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martes, 23 de septiembre de 2014

La formula uno de la preparación de maletas

Si hacer la maleta fuera un deporte, yo habría conseguido la pole. 32 minutos (minuto arriba, segundo abajo). Vuelvo a tener esa sensación previa a hacer un viaje como si estuviera a punto de iniciar una operación encubierta en el desierto sirio. De hecho cada vez que tengo una cita de este tipo, coger el tren de casa se convierte en un momento muy tenso. La última vez que fui a Bilbao, tuve que recorrerme la mitad del servicio de metro de Barcelona para poder llegar a tiempo para coger mi querido Alvia sin enchufes. Lo pasé muy mal y casi me deshidrato. Esta vez no voy a Bilbao en calidad de turista aunque aún me deben quedar unas cuantas estancias más para conseguir el título de Visitante de la Casa.

Debería estar casi de camino a la cama pero mi compromiso con vosotros y con este blog me obliga a escribiros y deleitaros con un poco de mi arte. Sospecho que estoy incubando un constipado. Noto la garganta un poco seca y durante la mañana he tenido media docena de esos estornudos que encienden las alarmas del misil resfriado. La buena noticia que es que al muela del juicio ha dejado de pelear. Espero que mi condición de roble me haga vencer a las legiones bacterianas aunque el gélido aire acondicionado de RENFE puede que no ayude. Es más, ahora estoy pensando que en vez de recortar en sanidad para ahorrar en presupuesto, deberían recortar en aire acondicionado y ahorrarse unos cuantos resfriados.

Desgraciadamente el famoso vagón silencioso del que tanto habla Jose María Iñigo en la radio, aún no está disponible. Eso pone en riesgo el silencio que espero que haya a las 7:30. No pienso aguantar más niñatos maleducados hasta Haro. Pienso correr al vagón restaurante, pedir un té y arrojarle el agua hirviendo al primero que no respete al resto de pasajeros del coche número dos.

Me noto muchísimo más motivado respecto a la universidad, aquella nefasta semana pasada que empecé con tan mal pie, ha remontado rápidamente y ahora me encuentro haciendo planes, investigando y lleno de fuerzas. Hoy hablaba con una compañera de tren sobre neurociencia, neuropsicología, escuelas con enseñanza libre y prácticas. ¿Os imagináis observar a un grupo de primates durante ocho horas al día? Observando la conducta de los primates, como se pelean entre ellos. Que el sujeto número uno corteje con el sujeto número dos y el sujeto número tres sienta celos por como el sujeto número dos ha dejado de hablarle. Obviamente las dos señoras sentadas a nuestra izquierda han alucinado. Me encanta ese momento en el que hago contacto visual con un desconocido y ambos pensamos lo mismo. La otra señora deseaba que me callara y le dejara leer el Saber vivir pero eran las 2 de la tarde y estaba en horario legal para poder rajar todo lo que quisiera.

Hoy una tercera persona me ha dicho que me voy de vacaciones. Cierto, hago una pequeña “escapadita” pero soy tan responsable y tan buen estudiante, comprometido con el uso eficiente de los recursos que el estado decide invertir en mí, que he decidido llevarme todo el trabajo de universidad a Bilbao. Tengo que llevar a cabo una simulación sobre la importación de un juego de laboratorio para niños y el asunto está alcanzando un guión de película más largo que Star Wars. Tengo seis horas de trayecto hasta las Vascongadas y por tales razones, he decido llevarme entretenimientos tan amenos como los fundamentos de la fiscalidad española. Tengo Choose yourself de James Altucher en el Kindle. Ahí lo dejo.

Esta no es una simple visita a las Vascongadas, es una segunda batalla. Una batalla por ver quién es el más fuerte. Primero me ofrecerán una caña. Seguirán el ritual con un pintxo de tortilla o cualquier otra especialidad típica vasca. Te retarán a tomarte una segunda y si la cosa se alarga quizás una tercera. La tía de Sara cree que aguanto bien el tipo. Eso quiere decir que me estoy labrando el respeto del Norte. Sin embargo, no habrá respeto hasta que me coma una de esas guindillas riojanas que intento venderme el abuelo de Sara.

El jueves vamos de pintxos para hacerme un poco el vasco. El sábado hará exactamente un año que los dos nos escapamos de aquella primera fiesta que la ESN (Erasmus Society Network) de Cork organizó y corrimos a casa como jóvenes adolescentes que hayan hecho algo malo. A propósito, un estudio de la Unión Europea reveló ayer que el 33% de los estudiantes Erasmus había encontrado su pareja estable durante su estancia en el extranjero. Es más, un millón de bebés había nacido desde 1987 a raíz de Orgasmus. 

Ahora estoy en la cama, a oscuras escribiendo con el portátil sobre una de estas cómodas plataformas acolchadas para ponértela en las piernas. Esta goza además de una pequeña lámpara que posiblemente de tanto retorcerla ha dejado de funcionar.
Sin más dilación, me despido de vosotros.

Agur eta bona nit.



jueves, 11 de septiembre de 2014

Y ahora le toca al ajedrez

De pequeño mi padre nunca me intentó inculcar ningún tipo de afición. Es más muchas veces para él, cualquier cosa que requiriera comprar algo o una inversión en tiempo, era una chorrada. Volar una cometa era una chorrada; hacer un puzle era una chorrada y así hasta incluso los deportes. Ha sido durante estos últimos años, con la cabeza mucho más amueblada cuando he comenzado a sentir interés por diferentes actividades que no fueran: salir con los amigos, ir de fiesta, navegar por internet o ver la tele. Hace cuatro años por ejemplo, comencé a interesarme por la simulación aérea o leer blogs de Erasmus (así fue como acabé creando el mío) y viajes (lo que despertó aún más mi sed viajera). Después comencé a leer más y me aficioné también con las series. Me fui a estudiar al extranjero y conocí a más gente curiosa como yo. Me comencé a interesar por la actualidad geopolítica y económica.  Entonces volví a casa y llegamos hasta aquí, el blogging.

Hace unos meses mientras ayudaba a mi madre en la cocina estuve escuchando a un tipo en la radio, un tal Leontxo, un periodista especializado en el ajedrez. Sí, hay gente especializada en eso. Al parecer el tipo también es jugador de ajedrez y actualmente enseña a jugar a niños. Durante su aparición en radio, estuvo hablando de los numerosos beneficios que tiene este juego (aparentemente para nerds) en la mente tanto de niños como de adultos. Durante la tarde de ese mismo día, estuve haciendo un poco de investigación para leer un poco más sobre los beneficios de los que hablaba y entonces llegué a una única conclusión: ¿Por qué no había aprendido antes a jugar al ajedrez?

¿Deberíamos jugar todos al ajedrez? Pues probablemente sí. Si lo que quieres es mejorar tu rendimiento tanto en tu vida diaria como en la profesional o académica. El ajedrez tiene numerosos beneficios en aspectos tan claves como la estrategia, la planificación o el análisis.

Para empezar, este juego te hace más listo. No lo digo yo, lo dicen varios expertos los cuales no os aburriré en mencionar pero si os aburriré resumiendo qué dicen. Según estos tipos de bata blanca, aquellos que participaron en sus inocentes estudios mejoraron en campos como la lectura, la creatividad, la toma de decisiones bajo presión, la memoria o las matemáticas. Las notas de estos estudiantes mejoraron así como las decisiones que tomaban. Así pues, si juegas al ajedrez, es muy probable que tus probabilidades de aprobar historia aumenten. Por otro lado, el ajedrez no solo tiene beneficios a nivel intelectual, sino que también los tiene a nivel de salud mental. Si mi amigo José hubiera sabido, que al igual que el té verde, el ajedrez también ayuda contra el Alzheimer, probablemente ahora mismo estaría jugando a él.

Sin embargo, lo que más ha hecho llamar mi atención por este juego, es la basta relación que tiene con la planificación, el análisis de problemas, el razonamiento o la toma de decisiones bajo presión. Habilidades muy relacionadas con mis estudios.

Lo único que sé, es que hay piezas blancas y negras ¿Cómo empiezo?

¿Quién no ha pensado (o mejor, aún piensa) que el ajedrez es un juego súper nerd? Hasta yo lo pensaba durante esa época tan insegura que es la adolescencia. De pequeño mi madre me regaló un tablero de ajedrez (o quizás fue mi tío, no lo recuerdo demasiado bien) y jugué durante un tiempo. También me regaló un libro de ajedrez para niños (Jaque mate en la ciudad del ajedrez de Piers Harper) pero jamás me lo acabé de leer. Nunca he jugado demasiado bien, más bien, he de reconocer que no se jugar y mi estrategia de atacar únicamente por el extremo derecho o izquierdo debe ser pésima.

Esta mañana, después de casi una hora de investigación matinal en busca de un libro con el que poder iniciarse en este deporte, he dado con uno y solo uno. Solo quiero hablar de uno porque a la gente no le gusta tener que coger un poco de aquí y un poco de allá. He estado leyendo un montón de discusiones en blogs de ajedrez, clubs de ajedrez y un montón de páginas que acaban en ajedrez. ¿Al final sabéis con qué me he quedado? Con Yahoo Answers: Tratado General del Ajedrez. I: Rudimentos  de Roberto Grau. Es perfecto. No tiene misterios y si queréis empezar como voy a empezar yo, este es el libro. Es claro, ameno, básico y lo importante: ENSEÑA. He leído un poco por encima y es la pera limonera. Antes continuar, he de decir que os he engañado. Un tratado tiene tomos y como tal, este tiene cuatro. De básico hasta avanzado. ¿Quién soy yo para considerar si un tomo es básico o avanzado? Pues nadie, pero lo hago. Por orden de tomos: Rudimentos, táctica, conformación de peones y estrategia superior.




Aprender a jugar al ajedrez mediante la lectura puede parecer a algunos tan aburrido como aprender a cocinar con un libro de recetas. Una imagen vale más que mil palabras y por esa razón tengo un Plan B. Después de investigar un poco más más sobre Leontxo, descubrí que era (y es) un crack del ajedrez que en la actualidad analiza y comenta las partidas de ajedrez de todo el mundo. De casualidad encontré una serie suya dedicada a enseñar este deporte y debo decir que lo explica genial. No os asustéis por la calidad de la imagen estilo cinta de orientación de la Iniciativa Dharma, es así.




Puede que 21 años sea un poco tarde para iniciarme en el ajedrez pero supongo que nunca es tarde para empezar si lo que uno quiere es conseguir sus beneficios.
Esta ha sido mi primera semana (y última) de vacaciones antes de empezar la universidad. Estoy satisfecho con la productividad que le estoy sacando. A día de hoy, estoy al día con mi circulo blogueril; estoy listo para afrontar mis desafíos académicos y profesionales y he comenzado la odisea tarea de conseguir una empresa que me quiera para hacer prácticas ya sea en Bilbao como en Barcelona. Este fin de semana además, voy a participar de voluntario en una carrera solidaria. Ahí es ná.


Ayer tomando algo con mis amigos, me dijeron que desde que estoy con Sara, me ven más cercano y afable.  

martes, 15 de julio de 2014

En busca del feedback perdido

Llevaba días pensando un nuevo título para el blog, pues este me parecía demasiado general y a la vez demasiado artificial y con el qué tampoco me sentía demasiado identificado. Esta mañana, me he iluminado y he decidido cambiarlo y hacer honor a esos dibujos animados que tanto me gusta por su humor tan travieso y adulto: Adventure time. Una de las cosas buenas que tiene el tener un blog tan joven y con tan baja audiencia, es que puedes hacer cambios de este tipo sin salir perjudicado o tus lectores monten en cólera por no encontrar la nueva dirección.

Hace un mes y medio decidí abrir este blog con la idea de continuar saciando esas ganas de continuar escribiendo que habían crecido a raíz de mi primer blog erasmusero. La idea era crear nuevos proyectos que hicieran de este verano algo diferente y renovador. El resultado ha sido estas 17 entradas (18 contando esta) de calidad muy variable y de las que sinceramente no sé muy bien cómo calificar yo mismo.

Como he comentado antes, de este blog he esperado obtener algo nuevo, algo que no he conseguido encontrar durante estos tres años de carrera y con la cual no me encuentro al 100% identificado. Quizás la culpa la tiene Miguel que compartió en Facebook un post de un blogger a raíz del cual descubrí a otros bloggers españoles, que me llamaron la atención. O definitivamente la culpa la tiene Sara que como dije al principio fue la que me dijo “Continua”.

Sin embargo, ya van 18 entradas y pese a que escribir se ha vuelto algo con lo que disfruto, también sufro esa falta de inspiración de la que he oído tanto hablar a través del universo blogger. Pese a que no busco hacerme famoso a raíz de este blog, ni tener 200 comentarios con cada entrada o 300 visitas, sí busco en este un poco de feedback. Me encantaría tener un poco de crítica de la mano de desconocidos que no tengan compasión y no me digan “Está bien” solo por pena.

Ya no solo soy un simple novatillo que escribe sin más en esta simple y fácil plataforma, ahora soy un novatillo al que el periodo de prueba se le ha agotado y busca hacerlo mejor. Echo un vistazo en otros blogs profesionales, de esos con decenas o cientos de visitas en un solo día y veo como lo tienen organizado para que sea más fácil obtener ese feedback del que os estoy hablando.

Para empezar, mi problema con las faltas de ortografía sigue siendo serio (aunque no tan serio como cuando suspendía los exámenes de castellano en la ESO por culpa de las faltas de ortografía). Ay señorita Lobato, que zorra era usted pero cuanto bien me hizo. Ocho años después, he logrado corregir (literalmente) ese aspecto. Aún así, cuando estos textos pasan el escáner made in Basque Country de Sara, se me pone la cara como un pimiento.

Si hay un blog que me ha ayudado a escribir mejor ha sido el de Marina. Tengo la teoría que Sara comienza a tener envidia de ella porque hablo muy bien de su blog. Yo le he dicho a Sara, que haga como todas esas youtubers británicas a las que sigue y que abra un canal para hablar de libros, pero nada, no me hace caso. ¡Maldita timidez! ¡Acabará con ella! En fin, si algo me enseño ese post de Marina, fue a escribir mejor y con ese estilo natural y personal que tanto busco.

Desafortunadamente, desde que empecé a trabajar, noto una falta de ideas e inspiración y mis días están pasando a ser demasiado normales como para atraer nuevas historias. Tengo la esperanza o la creencia, que esto cambiará una vez haya empezado mi cuarto y último curso.


Como escribió Salinger en uno de sus libros, me despido con amor y sordidez. 


domingo, 13 de julio de 2014

Más trágico que el 1-7 de Brasil contra Alemania

Hacía semanas que no conseguía levantarme por la mañana y sentir tantas ganas de escribir. Aquí estamos, mi desordenada habitación la cual mi madre califica de “vergüenza” y yo con mi cara de sueño después de haber dormido solo 7 horas. Por alguna extraña razón, no quiero dormir demasiado. Siempre estoy pensando en lo corto que es el día, lo valioso que es mí tiempo y cuanto he de aprovecharlo. Cuando trabajas, ese sentimiento se intensifica.

Hoy la habitación me apesta a leña. Es el último día de las fiestas del barrio y lo celebran haciendo alguna comida popular en la que por supuesto, el lameculos del alcalde participa. Último día de música flamenca de fondo. Gracias Señor.

Sin duda, no está siendo un verano digno de alguien que ha vuelto de Erasmus. La depresión crece en mi interior y cada día me dan más ganas de tirarme a la bebida. Para empezar, no veo a Sara, lo cual también tiene su lado positivo porque no me da la tabarra con lo despacio que leo o ver alguna serie/vlogger que a mí no me apetece. Ni yo le doy la tabarra con mi obsesión por la salud y que pronto contaré. Pero por otro lado, echo de menos esas noches post-resaca en la que subía a su céntrico apartamento con vistas al despacho de abogados y abríamos la primera sidra. Después la cosa se desmadraba y lo que había empezado como un sábado de recuperación, acababa con enviarme a por más sidra a la off licence de Washington Street (qué vida aquella…y qué lejos queda ya, 2 meses casi). Cuando digo se desmadraba, lo digo en todos los aspectos.

Llegados a este punto tan nostálgico de recordarme aquellos buenos tiempos en los que el régimen totalitario de mí madre estaba lejos de casa y en la cocina, reinaba un nuevo rey (yo) dejando entrar nuevos sabores, me pregunto si estoy siendo demasiado masoca o gilipollas de recordar estas cosas.

La mayoría de proyectos que tenía para hacer tan estupendo el verano como había planeado, no los he cumplido. El proyecto de girasol que planté a principios de junio, ha muerto. Lamentablemente, mi madre no consiguió otorgarme la habilidad de la botánica cuando me engendró. Sin embargo, he hecho un nuevo intento. Esta vez en una maceta mejor y más grande. Por otro lado, todas las fotos que hice Bolson Cerrado (Bilbo o en la lengua común, Bilbao) con mí Minolta X-700, se fueron al traste por culpa de mí padre que no enganchó correctamente la película del carrete cuando lo puso. Alex de la Iglesia debería haber grabado mi cara de terror cuando comencé a asumir que todas mis fotos estaban perdidas. Eso fue una tragedia y no la derrota de Brasil contra Alemania. Por no hablar del bonsái que ni siquiera germinó.

Por otro lado, como ya dije, este año casi todos mis amigos también trabajan (para que luego digan que no hay trabajo). Nos vemos un poco más que el cometa Halley: una vez a la semana. Ahora comenzamos a ir a chiringuitos de playa y a veces hablamos de trabajo. Qué adulto suena todo por Dios. Veo el público de 30-45 años y me asusto.

Así pues me queda un mes y medio por delante en un trabajo en el que su ambiente, no ayuda a trabajar más a gusto; una novia que va más de fiesta que yo; una madre a la que tengo como jefa; un viaje a Barcelona que planificar para Sara, aunque de eso ya hablaré.

¿Cosas buenas que han pasado estos días? Con esto ya acabo, lo prometo. Recibí una carta de UCC con mis super notazas de las que he de estar, enormemente agradecido al sistema de conversión europeo. Gracias EU.

Iba con el objetivo de escribir sobre mi futuro pero he acabado contándoos como se plantea este verano.


Me despido con Ana Belén sonando de fondo desde la plaza enviando muchos besos y ternura.

lunes, 7 de julio de 2014

El verano es "maravilloso"

Hace nada, leía en el blog de una chica, lo maravilloso que es el verano. Una mierda. El verano solo es maravilloso para aquellos que pueden disfrutar de él. Con este verano, es el quinto año que trabajo en verano. Los trabajos de verano son agotadores, estresantes y calurosos. Si a este año le añades que he estado de Erasmus, mi depresión se agrava. La fortuna y mi incompatibilidad de agenda, hizo no poder cambiar mi cochambroso (a la par de privilegio) puesto de trabajo con turistas, por uno dedicado a lo que estudio. Añadámosle y este es un factor decisorio, el trabajar con tu madre.

Cuando empecé con 16 años, era el único pringado (o afortunado) de mis amigos, que trabajaba en verano; mis amigos se iban a la playa, yo veía a la gente pasar por delante con la sombrilla y las toallas y yo estaba allí, atendiendo a un maldito ruso que me hablaba en jodido ruso como si yo hablara puto ruski. Esto parece un post de desahogo y consolación, puede que lo sea. Sin embargo, con los años, mis amigos han ido entrando al mercado laboral, de forma más o menos dura que yo. Ahora me ha tocado a mí consolar o dar fuerzas a aquellos que afrontan su primer empleo de verano. Esos compañeros de trabajo; esos clientes que se creen que no les llegas, ni a la suela de la chancla o incluso esas horas de reloj que no pasan y tan eternas se hacen.

¿Cómo me motivo frente a eso? Mi único foco de motivación en este caso, es el salario a fin de mes. Puedo decir desde hace años y con la cabeza alta, que alcancé la independencia económica de mis padres (a excepción de mis estudios). Me motivo pensando en los viajes que haré a final de verano; ese portátil nuevo que me compré con mi primer sueldo; el dinero extra que ahorré para irme de Erasmus y me permitió hacer todas esas cosas que no podría haber hecho si no hubiera trabajado.

Y cuando ese ruso me explica su vida y analiza con su escáner una toalla de playa en busca de defectos, yo pienso en septiembre cuando por fin podré ver a Sara en Barcelona. También tengo ganas de volver a pasarme por el norte para ganar alguno de los kilos que perdí en Irlanda y aún no he recuperado. Vuelvo en sí y el ruso me da el certificado de aprobación.

Qué diferencia entre mis días pre-trabajo y los de ahora. Antes despilfarraba mi tiempo libre. Si un día no veía una serie, la veía al día siguiente; si no estudiaba francés ese día, lo hacía dos días después; si no iba a correr, lo hacía por la noche. Ahora, mi tiempo es oro y gestionarlo es un trabajo más complicado que extraer gas con el método fracking. Hago malabarismos para poder escribir, ver Black Sails, West Wind, Friends o Leftovers o hacer ejercicio y mi día de fiesta se ha convertido en un día en el que algo grande ha de ocurrir.

No dejo de pensar en lo afortunado que soy de tener un trabajo pero también miro con rabia a otros que consiguen lo mismo con menos esfuerzo. El año que viene, si el universo/Dios/Buda/ o yo hago bien las cosas, entraré en ese mar de agonía juvenil post-universitario llamado mercado  laboral.

¡Ánimos a todos! ¡Disfrutad del verano como podáis! ¡Yo lo hago!

martes, 1 de julio de 2014

Llámame hipster

Últimamente me noto como sin inspiración para escribir. Sara me diría que si quiere me da temas  pero ella es que es muy esplendida. Como le gusta chulear. La verdad, es que los últimos días antes de que empezar  trabajar no han sido de gran novedad. Inauguré la temporada de baño 2014 con varios amigos y después por la noche, tuve que escuchar la incultura de algunos con la mente muy parecida a la de mi padre.

Ayer descubrí que los humanos no somos los únicos que creamos modas estúpidas, los chimpancés también. Teniendo en cuenta que somos nosotros los que descendemos de ellos  ¿Quién es más estúpido? Se cuelgan briznas de hierba porque uno empezó a hacerlo. Genial. Esto es como lo del SWAG que tan de moda está ahora entre los jóvenes adolescentes o las barbas. El otro día leí que la barba ya veía el final del túnel dentro de la moda hipster. Es una pena, a mí me gustan las barbas, quizás porque nunca conseguí tener una barba decente. Aunque una vez estuve sin afeitarme para ver la “fertilidad” de mi barba, descubrí que esta salía a trozos. Horrible. Al final opté por algo sencillo, 3 días. A Sara le encanta (y a mí también).

No sé porque la gente le tiene esa manía a los hipsters. Hoy en día ya casi todo es hipster. Un día me compré un jersey molón así con unos motivos bastante guays, un rollo muy escandinavo y al día siguiente, cuando fui a clase un chico me tachó de hipster. Al parecer mi ropa es bastante hipster pero oye, me encanta. Al final creo que todo es hipster. Utilizas la cámara analógica de tu padre, es hipster; llevas botas en vez de zapatillas, es hipster; lees clásicos literarios, es hipster; me limpio el culo con hojas de árbol en vez de papel higiénico, ¿Es hipster? Nooo, eso es ser natural y ecológico. Al final he decidido hacer lo que me da la gana y si me tachan de hipster pues será verdad quien sabe.


El otro día, estaba viendo Lost donde salía la Iniciativa Darma. Me encantaba el bunker en el que vivía Desmond, con todas esas comodidades setenteras con ese aire a lo Guerra Fria y american way of life y la canción de Make your own music de Mama Cass de fondo. Lo dicho, llamarme hipster si queréis. 


miércoles, 18 de junio de 2014

Agur Bilbo eta bona nit Barcelona

Aquí estoy de vuelta a Barcelona en mi querido Alvia que tan bien me trata. Ya sea por un error informático o por mí propia suerte, he acabado en el vagón de clase preferente donde la única gran diferencia son sus asientos más anchos. A mí izquierda, una chica rubia con unas zapatillas poco discretas. Mientras yo pienso y doy vueltas a mi cabeza, ella se encuentra en el octavo sueño. Si ha de bajar en Logroño, tendrá problemas. A mi derecha otra chica que está viendo Ocho apellidos vascos (otra víctima más de los topicazos vascos), aunque igual está comprobando hasta que punto, el retrato que hace la película sobre la sociedad vasca es cierto.

Es cierto que comen mucho. Mis comidas en casa de Sara eran abundantes hasta que aprendí a moderarme y a saber decir que no. También son grandes bebedores. Como ya dije, primero fue el padre de Sara en nuestra ronda de pintxos y después a él le siguieron dos amigos suyos vascos vascos (y no es una errata). Como estaba en el País Vasco, me decía a mí mismo “Javier has de demostrar de que pasta están hechos los catalanes” y yo nunca decía que no a probar nuevas bebidas y comidas de esos rincones. Vinos, cervezas, sidras, gintonics después de cenar y lo último fue un café escocés al acabar al comida del txoko. I así es como acababa contento después de cada comida o cena. A este punto y según los comentarios de la tía de Sara, he pasado la prueba alcoholica y tengo el aguante de al menos, la media vasca. Estoy muy orgulloso. Los vascos son famosos por su fanfarronería (eso dice el tio de Sara) y les gusta también hacerse los duros. Por ese motivo, cuando el abuelo de Sara se enteró que me gustaba el picante, me retó a probar unas peligrosas guindillas que venían de no se qué misteriosa aldea. Cauto, rechacé la oferta y me retiré con el rabo entre las piernas.

Mientras, cruzamos La Rioja y el señor catalán que se dirige a Tarragona (lo sé por la conversación que ha tenido hace 5 minutos con el señor Pepe) se prepara para poder tomar un poco el aire en Logroño durante el escaso minuto que el tren se detiene para recoger a los pasajeros. Con esta ya es la segunda vez que se levanta, debe sufrir algún tipo de claustrofobia. Podéis llamarme cotilla pero me gusta escuchar las historias de la gente y qué les lleva a su destino. Ojo, no confundamos, me gusta escucharlas indirectamente, pero no me gusta que me den la brasa sin que yo lo haya pedido. El paisaje es precioso. Apenas llevamos hora y media de viaje y el tren me ha regalado unas preciosas vistas a través de alguno de los Montes Vascos como el Gorbea. Ahora, los viñedos en La Rioja y aún me queda por ver todo el desierto de los Monegros en Aragón.

Finalmente, la chica se ha despertado como si de un sexto sentido se tratara y se ha bajado en Logroño. Un hombre el cual como yo, parece que se despide de su chica, remplaza el lugar de la anterior chica que dormía a mi izquierda. Este también duerme y otra vez me ha tocado levantarme para que pueda pasar. Interrumpo mi lectura para coger los bollos de Goizalde que no se rompan al dejar pasar a mi nuevo compañero de viaje.

El sábado me descargué en mi Kindle un libro sobre bolsa y trading (Escuela de bolsa, manual de trading, Francisca Serrano) del cual leí un poco en el periódico. Después de varios intentos fallidos por descargarlo pirata y hacer un poco de investigación sobre si valía la pena comprar ese tipo de libros, lo hice y no me arrepiento. Para cuando llegue esta noche a Barcelona y al ritmo que llevo me habré leído casi el 60% del libro. Tal y como indica el título, el libro explica la bolsa y el trading para torpes, para gente como tu y como yo. Aún me arrepiento de haber pedido para las navidades de hace dos años, el Kindle de Amazon. Me gustan los libros en papel y físicos y al final, solo utilizo este aparato para leer apuntes de la universidad, apuntes míos o cuando se da el caso, libros nuevos que para mi, no vale la pena tenerlos en mano, como se da el caso ahora.

Después de varias horas y con los guipuchis (así es como llaman los de Bizkaia a los de Guipuzcoa) en el culo (quienes se han unido a nuestro tren en Castejón de Ebro), el tren corre a 220 kilometros por hora a través de los Monegros. Un AVE nos ha adelantado y ha dado un golpe de aire contra las ventanas. Como si de una carrera entre un Ford Fiesta y un Audi R8 se tratara. Me encanta la mezcla de “inhospito”, “salvaje” y “frio” que tiene el desierto de los Monegros, tiene un aire especial.

Vuelvo de Bilbao triste (cargado como un burro y triste). Triste por no poder continuar más tiempo con ella por el deber de trabajar. Siempre me apoyo en las palabras de mi sabio amigo Martín quien me dio algunos trucos secretos cuando no puedes ver a esa mujer que quieres durante unas largas semanas. Me tomo muy en serio sus palabras porque considero a Martín un doctor en temas de distancia. “Cree en ello y si hace falta cree por los dos cuando sea necesario”. Me encanta su ciudad y me encanta ella. Ella los sabe. 







lunes, 9 de junio de 2014

Club Socios del Tren

Aquí estoy, con la bolsa de viaje a medio acabar con el drama de decidir que llevar y que no llevar. Me voy para solo una semana y entre mis cosas y las de Sara, que se dejó en Irlanda para no tener que pagar por el exceso de peso, parece que me vaya para dos semanas. Seis libros de Sara, uno mio y mi Minolta X-700 complementan la bolsa. Normalmente cuando viajo no me pongo nervioso pero con gente a mí alrededor como mi madre u otros que piensan que me largo a las antípodas en Nueva Zelanda, uno no puede evitar que le invada cierta tensión pre-viajera. Estaba viendo que a este paso no iba a escribir nada nuevo antes de irme así que aquí estoy escribiendo mi post.

Mí viaje en tren a Barcelona fue una mina de inspiración. Me encanta viajar en tren porque ves a la gente, ves a la gente de la calle quienes con poca probabilidad te verán a ti y si tienes suerte como yo, puedes gozar de un paisaje magnífico. Al final no asistí al evento de couchsurfing entre otros motivos porque confundí la hora y lo hacían a la noche. Llamarme antiguo o raro pero jamás he hecho un picnic por la noche y creo que lo gracioso del picnic es disfrutar de la luz del día y ese ambiente que se respira.

El viaje no comenzó bien, perdí dos trenes, uno por culpa de un amigo que también iba a Barcelona de ligoteo y salió tarde de casa; otro por culpa de unos turistas rusos que no se aclaraban a donde iban. Tuve que esperar media hora en el andén, tiempo que dediqué a seleccionar qué gente no quería tener ni de lejos cerca mio en el vagón (como por ejemplo, la niña pequeña que no paraba de gritar). Sin mi amigo, sin auriculares y sin libro, mi aburrimiento hizo que me fijara en la gente del vagón, en el mar que pasaba rápido junto al paseo de Calella por el que normalmente paso veloz en bicicleta.

Es muy diferente el tipo de gente que frecuenta el tren durante los días laborales y durante el fin de semana. La principal diferencia, es que unos son como socios permanentes, nos vemos las caras cada mañana al ir en tren a Barcelona, algunos te miran, ya saben quien se duerme, quien no, quien abre la boca al dormir y quien lee o qué lee, amiguitas y amigotes etc. En fin de semana hay pasajeros ocasionales que van por alguna razón concreta: unos van de compras, a un concierto, han quedado con alguien y algunos otros que sí que van a trabajar. Después de pararnos en Calella, el vagón ya lleva unos cuantos jóvenes súper preparados para el futuro y con mucho SWAG. Me senté en una ventana junto al mar porque en un día tan soleado como el que hizo ayer tenía que volver a ver el mar como no lo veía en Irlanda desde hacía meses. Pasamos por San Pol, pueblo en el que si me tuviera que quedar a vivir cerca de mis padres viviría. Junto a Banys Lluis, un chiringuito al que fui una o dos veces el verano pasado a tomar algunas cervezas junto al mar, unos niños saludan al tren desde unas canoas en la arena sin que ellos puedan ver a la gente del interior y pienso en lo desconectado que he estado de mi circulo rutinario en casa durante estos meses en el extranjero y la de cosas que me he perdido. Me he perdido fracasos amorosos, malos rollos, me perdí Sant Jordi (el día más bonito para visitar la capital catalana) y he perdido el contacto con algunas personas de la universidad (creo que la culpa está repartida al 50%).

Siempre que el tren pasa por Canet de Mar, miro la playa nudista, culos, tetas y todo lo que alcanza la vista desde la ventana, cada año hay más gente, eso es bueno. Ya no estoy solo y una chica sonríe con el móvil por algún contenido gracioso, seguro. Después se nos une otra mujer, esta parece que viaja frecuentemente los sábados, lleva una sopa de letras y mira el reloj como preocupada por el horario del tren. Ya tiene la palabra RECORD. Recibo whatsapps de una amiga con la que había quedado y la cual estaba empinando el codo a las 2 de la tarde, le mentí unas cuantas veces para excusar mi retraso.

El set de cuatro asientos se completó con una mujer que como yo miraba al mar y un chico que venía de la playa y leía El médico de Noah Gordon. Veía Barcelona a lo lejos envuelta en una nube de polvo en suspensión que anunció el hombre del tiempo el viernes pasado. Eso me hizo arrepentirme de llevar pantalón largo. Llegamos a Barcelona después de que un dúo de jóvenes argentinos (al menos parecían argentinos) cantara unas canciones (con un buen acento inglés) de los Beatles. La mujer de la sopa de letras acabó con la palabra BIENESTAR.


Qué calor en Barcelona, recordé porque voy tan poco en verano a la ciudad, miles de turistas, calor y agobio pero mi visita a la librería La Central valió la pena y ya os contaré otro día.