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miércoles, 26 de noviembre de 2014

La curva de motivación

La motivación sigue una curva que influida por una serie de variables, puede ser lineal, marginalmente creciente o decreciente. En mi caso casi siempre es marginalmente creciente. Sin embargo como todo crecimiento marginal, llega un momento que el crecimiento es cada vez menor. Ese es mi caso.

Empecé perfectamente motivado para buscarme unas prácticas en Bilbao para poder estar más cerca de mi princesa vasca. Mi búsqueda era muy extensiva e incluso llegué a conocer bastante bien qué parques industriales hay en Vizcaya. Sin embargo al no tener el carnet de vasco me discriminan e incluso los enchufes me miran con temor de contagiarles algún virus catalán.

Al final esa curva de motivación pasa de ser creciente a ser plana y con los días pasa a ser decreciente. Hoy ha sido ese día. Hay que añadirle varios factores que tienen una gran influencia en la pendiente de mi curva motivacional. Por un lado en menos de tres semanas me quedaré completamente solo en clase, los que han sido hasta ahora mis nuevos compañeros de viaje se irán por la puerta y solo algunos los volveré a ver. ¿Qué hay de los antiguos? Desaparecieron en combate. Por otro lado, el hecho de ver a muchos amigos míos hacer prácticas me produce unas inmensas ganas de estar como ellos, dejar las aulas y empezar a trabajar.

Obviamente la vida de estudiante es la mejor del mundo per sin ninguna duda, el mejor año como estudiante fue el año pasado. Este año estoy envuelto en trabajos y más trabajos. ¿Os acordáis de los dibujos americanos cuando alguien hace un volcán para el trabajo de ciencia? Pues yo hoy he hecho uno para la presentación de una asignatura. Cuatro años de carrera para esto. Quiero dejar la maldita aula 18 y hacer algo con este bendito cerebro.
Aunque hace una semana hablé de no volver a dejaros solos, no parece muy creíble mi promesa si os he dejado solos durante toda esta semana anterior. Aun así, este periodo desmotivacional y vaciado de cerebro me ha dado mucho en lo que pensar. Por un lado he asumido que mi camino laboral es más incierto que el futuro de Catalunya así que mejor no comerse el coco sobre ello. Por otro, he decidido volver a darles una segunda oportunidad a las consultoras. Y por último, abandonaré la búsqueda de prácticas hasta enero.

¿Hasta qué punto ha llegado mi locura para estar pensando en estudiar cocina? Pues solo yo puedo saberlo pero un buen amigo mío con barba espesa y mirada de asesino me dio un buen consejo que estoy en derecho de compartir. “La clave está en aferrarte a tu estandarte y no soltarlo”. Esto significa que si quieres conseguir un trabajo con el que sentirte satisfecho tienes que mantener siempre en alto el estandarte que nos representa y desarrollarte en esa dirección.

Estos últimos días también he estado pensando  sobre el futuro de este blog. En un futuro no muy lejano me gustaría convertir este blog en uno de viajes, comida y yo como persona cool. Hablo de un futuro porque actualmente mis viajes se resumen a poco más que ir a la Vascongadas. Por otro lado hoy mismo, justo después de publicaros este post de explicaciones divagantes, pienso volver a escribir. Os lo juro, lo haré y si el resultado es lo que espero, quizás pronto os enseñe algo.

Hablando de las Vascongadas, la semana que viene asomaré el culo por ahí arriba. A dos semanas y media de comenzar los exámenes finales yo voy a visitar a la princesa. Con dos cojones.

Sin más que decir, debo irme y continuar tecleando.


Mucha fuerza a todos aquellos y aquellas que afrontéis exámenes finales. Nos vemos en la batalla. 

martes, 23 de septiembre de 2014

La formula uno de la preparación de maletas

Si hacer la maleta fuera un deporte, yo habría conseguido la pole. 32 minutos (minuto arriba, segundo abajo). Vuelvo a tener esa sensación previa a hacer un viaje como si estuviera a punto de iniciar una operación encubierta en el desierto sirio. De hecho cada vez que tengo una cita de este tipo, coger el tren de casa se convierte en un momento muy tenso. La última vez que fui a Bilbao, tuve que recorrerme la mitad del servicio de metro de Barcelona para poder llegar a tiempo para coger mi querido Alvia sin enchufes. Lo pasé muy mal y casi me deshidrato. Esta vez no voy a Bilbao en calidad de turista aunque aún me deben quedar unas cuantas estancias más para conseguir el título de Visitante de la Casa.

Debería estar casi de camino a la cama pero mi compromiso con vosotros y con este blog me obliga a escribiros y deleitaros con un poco de mi arte. Sospecho que estoy incubando un constipado. Noto la garganta un poco seca y durante la mañana he tenido media docena de esos estornudos que encienden las alarmas del misil resfriado. La buena noticia que es que al muela del juicio ha dejado de pelear. Espero que mi condición de roble me haga vencer a las legiones bacterianas aunque el gélido aire acondicionado de RENFE puede que no ayude. Es más, ahora estoy pensando que en vez de recortar en sanidad para ahorrar en presupuesto, deberían recortar en aire acondicionado y ahorrarse unos cuantos resfriados.

Desgraciadamente el famoso vagón silencioso del que tanto habla Jose María Iñigo en la radio, aún no está disponible. Eso pone en riesgo el silencio que espero que haya a las 7:30. No pienso aguantar más niñatos maleducados hasta Haro. Pienso correr al vagón restaurante, pedir un té y arrojarle el agua hirviendo al primero que no respete al resto de pasajeros del coche número dos.

Me noto muchísimo más motivado respecto a la universidad, aquella nefasta semana pasada que empecé con tan mal pie, ha remontado rápidamente y ahora me encuentro haciendo planes, investigando y lleno de fuerzas. Hoy hablaba con una compañera de tren sobre neurociencia, neuropsicología, escuelas con enseñanza libre y prácticas. ¿Os imagináis observar a un grupo de primates durante ocho horas al día? Observando la conducta de los primates, como se pelean entre ellos. Que el sujeto número uno corteje con el sujeto número dos y el sujeto número tres sienta celos por como el sujeto número dos ha dejado de hablarle. Obviamente las dos señoras sentadas a nuestra izquierda han alucinado. Me encanta ese momento en el que hago contacto visual con un desconocido y ambos pensamos lo mismo. La otra señora deseaba que me callara y le dejara leer el Saber vivir pero eran las 2 de la tarde y estaba en horario legal para poder rajar todo lo que quisiera.

Hoy una tercera persona me ha dicho que me voy de vacaciones. Cierto, hago una pequeña “escapadita” pero soy tan responsable y tan buen estudiante, comprometido con el uso eficiente de los recursos que el estado decide invertir en mí, que he decidido llevarme todo el trabajo de universidad a Bilbao. Tengo que llevar a cabo una simulación sobre la importación de un juego de laboratorio para niños y el asunto está alcanzando un guión de película más largo que Star Wars. Tengo seis horas de trayecto hasta las Vascongadas y por tales razones, he decido llevarme entretenimientos tan amenos como los fundamentos de la fiscalidad española. Tengo Choose yourself de James Altucher en el Kindle. Ahí lo dejo.

Esta no es una simple visita a las Vascongadas, es una segunda batalla. Una batalla por ver quién es el más fuerte. Primero me ofrecerán una caña. Seguirán el ritual con un pintxo de tortilla o cualquier otra especialidad típica vasca. Te retarán a tomarte una segunda y si la cosa se alarga quizás una tercera. La tía de Sara cree que aguanto bien el tipo. Eso quiere decir que me estoy labrando el respeto del Norte. Sin embargo, no habrá respeto hasta que me coma una de esas guindillas riojanas que intento venderme el abuelo de Sara.

El jueves vamos de pintxos para hacerme un poco el vasco. El sábado hará exactamente un año que los dos nos escapamos de aquella primera fiesta que la ESN (Erasmus Society Network) de Cork organizó y corrimos a casa como jóvenes adolescentes que hayan hecho algo malo. A propósito, un estudio de la Unión Europea reveló ayer que el 33% de los estudiantes Erasmus había encontrado su pareja estable durante su estancia en el extranjero. Es más, un millón de bebés había nacido desde 1987 a raíz de Orgasmus. 

Ahora estoy en la cama, a oscuras escribiendo con el portátil sobre una de estas cómodas plataformas acolchadas para ponértela en las piernas. Esta goza además de una pequeña lámpara que posiblemente de tanto retorcerla ha dejado de funcionar.
Sin más dilación, me despido de vosotros.

Agur eta bona nit.



martes, 26 de agosto de 2014

Lo que me enseñó mi amigo Cherry

Alba se ha ido hoy por la mañana a emprender la aventura que empecé yo hace ya casi un año (faltan diez días para hacer un año). Aitor la empieza mañana. Quien pudiera repetir me digo durante estos días. La semana pasada recordaba con Sara algunos momentos aunque realmente todo esto es agua pasada. Aun así, todos estos acontecimientos no hacen más que alimentar mi deseo de volver a irme una temporada y dejar atrás la rutina de Pineda de Mar. Puede que definitivamente lo que necesito es independizarme.

Probablemente este pasado fin de semana fue alguno de los mejores que haya tenido durante este verano. Después de una frenética tarde en Barcelona, conseguimos juntarnos para despedirnos de Alba. La tarde en Barcelona no pasó sin incidencias pues volví a toparme con un servicio de restauración maleducado. Todo y que su café y su pastel de chocolate estaban deliciosos, el servicio de cafetería de We Pudding era de lo más lamentable. Jamás me han atendido con “Rápido que voy de culo” y aun así he tenido que repetirlo varias veces. Sin embargo, el lugar era genial y estaba ambientado en David el Gnomo donde había champiñones gigantes a modo de lámparas. Para quemar parte delas 800 calorías que tragué con aquel pastel, andamos hasta la calle Roselló 158 para visitar la librería Re-Read de la que había leído hacía meses en El País. Se trata de una librería low cost y te permite comprar hasta cinco libros por 10 euros. Todos son títulos posteriores a los noventa aunque la librería tiene una sección de clásicos. Los libros son de segunda mano y algunos tienen aún la etiqueta del Opencor o el Alcampo pegada en la cubierta. Es un lugar pequeño pero muy tranquilo. Además de buen precio, la librería también compra libros de segunda mano a euro la unidad (una oportunidad para perder un poco de peso literario Sara). Una adorable pareja de jubilados vendió dos bolsas repletas de libros en los que al menos había 50 o 70 euros.

No sé qué tienen estas noches con los amigos que siempre acabamos haciendo referencia a los buenos tiempos de instituto y recordando viejas glorias como la historia de un chico al que le llamábamos Zapacaca en honor a una mierda que pisó y con la que fue al aula. Esto y unas piñas coladas cargadas hicieron que nos llamaran la atención en la terraza. A los 21 años, aún nos queda parte de aquel niñato de instituto.

La vuelta en tren con Mireia me hizo llegar a la conclusión que el hecho de querer moverme y cambiar de rutina no era un deseo único en mí sino que ella también lo estaba deseando e incluso puedo decir que en ella era más intenso. Es Mireia quien había estado rezando por la existencia de algún programa de becas o convenios con Suramérica todavía abierto En mi caso mi deseo incluye poder acercarme más a Sara y me imagino cruzando la ruta 66 con ella mientras se broncea nuestra blanca (en su caso, blanquísima) piel.

Esta es mi última semana de trabajo lo cual supone el fin de mis ingresos estivales. Desde la perspectiva económica me da pena pero desde la perspectiva existencial (si se puede llamar tal cual) no siento ninguna lastima. Llevo cinco veranos haciendo este trabajo y lo más útil que he hecho ha sido grabar pulseras personalizadas como la que le gravé ayer a un hombre bastante hecho polvo llamado Cherry. De hecho quería hacer un inciso porque después de atender a este hombre vi lo importante que es guardar la compostura con gente creepy y saber crear conversación, acercarlo a ti, ganarte su confianza y al final convertirte en su amigo. Así lo hago yo, no te puede temblar el pulso porque esta gente son como las mascotas, huelen el miedo y la simpatía es tu mejor arma. Esto es algo que me enseñó mi jefe quien tiene casi dos decenas de clientes peculiares y con todos se lleva a las mil maravillas. Esto me obliga a corregirme y decir que aunque puede que lo más útil que he hecho ha sido manejar la máquina Gravograph, estar de cara al público te da seguridad y te enseña a cómo lidiar con gente peculiar como mi amigo Cherry. Todo y eso, durante este año que viene toca conseguir subir un escalón e iniciarse dentro de mi campo de estudios tal y como casi logro este verano.

Sara llega el lunes, el alcalde Trias la recibirá con todos los honores correspondientes.


Llevo casi tres semanas viendo Friends y he de decir que Mónica está buenísima. 

viernes, 1 de agosto de 2014

Primeros de agosto

Se acabó julio y empezó agosto. Apenas queda la mitad del verano para empezar un nuevo curso académico del que espero mucho más que este simple verano. Siento como si apenas hubiera alcanzado mis expectativas veraniegas y a decir verdad, así ha sido. El único gran logro que he conseguido, ha sido este blog del cual comienzo a estar un poco quemado por el hecho de estar poco inspirado o directamente, porque no me lee ni el tato. Mientras escribo esto, descubro un segundo gran logro: este año estoy leyendo mucho y he retomado un hábito de lectura decente (o insuficiente en comparación con el de Sara). Aun así, el hecho que mi verano sea tan monótono, hace muy difícil escribir posts que hagan pensar a la gente “la vida de este tío mola”. Qué va, la vida de este tío molaba hasta hace dos meses. Ahora he de aguantar a gente mal follada ocho horas al día y comienzo a creer que se me está poniendo cara de mal follado.

Puede, que esté cometiendo el mismo error que cometí en junio cuando planee hacer de mi verano, un verano estupendo, lleno de proyectos grandes y locos que luego se quedaron en papel mojado por falta de tiempo. Sin embargo, una vez haya comenzado el último año de carrera (ni yo me lo creo), esos proyectos pueden volver a la luz.

Sí, cuarto año de carrera. Este año haré menos clases y después tendré seis meses de prácticas. El hecho de tener menos horas lectivas me permitirá dedicarme más tiempo. Mucha gente no consigue ver en mí, esa preocupación de la que hablo. Un año y medio más y habrá acabado la utopía estudiantil en la que vivo y entonces seré libre para tomar un nuevo camino. Si mi estancia Erasmus me enseñó algo académicamente hablando (aparte de leer una regresión multivariable y hacer una bibliografía como Dios manda) fue ser un caradura, maximizar mi tiempo y no ir a clase a calentar el asiento; preguntar al profesor y ser más autodidacta. Aprendí que si un tema te interesa, el profesor te da las herramientas para que profundices más en esos temas que te gustan y puedas preguntarle.

Así pues, este año me lo planteo como un aprendizaje a dos bandas, personal y universitario. Necesito conseguir unas prácticas que me atraigan personalmente y no quiero cometer el error de dejar que la misma universidad me busque cualquier cosa. Ya he estado acosando virtualmente a algunos HR directors y haciendo un poco de networking como hago con los tíos de Sara. Así mismo, estoy doblemente contento porque Sara ha conseguido arrojarse a sí misma un poco de luz de cara a sus planes futuros, cosa que me preocupaba. La seguridad que tiene en si misma crece exponencialmente y eso es cool al cuadrado.
Finalmente, la vena escritora que he desarrollado durante este año, sigue creciendo fuerte y dada la buena acogida que tuvieron la descripción de dos típicas señoras de clase media, seguiré desarrollando en privado algún escrito en relación a esta narrativa. Crear flow, leer muchísimo, corregir y crear hábito. Esa es la clave según Marina.

Así Javier, ¿Qué dices, estás contento o no? Ambas cosas. Contento porque viene un año muy interesante, un año que representa un final de ciclo y el inicio de nuevos retos. Por otro lado, ya he hablado de mis temores aunque estoy convencido de poder superarlos con mi seguridad al alza. Mi preciosa libreta Moleskine comienza a llenarse de mil y una ideas que decidí apuntar y me ayudan a recordar detalles y diferentes soluciones que voy pensando respecto a problemas varios. Estoy convencido que esta vez, mis proyectos grandes y locos no van a quedarse en la libreta y un buen plan de ejecución debe ayudarme a ello. Este año me compraré una agenda de papel, nada de Google Calendar.

He olvidado comentar que hace justo tres días, comencé a leer Las correcciones de Franzen, a quien descubrí gracias a mí blogger favorita. Es curioso porque jamás había leído a Franzen y cuando describí a Amparo o Ana, era ese mismo estilo de narración el que estaba buscando desarrollar. El libro es genial, y voy saborearlo mucho.


Me despido de vosotros, no sin antes disculparme a aquellos lindos gatitos que han leído este post de reflexión. 

domingo, 20 de julio de 2014

¿Donde vivirías?

Ayer en la playa mientras hablábamos de vivir fuera de casa, vivir este curso en Barcelona, estudios y precios, etc, comencé a plantearme cómo sería mi hogar ideal. Eso que hacías en tus tardes de aburrimiento jugando a los Sims y luego te hartabas de ellos y los quemabas uno a uno mientras bailaban y gritaban de dolor. Era súper macabro todo. Luego llegué a la conclusión que mi hogar ideal dependería mucho de si viviera en la ciudad o en el campo. Luego mientras escribía esto, me he acordado de aquel post en Vivir al Máximo en el que me respondí unas preguntas para saber si debía o no estudiar un máster. Una de ellas preguntaba ¿Dónde vivirías?

Yo me considero como dice mi madre una persona con culo de mal asiento. Alguien al que no le gusta acomodarse en un sitio y todo se convierta en rutina. Eso me aburre. Sin embargo, opino que al final mi culo estará cansado y querrá asentarse en algún lugar y ese lugar será el lugar más guay donde yo creo que puedo vivir.

Barcelona es muy bonita pero hay mucha gente y cuando llega el verano es territorio prohibido para mantener una buena salud física y mental. Durante el verano, cuando esperas a que el semáforo para poder cruzar la Avenida Diagonal e ir a otra facultad, si miras el horizonte de la avenida, este se vuelve ondulado por la calor. A mí eso me da sensación de estar en el maldito infierno. Luego está Sant Pol, que es preciosa y hasta ahora no he encontrado mejor lugar para vivir. Ya expliqué una vez porqué me gusta Sant Pol pero quizás el motivo por el que me gusta tanto es por ese aire hippie moderno que tienen sus calles y que lucen como si el tiempo se hubiera detenido en ellas. Además tiene ausencia de kanis y de chonis (probablemente porque no hay una discoteca en 3 kilómetros a la redonda). Si tuviera el dinero, alquilaría un pisito en esos bloques de color blanco que están junto delante del mar. Luego tendría que pintar la barandilla del balcón cada año porque la brisa marina acabaría con la pintura pero vivir en ese paraíso lo compensaría. Además podría coger el tren que muere en Calella y unirme a su club chupiguay.

Luego apareció Bilbao en mi vida, la cual aunque aún no conozco en profundidad, me parece una buena ciudad para beber  vivir. A mí me gusta porque es una ciudad pequeña y para lo pequeña que es, está muy bien conectada. Solo tiene dos líneas de metro y con ellas llegas hasta el baño de tu casa. La vida nocturna es como a mí me gusta, muy de calle: hablar con desconocidos, beber, ir vestido como a tí te venga en gana y cantar. Sara le pone la guinda a la ciudad pero al contrario de lo que algunos pensarán, no me gusta Bilbao solo por Sara. Me gusta mucho porque es una ciudad unida entre sus habitantes.

Una vez asentados mis pies, debería encontrar un lugar donde asentar mi culo. Un sitio con ventanas grandes para que entre mucha luz cuando haga sol y para poder ver la lluvia cuando cae; una cocina grande porque me gusta cocinar y quiero que tenga un moledor de café de grano para poder tener café recién molido cada mañana; un despacho y poder decir “Pasa a mi despacho” o “Estaré en mi despacho” y una biblioteca donde al final los libros me comerán porque nunca tiro (ni tú) ninguno. Un jardín en el que poder desayunar por las mañanas cuando haga buen tiempo y un espacio para poder plantar algo aunque mis habilidades botánicas sigan siendo tan pobres que ni siquiera puedo hacer crecer un girasol. Me gustan mucho los materiales naturales: la madera y el cristal. Son materiales que transmiten calidez y hace hogar. El escritorio será muy largo y de cara a la ventana.


Después acabaré en un zulo que puedo limpiar en 10 minutos y con mejor acústica que ni el mejor Home-cinema del mundo.


jueves, 3 de julio de 2014

El sexo es como una pizza, aunque sea malo siempre es bueno.

Ayer, después de un año sin leer el periódico El País, volví a visitarlo y explorarlo. Para mi sorpresa, di con uno de estos artículos de contraportada que por regla general, están muy bien. Es uno de estos artículos, que yo me solía reservar para leer en el tren de vuelta a casa o matar el tiempo en aquellas aburridas clases de derecho mercantil. No quiero engañarme a mí mismo, pero el hecho que su título incluyera la palabra sexo, fue detonante de mi atracción por este artículo de Rita Abundancia. Tener sexo diario con tu pareja durante un año para saber si aún siente atracción por ti. Esa es la idea.

Me encanta la idea que proponen y dejar de ser una sexless marriage (pareja sin sexo) (al menos) durante un año. Pienso en la probabilidad de acabar como muchos de nuestros padres y me aterra. Me aterra por la probabilidad que tiene. Veo el nivel tecnológico de mi padre y al ritmo al que avanza la tecnología, me veo convertido en él y pronunciando nombres de apps erróneamente (porque ya no se pronunciarán en inglés, se pronunciarán en chino) y preguntando cómo puedo enviar una foto por “Washap”. Seguramente si muchos de nuestros padres siguieran esta propuesta, tu madre o tu padre, no estaría todo el día encima diciendo qué o cómo has de hacer y supervisando personalmente que no te desvíes ni un centímetro de su modus operandi de hacer las cosas. Ha de haber algo para solucionar o mejorar esto. A mí me encanta hacerlo por la mañana antes de ir a clase. Cuando vivía en Irlanda y tenía la posibilidad de hacerlo, iba rebosante de felicidad. Eso y mis desayunos eran las dos cosas que me producían un orgasmo por la mañana. Los días lluviosos y nublosos que tanto predominan en Irlanda, se volvían menos nublados o incluso soleados (esto último me quedó muy poético ¿No?). Cruzarme en el campus por las mañanas con Sara me subía la autoestima a 110.

Sin embargo, opino qué tal y como dice alguna de las máquinas de hacer el amor que cuentan su testimonio, algunas veces puede ser muy mecánico. Aun así, y cito textualmente, el sexo es como una pizza, aunque sea malo siempre es bueno. En mi opinión, es uno de los mejores remedios contra el estrés. Como experiencia personal, desahogarme de tal forma, antes de un examen de econometría de 3 horas, fue mano de santo para obtener el resultado que obtuve. Una de las máquinas del amor, perdió más de 9 kilos en solo un mes. Le pueden dar bien por culo al spinning.


Ya lo decía David Guapo en uno de sus mejores monólogos “Hay que frungir, por delante y por detrás”.


miércoles, 25 de junio de 2014

Huelo a verano y a flow

Ayer tarde (más bien noche), en un alarde de intentar mantener mi (extraño)  hábito deportivo que llevaba en Irlanda, volví  a ir en bici (o andar en bici como dicen por el norte) por la playa a gran velocidad. Digo extraño porque hasta que llegué a Irlanda, mi hábito deportivo era más bien bajo y bastante sedentario. Un día de running o bici cada semana (o cada dos), combinado con mis ejercicios caseros que poco o mucho me mantenían en una forma aceptable. Sin embargo, en Irlanda se me ofreció la posibilidad de hacer todo tipo de deporte gratuito. Allí sorprendí hasta a mis amigos ¡Hacía deporte cada semana! Me apunté a esgrima, deporte el cual recomiendo a todo el mundo si quieres pasárselo bien, sudar y luchar con la espada al más estilo Dartacan. Me iba a apuntar al club de paracaidismo pero estos irlandeses querían que yo, si ningún tipo de experiencia, me tirara solo desde el avión. Sí, claro.

En fin, no vengo a hablar de cómo han cambiado mis hábitos saludables después de mi año Erasmus. Desde luego han mejorado bastante. El verano ya ha llegado, se huele, se nota y se sufre por el bochorno que pasé todo e ir a las 8 de la tarde (evening si eres alguien normal y no español). La gente va a casa a cenar después de un largo día en la playa con los niños llenos de arena, la sombrilla, la hamaca, la nevera, la colchoneta, las palas y todo lo demás. A mí no me gusta demasiado la playa de mi pueblo porque está muy llena de gente, no es bonita.

Sin embargo, en mi profunda opinión, yo no considero el verano por empezado hasta la verbena de San Juan y en Catalunya, la verbena es de lo más mágica. Me atrevo a decir que esta fue sin duda, la mejor verbena que tuve en muchos años. Como ya dije una vez, me encanta Sant Pol. Yo si pudiera viviría allí, es tranquilo, tiene playa y montaña (como mi pueblo sí) pero tiene se rollito mediterráneo al estilo anuncio de Estrella Damn que tanto me gusta. Las callejuelas y la gente en la calle con la música de fondo y las barrakas al lado del escenario. Veía gente madurita (40-50) años con más flow que Tito MC bailando hip hop. Decía a mis amigos “Yo de mayor quiero estar como ellos”. La cervecita o el agua de valencia son el alma de la fiesta y todo esto mezclado con el olor de la pólvora quemada. Quizás ese es el olor del inicio del verano. Sin embargo por fortuna más que por desgracia, a mí me toca trabajar y más bien yo al veranito lo dejo descansar. El ambiente estaba tan animado que me pusieron incluso una de Fangoria y dices, “¿Y esto?”. Genial. Sin embargo quizás el signo más claro de que el verano ya ha llegado, es la piel que se me está pelando aún dos semanas después de mi día de playa en Donosti.


Hablar con mis amigos sobre lo que el futuro nos depara, ese fue el principal tema de la noche. En el fondo me gustaría poder verme a mí y al resto de mis amigos dentro de 5-7 años. Veo a gente de mi instituto más joven que yo y veo que al final, con los años, gente que parecía totalmente perdida en el camino, ha conseguido encontrar indicaciones. 


domingo, 22 de junio de 2014

Yo nunca he bebido cerveza sin alcohol

Esta noche tengo plan (ni yo mismo me lo creo). Desde que volví de Bilbo no he visto a nadie. Ya sea por motivos de estudios o trabajo. Jamás pensé que podía decirlo, pero dios !Creo que necesito un poco de contacto humano cara a cara! Necesito discutir con mis amigos sobre nuestros problemas e intereses; escuchar a Mireia contarme sus ideas súper optimistas y por que no, también seguirle la corriente a Jim con sus bromas “Yao, random, troll face, mam”. Todo es tan “pueblo”, es incluso (quizás) normal.

Mis ganas por ver a gente, hablar e interactuar con ellos son tales que incluso, en un alarde de mis ganas por ver a alguien, esta tarde he acompañado a Alba a fotocopiar a un Carrefour en el pueblo de al lado. Alba tiene muchas virtudes, es guapa, lista, responsable y misteriosamente atrevida. Sin embargo cuando se trata de escuchar, es terrible, acciona el botón de piloto automático y su cara parece la de Belén Esteban, no se mueve. En la chirriante furgoneta Citroen de sus padres, que ya va por la segunda generación, ella me hablaba sobre sus problemas erasmusiles. Yo le he dado unos cuantos consejos como veterano que soy (el título me lo otorgo yo mismo) y a juzgar por su cara, por una oreja le ha entrado y por otra le ha salido. Ha sido fascinante. Se le ve una chica con mucho estrés pero a la vez le doy uno, dos y incluso tres aplausos por la vida que lleva. Me cuenta deprisa el resto de sus problemas (que se resumen a la universidad) mientras me utiliza para hacerle agujeros a las hojas y prepararlas para encuadernar. Teamwork yes. Después de bloquear la impresora, enviar tres mil ordenes de impresión, ha pagado y yo he aprovechado para comprar el pack de amigo enrrollado: 4 cervezas y dos pizzas. Lo parto, lo sé.

Esta noche vamos a cenar a casa del gigante Jim (un chico muy alto como bien indica la palabra su adjetivo) y después iremos a aquella zona de fiesta que tanto criticaba ayer. Sí, también lo sé, es un poco hipócrita pero no está tan mal cuando vas con gente así de maja a la que le importa una porquería el futuro. A veces admiro lo relajados que viven.

Al llegar a casa de Jim, mi pack de fiesta triunfa, pero solo yo he traído algo decente. Comenzamos a picar cerezas de la cocina hasta que las pizzas están listas. Jim opina que estas pizzas no se pueden hacer mucho porque son así (crudas). Para mi gusto, eso está crudo, crudo. Me las como igualmente. También hay más comida, así que no paso hambre.

Las cerveza ya corre libre de boca en boca y el asunto ha desvariado hasta el punto de bajarme la aplicación de Yo nunca (muy típico sí). Las preguntas son de lo más variopintas e impactantes en plan: Yo nunca he recibido un pollazo en el ojo o Yo nunca he cogido una mierda pensando que era una piedra (alguien bebió en esta última, so sad..). Al llegar las 12, las provisiones de alcohol se han agotado y algunos estaban jugando con cerezas (fruta, no licor). En pleno éxtasis del juego, decidimos ir al paki (como bien deduces, paki de pakistaní, enhorabuena) de la estación de tren y comprarle unas litronas. El plan marcha bien.

Hemos vuelto y estamos en la terraza de Jim con Pink Floyd de fondo. Me encanta, no hay nada más veraniego que su terraza. Sus padres son hiper hippies de primera generación. Son independentistas guays y lo tienen todo muy así naturista molón. Hablamos de lo privilegiados que somos, de la pobreza y de lo contentos que estamos (qué seriedad). Yo coincido. Podría haber añadido que eramos una panda de hipócritas pero no estoy en el momento ni la condición para defender mis argumentos (gracias sentido común por frenarme). Somo seres humanos y queremos más. Bebemos más, aprendo más cosas de esos mosquitos muertos (me incluyo) y acabamos haciendo recital de eructos. Delicioso.

Me canso y a las 2:30 vuelvo a casa. De camino escribo a Sara. Me pasa siempre, me pasaba en Cork y me pasaba aquí; cuando salgo sin ella de farra, tengo unas ganas inmensas de volver a ella y abrazarla en la cama doble de Deanshall, contarle cosas, reírnos un rato y hacer el amor (¿Puedo decir hacer el amor aquí verdad?). La echo de menos. Es sorprendente como esta chica me ha hecho replantearme mucho a mi mismo como persona. Las vascas son brujas y no lo digo yo, lo dice Álex de la Iglesia en Las brujas de Zugarramurdi.


Agur!

sábado, 21 de junio de 2014

Viernes noche con 21 años

Es viernes por la noche y aquí estoy, en mi cama sin hacer desde el miércoles y con mis ganas inmensas por escribir, las cuales están siendo satisfechas en este mismo momento mientras desarrollo este intento de literatura de calidad. Esta tarde me he dormido durante dos horas y media mientras leía a Joyce. No es que Joyce sea aburrido, ha sido ese momento de la tarde, el sol de las siete que entra en mi habitación. Tengo la sensación de que la noche va a ser muy larga para mí. Lo sé, igual debería estar buscando planes nocturnos como joven de 21 años que soy, pero oye, estoy digievolucionando y estoy muy contento con ello.

Hay pueblos y pueblos. El pueblo en el que vivo es un pueblo de segunda clase. De hecho el pueblo en el que vivo no se puede calificar como tal, es más una villa pues tiene 26000 habitantes (según los últimos datos de Wikipedia). Por ser una zona turística, hay bastante fiesta alrededor donde vivo pero es fiesta mala, fiesta que no mola, fiesta para turistas que no saben lo que es el salir de noche. Me es muy difícil encontrar donde vivo a gente que mole y por eso me aburre tanto salir por aquí. Únicamente disfruto cuando hay fiestas en la playa y conciertos. Es genial. Antes de irme de Erasmus, ya me aburría esta zona de fiesta. Disfrutaba mucho (¿puedo decir que gozaba?) cuando salía por Barcelona por las antiestéticas y industriales calles de Marina en Barcelona y esas tajas en la Ovella Negre. Qué recuerdos. Después vi la luz en Cork, encontré mi estilo. Cerveza, buena música con estilo y en vivo, compañía y variedad. Siempre que he salido en Cork, ha sido una noche notable como nota media. Nueve meses más tarde aquí me encuentro, de vuelta en una zona de fiesta a la que le doy un simple aprobado. Música comercial (reggeton) y poca variedad de gustos.

Perdonar este delirio nostálgico, hoy tengo día. Hoy incluso estuve viendo mis videos de Erasmus. Aquel video en el que Sara me grababa dormidito en su cama doble en la que hacíamos cosas para mayores y yo negaba estar durmiendo; mi celebración de cumpleaños (el mejor cumpleaños que tuve jamás; cruzando en coche Connemara.

Hablaba de digievolucionar (o evolucionar si queréis tomarme en serio) y con la edad aumenta mi necesidad de pasar más momentos solos, descubrirme a mí mismo y desarrollar esos aspectos que poco a poco veo que me tiran más. Me he tirado todo el día enviando correos y movilizándome para conseguir las mejores prácticas que este señor pueda conseguir. Si me voy a tirar seis meses trabajando a jornada completa y me dejan elegir donde quiero hacerlo, tendré que asegurarme que es un lugar que se asemeje a mis futuras expectativas laborales. ¿Pero qué futuras expectativas laborales Javier? Si hace meses que te convenciste de lo poco que te identificas con tus compañeros de carrera y de lo aburrida que llega a ser. Sin embargo, al final he encontrado un campo atractivo y un profesor que me motiva. Estoy satisfecho en este último aspecto. No soy el único que se encuentra en esta encrucijada y ve como este muro llamado mundo laboral se acerca a velocidades alarmantes y muchos tenemos miedo de estamparnos contra él.

La sociedad va demasiado rápido y apenas te permite equivocarte en tus elecciones. Tenemos una presión impresionante por hacer la correcta elección sobre nuestros estudios y por acabar cuanto antes. Sigo aprendiendo francés por mi cuenta; aumento mi ritmo de lectura por culpa de la vasca con cara de inocente y cada vez más escribo como si esto se estuviera convirtiendo en un hobby. Mientras mi madre, se duerme en frente de la pantalla del ordenador en la que ve Comando actualidad dedicado a la cocina y me recuerda a mi segundo (¿o primer?) hobby favorito. Hablan de la semana del pintxo de Navarra y de nuevo me vuelve esa nostalgia de la que hablaba. Oigo pintxo y pienso en Bilbao, en País Vasco y pienso en Sara. Soy un gordo.

Como decía, me veo en pleno proceso de cambio, aprendiendo cosas por mi cuenta como mi próximo proyecto, el revelado en casa. Escribir cosas nuevas, cosas de verdad, relatos como los que a mí me gustan. Pienso en relatos y pienso en Salinger, Salinger es lo más, mola. Por otro lado, se me amontonan las series. A Vikings se me añade ahora Black Sails, una serie sobre piratas. Me gustan los piratas.

Quizás me he hecho la picha un lio.

Actualizo: Dándole al coco ahora mismo y leyendo a mi amiga Mireia me ha hecho pensar sobre el lugar en el que vivo. Mi pueblo (o villa) es bonito, tiene playa y tiene montaña, es tranquilo y siempre tiene la misma gente. La única pega a que le doy es estar lejos de Barcelona y ese odio que disparo a todo aquel que se sube al tren que muere en Calella y me deja a una parada de casa. Esa gente da asco. Como ya dije, la fiesta de aquí, también da asco.