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viernes, 29 de agosto de 2014

Objetivos

Hoy hace calor, más bien hace mucho bochorno, hay humedad y está muy nublado. Hoy además es el penúltimo día de barrakas. Hoy habrá buena música, al menos eso espero. El final de barrakas viene seguido de los fuegos artificiales cuando se dan por clausuradas las fiestas del pueblo. Para todo el mundo los fuegos artificiales del domingo dan por acabado el verano, septiembre comienza y esa aura escolar invade hasta el último rincón del pueblo. Los hoteles se vacían y si a este pueblo le quedaba algún espíritu de animación, este se lo come septiembre. Se acabaron los shows nocturnos en la cafetería del Hotel Promenade y se acabaron los niños del campamento alemán Kazo. Hay que dar paso a los zombies del IMSERSO. 

Mi chicarrona del norte llega el lunes preparada para empaparse de cosas catalanas como dice ella y gastar dinero catalán. Hemos alquilado además un súper mega estudio  con cocina que me permitirá cocinarla encima de la mesa de la cocina. Me corté el pelo calculando estratégicamente el día de su llegada para tenerlo a la medida en la que ella se ruboriza.

Después de esa semana, de forma inesperada mi grupo desconocido de universidad EUS empieza la universidad una semana antes de lo esperado. Esto ha arrasado con algunos de los planes que tenía en mente. Como por ejemplo la propuesta de irme a Cantabria con Enric a una casa. Anyway no había nada hablado y aún hay tiempo para negociar. Así como mi intención de apuntarme la EOI y ganar una plaza en sus demandadas aulas con la lotería de las listas públicas. Sin embargo, mi intención de hacer francés se ve nublada por la posibilidad de no ser capaz de entrar en el nivel B1 y quedarme en un triste A2.

Va a ser un año un tanto peculiar. Por un lado mis clases seguirán teniendo un cierto aire erasmusil al mantener la docencia en inglés y estar altamente integrada por estudiantes internacionales. Por otro lado, solo dos antiguos compañeros míos permanecerán junto a mí. El resto ha quedado atrás fruto de los suspensos o han volado rumbo a la tierra de Nunca Nunca Jamás Repetirás llamada Erasmus. Por último este año solo voy a hacer 43 créditos. A raíz de un aumento en mi tiempo libre, me he hecho una lista de cosas que quiero hacer a lo largo del año.

  • -          Aprender a jugar al ajedrez.
  • -          Seguir escribiendo de forma serie fuera del blog (o no) como hice con Anna y     Amparito.
  • -          Seguir aprendiendo francés académicamente o de forma autodidacta.
  • -          Get the fucking driving license.
  • -          Desarrollar algunas de las competencias requeridas por la beca ICEX o Acció.
  • -          Dormir seguidas mínimo siete horas al día.
  • -          Conseguir las mejores prácticas que este superhombre puede conseguir
  • -          Leer tanto que Sara se va a comer los libros de tres en tres.
  • -          Recuperar los lazos con mis amigos universitarios.
Lo sé, puede parecer una lista súper ñoña pero esto es así. En el próximo post, o en el próximo después del próximo, haré lo que dije hace ya unas semanas, hablar de porque quiero aprender a jugar al ajedrez. Muy nerd, lo sé. Lo de dormir es algo que Sara sigue sin entender. Es como una obsesión para mí, si no duermo lo suficiente, mi productividad desciende a niveles negativos (especialmente en esos días en los que me quedo a comer en la universidad), me voy de casa a las 7 de la mañana y vuelvo a las siete u ocho de la tarde (o noche si eres europeo normal). Para conseguir esto, mi objetivo es gradualmente irme a dormir como máximo a las 23:00 pero lo óptimo sería las 22:30. Todo esto complementado con un desayuno que me de la fuerza equivalente a la del padre de Sara (que es vasco y los vascos tienen mucha fuerza…o eso dicen.).

De hecho esto post está tomando forma de Balance del año y no, solo intento aplicar toda esa patraña que solté en junio o julio sobre hábitos y blablablabla moderna. Todo esto de la beca ICEX y Acció lo contaré en el futuro. Hay tantas cosas que contar y tan poco habilidad para contarlas que me quedo como el agua y el aceite. Lo bueno es que debería leer un poco sobre investigación de mercados e internacionalización de la empresa desde que mi universidad tiene un programa bastante apestoso de cara al ámbito internacional.

Por último, mis tres amantes de los que Sara estaba hiper celosa (Benny, Miguel y José) comienzan a hacerme llamaditas para preguntarme cuando podemos quedar a solas y esas cosas que hacen los chicos. He de comprobar cómo está la barba de Miguel y cuan orgulloso está él de ella. Segundo, Benny se afeitó ayer por completo y no se lo he dicho directamente pero si indirectamente: está feo de cojones. Este no folla en dos semanas y eso que es un chulo playas. Tercero, José, el falso alemán con cara de sudamericano me ha de enseñar sus bíceps y ver si han progresado. No os alarméis pues esto era muy normal. A Miguel lo solían parar por la calle para decirle lo awesome o marvelous (si eran británicos) que era su barba. Benny me decía de dar la vuelta al Crane Lane y contar el número de chicas que le miraban (ahora ninguna, os lo aseguro). José ha pasado de ser un barril a ser una columna de mármol, pura seducción es lo que desprenden sus bíceps a sus 26 años. Estos dos últimos están tan preocupados por su envejecimiento, que ya usan cremas.

A modo de resumen y ya pare despedirme de este post tan desvariado: el verano se está acabando, es una realidad y hay que asumirlo; he de mantener mi media de expediente altamente beneficiada por mi Erasmus; dormir más es el objetivo de este curso; Sara no va a tener palabras de reproche para mí (las buscará y me las escupirá en la cara cuando rechace alguno de sus Top 5 Christmas reads); mis chicos del norte me esperan; aprender francés (la lengua, no hacerlo) es un must do it para este curso académico. Por último, hoy se cuenta el bote de propina y hay la cantidad suficiente para un libro.

Lo olvidaba, el sábado haré una excepción y me emborracharé (al menos, eso dicen las previsiones altamente correlacionadas con los años anteriores). 

Paz y leer el Quarz. 

viernes, 8 de agosto de 2014

Cuando la mantequilla y mi cuerpo se asemejan en textura

Con el calor que hace últimamente, me siento muy chafado, sin fuerzas o cerebralmente espeso para escribir. Tampoco me ayuda el hecho que tenga tan poco tiempo libre y siempre me van surgiendo asuntos que resolver durante las mañanas. Sin embargo, siempre intento hacer un poco de struggle bloguero y escribo un día sí, un día no. Algo que sí he hecho estos días, ha sido leer muchísimos blogs pues desde que empecé, he descubierto un nuevo mundo de información gratuita y desarrollo que es muy útil en los tiempos que corren.

Con la humedad que hace hoy, me es difícil recordar todos los blogs que he estado visitando. Como siempre, he estado leyendo un poco más de massobreloslunes porque Marina sabe contar las cosas y narrar esa cotidianidad con la que todos nos sentimos identificados. Últimamente vuelvo a leer el blog de Vivir al máximo porque fue el blog con el que empecé a replantearme todo de nuevo y pensar si lo que estaba haciendo era lo que de verdad quería hacer. Soy la versión blogger-addicted de Sara, ella puede estar tres  horas poniéndose al día con sus youtoubers diarios y después, leerse un tocho de 600 páginas en apenas día y medio. Algo me dice en mi interior, que esta chica acabará haciendo algo relacionado con los libros porque desde luego, los quiere más que a mí. Ayer noche estuvo recomendándome libros vía Skype hasta la una de la madrugada aunque en su perfil de Goodreads me esperan otros veinte o treinta favoritos a parte. Aunque ella no lo crea, creo que tiene buen gusto.

Por otro lado, he decidido que este curso que viene, voy a despegarme mucho más del móvil. He llegado a la conclusión que estoy muy pendiente del móvil,  como si estuviera a la espera de una llamada muy importante. Mucho tiempo lo pierdo contestando whastapps al minuto o consultando Facebook. Mi productividad estudiantil lo notará y yo animo a todos aquellos que están como yo, a apagar internet en el movil durante las horas en las que necesitamos trabajar y centrarnos en lo que debemos. Este año estuve utilizando una app de Google llamada Pomodoro. La aplicación me bloqueaba durante 25 minutos todas las páginas webs potencialmente peligrosas para mi productividad pero no podía bloquearme Whatsapp así que su eficacia no era del 100%. Después de esos 25 minutos, la aplicación me daba cinco minutos de descanso para visitar todas esas páginas que anteriormente había bloqueado y darme una dosis de red social.

Otra de las cosas que intento hacer desde hace días, es investigar un poco más sobre los potenciales caminos profesionales que me apetece seguir. He estado visitando varios career planners aunque no me gusta ese concepto de “planificar tu carrera profesional” pues la vida da mil vueltas. Sin embargo, es muy útil para conocer caminos que desconocía, estudios o incluso empresas y sectores de los que no tenía constancia de su existencia. Una cosa está clara: no veo mi vida girando en torno a Pineda de Mar, ciudad dormitorio en la que todo está tan estancado. Ya os hablé una vez de la villa en la que vivo, vuelvo a tener esa necesidad de cambiar de aires pues desde que he vuelto, lo único que cambió, fue una antigua casa que han derribado.

Por último, estoy sopesando la posibilidad de abrir un nuevo blog más enfocado a lo que estudio, sin embargo, aunque todavía es un proyecto sin forma, he de leer un poco más sobre él y como quiero y debo enfocarlo.

 Solo quedan 23 días para ver a la princesa vasca.

viernes, 1 de agosto de 2014

Primeros de agosto

Se acabó julio y empezó agosto. Apenas queda la mitad del verano para empezar un nuevo curso académico del que espero mucho más que este simple verano. Siento como si apenas hubiera alcanzado mis expectativas veraniegas y a decir verdad, así ha sido. El único gran logro que he conseguido, ha sido este blog del cual comienzo a estar un poco quemado por el hecho de estar poco inspirado o directamente, porque no me lee ni el tato. Mientras escribo esto, descubro un segundo gran logro: este año estoy leyendo mucho y he retomado un hábito de lectura decente (o insuficiente en comparación con el de Sara). Aun así, el hecho que mi verano sea tan monótono, hace muy difícil escribir posts que hagan pensar a la gente “la vida de este tío mola”. Qué va, la vida de este tío molaba hasta hace dos meses. Ahora he de aguantar a gente mal follada ocho horas al día y comienzo a creer que se me está poniendo cara de mal follado.

Puede, que esté cometiendo el mismo error que cometí en junio cuando planee hacer de mi verano, un verano estupendo, lleno de proyectos grandes y locos que luego se quedaron en papel mojado por falta de tiempo. Sin embargo, una vez haya comenzado el último año de carrera (ni yo me lo creo), esos proyectos pueden volver a la luz.

Sí, cuarto año de carrera. Este año haré menos clases y después tendré seis meses de prácticas. El hecho de tener menos horas lectivas me permitirá dedicarme más tiempo. Mucha gente no consigue ver en mí, esa preocupación de la que hablo. Un año y medio más y habrá acabado la utopía estudiantil en la que vivo y entonces seré libre para tomar un nuevo camino. Si mi estancia Erasmus me enseñó algo académicamente hablando (aparte de leer una regresión multivariable y hacer una bibliografía como Dios manda) fue ser un caradura, maximizar mi tiempo y no ir a clase a calentar el asiento; preguntar al profesor y ser más autodidacta. Aprendí que si un tema te interesa, el profesor te da las herramientas para que profundices más en esos temas que te gustan y puedas preguntarle.

Así pues, este año me lo planteo como un aprendizaje a dos bandas, personal y universitario. Necesito conseguir unas prácticas que me atraigan personalmente y no quiero cometer el error de dejar que la misma universidad me busque cualquier cosa. Ya he estado acosando virtualmente a algunos HR directors y haciendo un poco de networking como hago con los tíos de Sara. Así mismo, estoy doblemente contento porque Sara ha conseguido arrojarse a sí misma un poco de luz de cara a sus planes futuros, cosa que me preocupaba. La seguridad que tiene en si misma crece exponencialmente y eso es cool al cuadrado.
Finalmente, la vena escritora que he desarrollado durante este año, sigue creciendo fuerte y dada la buena acogida que tuvieron la descripción de dos típicas señoras de clase media, seguiré desarrollando en privado algún escrito en relación a esta narrativa. Crear flow, leer muchísimo, corregir y crear hábito. Esa es la clave según Marina.

Así Javier, ¿Qué dices, estás contento o no? Ambas cosas. Contento porque viene un año muy interesante, un año que representa un final de ciclo y el inicio de nuevos retos. Por otro lado, ya he hablado de mis temores aunque estoy convencido de poder superarlos con mi seguridad al alza. Mi preciosa libreta Moleskine comienza a llenarse de mil y una ideas que decidí apuntar y me ayudan a recordar detalles y diferentes soluciones que voy pensando respecto a problemas varios. Estoy convencido que esta vez, mis proyectos grandes y locos no van a quedarse en la libreta y un buen plan de ejecución debe ayudarme a ello. Este año me compraré una agenda de papel, nada de Google Calendar.

He olvidado comentar que hace justo tres días, comencé a leer Las correcciones de Franzen, a quien descubrí gracias a mí blogger favorita. Es curioso porque jamás había leído a Franzen y cuando describí a Amparo o Ana, era ese mismo estilo de narración el que estaba buscando desarrollar. El libro es genial, y voy saborearlo mucho.


Me despido de vosotros, no sin antes disculparme a aquellos lindos gatitos que han leído este post de reflexión. 

jueves, 31 de julio de 2014

Camino al trabajo

Durante los últimos días ha llovido bastante por lo que he bajado al trabajo en coche. Después de tres días, se me hizo extraño volver a bajar andando de nuevo. Siempre sigo la misma ruta a pie hacia el trabajo. Es curioso como al final, esa ruta se graba en el cerebro y no importa si vamos escribiendo en el móvil o empanados, que tu cuerpo pone el piloto automático y te lleva sin darte cuenta. Desde la semana pasada, he decidido hacer una variación en mi ruta porque tiene más sombra y sube la brisa marina calle arriba desde la playa.

Siempre salgo justo de tiempo. Me gusta aprovechar al máximo mí tiempo libre antes de trabajar pues hasta las 23:00 no volveré a ser libre. Así siempre voy apurado: ponerme unas bermudas y una camiseta, cepillarme los dientes mientras me echo desodorante y me hecho gel en el pelo para peinarme. Detrás mi madre dándome los últimos detalles de cosas que corren urgencia en el trabajo y se han de hacer antes de que ella llegue. Sus palabras son como un Big Data y he de hacer un esfuerzo enorme por recordar los mil y un puntos que me cita y sus innumerables detalles que quiere que consten en las tareas.
Salgo por la puerta de casa a las 14:48 aunque cuando tengo un golpe de gracia y puedo salir antes, puedo ir más tranquilo y relajado. Apenas hay diez minutos caminando y durante ese tiempo me da tiempo a escuchar dos o tres canciones de Sigur Rós aunque últimamente estoy muy Adele y me ha dado por escucharla durante mis andanzas. También me da tiempo de escribir unos cuantos mensajes a Sara quien vive como una reina aunque no la culpo, es vasca.

Es una hora en la que las calles están bastante tranquilas. La gente ha vuelto a casa para comer y en las plazas solo queda la gente que no quiere estar en un lugar cerrado o directamente no tiene hogar. Cuando paso por delante de una plaza delante de un hotel, esta está llena de niños a la espera de un monitor que los lleva a la playa. Ellos me identifican como aquel chaval (o aquel capullo que les dice que no toquen) que trabaja en esa tienda que tiene mierdas de broma pero que parecen tan reales que se podrían comer. Otras veces esa misma plaza esta desierta y solo hay un vagabundo que busca echarse una siesta en un banco junto a la puerta de una casa. Después me olvido de desconectar el Wi-Fi del móvi, se conecta con el de la biblioteca y no tengo conexión durante unos segundos. Paso por delante de un bar que nunca me ha dado muy buena espina. Lo regenta gente con pinta de ir medio borracha todo el día, hacen menús cada día y en la pizarra escriben los platos con letra de palo y con un estilo muy infantil; ayer podía leer CODILLOS AL HORNO pero cuando vi en la pizarra, aquellas letras de palo tan apretujadas, pensé que habían cocinado codillos a la sal en el menú. En la puerta, siempre hay un hombre bebiendo una copita de anís quien no se quita el sombrero de vaquero pese a estar bajo una enorme sombrilla de terraza.


Después ando por una última calle la cual está a la sombra y sopla una fuerte brisa. Paso por delante del portal de un ex compañero del casal de verano que era un malcriado; aun así, estaba forrado y vivía en una casa muy señorial. Saludo a amigo camarero en una heladería argentina cuyo nombre significa  preservativo en francés y después entro a trabajar durante las siguientes ocho horas. 

Como he mencionado a Sigur Rós mientras os escribía, me he puesto a escuchar el que quizás es su canción más conocida Hoppípolla. He visto su videoclip y me ha parecido tan wicked, travieso en una forma muy picara, con los abuelos en el papel de los jovenes, que he decidido dedicároslo

. 

miércoles, 23 de julio de 2014

La burbuja del turista

Cuando estoy trabajando,  me fijo en lo feliz que parecen todos los turistas que vienen a la playa. Es muy fácil diferenciar aquellos que llegan y aquellos que ya llevan varios días. Los martes es cuando muchos llegan o se van. Me encanta ver la cara de las familias cuando entran por primera vez y lo primero que se encuentran es la sección de bromas donde lo primero que encuentran es una polla de silicona o unas tetas que las puedes apretar. Todo son risas. A las nueve de la noche, las ruidosas carcajadas de tostados holandeses distorsionan la zarzuela española que suena de fondo. Después, andan a ritmo de procesión gitana de Semana Santa a través de los pasillos para decidir que van a comprar en su primera visita a Guiriland.

Durante 10 días viven en una burbuja ajena a los problemas tanto en casa como en España. El objetivo es conseguir el mejor moreno y pasarlo lo mejor posible. Pasados esos días, volverán a su país donde da la impresión que viven en una dictadura de prohibiciones y el astro rey Sol no se deja ver demasiado. Me gusta porque consiguen desconectar de sus problemas domésticos.

Algunos repiten año tras año. Mi madre mantiene correspondencia con algunas abuelas que llegaron con 40 años y sus maridos. Ahora se encuentran viudas y morenas. Son tan fieles a su querida Guirilandia que siempre escogen la misma habitación en el mismo hotel, la misma época y ya saben dónde han de ir para poder conseguir los mejores precios. Son lo que yo llamo veteranos de playa. Su moreno es envidiable y se mezcla con las arrugas y los tatuajes. Sin embargo, no son esas las vacaciones ideales que tengo en mente y no lo comparto para más de una vez.

Ayer una anciana francesa (muy tierna ella) me preguntó (me llamó señor, que honor) si estaba allí cada día. Le dije que sí y se puso tan contenta que se despidió con una sonrisa. Ahora han llegado los rusos a Guiriland y las sonrisas escasean mucho más. Uno tiene miedo de hacer cualquier cosa porque todo les parece mal. Incluso pestañear. Sin embargo cuando vienen con una copa de vino encima, son puro amor. Ayer un tal Nikolau me dio la mano al irse.


Por alguna razón, todas las señoras rusas son grandes, de caderas muy anchas. Ves a las hijas, con unas bonitas curvas y luego pienso en qué hacen en casa para crecer tanto. 


lunes, 21 de julio de 2014

No hacer nada

Desde que empecé a trabajar, tengo una obsesión por aprovechar el tiempo libre que tengo. Trabajo 8 horas seguidas desde las tres de la tarde y durante la mañana estoy libre. Entonces una fuerza suprema crece en mi interior y me dice “Levántate pronto para aprovechar ese tiempo que tienes”. Eso significa que me levanto cada día a las 9:30 aunque yo me haya ido a dormir a la 1 y media o 2.

Sin embargo, no consigo saciar esta obsesión porque aunque tengo toda la mañana, no tengo suficiente tiempo para hacer todas esas cosas que me gustaría hacer. Hoy mismo me he dado cuenta que llevo desde la semana pasada queriendo poner un nuevo carrete a mí querida Minolta siguiendo el manual y no cometer los errores que cometió mi padre. Hoy lo haré, justo después de publicar esto. De verdad, lo haré.

Lo primero que hago al levantarme (aparte de mear y lavarme la cara) son quince minutos de ejercicio matutino y desayunar mientras leo la prensa. Leer la prensa (porque yo leo más de un periódico al contrario de mucha gente) me quita mucho tiempo, pero lo veo tan imprescindible e interesante que no puedo evitarlo. Primer leo la prensa española y luego le doy un repaso a la inglesa porque siempre profundiza más en noticias de ámbito internacional. Me gusta estar enterado cada día de qué ocurre en el mundo para poder discutirlo más tarde con mi jefe. Hasta este último punto, me doy cuenta que mi vida se ha vuelto asquerosamente rutinaria y aburriría hasta a mi abuela.

Cómo dije hace unos días, el desayuno es lo que más me motiva al empezar el día y por ello siempre lo cambio. Unos días me da pereza hacerme café porque la noche anterior he olvidado dejarlo hecho en la cafetera y decido utilizar sucio café instantáneo (mi tiempo es oro estos). Otros días utilizo el café de Aldi que no está mal pero no se parece ni de lejos al que yo compraba. Después doy rienda suelta a mi imaginación y a falta de granola, buenos son los Chocopic. Estos últimos días me he tirado mucho a por una miel ecológica que compró mi madre. He de admitir que en ese aspecto, mi madre me sorprendió.

A partir de ese momento, queda un espacio de tiempo en el que decido que haré. Si escribo no podré leer otros blogs, otros libros, aprender francés (sigo con mi misión francófona), no ver series o incluso NO HACER NADA. Es todo un círculo vicioso y no podré pararlo hasta que consiga más horas libres.


De momento me despido feliz porque me quedan aún varias horas y voy a ponerle el carrete a la señorita Minolta. 

domingo, 20 de julio de 2014

Porque el frió tiene estilo

El verano no me gusta. Bueno sí, me gusta por el rollito vacacional que tiene (cuando las tienes) pero no me gusta cuando hace ese calor excesivo que te aplasta, te deforma cual vela de cara al sol. Unas semanas atrás era perfecto, la brisa soplaba y me gustaba ponerme una camisa de manga larga para ir a tomar algo a la playa por la noche.

Soy un chico muy de otoño e invierno. Me gusta el clima frio porque me gusta más mí ropa de invierno que la de verano porque es más elaborada y cool. Mis botas qué compré el verano pasado y con las que me siento el tío más sexy del mundo pese a tener una nariz como como un garfio; mi jersey granate con unos motivos muy hipsters que me encanta y compré en TK Maxx por solo 20 euros. Es estupendo. Además puedes llevar chaqueta y cuando llevas chaqueta no has de llevarlo todo en el bolsillo, puedes repartírtelo.

El clima de verano siempre es igual, sol, sol, sol y alguna tormenta de verano que le da un toque de sorpresa a la estación. En cambio, en invierno pueden ocurrir muchos fenómenos: sol; días con viento; frío seco; frío húmedo porque llueve; nevar; niebla; días de mucho viento. Todo es muy imprevisible. Al final lo que más te apetece después de llegar a casa es una taza de café calentito o si estás cenando, ese plato de sopa que solo tu madre sabe cómo hacer. Tienes más tiempo para hacer las cosas que te gusta hacer cuando uno está en casa y no tienes tantas excusas para salir a la calle. 

Por esa razón yo siempre digo que a mí me gustan los lugares de clima oceánico. Son lugares que te regalan los días de sol como días especiales, en los que todo se permitido. La gente sale a la calle a llenar las terrazas, tumbarse en el césped del parque o aprovechas para ir a la montaña o la playa.