la fuente. Las necesidades gástricas son invenciblesr. Afortunadamente la falta de agua se vio compensada con varios días de tormenta que provocó un efecto caracol de las playas hacia el negocio en el que trabajo. Hordas de turistas buscaban refugio en él. 

Ahora me preparo para una nueva Only Boys Night Out en la que me siento totalmente emocionado al haber sido yo mismo el que ha movilizado al personal. Esta noche voy a Malgrat de Mar, las única barrakas en las que te registran la mochila antes de entrar. El año pasado tuve que beber vino Don Simon con zumo de piña caliente. Este año no caeré en esa misma dura y áspera piedra. Voy a cenar en un bar que hace años que no piso. En mi opinión lo único bueno que tienen es la hamburguesa, hecha a mano. Las patatas bravas están bien pero no son nada especial. La Torre 2 se llama. Un día os hablaré de la fórmula que utilizo para puntuar un restaurante. 

En dos semanas viene Sara a Barcelona y he de pensar en planear (antes de que lo haga ella) su visita turística a través de la ciudad. Sin embargo mi malvado plan es esquivar todos los turistas cocidos y enseñarle lo mejor de la capital catalana. Como a Sara le guste todo el mundo que habla en catalán, voy a tener un serio problema de competencia.

El otro día comentaba con ella que su visita coincide con el aniversario del día en que nos conocimos en el vuelo 563 de Aer Lingus. Todo muy americano. 

domingo, 10 de agosto de 2014

Estancamiento existencial digerido con paella y alcohol

El día de fiesta empezó con mal pié. Me encontraba muy solo y sin ningún plan emocionante y cargado de adrenalina con el que destacar aquel único día de fiesta antes de volver al trabajo. Ni siquiera tenía a mi novia cerca para hacerme un poco de caso. Unos trabajaban, otros de vacaciones y otros sencillamente, no estaban disponibles. Me pasé toda la mañana adecentando la habitación después de estar revuelta durante una semana y buscando los calcetines detrás de la cama. A media tarde mi depresión ya era latente. Había estado leyendo durante varios días blogs que creaban (muchas) ideas en mi cabeza y todo se volvía como una espiral de tener mucho y nada al mismo tiempo. Empecé a notar que estaba estancándome y comencé a plantearme la posibilidad de tener alguno de los síntomas del que Marina llama burnout existencial. Sara que me entiende y me escucha, me dijo algo sensato y simple: relájate. Lo mismo que Marina en su post.

Tras un viaje fallido al Carrefour en busca de un buen muesli para desayunar y tahini para hacer hummus, volví a casa apenas media hora antes de ir a ver a Mireia al camping en el que trabaja y zamparnos un platazo de paella tamaño vasco. Cuando me dijo “Paella, en el camping” la desconfianza me inundó. No podía haber buena paella en un lugar como aquel pero cuando vi aquello, a punto estuve de comenzar a venerar una nueva diosa. A parte de hacer pensar a su jefa que ella y yo éramos novios y seguirle la corriente todo el rato, no hubo ningún acontecimiento más a destacar. El ambiente en un camping es genial, me habría gustado que mis padres me hubieran llevado de vacaciones a un camping. Allí el ambiente es menos artificial, es más familiar y humano. Puedes ir a la parcela de al lado a pedirle pan y tú le das servilletas, haces amigos, haces sangrías o paellacas como la que me comí ayer. Los adolescentes se juntan entre ellos y hacen sus fechorías veraniegas. Los chicos adolescentes del camping son como cazadores, tienen un tiempo y un espacio limitado para cazar y el que consigue más y mejores presas, tiene mayor reputación entre su Camping Clan (esto me lo acabo de inventar). Con suerte, alguno tendrá un amor campero de verano. Los cotilleos deben volar entre parcela y parcela. Otros jóvenes se escapan para salir de fiesta, otros más pequeños se han de quedar jugando al ping pong.



Nos escapamos para irnos a barrakas de Santa Susanna en las que el ambiente era más bien triste. Parecían unas barrakas de +16. Estuve ayudando a Mireia a trazar su venganza sentimental entre Badoo, páginas de contactos homosexuales y Tarot pero la chica sigue sedienta de sangre. Mucho más incluso después de haber leído en Enfemenino, otros casos de venganza frustrados. Estuve bebiendo cerveza mala toda la noche, mee un montón y para acabar, me metí un chupito de Jack Daniels. La chica de la barra nos miró incrédula a Enric y a mí ante nuestra demanda pero aun así, obedeció y se quedó ahí delante esperando ver nuestras caras de sufrimiento. Aguanté el concierto hasta que cogieron a dos borrachos de la pista y les afeitaron (mal) la cabeza. Cuando esta mañana sus madres los vean, no los conocerán.

Escribí varios tweets borracho y decidí poner en pausa este blog durante una semana al menos. El tiempo que me haga falta para poder aclarar todas mis ideas. Sé que esto será duro para la inmensa cantidad de lectores que tengo. Mis fans se suicidarán, releerán antiguos posts para saciar su sed y gritarán entre lágrimas “Vuelveeee!”.


Volveré, más pronto de lo que pensáis. 

lunes, 4 de agosto de 2014

Rodar de gordo hasta el lejano Oriente

La última vez que actualicé fue el pasado viernes. Lo sé, con esta seriedad no voy a llegar muy lejos pero queridos y queridas, en tu día de fiesta, la llamada de la sirena playera no puede ser ignorada. Me sentí culpable el domingo que tampoco lo hice por el sueño y mis ganas por leer a Franzen acabaron con cualquier flow que pudiera tener en ese momento.

Ha sido un fin de semana normal, lo más atípico que he hice, fue irme de montaditos a las once de la noche y conseguir una mesa delante de veinte personas a la cola. No hay nada como tener contactos decía un padre a sus hijos. Me comí diez montaditos y después de eso, al que tenían que montar para llevar al siguiente lugar, era a mí, quien se arrepintió de no dejar espacio para alguno de los postres que había.
Por la noche acabé recordando mi adolescencia de desfases alcohólicos en una antigua discoteca que ha cogido otro dueño, se han gastado mucho dinero en pintura, le ha cambiado el nombre y sigue siendo la misma mierda pinchada en un palo con una sola diferencia respecto al otro: ahora es para mayores de dieciocho. Suerte que era gratis, porque si tenía que pagar por esa porquería me hago el harakiri con una botella de Cacaolat delante de la chica con tetas postizas. En la discoteca, por no haber no había ni guiris. Menos mal que antes de entrar me trinqué una Voll Damm y un tequila porque para aguantar eso hacía falta valor.

Volví a la cinco de la mañana y después de todo el proceso pre-cama que incluye entre varías cosas, lavarse los dientes, me encontré a mi madre en el pasillo quién tuvo la valentía de preguntarme si venía ebrio. Pues no, no venía, pero si lo fuera, qué más le da, se cree que ella a mi edad era una santa.

Por otro lado, aprovecho para darle el tono serio que la falta a este post, para hablar un poco de mis problemas diarios. Hace ya días que ando tras la decisión de embarcarme en un nuevo idioma y de hecho aún no lo tengo del todo decidido. Me he dado cuenta que en muchas de las ocasiones pasadas, cuando se me han presentado dos alternativas, he escogido la más “conveniente” frente a la que más me “apetece”. La lógica me diría que este año me apuntara a francés para perfeccionarlo pero por alguna razón que desconozco, a mí me apetece comenzar con el chino. Sí, el chino. Ya he oído varios comentarios de su dificultad. Este fin de semana he estado documentándome y creo que al punto al que estamos, en todo el pueblo (a parte de los tres chinos que regentan un bar) no hay nadie que sepa más que yo sobre el sistema pinyin y sus ventajas y desventajas. Tengo un mes para decidirlo pero es una cosa que he de decidir yo y cuando pienso “lo más lógico sería haces francés”, me siento como si estuviera arrojando la toalla. Hay que dejar de convencerse a uno mismo de las cosas y simplemente, querer hacerlas. Sara que me entiende, aguantó mi charla. Que buena es.

Hoy mientras escribo esto, me he levantado con el objetivo de coordinarme perfectamente la mañana y hacer todo lo que quiero hacer hoy. Anoche antes de acostarme, diseñé la agenda para esta mañana. He dejado el blog en último lugar, porque no puedo marcarle una franja de tiempo exacta para acabar un post; sería como sacar un bizcocho del horno antes de tiempo porque has de llegar al fiesta de cumpleaños antes de que llegue la persona que cumple años.


Os dejo porque la excavadora que derribó una antigua casa junto a la mía, me está poniendo la cabeza como Manolo el del bombo.  

miércoles, 25 de junio de 2014

Huelo a verano y a flow

Ayer tarde (más bien noche), en un alarde de intentar mantener mi (extraño)  hábito deportivo que llevaba en Irlanda, volví  a ir en bici (o andar en bici como dicen por el norte) por la playa a gran velocidad. Digo extraño porque hasta que llegué a Irlanda, mi hábito deportivo era más bien bajo y bastante sedentario. Un día de running o bici cada semana (o cada dos), combinado con mis ejercicios caseros que poco o mucho me mantenían en una forma aceptable. Sin embargo, en Irlanda se me ofreció la posibilidad de hacer todo tipo de deporte gratuito. Allí sorprendí hasta a mis amigos ¡Hacía deporte cada semana! Me apunté a esgrima, deporte el cual recomiendo a todo el mundo si quieres pasárselo bien, sudar y luchar con la espada al más estilo Dartacan. Me iba a apuntar al club de paracaidismo pero estos irlandeses querían que yo, si ningún tipo de experiencia, me tirara solo desde el avión. Sí, claro.

En fin, no vengo a hablar de cómo han cambiado mis hábitos saludables después de mi año Erasmus. Desde luego han mejorado bastante. El verano ya ha llegado, se huele, se nota y se sufre por el bochorno que pasé todo e ir a las 8 de la tarde (evening si eres alguien normal y no español). La gente va a casa a cenar después de un largo día en la playa con los niños llenos de arena, la sombrilla, la hamaca, la nevera, la colchoneta, las palas y todo lo demás. A mí no me gusta demasiado la playa de mi pueblo porque está muy llena de gente, no es bonita.

Sin embargo, en mi profunda opinión, yo no considero el verano por empezado hasta la verbena de San Juan y en Catalunya, la verbena es de lo más mágica. Me atrevo a decir que esta fue sin duda, la mejor verbena que tuve en muchos años. Como ya dije una vez, me encanta Sant Pol. Yo si pudiera viviría allí, es tranquilo, tiene playa y montaña (como mi pueblo sí) pero tiene se rollito mediterráneo al estilo anuncio de Estrella Damn que tanto me gusta. Las callejuelas y la gente en la calle con la música de fondo y las barrakas al lado del escenario. Veía gente madurita (40-50) años con más flow que Tito MC bailando hip hop. Decía a mis amigos “Yo de mayor quiero estar como ellos”. La cervecita o el agua de valencia son el alma de la fiesta y todo esto mezclado con el olor de la pólvora quemada. Quizás ese es el olor del inicio del verano. Sin embargo por fortuna más que por desgracia, a mí me toca trabajar y más bien yo al veranito lo dejo descansar. El ambiente estaba tan animado que me pusieron incluso una de Fangoria y dices, “¿Y esto?”. Genial. Sin embargo quizás el signo más claro de que el verano ya ha llegado, es la piel que se me está pelando aún dos semanas después de mi día de playa en Donosti.


Hablar con mis amigos sobre lo que el futuro nos depara, ese fue el principal tema de la noche. En el fondo me gustaría poder verme a mí y al resto de mis amigos dentro de 5-7 años. Veo a gente de mi instituto más joven que yo y veo que al final, con los años, gente que parecía totalmente perdida en el camino, ha conseguido encontrar indicaciones. 


domingo, 22 de junio de 2014

Yo nunca he bebido cerveza sin alcohol

Esta noche tengo plan (ni yo mismo me lo creo). Desde que volví de Bilbo no he visto a nadie. Ya sea por motivos de estudios o trabajo. Jamás pensé que podía decirlo, pero dios !Creo que necesito un poco de contacto humano cara a cara! Necesito discutir con mis amigos sobre nuestros problemas e intereses; escuchar a Mireia contarme sus ideas súper optimistas y por que no, también seguirle la corriente a Jim con sus bromas “Yao, random, troll face, mam”. Todo es tan “pueblo”, es incluso (quizás) normal.

Mis ganas por ver a gente, hablar e interactuar con ellos son tales que incluso, en un alarde de mis ganas por ver a alguien, esta tarde he acompañado a Alba a fotocopiar a un Carrefour en el pueblo de al lado. Alba tiene muchas virtudes, es guapa, lista, responsable y misteriosamente atrevida. Sin embargo cuando se trata de escuchar, es terrible, acciona el botón de piloto automático y su cara parece la de Belén Esteban, no se mueve. En la chirriante furgoneta Citroen de sus padres, que ya va por la segunda generación, ella me hablaba sobre sus problemas erasmusiles. Yo le he dado unos cuantos consejos como veterano que soy (el título me lo otorgo yo mismo) y a juzgar por su cara, por una oreja le ha entrado y por otra le ha salido. Ha sido fascinante. Se le ve una chica con mucho estrés pero a la vez le doy uno, dos y incluso tres aplausos por la vida que lleva. Me cuenta deprisa el resto de sus problemas (que se resumen a la universidad) mientras me utiliza para hacerle agujeros a las hojas y prepararlas para encuadernar. Teamwork yes. Después de bloquear la impresora, enviar tres mil ordenes de impresión, ha pagado y yo he aprovechado para comprar el pack de amigo enrrollado: 4 cervezas y dos pizzas. Lo parto, lo sé.

Esta noche vamos a cenar a casa del gigante Jim (un chico muy alto como bien indica la palabra su adjetivo) y después iremos a aquella zona de fiesta que tanto criticaba ayer. Sí, también lo sé, es un poco hipócrita pero no está tan mal cuando vas con gente así de maja a la que le importa una porquería el futuro. A veces admiro lo relajados que viven.

Al llegar a casa de Jim, mi pack de fiesta triunfa, pero solo yo he traído algo decente. Comenzamos a picar cerezas de la cocina hasta que las pizzas están listas. Jim opina que estas pizzas no se pueden hacer mucho porque son así (crudas). Para mi gusto, eso está crudo, crudo. Me las como igualmente. También hay más comida, así que no paso hambre.

Las cerveza ya corre libre de boca en boca y el asunto ha desvariado hasta el punto de bajarme la aplicación de Yo nunca (muy típico sí). Las preguntas son de lo más variopintas e impactantes en plan: Yo nunca he recibido un pollazo en el ojo o Yo nunca he cogido una mierda pensando que era una piedra (alguien bebió en esta última, so sad..). Al llegar las 12, las provisiones de alcohol se han agotado y algunos estaban jugando con cerezas (fruta, no licor). En pleno éxtasis del juego, decidimos ir al paki (como bien deduces, paki de pakistaní, enhorabuena) de la estación de tren y comprarle unas litronas. El plan marcha bien.

Hemos vuelto y estamos en la terraza de Jim con Pink Floyd de fondo. Me encanta, no hay nada más veraniego que su terraza. Sus padres son hiper hippies de primera generación. Son independentistas guays y lo tienen todo muy así naturista molón. Hablamos de lo privilegiados que somos, de la pobreza y de lo contentos que estamos (qué seriedad). Yo coincido. Podría haber añadido que eramos una panda de hipócritas pero no estoy en el momento ni la condición para defender mis argumentos (gracias sentido común por frenarme). Somo seres humanos y queremos más. Bebemos más, aprendo más cosas de esos mosquitos muertos (me incluyo) y acabamos haciendo recital de eructos. Delicioso.

Me canso y a las 2:30 vuelvo a casa. De camino escribo a Sara. Me pasa siempre, me pasaba en Cork y me pasaba aquí; cuando salgo sin ella de farra, tengo unas ganas inmensas de volver a ella y abrazarla en la cama doble de Deanshall, contarle cosas, reírnos un rato y hacer el amor (¿Puedo decir hacer el amor aquí verdad?). La echo de menos. Es sorprendente como esta chica me ha hecho replantearme mucho a mi mismo como persona. Las vascas son brujas y no lo digo yo, lo dice Álex de la Iglesia en Las brujas de Zugarramurdi.


Agur!

viernes, 30 de mayo de 2014

Mi primer día en el dentista

Maldita sea la hora en la que el dentista acercó la lijadora cerca de la muela del juicio, con lo tranquila que estaba ella dormida y lo que disfrutaba yo comiendo. Ahora todo se ha acabado y la palabra “disfrutar” y “comer” se han divorciado. Solo un 45-50% de mi boca está operativa para poder masticar y el resto está incapacitada. En poco más de una semana me voy al País Vasco a ver a Sara con lo que esto resulta (entre muchas otras cosas, comer como un cerdo). Espero que para entonces mi boca este lista para dar guerra al ser esta mi primera visita a tierras celtas vascas, famosa por su gastronomía, su alcohol y sus gentes.

Mi episodio no pudo ser más cómico. Siempre he sido un niño con una boca muy sana, ni una sola caries (a excepción de aquella vez cuando era pequeño y aquel trozo de plátano que se me incrustó entre dos dientes y la pediatra alarmada pensó que era una caries). Sin embargo, al volver de Erasmus, mi madre se cree que he estado viviendo en condiciones insalubres y necesito una revisión médica con urgencia. Los análisis de sangre todavía no han llegado pero si las limpiezas vocales.

Mi primera visita al dentista comenzó en una sala de espera, las cuales odio. Cuanto más pequeñas son, más las odio pues si hay gente acompañándote en la sala, agrava la situación de incomodidad. En la sala, toda una familia aguardaba su llamada, los tres con su smartphone comentaban algún vídeo chorra de estos que le envían a tu madre por correo alguno de tus otros familiares (normalmente tu tía o tu prima). Hay veces que las semejanzas entre padre e hijo son alucinantes y esta vez era el caso. Padre e hijo llevaban el pelo en punta como si recién duchados se hubieran puesto gomina; ambos llevaban zapatillas altas de estas que estaban de moda hace años y ropa al estilo Aida. La clínica de aspecto muy futurista (los dentistas con seres del futuro) y cuando te dicen “la ultima puerta a la derecha” tu lo que haces es buscar una puerta. El problema con estos sitios tan minimalistas, es que a veces lo simple no se ve y si te ponen una puerta que actúa como pared al más estilo Indiana Jones y en busca del templo perdido, lo más probable es que si eres nuevo en ese templo, no la encuentres.

Me porté como un auténtico campeón (no es que lo dijera nadie, lo digo yo que fue el que sintió el trabajo) viendo como la chica me trabajaba la boca con esa lijadora dental y veía como las partículas de agua y hueso le saltaban en las gafas. Todo iba bien hasta que a solo dos o tres dientes de acabar la boca, la enfermera me pidió que juntara los dientes, no podía. Para mi sorpresa y para aún más la suya, mi mandíbula se había salido de su sitio. La enfermera aterrorizada llamó al doctor quien también un poco nervioso por la situación intentó hacer fuerza. Cuando empezó hacer fuerza se me vino solo una escena a la cabeza: la escena de Perdidos en la que Kate y Juliet con encadenadas juntas y durante una pelea entre ellas a Juliet se el disloca el brazo, entonces Juliet le pide a Kate que tire del brazo y esta empieza a llorar y le dice que no puede hacerlo, Kate le suplica que lo haga y le grita que lo haga. Vale, volvamos al dentista. Yo sin poder cerrar la boca y un doctor asustado por no ser capaz de arreglarme la mandíbula, yo le decía “Esto es como en las películas cuando a uno se le disloca el brazo y le pide al otro que le tire del brazo para ponerlo en su sitio no?” y el doctor medio asustado me dice “Sí, más o menos”. Empujó más y yo le llamó cabrón y entonces entró en el papel otra doctora y empujó de dos sitios a la vez y me colocó la mandíbula en su sitio. Todo acabó allí y yo quedé como un campeón.