Mostrando entradas con la etiqueta producción propia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta producción propia. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de julio de 2014

Ana firme como el palo de una escoba

Ana odiaba el verano por muchas razones. Para ella el verano representaba el inicio de la temporada de verano con los turistas en el hotel que ella misma llamaba ''su mansión". Ana trabajaba en un hotel de tres estrellas cómo gobernanta y tenía a cargo a varios empleados. Como muchos otros compañeros suyos que ahora eran jefes de recepción o maîtres, Ana había comenzado con 20 años en ese hotel cuando recién había abierto. Había llegado a ese hotel a razón de haber estado los dos años anteriores trabajando como friegaplatos en un hotel de la misma cadena en una localidad cercana a la que residía actualmente. Cuando tenía 19 años a Ana se le ocurrió apuntarse a un curso de inglés subvencionado por el ayuntamiento y entró como ayudante de recepción. Hacía lo mismo que una recepcionista pero cobraba un 25% menos.

A su marido Andrés, se lo presentó Purificación (la Puri para los amigos) en una sala de fiestas para turistas. Su marido trabajaba en el equipo de mantenimiento de una fábrica textil en la misma localidad. Se fueron a vivir a unos nuevos apartamentos frente a la estación de tren. A Ana le gustaba mucho ese apartamento. Tenía mucha luz y cocina americana. Sin embargo era bastante pequeño para poder criar a una familia, una de las grandes ambiciones de Ana.

Aun así, criar una familia no era la única ambición que había tenido. Poder estudiar medicina o enfermería había sido siempre su gran sueño. Antes de que internet llegara a las casas, Ana consultaba frecuentemente una enciclopedia de medicina familiar que había adquirido a fascículos durante el año pasado. Sus amigas la llamaban entre risas la “doctora muerte”. Sin embargo el matrimonio y la necesidad de pagar el apartamento, la obligaron a posponer el inicio de estudios superiores y dar mayor prioridad a incrementar los ingresos domésticos. En los inicios de su matrimonio con Andrés, Ana era una “friki” de los cursos por fascículos. Fue así como consiguió un ascenso como recepcionista. Ana estuvo encallada en el quinto fascículo a causa de lo atareados que eran sus días desde el nacimiento de su primera hija Berta, pero finalmente, Ana acabo el curso.

Al cumplir los 25, Ana y el resto de su familia tuvieron que mudarse a un piso nuevo de protección oficial para poder acoger a Miguel, el segundo hijo. Ana deseaba tener un tercer hijo pero la poca convicción de Andrés hizo darle una tregua y probar unos años más tarde.

Ahora con 36 años y dos hijos, todas sus aspiraciones por abandonar el trabajo de verano se habían esfumado y se veía más que nunca anclada a aquel puesto. Aunque no le disgustaba del todo aquel hotel, deseaba poder irse de vacaciones en una época que no fueran los meses de otoño e invierno. El destino preferido para ella y su marido eran las Canarias porque no se la jugaban con el clima. Sin embargo, en ese hotel había conseguido labrarse una carrera y pese a tener un jefe tozudo, ella estaba orgullosa de su trabajo y era respetada en la plantilla. Su amiga Puri, tenía que aguantar las innumerables críticas que hacía Ana hacia el trabajo y ella le había recomendado buscar un nuevo trabajo. No era fácil, el sueldo y la posición que ya había conseguido eran difíciles de igualar. Por el contrario, Ana también tenía que aguantar las críticas de Puri hacia su “amiga” Amparo (la vecina de Ana) quien decía Puri que era una ordinaria.

Ana tenía pocas amigas. No mantenía el contacto con ninguna amiga del colegio y los únicos amigos que podía tener, eran aquellos del trabajo con los que hacía cenas y comidas un par de veces o tres al año. A Ana tampoco le gustaba demasiado salir. Prefería relajarse en el sofá durante sus días de fiesta y leer o ver la película del domingo en Multicine. Esas películas siempre iban sobre matrimonios extraños, como el suyo.

Con los años, Ana y su marido se habían distanciado. No habían tenido el tercer hijo que ella buscaba, aunque ella siempre se lo echase en cara a Andrés durante el aniversario de boda y el callara como una monja. Ana pensaba que había perdido todo el atractivo que podía haber tenido cuando tenía veinte años. Los dos embarazos y las recetas de Arguiñano que durante varios domingos estuvo copiando, le habían pasado factura. Ana fue consciente de ello y decidió apuntarse a yoga y andar tres veces a la semana. Finalmente bajó el ritmo cuando su madre Luisa le dijo que había perdido suficientes kilos. Fueron los cincuenta euros mensuales mejor invertidos hasta el momento (a parte de la Thermomix que se compró unas navidades).

El punto de cruz, las revista Cosas de casa (su marido se quejaba siempre del número de revistas que se amontonaban en el revistero), la cocina e Internet, eran sus últimas aficiones. Podía presumir de ser una mujer culta y leía el periódico antes de acostarse. Aun así Ana arrastraba ese remordimiento por no haber seguido adelante con sus ambiciones. Ahora que se veía extraña delante de Andrés, ella buscaba progresar por su cuenta. Sus dos hijos se hacían mayores y cada año tenía menos dominio sobre ellos.

viernes, 25 de julio de 2014

Amparo la del rellano

Amparo limpiaba las zonas comunes del edificio desde hacía ocho años. Había empezado a hacerlo después de que la mujer que lo hacía antes, se mudara a una residencia de ancianos. Lo hacía para conseguir en casa un extra a final de mes y poderse permitir un capricho en vacaciones. Era el momento perfecto para recoger información de los vecinos. Normalmente se paraba a hablar diez o quince minutos con algunas mujeres del tercer piso que estaban solas y lo sabían todo. Después criticaban a unos y a otros (aunque luego se criticaran a las espaldas). Al parecer el hijo menor de los del segundo, se había ido a estudiar a Irlanda. Ella no sabía dónde estaba Irlanda, es más, no sabía si las viejas se habían equivocado y se referían a Islandia que tampoco sabía muy bien donde estaba pero le sonaba más que Irlanda.

Había iniciado una nueva investigación personal para averiguar quién estaba dejando mear al perro en el rellano y no lo estaba fregando. Amparo había dejado de colgar inofensivos carteles fotocopiados pidiendo por favor a los vecinos, que no dejaran hacer las necesidades de los animales en el rellano. Ahora tomaba nota mental de todos aquellos vecinos con perro, aquellos con cachorro y que por tanto tenían más probabilidad de hacerlo. Una vez tuvo que recoger una mierda. Se indignó muchísimo y ni el mismo presidente de la comunidad dijo algo. Amparo cree que fue el nuevo perro del presidente, un bichón maltés que apenas tiene seis meses.

Su hija María, cada vez se parecía más a ella (incluso en los gritos). Los vecinos podían escuchar a Amparo hablar en el rellano desde el salón de casa. María tenía 16 años y ya comenzaba a rondar con algunos chicos de su edad. Amparo recordaba aquellos tiempos en los que conoció a su marido hace ya unos 23 años (año arriba, año abajo). Ya no eran tan fogosos como solían serlo de jóvenes y apenas se regalaban un achuchón durante el aniversario de bodas o cuando María se iba de viaje de fin de curso. Lamentablemente, este año, la crisis había dejado a María sin viaje a Londres. A su marido Paco le habían reducido la jornada de trabajo en el hotel porque se habían cancelado el 50% de las reservas echas por rusos. Decían que había sido culpa de los conflictos en Ucrania. Este año, por muchos rellanos que limpiara y por muy bien que lo hiciera, no estaba segura si la economía doméstica podría permitirse unas vacaciones.

Elegir entre las rebajas o las vacaciones era un gran dilema. La verdad es que esta vez se inclinaba por ir de rebajas. Desde que una de sus amigas de la infancia (Encarna) la agregara al Facebook (o feisbus como decían todas), habían estado preparando una cena de reencuentro. A muchas hacía más de 25 años que no las veía. Como ella y otras amigas, muchas se habían mudado varias veces a causa del trabajo de sus padres y después del colegio habían perdido el contacto. En esa cena todas irían con sus mejores galas y todo sería una competición por demostrar quien había conseguido brillar más y parecer más joven.

Amparo tenía 38 años pero el tabaco le había dibujado varias arrugas el labio y tenía varias manchas en la cara que le castigaban con una apariencia más anciana. Cada año intentaba hacer un poco de ejercicio pero siempre acababa dejándolo. Este año había empezado con zumba. Se había hecho con unan colección de zumba a través del periódico El País pero apenas tres semanas después de empezar a utilizarla, lo abandonó porque el lector del DVD se había roto. Vaya suerte la suya. Cuando se apuntó a pilates en el Casal de la Dona, lo dejó por ser la única con menos de cuarenta años dentro del grupo.


Aunque no era tan mayor, Amparo no estaba descontenta con su vida adulta. Había conseguido una familia (había pensado en ir a por el segundo) y tenía una casa en propiedad, el sueño español como decían sus padres. Sin embargo notaba que necesitaba un cambio y que sus días se habían vuelto demasiado monótonos. Mientras veía las recetas de Sergio y a Mariló Montero metiendo la pata en la cocina, ella apuntaba recetas en un viejo cuaderno de partitura que había tenido que comprar a su hija hace tres años y jamás había llegado a estrenar. Aquel cuaderno estaba casi lleno pero casi nunca probaba nuevas recetas porque consideraba a su marido y su hija, unos tiquismiquis. 

lunes, 23 de junio de 2014

Cleared to Continue Watching

Recientemente, he empezado a ver una nueva serie que descubrí haciendo un poco de zapping en TNT, Black Sails. Lo primero que me llamó la atención, fue que la serie trata sobre piratas y sus tejemanejes diarios y hasta el día de hoy, jamás he oído hablar de la existencia de una serie sobre piratas y menos aún, de una que valga la pena verla. Después de ver el piloto (siempre me dejan con un sabor de boca más agrio que dulce) he decidido concederle a esta serie lo que yo llamo mi certificado CCW, Cleared to Continue Watching (me lo acabo de inventar sí).

Me habría gustado vivir en esa época en la que la piratería estaba al orden del día. Esos enormes galeones y surcando los mares bebiendo ron y con mujeres en cada puerto. Sin embargo, en esa época te cortaban la mano a la mínima que respirabas y si no te dejaban la cara hecha un mapa como el de Louis Stevenson. Por otro lado, creo que la aristocracia, en esa época era muy imbécil. Era como si estuvieran en la edad del pavo toda su vida, tenían muchas modas ¿Por qué razón querían aparentar tener canas con esas pelucas de rulos, cuando podían alardear de tener una buena mata de pelo con su color y su todo? Y lo mismo para las chicas que se echaban yeso en polvo a la cara para parecer más blancas. Me voy del tema. Los piratas eran guays, vivían al limite cada día y eran unos viajeros natos, de ahí que me gusten tanto.

Ambientada en una época en la que los piratas campan a sus anchas en el Caribe, Black Sails representa una época en la que los piratas son vistos como el enemigo público del mundo civilizado y los piratas acaban formando su propio reino y su propia ley. La cuestión, está en saber quién manda y quien obedece. El argumento me ha quedado muy Filmaffinity.

Que a la serie le dé un notable alto para haber visto solo el episodio piloto no tiene que ver únicamente con el aire de Game of thrones que tiene. Tiene baja censura, lo que significa, pechos por doquier, salpicaduras de sangre que llegan al objetivo de la cámara y peleas que hacen que dejes de desayunar hasta saber quién muere y quién no; drama del que a mí me gusta y que hace ponerte en la piel de la víctima. Además, la serie parece tener un alto grado de sed de venganza, ambición, traición y conspiraciones entre los diferentes personajes que integran la serie. Para mí, el estilo de la serie tiene tal parecido con GOT, que Toby Stephens (rozaría el spoiler si digo qué personaje), tiene (profundo) aire, aliento y mirada al actor de Ser Jorah Mormont (Iain Glen) en Game of thrones.

Y después de incluso haber visto el segundo capítulo, puedo decir con seguridad, que a esta serie le veo futuro. Tiene una buena trama combinada con giros inesperados. Para aquellos/as que les pone verraca/o el acento inglés, la serie tiene una buena dosis de él. Por otra parte, hay tantas tetas que no se entre qué actriz elegir pero de momento, me quedo con Hannah New.

Por último la canción utilizada para el opening de la serie y me hace levantarme de la silla y bailar con la escoba en plan dar vueltas cogidos del brazo. Me canta vamos.

Adiós piratas.





miércoles, 4 de junio de 2014

Encarcelado

Acabé en esa habitación porque la profesora mandó a uno de los niños que se sentaba junto a la ventana que cerrara la ventana. Muerto de miedo, volé rápido hacia la punta de la sala hasta donde había un póster de Gran Bretaña y volé fugaz contra la ventana con la esperanza de romper el cristal y poder salir de aquel lugar. Probé la misma técnica sin éxito hasta una docena de veces hasta que aterricé sobre una de las estanterías llenas de libros y ejemplares del Muy Interesante de hace más de 6 años.

Emprendí de nuevo el vuelo en busca de una salida recorriendo aquella sala rectangular llena de niños y niñas. Zumbé la oreja de un primer niño que se estaba comiendo los mocos y que intentó matarme con unas cuantas palmadas aleatorias al aire. Un bocadillo de mortadela se hallaba solo encima de una mesa indefenso y apenas me dio tiempo a atacarlo cuando me ahuyentaron unas manos gordas y grandes de lo que parecía un repetidor agresivo y abusón. El compañero de al lado preparaba bolas de papel para dispararlas a alguna embobada víctima de alrededor suyo. La muchacha de detrás coqueteaba con su pelo y mientras miraba al chico que se encontraba a tres mesas de distancia a su derecha. Revoloteé debajo de su falda y cuando notó cosquillas en la pierna, las cerró de golpe. Delante del chico escupe papel, un chico ejercitaba sus pulgares jugando a la ultima versión de Plants vs Zombies hasta que notó el impacto de una bola ensalivada en su nuca. Volé justo entre las lentes y los ojos del estudiante situado en primera fila en frente de la profesora y esquivé su manotazos. Fui directo a la profesora de pelo rizado moreno quien también me esquivó y le dijo al alumno que no le pasara la mosca como si esto fuera un partido de tenis.

Al volar hacia la puerta del aula, caí interceptado por una palmada al aire realizada por el musculoso chaval que coqueteaba con la chica con falda. Desperté unos minutos más tarde aturdido y pude emprender el vuelo hacia la ventana que volvía a estar abierta. Entonces noté un peso en el trasero como si algo colgara de él. El que me asestó el golpe casi mortal, aprovechó el momento para engancharme al culo con Tippex un pelo del cual en el otro extremo había enganchado una diminuta bola de papel. Imaginaos la cara de todos los alumnos y la profesora al ver un trozo de papel flotando en la sucia aula y después ver que realmente era yo con un pelo enganchado en el culo. Me convertí en el hazmerreir del momento y cuando cansado de volar con un pelo en el culo aterricé de nuevo junto al bocata de mortadela. Poco después de asestarle un mordisco, alguien dejo caer el diccionario de inglés de bolsillo sobre mi. 

martes, 27 de mayo de 2014

Me gusta volar en avión

Me encanta viajar en avión. Normalmente tengo suerte con los pasajeros que se sientan junto a mí y me hablan como si me conocieran de toda la vida. Me gusta volar porque parece que te embarques en una operación de alto riesgo sobre asentamientos rebeldes iraníes. Cada pasajero lleva su historia y va pensando en su cabeza que a va hacer con aquello que busca en su futuro destino así como si fuera una nueva aventura. Me gusta volar porque puedo ver el paisaje o una ciudad desde lo alto poco antes de ascender por encima de las nubes y porque también me gusta el impulso de los motores al despegar, es como si te vas a la luna.

Hoy es mi segundo día en casa después de 9 fantásticos meses de Erasmus en Irlanda. Una chica australiana se sentó junto a mi y celebró conmigo el haber encontrado el bolígrafo para hacer crucigramas. Yo también feliz por ello, le enseñé mi libro de Salinger pero le expliqué por que iba a dormir y no leer durante el viaje. Después de intercambiar unas palabras y risas, dejó el bolígrafo junto a mi libro y sacó un antifaz para poder dormir, después me dio las buenas noches y antes de que el avión despegara ella ya estaba durmiendo. Poco después de que el avión hubiera despegado y diera su primer giro rumbo al sur, yo fui el siguiente en caer dormido.

Después de casi dos horas de sueño y a casi 10 minutos de aterrizar, la mujer australiana se dió dos bofetadas para despertarse. Intercambiamos unas pocas palabras y cuando llegamos al aeropuerto nos separamos con una breve despedida.

La gente viene y va y es algo que me gusta de los aeropuertos, nunca te encuentras a la misma gente (o casi nunca).