Mostrando entradas con la etiqueta cotidiano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cotidiano. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de noviembre de 2014

El estandarte del blog

No sé qué ocurre con los viernes que por regla general no son productivos. Debería haberme dedicado a estudiar y leer algunos artículos para la universidad pero como soy así de chungo, me he dedicado a correr y repasar toda la actualidad informativa y bloguera. He leído sobre la burbuja en la alta cocina y como esta ha bajado los humos a aquellos que intentaron sumarse al carro de la alta cocina de Michelin. Después me he acordado de otro tipo de Madrid que dejó la música para dedicarse a diseñar y construir bicicletas a medida sin ningún tipo de experiencia. He repasado de pe a pa todo el contenido de Feedly (para el que no lo sepa una app estupenda para seguir los blogs que tienen a uno enamorado/a).


viernes, 17 de octubre de 2014

El alquimista de las hamburguesas

Cuando estaba en Cork cocinaba mucho. Menuda obviedad, no tenía a la mamá para hacerme la comida. Lo pasaba realmente bien en aquella cocina que se caía a trozos con fogones lentos y débiles. Teníamos unos cuchillos que no eran capaces de cortar ni tan siquiera la mantequilla. Yo solía comentar que si en alguna ocasión entraba un ladrón en casa, tendría que acomodarle en el sofá para poder matarlo. Aquellos cuchillos eran horribles. La gente aún alucina cuando les digo que me llevé un cuchillo en la maleta cuando volví a Rainland después de navidad.

viernes, 10 de octubre de 2014

Masaya no quiere decir Más allá en japonés

Hoy he estado en Japón visitando a Masaya. Bueno yo no he estado pero mi mente sí. Os hablo del lugar en el que descubrí que el sushi estaba bueno. Cuando le cuento a mis amigos, compañeros de viaje, familia, viandantes, camareros de bar, que he estado comiendo sushi en Barcelona muchos piensan en Àsia amb gràcia. No. Descubrí este rincón japonés en mitad del barrio de Sarrià gracias a una buena amiga que conocí hace ya tres años en uno de mis viajes de aventura. Ayer estuve media hora aprendiendo con Youtube a sujetar los palillos chinos (o hashis como dicen los profesionales). Al final conseguí hacer algunos avances. El sushi ya no se me escapa pero tengo algunos problemas para comer fideos, arroz o incluso para intentar cortar algo con los palillos. Yo pongo los dedos como el video indica pero después el resultado no es el mismo. A veces me pregunto porque los orientales no aprendieron a usar cuchillo y tenedor como la gente normal. Las tradiciones están muy bien para practicarlas en ocasiones especiales pero cuando hablamos de aspectos prácticos como en la comida, las tradiciones las tiro por el balcón.

Este no es el primer post que escribo sobre comida. Me encanta recomendar lugares para comer a mis lectores sin embargo tengo menos gracia a la hora de comunicar lo mucho o lo poco que me ha gustado un plato o un restaurante que contando chistes. Ya lo intenté con mi primera visita a un vegetariano y el resultado fue peor que el primer flan de plátano de mí madre. No es que ella no sepa lo que pienso de ese flan, ella misma lo reconoció.

jueves, 2 de octubre de 2014

La terrible mermelada Diet de Hero

Estaba embobado elaborando un estupendo trabajo sobre la maravillosa marca de cuadernos y agendas Moleskine cuando de golpe he caído en la cuenta que llevaba CUATRO DÍAS sin escribir. No os miento si os digo que llevo todo el día planeando como escribir el post de hoy. A veces me despierto con la convicción y el compromiso de anotar en mi pequeña libreta Moleskine cualquier aspecto o anécdota del día que pueda inspirar mi post. Hoy ha sido uno de esos días aunque como siempre, al final ha llegado un punto en el que he olvidado anotar lo que pasaba por mi ahuevada cabeza.

Me he levantado con un picor de garganta terrible. No exagero tampoco si os digo que por un momento he notado como las bacterias trabajaban en “okupar” la zona infectada. Temo que esto derive a faringitis. No hace falta trabajar en la OMS (Organización Mundial de la Salud) para diagnosticar las posibles causas de este constipado. La primera, el fuerte aire acondicionado que RENFE insiste en utilizar para torturarnos cada tarde o incluso cada mañana a las 7 (A.M!!!). La segunda causa puede haber sido el haber compartido material escolar con la compañera de la izquierda ya de por si enferma. Mi diagnóstico final es que ha sido una combinación de las dos reforzadas por un golpe de mal karma al reírme de la voz nasal de la chica.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Back in town

Hoy me estoy descomponiendo a niveles saharianos. Ayer llegué a Barcelona a las diez de la noche con una bolsa que pesa tres mil quilos. Aún me quedan seis horas hasta que pueda descansar en el tren de vuelta a casa. Hoy además tengo oratoria y no sé si me veo en cuerpo o en alma o en las dos cosas para poder intervenir. Mi cara ha envejecido varios años y ahora mismo solo deseo tumbarme en la cama. He aguantado como un toro la clase de fiscalidad la cual me preparé ayer tarde en el tren y ha sido un auténtico coñazo. Aun así, le he respondido una pregunta. Ese ha sido mi aportación del día.

Aun me queda un largo día cargando con mi bolsa de viaje a cuestas. Me queda el trayecto hasta Drasanes y la clase de francés con mis nuevos compañeros quienes me mirarán o tacharán de loco al verme con el equipaje.

-        ¡Oh sí Javier! ¿Cómo fue el viaje?
-        ¡Estupendo, gracias!

No consigo decidirme si este viaje ha sido o no mejor que el primero. Mi inmersión en la cultura vasca lleva ritmos similares a los de Gareth Bale tras el balón. La sensación de estar entre decenas de vascos y ser el único que confundiría Ongi Etorri con Onegin es incomoda. A mí ya me ha pasado. Mi travesía tras el rastro de Ocho Apellidos Vascos me llevó a San Juan de Gasteluatxe donde no solo hicimos piernas, culo e incrementamos nuestra capacidad respiratoria (tres hurras para Sara que llegó al primera: hip hip…) sino que además recibí una clase magistral de cultura vasca para no vascos de la mano de su tío. A esa clase teórica, le siguió una clase práctica de botellón o “litreo” como se dice por ahí en medio de Bolueta (un sitio raro junto a una discoteca).

No se cuantos escalones: 300 o por ahí. Lo peor no fueron los escalones sino la cuesta arriba de vuelta al coche

jueves, 25 de septiembre de 2014

Victor, Alfa, Sierra, Charlie, Oscar, el tomate está en el plato

Chicos, no se lo digáis a nadie pero estoy en una operación encubierta. He accedido a los archivos secretos de las Vascongadas. Ahora mismo estoy en la biblioteca de Deusto. Se supone que he de dedicar el tiempo que Sara está en clase para atender mis tareas académicas. La operación ha sido planeada con todo tipo de detalle gracias a nuestro topo en el interior (Sara) quien me ha indicado los pasos a seguir: Cruza la puerta y gira a la derecha donde encontrarás otras puerta. Aquí viene lo complicado, desliza la tarjeta personal e intransferible del topo a través del lector y si nadie ha dado la voz de alarma, estarás dentro. Continua recto hacia unas escaleras con las que accederás a la siguiente planta. Gira a la izquierda y finalmente llegarás a una inmensa sala donde reina paz y tranquilidad. El tomate está en el plato.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Vigilia de universidad y mi nueva habilidad para empatizar

Aix…domingos, cuan diferentes son los domingos de verano de los domingos de cole. Aquí en las calles parece que se haya muerto alguien. Están desérticas. Estamos en vísperas de comenzar la universidad o el colegio para aquellos que aún disfrutan de la infancia. El tiempo tampoco acompaña, está nublado y escribo en el comedor a oscuras como un periodista profesional iluminado únicamente por la luz de la pantalla del ordenador mientras escribe a hurtadillas su próxima exclusiva. Aún he de comprar material de clase, me encanta comprar material de clase porque representa el inicio de nuevas rutinas y compromiso con mis tareas aunque después se desvanezcan. Este año me niego a consumir el horrible café de la cafetería de la universidad. De hecho, cualquier persona que beba café cada mañana, sabe que eso no es café, es más bien barro.

Estos últimos días he estado dando muchos consejos. Últimamente me siento más empático con la gente. La gente viene a mí y me explica cosas y los veo igual que yo: perdidos y hechos un mar de dudas. ¿Y quién soy yo para dar consejos? Pues nadie pero estoy motivado y tengo unas ganas enormes de tirar hacia delante. Les doy consejos sobre qué podrían hacer para intentar deshacer este mar de dudas.

Por ejemplo una antigua compañera de clase está asustada sobre su futuro. Quiere conseguir unas prácticas y hay pocas plazas. De  hecho, le atrae principalmente una empresa. Me estuvo comentado las razones por las que se sentía tan interesada por esa empresa y sin embargo teme que con tan poca experiencia, se vayan a reír en su blanca cara. Le he aconsejado que cogiera esas mismas razones que me ha explicado a mí y las utilice para redactar una buena carta de motivación. Sin duda si utiliza las mismas palabras que ha utilizado conmigo, conseguirá llamar la atención del departamento de recursos humanos.

Otro compañero de clase no está pasando por un buen momento, tanto amoroso como académico. No le gusta la carrera que está haciendo. Asumámoslo, Administración y Dirección de Empresas es un grandísimo truño y solo puedes aguantarla si después de un año o dos, consigues encontrar una motivación en ella. A principios de este año pasé por una crisis existencial. Quería dedicar mis esfuerzos al campo de las finanzas porque pensaba que era el único que me haría rico y me llevaría al éxito. Durante una clase de dirección financiera me di cuenta de lo mucho que me aburría en ella. No sabía a donde iba, qué iba a hacer e incluso pasé por un career advisor. Mil y una veces se me han presentado pruebas que lo que a mí me va es un ambiente internacional, con viajes, dirección, responsabilidad, planificación y DAR ORDENES. Por eso me gusta Kevin Spacey. Volvamos a mí amigo. Le he recomendado que busque, que busque algo que le llame la atención y vaya a por ello. Todos deberíamos encontrar nuestro Proyecto Grande y Loco para motivarnos.

A Sara también la he motivado a buscar su camino. Últimamente está desarrollando su vena más creativa. Está inmersa en su proyecto de video. Me encanta está fotografía porque aparece haciendo una de las cosas que más le gusta: grabar videos. Tiene un perfil especialmente sexy en esta imagen. Puedo percibir la línea de los labios que tanto me gustan o el pelo moreno que le cae por la espalda. Sara es la segunda persona a la que le aconsejo empezar un blog. Ella está convencida que se expresa realmente mal de forma escrita pero la única forma de mejorar es escribiendo.

La princesa vasca concentrada mientras graba el skyline barcelonino

¿Y quién cuida de mí? Pues Sara con sus palabras de ánimo. Ella es quien me motiva cuando más lo necesito. Me encanta darle mi apoyo. Esta mañana he estado media mañana estrujándome el cerebro intentando sacar lo mejor de mí para escribirle a Iberdrola una buena carta de motivación.

Hoy todo el mundo se recoge pronto, algunos deben tener la mochila preparada, otros no. Algunos estrenan estuche. Yo ya hace años que no tengo estuche. De hecho mi Deuter tiene un bolsillo para bolígrafos. Me encanta mi mochila porque tiene muchísimo espacio y con ella he viajado a muchísimos lugares. Incluso se ha hundido en barro conmigo.
Os dejo, mañana veré al repartidor del periódico hacer carrera conmigo mientras bajo hacia la estación de tren; compartiré camino con aquellos otros miembros del Renfe Club. Ojo al dato porque tengo nuevo compañero de viaje en el tren, un viejo amigo de instituto que comienza mañana sus prácticas en ginecología. Le he dicho que ante todo lleve guantes.

Sara también comienza sus prácticas mañana. Mucha suerte.


Al resto, espero que tengáis también un estupendo día. Hacer campana el primer día no está éticamente permitido. Podéis hacerla el martes. Gracias por su atención. 

martes, 9 de septiembre de 2014

Por qué House of Cards y mi apuesta seriéfila de otoño

No hay duda que septiembre es sinónimo de volver a poner en marcha las máquinas. El país entero se paraliza durante agosto pero ahora todo comienza a rodar de nuevo. Yo mismo hago los últimos preparativos antes de empezar este último curso y después de los problemas con mi matriculación fruto de la incompetencia burocrática de la universidad, mis notas comienzan a publicarse en mi expediente. Me encanta septiembre, tengo una amiga que lo odia porque significa el comienzo del estudio. Sin embargo yo pienso que tampoco es tan terrible. La vida de estudiante es estupenda y para aquellos que son como mi amiga y odian septiembre, hoy se han publicado una serie de malos, malísimos datos sobre España. Para comenzar, España triplica la media de titulados superiores en paro; ocho de cada diez jóvenes de hasta treinta años viven aún en casa; somos el país europeo con más ninis.

Todo y lo que he mencionado, yo voy motivado para este año. Si hago bien las cosas será un buen año y la motivación es clave en estos tiempos para no caer en la frustración. Reencontrarme con mis compañeros de clase, ver a la camarera con voz porno del bar Versalles o la italiana de la copistería Alfambra no son mis únicas alegrías. No solo porque la mitad de mis compañeros de clase se han largado de Erasmus a algún otro país con mejores oportunidades que este en el que vivimos, sino porque todo empieza de nuevo: en septiembre vuelven las series de televisión.

En verano he estado viendo Friends (a insistencia de Sara). Esta ya hace tiempo que acabó aunque hace tan solo dos semanas se juntaron en el show de Jimmy Kimmel (aqueldonde se juega con la infancia de los niños robándoles los caramelos de Halloween a los niños). Ahí sigo con Friends encantado de la vida. Aun así, más series vuelven en septiembre, otras nacen y otras que vuelven para acabar muriendo.

Ya llega, ya está aquí. La cuarta temporada de Homeland está a punto de salir del horno (el 5 de octubre) y aunque la tercera temporada me dejó un sabor de boca un tanto similar al sabor que me dejó el sushi la primera vez que lo probé, espero esta temporada con ansias. No con tantas ansias como espero a mi querido Kevin Spacey en House of Cards quien no se dignará a visitar mi pantalla hasta febrero del 2015. Volvamos a Homeland pues algo me dice que a menos que cambien las cosas, la serie verá su final en la quinta temporada y la supermamá Mathison nos dirá bye bye y hasta otro ratito. Cary Stoll (de House of Cards) sale en esta nueva temporada.

¿Por qué deberías ver House of Cards si no la estás viendo ya?

Fácil respuesta. Porque el protagoniza es Kevin Spacey. Si el papel fuera interpretado por Richard Gere o Harrison Ford, no sería igual de buena ¿Por qué? Porque no tienen el mismo flow que tiene Kevin. Él sabe cómo entablar el papel de un político ambicioso. Es más te voy a dar más de una razón: la serie tiene giros y giros inesperados de guión y golpes tan radicales que te dejarán más loco que la boda roja de Game of Thrones. A más a más, la ambición, traición y el odio que hay entre cada uno de los protagonistas, hace de ellos piezas imprescindibles en la serie. El inglés de Kevin es awesome (en mi opinión un crimen doblarlo aunque hay que respetarlo todo) y su mujer Claire (Robin Wright) es fría, calculadora y casi tan femme fatale como lo es Christina Gallagher (Kristen Connolly). ¿Quieres más razones? Está bien, mi madre la ve y ya conozco otros padres que lo hacen.
 Mi última y esta debería ser una razón suficiente para todos aquellos impacientes incapaces de esperar una semana para ver el capítulo siguiente: la serie es producida por Netflix y estrena la temporada entera en un solo día. Así pues no hay esperas que valgan.

Volviendo al trapo seriéfilo, he estado repasando la crónica de El País de cara a otras series que vuelven en otoño y otras que nacen. He añadido a mi lista de series para evaluar The Good Wife y Boardwalk Empire. Estas ya llevan varias temporadas en pantalla. Me encantan los dramas y me encantan las series que mezclan sexo, amor, ambición, traición y venganza. De hecho Boardwalk Empire junto con mi ya mil y una veces mencionada House of Cards y Homeland conforman las tres series preferidas del presidente Obama, ahí es ná. The Good Wife y Boardwalk Empire tratan de corrupción aunque hay grandes diferencias entre una y otra. La primera narra la vida de la mujer de un político corrupto y como esta se hace cargo de una familia constantemente asediada por la mala prensa que está recibiendo el marido. La segunda serie que he mencionado ambienta la Atlantic City en plena ley seca.


Finalmente, de la lista de series que se estrenan en septiembre, me he quedado con dos. Una de ellas huele bien, la otra no tanto pero quiero probarla. Gotham tiene sus orígenes en el cómic (como todo lo que hay en el cine hoy en día) y narra los orígenes de Batman así como el de villanos como Catwoman (y otros más). Sin duda el tráiler pinta muy bien y ha sido un factor decisivo para apuntarla a mi lista de evaluación. El otro estreno del que no estoy tan convencido de su éxito es Madame Secretary. De hecho la he elegido por su aroma a drama. La serie narra la vida de una mujer al mando de la Secretaria de Estado y como compagina su trabajo con la familia. Como curiosidad a destacar, en la serie participa quien interpretaba (o interpreta, no quiero spoilear a nadie) a Lucas en mi amada serie con Kevin Spacey. Sin duda puede que sea un truño indigerible y por esa razón será de las primeras series en ver para dar mi veredicto.






Resumiendo: Gotham, Homeland, Madame Secretary, The Good Wife y Boardwalk Empire constituyen mi apuesta otoñal. El tiempo y mi disponibilidad horaria harán el resto. Aún he de ponerme al día con muchos otros asuntos como el ajedrez, James Altucher o Rafael Fernández Ezcritor y la universidad. Me quedan 5 días. Voy a apuntarme a un curso de oratoria y debate en la universidad aunque ya os contaré más otro día.

Si os habéis leído este post sin bostezar, retwitteame o comparte por favor! 

martes, 26 de agosto de 2014

Lo que me enseñó mi amigo Cherry

Alba se ha ido hoy por la mañana a emprender la aventura que empecé yo hace ya casi un año (faltan diez días para hacer un año). Aitor la empieza mañana. Quien pudiera repetir me digo durante estos días. La semana pasada recordaba con Sara algunos momentos aunque realmente todo esto es agua pasada. Aun así, todos estos acontecimientos no hacen más que alimentar mi deseo de volver a irme una temporada y dejar atrás la rutina de Pineda de Mar. Puede que definitivamente lo que necesito es independizarme.

Probablemente este pasado fin de semana fue alguno de los mejores que haya tenido durante este verano. Después de una frenética tarde en Barcelona, conseguimos juntarnos para despedirnos de Alba. La tarde en Barcelona no pasó sin incidencias pues volví a toparme con un servicio de restauración maleducado. Todo y que su café y su pastel de chocolate estaban deliciosos, el servicio de cafetería de We Pudding era de lo más lamentable. Jamás me han atendido con “Rápido que voy de culo” y aun así he tenido que repetirlo varias veces. Sin embargo, el lugar era genial y estaba ambientado en David el Gnomo donde había champiñones gigantes a modo de lámparas. Para quemar parte delas 800 calorías que tragué con aquel pastel, andamos hasta la calle Roselló 158 para visitar la librería Re-Read de la que había leído hacía meses en El País. Se trata de una librería low cost y te permite comprar hasta cinco libros por 10 euros. Todos son títulos posteriores a los noventa aunque la librería tiene una sección de clásicos. Los libros son de segunda mano y algunos tienen aún la etiqueta del Opencor o el Alcampo pegada en la cubierta. Es un lugar pequeño pero muy tranquilo. Además de buen precio, la librería también compra libros de segunda mano a euro la unidad (una oportunidad para perder un poco de peso literario Sara). Una adorable pareja de jubilados vendió dos bolsas repletas de libros en los que al menos había 50 o 70 euros.

No sé qué tienen estas noches con los amigos que siempre acabamos haciendo referencia a los buenos tiempos de instituto y recordando viejas glorias como la historia de un chico al que le llamábamos Zapacaca en honor a una mierda que pisó y con la que fue al aula. Esto y unas piñas coladas cargadas hicieron que nos llamaran la atención en la terraza. A los 21 años, aún nos queda parte de aquel niñato de instituto.

La vuelta en tren con Mireia me hizo llegar a la conclusión que el hecho de querer moverme y cambiar de rutina no era un deseo único en mí sino que ella también lo estaba deseando e incluso puedo decir que en ella era más intenso. Es Mireia quien había estado rezando por la existencia de algún programa de becas o convenios con Suramérica todavía abierto En mi caso mi deseo incluye poder acercarme más a Sara y me imagino cruzando la ruta 66 con ella mientras se broncea nuestra blanca (en su caso, blanquísima) piel.

Esta es mi última semana de trabajo lo cual supone el fin de mis ingresos estivales. Desde la perspectiva económica me da pena pero desde la perspectiva existencial (si se puede llamar tal cual) no siento ninguna lastima. Llevo cinco veranos haciendo este trabajo y lo más útil que he hecho ha sido grabar pulseras personalizadas como la que le gravé ayer a un hombre bastante hecho polvo llamado Cherry. De hecho quería hacer un inciso porque después de atender a este hombre vi lo importante que es guardar la compostura con gente creepy y saber crear conversación, acercarlo a ti, ganarte su confianza y al final convertirte en su amigo. Así lo hago yo, no te puede temblar el pulso porque esta gente son como las mascotas, huelen el miedo y la simpatía es tu mejor arma. Esto es algo que me enseñó mi jefe quien tiene casi dos decenas de clientes peculiares y con todos se lleva a las mil maravillas. Esto me obliga a corregirme y decir que aunque puede que lo más útil que he hecho ha sido manejar la máquina Gravograph, estar de cara al público te da seguridad y te enseña a cómo lidiar con gente peculiar como mi amigo Cherry. Todo y eso, durante este año que viene toca conseguir subir un escalón e iniciarse dentro de mi campo de estudios tal y como casi logro este verano.

Sara llega el lunes, el alcalde Trias la recibirá con todos los honores correspondientes.


Llevo casi tres semanas viendo Friends y he de decir que Mónica está buenísima. 

viernes, 22 de agosto de 2014

Stop asking everything, get the right information

Estaba leyendo uno de los artículos del blog de mi queridísimo James Altucher. En él, comentaba brevemente la necesidad de tener una opinión y no temer hasta lo más profundo de nuestro ser lo que los demás puedan pensar sobre lo que digas. Pues bien, me aburre la gente que se hace la tonta. Es más, no me gusta. Esa gente que te preguntan una cosa y luego se la vuelven a preguntar a otra persona. Parece que se limpien el ano con tus palabras. Me molesta cuando la gente se hace la lerda y hace preguntas que podría resolver por sí misma pero prefiere preguntarlo y que se lo den hecho antes de intentarlo. Cuantas veces me habrán preguntado “¿Cómo solicito la beca general?” y yo amablemente les he pasado el link o le doy las instrucciones. Sin Embargo cuando la misma persona me lo pregunta más de una vez, le contesto “Busca en Google, hay incluso una calculadora bastante aproximada sobre la cuantía que te corresponde”. Yo animo a la gente a que trabaje y se busque las habichuelas igual que me las intento buscar yo. Cuando tuve que irme a Irlanda, nadie me buscó un lugar donde vivir, ni me dijo que Bishopstown estaba a tomar por culo, entré en Google Maps y lo comprobé por mí mismo.

El primer año de carrera, a mi compañero Carlos le quedó una. Una mañana de barbacoa, a pocos días del examen de recuperación le pregunté cómo lo llevaba: pensaba que el examen era en septiembre. A parte de darme las gracias por decírselo, se puso nervioso aunque le ahorré un disgusto. Sin embargo este tipo de cosas le ocurren mucho a Carlos. El otro día, mientras estábamos haciendo unos mojitos en casa de una chica, Carlos me preguntó cuando venía Sara y minutos después, me volvió a preguntar. Fue decepcionante. Es la típica persona que busca la información en otros en vez de buscarla en otros. A todo esto y aunque Carlos no leerá esto, hay que decir que el chico es un trozo de pan.

Cuando conocí a Sara, una de las cosas que me gustaron, fue que buscaba información. Información es poder. Una noche me confesó que antes de llegar a Cork había descubierto mi blog de Erasmus (“What an honour” I said). Cuando entre Sara y yo surgen dudas de cara a un tema, no duda en consultarlo en internet. De ahí que sea una maniática de la planificación. Si no sabemos cuánto vale el MNAC un domingo, su buscador mental Euskoogle está en macha. Más rápido que Siri.  

Mi ex compañero de piso Benny era un experto en doing some research como decía él. Cuando se le presentó la posibilidad de hacer investigación de la mano de ABB en una central térmica de Charlotte (USA), se pasó varios días investigando sobre la central y su centro de investigación. Se pasó mañanas retocando el currículum y una carta de motivación. Estaba preparado para cualquier pregunta. A Benny también le encanta la música y es de los primeros en saber cuándo viene un grupo musical. Así fue como acabé con él en Dingle, en un festival de música y nos perdimos en Mount Eagle un siete de diciembre.

Mi recomendación a todos aquellos despistados o vagos es que hagan el favor de prestar más atención cuando alguien se molesta en darles información. Así mismo, hoy en día internet puede enseñar hasta a contar. Si no te decides entre comprar la Nikon P500 o la P510, entra en internet y busca un comparador. No solo resolverás tus dudas, aprenderás a usar internet. Mi madre se ha convertido en toda una capitana de barco navegando por la red. Se hace su propia declaración de la renta y no necesita a sus hijos para reservar una habitación de hotel.

En los tiempos que nos ha tocado vivir, ser proactivo es indispensable y si no lo eres tú, lo será el que está detrás de ti. Cuando me llamaron del Banco Santander UK para hacerme una entrevista, había hecho toda una profunda investigación sobre el proceso de selección de la compañía. El hombre que me llamó me había dado una serie de pistas sobre el tema de mi entrevista pero apenas me dio detalles sobre ella. Me empapé de información de cara a la compañía y estuve consultando diferentes preguntas que habían hecho a candidatos anteriores. No conseguí el trabajo, pero me evitó de hacer el payaso delante del personal de HR británico.

Por último, nunca encontrarás en la tele información que valga la pena. El telediario de Cuatro copia las noticias de El País o El Mundo. Lo sé porque las mismas noticias que cuentan, las he leído yo horas antes. Para más inri, las cuentan mal y a cuenta gotas. Últimamente he estado leyendo un poco sobre finanzas personales y durante el trayecto de vuelta a Barcelona desde Bilbao, me leí Escuela de Bolsa de Francisca Serrano. Un libro claro y básico. No me acabó de gustar pero me dio muy buena base. Aplicando esto al día a día, estate al día de las cosas que te afectan y de las que no también pues de todo puedes sacar nuevas ideas. 

martes, 19 de agosto de 2014

Lo que el New York Times me enseñó esta mañana

Esta mañana me he levantado y he encendido el ordenador antes de hacer un poco de ejercicio mañanero. Para mi sorpresa, se me ha presentado este artículo del súper cool periódico New York Times (“God bless America! Hell ya!!) hablando sobre unos ejercicios de siete minutos de duración. Es perfecto he pensado. El objetivo de estos ejercicios es engrasar bien el cuerpo y hacerte sudar de buena mañana. Y hay que decir que tal y como dice el artículo, cada uno de los ejercicios los notarás incomodos. El lado bueno es que solo son siete minutos. Así pues durante aproximadamente treinta segundos cada uno, haces un juego de pies, brazos y resistencia que harán descubrir tus puntos flacos. Yo he conseguido hacerlos todos menos los dos últimos pues aún me queda mucho por mejorar en resistencia de brazos.

Por otro lado, ya queda menos para acabar de trabajar. Por un lado tendré el doble de tiempo para dedicarlo a asuntos personales. Por otro lado comenzaré a comerme mis ingresos tan rápido como mi perra solía vaciar el cazo de pienso. Solo me queda depender del Estado cual parasito. Así pues no he descartado la posibilidad de buscar un trabajo de fin de semana. También puedo escribir un bestseller y hacerme rico.

De todas formas, Jonatan Franzen me ha enamorado con su narrativa en el libro que ya hace tres semanas que compré Las correcciones. Sin embargo, la innumerable lista de tareas me impide dedicar tantas horas como querría al propio libro. Quizás debería estar leyendo en vez de escribir este blog. Me está encantando el libro porque hace un retrato estupendo de la sociedad. El libro hace un retrato de la sociedad americana de la última década del siglo veinte (para los que no sepan cual es esa última década, hablo de los noventa) pero yo creo que se asemeja muy bien a la sociedad española. Yo solo sé que mi madre se parece mucho a Enid.
Para acabar, en estas últimas dos semanas afronto la despedida de Alba quien marcha de Erasmus a Finlandia y también me reciben las sextas o séptimas fiestas de pueblo. Esta vez no pienso beber otra cosa que no sea cerveza o agua de Valencia. El año pasado en la despedida de Mireia y mía, fui envenenado con unos licores caducados que guardaba el padre de Alba en el bar. Aun así, sospecho que el detonante de todo aquello fue el chupito de Beefeater que me endosaron. ¿Resultado? Mi dosis de alcohol ha sido reducida sustancialmente. Aunque durante Erasmus bebí, reduje mi dosis alcohólica y ahora he dejado atrás esa época adolescente.

El tiempo sigue inestable, ahora mismo asoman unos nubarrones detrás de la colina donde está la Ermita de Gràcia. No me quejo porque el verano está siendo suave, sin altas temperaturas y el único problema está siendo que la mantequilla tarda más en ablandarse de lo que habría tardado el verano anterior.

A propósito, ayer escuché en televisión que han descubierto el fármaco definitivo para acabar con la alopecia. El único requisito para que este funcione, es que la persona que lo tome tenga diagnosticada la alopecia. Explico esto porque ayer vi algo alucinante a la par de asqueroso. Era algo antagónico. Un ruso casi calvo pero con más pelo en la espalda del que jamás había visto. A decir verdad, me recordó a mi compañero asturiano Miguel quien tenía una plaza de toros en la cabeza y en la espalda tenía un jardín. La única diferencia entre el ruso y él, es que Miguel se depila la espalda y que Miguel tiene más sexappeal que aquella botella de vodka andante. El hombre iba con su madre (quizás era su abuela porque estaba muy desmejorada) quien creo que había decidido combinar el color canoso de su pelo con el resto de la indumentaria pues lo llevaba todo de color plata.


Nasdrovia a todos.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Viaje al pasado: la peluquería

Vengo de la peluquería donde me he cortarme el pelo a un nivel aceptablemente corto pero que al mismo tiempo, conserve el sexappeal del que Sara se siente atraída. Lo que he visto en la peluquería ha sido pura cotidianidad, una capsula del tiempo.

El hombre que hoy me ha cortado el pelo, es el mismo que me cortaba el pelo cuando era pequeño e iba a otra peluquería regentada por un pesetero. Cuando llegó la hora, este buen hombre se fugó y montó su propia peluquería, haciéndose con una buena cuota de mercado. Siempre hay que pedir hora para poder cortarse el pelo allí. Su peluquería me recuerda mucho al barbero japonés de Pearl Harbour que en la película, pasaba información al ejército japonés. Tiene unas ventanas muy grandes, por lo que puedes ver la plaza y una calle principal. El peluquero puede ver pasar a la gente, saludarla y ver a sus clientes, comprobar cómo se peinan o las últimas tendencias. Llevo unos diez o doce años yendo a ese peluquero y desde entonces, pocas cosas han cambiado en ese establecimiento.

En una época de rebeldía y cuando me encontraba en la edad más gilipollas del mundo, la adolescencia, me cambié de peluquero y me fui a una con más estilo. Sin embargo, esta nueva peluquera a que además de ser una cotilla y trabajar para la CIA del barrio recopilando información, me cobraba once euros por lavar y cortar. ¿Acaso tengo el pelo largo? ¿Acaso me has preguntado si quiero que me lo laves? En aquel lugar, las yayas campaban a sus anchas y contaban las mil doscientas treinta y tres penas que sufrían; eso sí, el sofá era de lo más cómodo. A todo esto, no quiero decir que mi actual peluquero corte y peine como un franquista, es excelente pero maneja menos estilos que la cotilla de barrio a la que fui durante cuatro meses.

La peluquería que se llama como el peluquero, conserva los mismos muebles con los que abrió: madera azul barnizada con tres fotos de modelos con peinados que nadie pide pero sí les inspira. En una vitrina se exponen varios frascos de perfumes que jamás nadie ha pedido y cinco sillas junto a un perchero crean el espacio donde los clientes esperan a su turno. En una mesa, comics de Mortadelo y Filemon, Zipi y Zape y Aserix y Obelix acompañan a varios ejemplares (ninguno reciente) de la revista ¡Hola! De joven, ojeaba el Interviu buscando las fotos de las chicas en pelotas para poder recrearme la vista. Siempre lo hacía cuando no tenía a nadie a mi lado. Por la tardes, el peluquero siempre ve Saber y Ganar y este responde las preguntas en susurros mientras corta el pelo; después ve los mil y una veces repetidos documentales de La 2 (no dejan de ser fascinantes).

Hoy mientras me cortaba el pelo, en una de las sillas, un abuelo leía el Marca. Como el peluquero solo habla con la gente mayor que conoce (como con mi padre), el silencio se había hecho en la peluquería y solo se podía oír el ruido del aparato del aire acondicionado. El peluquero que debía haber visto a través del espejo que el abuelo leía el Marca le pregunta cómo cree que va a venir la temporada este año. “Mucho centrocampista y poco delantero” responde el señor mayor. Comienzan a hablar del Real Madrid y del Barça, como en la política, el bipartidismo campa a sus anchas. El anciano sentencia su pronóstico con un “Lo tendrían que haber vendido ya” como diciendo todo y nada al mismo tiempo.


Me cepillan las orejas y laterales para eliminar todo resto de pelo, pago siete euros cincuenta y sin olvidarme las gafas, dejo aquel paraíso climático de aire acondicionado. 

jueves, 31 de julio de 2014

Camino al trabajo

Durante los últimos días ha llovido bastante por lo que he bajado al trabajo en coche. Después de tres días, se me hizo extraño volver a bajar andando de nuevo. Siempre sigo la misma ruta a pie hacia el trabajo. Es curioso como al final, esa ruta se graba en el cerebro y no importa si vamos escribiendo en el móvil o empanados, que tu cuerpo pone el piloto automático y te lleva sin darte cuenta. Desde la semana pasada, he decidido hacer una variación en mi ruta porque tiene más sombra y sube la brisa marina calle arriba desde la playa.

Siempre salgo justo de tiempo. Me gusta aprovechar al máximo mí tiempo libre antes de trabajar pues hasta las 23:00 no volveré a ser libre. Así siempre voy apurado: ponerme unas bermudas y una camiseta, cepillarme los dientes mientras me echo desodorante y me hecho gel en el pelo para peinarme. Detrás mi madre dándome los últimos detalles de cosas que corren urgencia en el trabajo y se han de hacer antes de que ella llegue. Sus palabras son como un Big Data y he de hacer un esfuerzo enorme por recordar los mil y un puntos que me cita y sus innumerables detalles que quiere que consten en las tareas.
Salgo por la puerta de casa a las 14:48 aunque cuando tengo un golpe de gracia y puedo salir antes, puedo ir más tranquilo y relajado. Apenas hay diez minutos caminando y durante ese tiempo me da tiempo a escuchar dos o tres canciones de Sigur Rós aunque últimamente estoy muy Adele y me ha dado por escucharla durante mis andanzas. También me da tiempo de escribir unos cuantos mensajes a Sara quien vive como una reina aunque no la culpo, es vasca.

Es una hora en la que las calles están bastante tranquilas. La gente ha vuelto a casa para comer y en las plazas solo queda la gente que no quiere estar en un lugar cerrado o directamente no tiene hogar. Cuando paso por delante de una plaza delante de un hotel, esta está llena de niños a la espera de un monitor que los lleva a la playa. Ellos me identifican como aquel chaval (o aquel capullo que les dice que no toquen) que trabaja en esa tienda que tiene mierdas de broma pero que parecen tan reales que se podrían comer. Otras veces esa misma plaza esta desierta y solo hay un vagabundo que busca echarse una siesta en un banco junto a la puerta de una casa. Después me olvido de desconectar el Wi-Fi del móvi, se conecta con el de la biblioteca y no tengo conexión durante unos segundos. Paso por delante de un bar que nunca me ha dado muy buena espina. Lo regenta gente con pinta de ir medio borracha todo el día, hacen menús cada día y en la pizarra escriben los platos con letra de palo y con un estilo muy infantil; ayer podía leer CODILLOS AL HORNO pero cuando vi en la pizarra, aquellas letras de palo tan apretujadas, pensé que habían cocinado codillos a la sal en el menú. En la puerta, siempre hay un hombre bebiendo una copita de anís quien no se quita el sombrero de vaquero pese a estar bajo una enorme sombrilla de terraza.


Después ando por una última calle la cual está a la sombra y sopla una fuerte brisa. Paso por delante del portal de un ex compañero del casal de verano que era un malcriado; aun así, estaba forrado y vivía en una casa muy señorial. Saludo a amigo camarero en una heladería argentina cuyo nombre significa  preservativo en francés y después entro a trabajar durante las siguientes ocho horas. 

Como he mencionado a Sigur Rós mientras os escribía, me he puesto a escuchar el que quizás es su canción más conocida Hoppípolla. He visto su videoclip y me ha parecido tan wicked, travieso en una forma muy picara, con los abuelos en el papel de los jovenes, que he decidido dedicároslo

. 

miércoles, 30 de julio de 2014

El buda de la suerte

Cuando uno trabaja de cara al público, recibe la visita de gente muy variopinta. Hay veces que me llega gente simpática y detrás, gente de la más antipáticos del mundo. Este año de hecho, me he propuesto aumentar mi simpatía delante de los turistas y mi habilidad vendedora cuando así lo requiere. Sin embargo hay días que uno no puede lidiar con algunos clientes. Tengo estudiado que el coeficiente intelectual de muchos, se reduce en varios puntos cuando vas de vacaciones. Aun así, siempre tienes la visita de gente que pese a lo descabelladas que parecen sus historias, le dan un toque cómico a la jornada.

El domingo pasado, con la zarzuela de fondo y 29,6 grados en el interior, una mujer entró decididamente, como si supiera qué es lo que quería comprar. Mientras yo ponía varios relojes en hora y miraba las musarañas a la espera de algún cliente, esta señora vino rápidamente a preguntarme por un buda. La señora llevaba el pelo teñido de color granate y contrastaba mucho con el tono blanco de su piel, lo que denotaba que no había pisado la playa en absoluto.

Me preguntó si recordaba a una amiga suya ciega que venía cada año. Al parecer esta señora ciega, venía año tras año y era bastante conocida por el número de budas de la suerte que se llevaba verano tras verano. El año pasado, la gente a la moda, se había obsesionado con lo asiático y se había lanzado a poner budas en los rincones de su casa con el objetivo de traer paz y prosperidad.

Esta señora, muy emocionada, como si hubiera hecho un gran peregrinaje. Mientras, le ponía la fecha correcta a los Casio, la señora contaba casi entre lágrimas, como por fin había encontrado la tienda y lo contenta que estaba. Al parecer, la ciega había derribado uno de sus budas al dar con el pie en un pedestal donde había puesto el buda (la señora no lo tenía muy claro, pero ella cree que fue así). Esta señora estaba de lo más orgullosa pues se vanagloriaba de haber sido pionera en poner un buda de la suerte en su casa y extender la moda en su barrió. Es más, ella fue quien le enganchó a la ciega, el interés por los budas.


Con mil y un gracias, la señora se despedía, pues ya estaba lista para emprender su viaje de vuelta a casa, ocupar de nuevo el sitio de aquel pedestal con el buda de la suerte y dar una buena noticia a ciega. Desde aquí le envío parte de mi suerte, por poca que sea. 

sábado, 26 de julio de 2014

Ana firme como el palo de una escoba

Ana odiaba el verano por muchas razones. Para ella el verano representaba el inicio de la temporada de verano con los turistas en el hotel que ella misma llamaba ''su mansión". Ana trabajaba en un hotel de tres estrellas cómo gobernanta y tenía a cargo a varios empleados. Como muchos otros compañeros suyos que ahora eran jefes de recepción o maîtres, Ana había comenzado con 20 años en ese hotel cuando recién había abierto. Había llegado a ese hotel a razón de haber estado los dos años anteriores trabajando como friegaplatos en un hotel de la misma cadena en una localidad cercana a la que residía actualmente. Cuando tenía 19 años a Ana se le ocurrió apuntarse a un curso de inglés subvencionado por el ayuntamiento y entró como ayudante de recepción. Hacía lo mismo que una recepcionista pero cobraba un 25% menos.

A su marido Andrés, se lo presentó Purificación (la Puri para los amigos) en una sala de fiestas para turistas. Su marido trabajaba en el equipo de mantenimiento de una fábrica textil en la misma localidad. Se fueron a vivir a unos nuevos apartamentos frente a la estación de tren. A Ana le gustaba mucho ese apartamento. Tenía mucha luz y cocina americana. Sin embargo era bastante pequeño para poder criar a una familia, una de las grandes ambiciones de Ana.

Aun así, criar una familia no era la única ambición que había tenido. Poder estudiar medicina o enfermería había sido siempre su gran sueño. Antes de que internet llegara a las casas, Ana consultaba frecuentemente una enciclopedia de medicina familiar que había adquirido a fascículos durante el año pasado. Sus amigas la llamaban entre risas la “doctora muerte”. Sin embargo el matrimonio y la necesidad de pagar el apartamento, la obligaron a posponer el inicio de estudios superiores y dar mayor prioridad a incrementar los ingresos domésticos. En los inicios de su matrimonio con Andrés, Ana era una “friki” de los cursos por fascículos. Fue así como consiguió un ascenso como recepcionista. Ana estuvo encallada en el quinto fascículo a causa de lo atareados que eran sus días desde el nacimiento de su primera hija Berta, pero finalmente, Ana acabo el curso.

Al cumplir los 25, Ana y el resto de su familia tuvieron que mudarse a un piso nuevo de protección oficial para poder acoger a Miguel, el segundo hijo. Ana deseaba tener un tercer hijo pero la poca convicción de Andrés hizo darle una tregua y probar unos años más tarde.

Ahora con 36 años y dos hijos, todas sus aspiraciones por abandonar el trabajo de verano se habían esfumado y se veía más que nunca anclada a aquel puesto. Aunque no le disgustaba del todo aquel hotel, deseaba poder irse de vacaciones en una época que no fueran los meses de otoño e invierno. El destino preferido para ella y su marido eran las Canarias porque no se la jugaban con el clima. Sin embargo, en ese hotel había conseguido labrarse una carrera y pese a tener un jefe tozudo, ella estaba orgullosa de su trabajo y era respetada en la plantilla. Su amiga Puri, tenía que aguantar las innumerables críticas que hacía Ana hacia el trabajo y ella le había recomendado buscar un nuevo trabajo. No era fácil, el sueldo y la posición que ya había conseguido eran difíciles de igualar. Por el contrario, Ana también tenía que aguantar las críticas de Puri hacia su “amiga” Amparo (la vecina de Ana) quien decía Puri que era una ordinaria.

Ana tenía pocas amigas. No mantenía el contacto con ninguna amiga del colegio y los únicos amigos que podía tener, eran aquellos del trabajo con los que hacía cenas y comidas un par de veces o tres al año. A Ana tampoco le gustaba demasiado salir. Prefería relajarse en el sofá durante sus días de fiesta y leer o ver la película del domingo en Multicine. Esas películas siempre iban sobre matrimonios extraños, como el suyo.

Con los años, Ana y su marido se habían distanciado. No habían tenido el tercer hijo que ella buscaba, aunque ella siempre se lo echase en cara a Andrés durante el aniversario de boda y el callara como una monja. Ana pensaba que había perdido todo el atractivo que podía haber tenido cuando tenía veinte años. Los dos embarazos y las recetas de Arguiñano que durante varios domingos estuvo copiando, le habían pasado factura. Ana fue consciente de ello y decidió apuntarse a yoga y andar tres veces a la semana. Finalmente bajó el ritmo cuando su madre Luisa le dijo que había perdido suficientes kilos. Fueron los cincuenta euros mensuales mejor invertidos hasta el momento (a parte de la Thermomix que se compró unas navidades).

El punto de cruz, las revista Cosas de casa (su marido se quejaba siempre del número de revistas que se amontonaban en el revistero), la cocina e Internet, eran sus últimas aficiones. Podía presumir de ser una mujer culta y leía el periódico antes de acostarse. Aun así Ana arrastraba ese remordimiento por no haber seguido adelante con sus ambiciones. Ahora que se veía extraña delante de Andrés, ella buscaba progresar por su cuenta. Sus dos hijos se hacían mayores y cada año tenía menos dominio sobre ellos.

miércoles, 23 de julio de 2014

La burbuja del turista

Cuando estoy trabajando,  me fijo en lo feliz que parecen todos los turistas que vienen a la playa. Es muy fácil diferenciar aquellos que llegan y aquellos que ya llevan varios días. Los martes es cuando muchos llegan o se van. Me encanta ver la cara de las familias cuando entran por primera vez y lo primero que se encuentran es la sección de bromas donde lo primero que encuentran es una polla de silicona o unas tetas que las puedes apretar. Todo son risas. A las nueve de la noche, las ruidosas carcajadas de tostados holandeses distorsionan la zarzuela española que suena de fondo. Después, andan a ritmo de procesión gitana de Semana Santa a través de los pasillos para decidir que van a comprar en su primera visita a Guiriland.

Durante 10 días viven en una burbuja ajena a los problemas tanto en casa como en España. El objetivo es conseguir el mejor moreno y pasarlo lo mejor posible. Pasados esos días, volverán a su país donde da la impresión que viven en una dictadura de prohibiciones y el astro rey Sol no se deja ver demasiado. Me gusta porque consiguen desconectar de sus problemas domésticos.

Algunos repiten año tras año. Mi madre mantiene correspondencia con algunas abuelas que llegaron con 40 años y sus maridos. Ahora se encuentran viudas y morenas. Son tan fieles a su querida Guirilandia que siempre escogen la misma habitación en el mismo hotel, la misma época y ya saben dónde han de ir para poder conseguir los mejores precios. Son lo que yo llamo veteranos de playa. Su moreno es envidiable y se mezcla con las arrugas y los tatuajes. Sin embargo, no son esas las vacaciones ideales que tengo en mente y no lo comparto para más de una vez.

Ayer una anciana francesa (muy tierna ella) me preguntó (me llamó señor, que honor) si estaba allí cada día. Le dije que sí y se puso tan contenta que se despidió con una sonrisa. Ahora han llegado los rusos a Guiriland y las sonrisas escasean mucho más. Uno tiene miedo de hacer cualquier cosa porque todo les parece mal. Incluso pestañear. Sin embargo cuando vienen con una copa de vino encima, son puro amor. Ayer un tal Nikolau me dio la mano al irse.


Por alguna razón, todas las señoras rusas son grandes, de caderas muy anchas. Ves a las hijas, con unas bonitas curvas y luego pienso en qué hacen en casa para crecer tanto. 


lunes, 21 de julio de 2014

No hacer nada

Desde que empecé a trabajar, tengo una obsesión por aprovechar el tiempo libre que tengo. Trabajo 8 horas seguidas desde las tres de la tarde y durante la mañana estoy libre. Entonces una fuerza suprema crece en mi interior y me dice “Levántate pronto para aprovechar ese tiempo que tienes”. Eso significa que me levanto cada día a las 9:30 aunque yo me haya ido a dormir a la 1 y media o 2.

Sin embargo, no consigo saciar esta obsesión porque aunque tengo toda la mañana, no tengo suficiente tiempo para hacer todas esas cosas que me gustaría hacer. Hoy mismo me he dado cuenta que llevo desde la semana pasada queriendo poner un nuevo carrete a mí querida Minolta siguiendo el manual y no cometer los errores que cometió mi padre. Hoy lo haré, justo después de publicar esto. De verdad, lo haré.

Lo primero que hago al levantarme (aparte de mear y lavarme la cara) son quince minutos de ejercicio matutino y desayunar mientras leo la prensa. Leer la prensa (porque yo leo más de un periódico al contrario de mucha gente) me quita mucho tiempo, pero lo veo tan imprescindible e interesante que no puedo evitarlo. Primer leo la prensa española y luego le doy un repaso a la inglesa porque siempre profundiza más en noticias de ámbito internacional. Me gusta estar enterado cada día de qué ocurre en el mundo para poder discutirlo más tarde con mi jefe. Hasta este último punto, me doy cuenta que mi vida se ha vuelto asquerosamente rutinaria y aburriría hasta a mi abuela.

Cómo dije hace unos días, el desayuno es lo que más me motiva al empezar el día y por ello siempre lo cambio. Unos días me da pereza hacerme café porque la noche anterior he olvidado dejarlo hecho en la cafetera y decido utilizar sucio café instantáneo (mi tiempo es oro estos). Otros días utilizo el café de Aldi que no está mal pero no se parece ni de lejos al que yo compraba. Después doy rienda suelta a mi imaginación y a falta de granola, buenos son los Chocopic. Estos últimos días me he tirado mucho a por una miel ecológica que compró mi madre. He de admitir que en ese aspecto, mi madre me sorprendió.

A partir de ese momento, queda un espacio de tiempo en el que decido que haré. Si escribo no podré leer otros blogs, otros libros, aprender francés (sigo con mi misión francófona), no ver series o incluso NO HACER NADA. Es todo un círculo vicioso y no podré pararlo hasta que consiga más horas libres.


De momento me despido feliz porque me quedan aún varias horas y voy a ponerle el carrete a la señorita Minolta. 

martes, 15 de julio de 2014

En busca del feedback perdido

Llevaba días pensando un nuevo título para el blog, pues este me parecía demasiado general y a la vez demasiado artificial y con el qué tampoco me sentía demasiado identificado. Esta mañana, me he iluminado y he decidido cambiarlo y hacer honor a esos dibujos animados que tanto me gusta por su humor tan travieso y adulto: Adventure time. Una de las cosas buenas que tiene el tener un blog tan joven y con tan baja audiencia, es que puedes hacer cambios de este tipo sin salir perjudicado o tus lectores monten en cólera por no encontrar la nueva dirección.

Hace un mes y medio decidí abrir este blog con la idea de continuar saciando esas ganas de continuar escribiendo que habían crecido a raíz de mi primer blog erasmusero. La idea era crear nuevos proyectos que hicieran de este verano algo diferente y renovador. El resultado ha sido estas 17 entradas (18 contando esta) de calidad muy variable y de las que sinceramente no sé muy bien cómo calificar yo mismo.

Como he comentado antes, de este blog he esperado obtener algo nuevo, algo que no he conseguido encontrar durante estos tres años de carrera y con la cual no me encuentro al 100% identificado. Quizás la culpa la tiene Miguel que compartió en Facebook un post de un blogger a raíz del cual descubrí a otros bloggers españoles, que me llamaron la atención. O definitivamente la culpa la tiene Sara que como dije al principio fue la que me dijo “Continua”.

Sin embargo, ya van 18 entradas y pese a que escribir se ha vuelto algo con lo que disfruto, también sufro esa falta de inspiración de la que he oído tanto hablar a través del universo blogger. Pese a que no busco hacerme famoso a raíz de este blog, ni tener 200 comentarios con cada entrada o 300 visitas, sí busco en este un poco de feedback. Me encantaría tener un poco de crítica de la mano de desconocidos que no tengan compasión y no me digan “Está bien” solo por pena.

Ya no solo soy un simple novatillo que escribe sin más en esta simple y fácil plataforma, ahora soy un novatillo al que el periodo de prueba se le ha agotado y busca hacerlo mejor. Echo un vistazo en otros blogs profesionales, de esos con decenas o cientos de visitas en un solo día y veo como lo tienen organizado para que sea más fácil obtener ese feedback del que os estoy hablando.

Para empezar, mi problema con las faltas de ortografía sigue siendo serio (aunque no tan serio como cuando suspendía los exámenes de castellano en la ESO por culpa de las faltas de ortografía). Ay señorita Lobato, que zorra era usted pero cuanto bien me hizo. Ocho años después, he logrado corregir (literalmente) ese aspecto. Aún así, cuando estos textos pasan el escáner made in Basque Country de Sara, se me pone la cara como un pimiento.

Si hay un blog que me ha ayudado a escribir mejor ha sido el de Marina. Tengo la teoría que Sara comienza a tener envidia de ella porque hablo muy bien de su blog. Yo le he dicho a Sara, que haga como todas esas youtubers británicas a las que sigue y que abra un canal para hablar de libros, pero nada, no me hace caso. ¡Maldita timidez! ¡Acabará con ella! En fin, si algo me enseño ese post de Marina, fue a escribir mejor y con ese estilo natural y personal que tanto busco.

Desafortunadamente, desde que empecé a trabajar, noto una falta de ideas e inspiración y mis días están pasando a ser demasiado normales como para atraer nuevas historias. Tengo la esperanza o la creencia, que esto cambiará una vez haya empezado mi cuarto y último curso.


Como escribió Salinger en uno de sus libros, me despido con amor y sordidez. 


lunes, 7 de julio de 2014

El verano es "maravilloso"

Hace nada, leía en el blog de una chica, lo maravilloso que es el verano. Una mierda. El verano solo es maravilloso para aquellos que pueden disfrutar de él. Con este verano, es el quinto año que trabajo en verano. Los trabajos de verano son agotadores, estresantes y calurosos. Si a este año le añades que he estado de Erasmus, mi depresión se agrava. La fortuna y mi incompatibilidad de agenda, hizo no poder cambiar mi cochambroso (a la par de privilegio) puesto de trabajo con turistas, por uno dedicado a lo que estudio. Añadámosle y este es un factor decisorio, el trabajar con tu madre.

Cuando empecé con 16 años, era el único pringado (o afortunado) de mis amigos, que trabajaba en verano; mis amigos se iban a la playa, yo veía a la gente pasar por delante con la sombrilla y las toallas y yo estaba allí, atendiendo a un maldito ruso que me hablaba en jodido ruso como si yo hablara puto ruski. Esto parece un post de desahogo y consolación, puede que lo sea. Sin embargo, con los años, mis amigos han ido entrando al mercado laboral, de forma más o menos dura que yo. Ahora me ha tocado a mí consolar o dar fuerzas a aquellos que afrontan su primer empleo de verano. Esos compañeros de trabajo; esos clientes que se creen que no les llegas, ni a la suela de la chancla o incluso esas horas de reloj que no pasan y tan eternas se hacen.

¿Cómo me motivo frente a eso? Mi único foco de motivación en este caso, es el salario a fin de mes. Puedo decir desde hace años y con la cabeza alta, que alcancé la independencia económica de mis padres (a excepción de mis estudios). Me motivo pensando en los viajes que haré a final de verano; ese portátil nuevo que me compré con mi primer sueldo; el dinero extra que ahorré para irme de Erasmus y me permitió hacer todas esas cosas que no podría haber hecho si no hubiera trabajado.

Y cuando ese ruso me explica su vida y analiza con su escáner una toalla de playa en busca de defectos, yo pienso en septiembre cuando por fin podré ver a Sara en Barcelona. También tengo ganas de volver a pasarme por el norte para ganar alguno de los kilos que perdí en Irlanda y aún no he recuperado. Vuelvo en sí y el ruso me da el certificado de aprobación.

Qué diferencia entre mis días pre-trabajo y los de ahora. Antes despilfarraba mi tiempo libre. Si un día no veía una serie, la veía al día siguiente; si no estudiaba francés ese día, lo hacía dos días después; si no iba a correr, lo hacía por la noche. Ahora, mi tiempo es oro y gestionarlo es un trabajo más complicado que extraer gas con el método fracking. Hago malabarismos para poder escribir, ver Black Sails, West Wind, Friends o Leftovers o hacer ejercicio y mi día de fiesta se ha convertido en un día en el que algo grande ha de ocurrir.

No dejo de pensar en lo afortunado que soy de tener un trabajo pero también miro con rabia a otros que consiguen lo mismo con menos esfuerzo. El año que viene, si el universo/Dios/Buda/ o yo hago bien las cosas, entraré en ese mar de agonía juvenil post-universitario llamado mercado  laboral.

¡Ánimos a todos! ¡Disfrutad del verano como podáis! ¡Yo lo hago!

jueves, 3 de julio de 2014

El sexo es como una pizza, aunque sea malo siempre es bueno.

Ayer, después de un año sin leer el periódico El País, volví a visitarlo y explorarlo. Para mi sorpresa, di con uno de estos artículos de contraportada que por regla general, están muy bien. Es uno de estos artículos, que yo me solía reservar para leer en el tren de vuelta a casa o matar el tiempo en aquellas aburridas clases de derecho mercantil. No quiero engañarme a mí mismo, pero el hecho que su título incluyera la palabra sexo, fue detonante de mi atracción por este artículo de Rita Abundancia. Tener sexo diario con tu pareja durante un año para saber si aún siente atracción por ti. Esa es la idea.

Me encanta la idea que proponen y dejar de ser una sexless marriage (pareja sin sexo) (al menos) durante un año. Pienso en la probabilidad de acabar como muchos de nuestros padres y me aterra. Me aterra por la probabilidad que tiene. Veo el nivel tecnológico de mi padre y al ritmo al que avanza la tecnología, me veo convertido en él y pronunciando nombres de apps erróneamente (porque ya no se pronunciarán en inglés, se pronunciarán en chino) y preguntando cómo puedo enviar una foto por “Washap”. Seguramente si muchos de nuestros padres siguieran esta propuesta, tu madre o tu padre, no estaría todo el día encima diciendo qué o cómo has de hacer y supervisando personalmente que no te desvíes ni un centímetro de su modus operandi de hacer las cosas. Ha de haber algo para solucionar o mejorar esto. A mí me encanta hacerlo por la mañana antes de ir a clase. Cuando vivía en Irlanda y tenía la posibilidad de hacerlo, iba rebosante de felicidad. Eso y mis desayunos eran las dos cosas que me producían un orgasmo por la mañana. Los días lluviosos y nublosos que tanto predominan en Irlanda, se volvían menos nublados o incluso soleados (esto último me quedó muy poético ¿No?). Cruzarme en el campus por las mañanas con Sara me subía la autoestima a 110.

Sin embargo, opino qué tal y como dice alguna de las máquinas de hacer el amor que cuentan su testimonio, algunas veces puede ser muy mecánico. Aun así, y cito textualmente, el sexo es como una pizza, aunque sea malo siempre es bueno. En mi opinión, es uno de los mejores remedios contra el estrés. Como experiencia personal, desahogarme de tal forma, antes de un examen de econometría de 3 horas, fue mano de santo para obtener el resultado que obtuve. Una de las máquinas del amor, perdió más de 9 kilos en solo un mes. Le pueden dar bien por culo al spinning.


Ya lo decía David Guapo en uno de sus mejores monólogos “Hay que frungir, por delante y por detrás”.