No sé qué ocurre con los viernes que por regla general no
son productivos. Debería haberme dedicado a estudiar y leer algunos artículos
para la universidad pero como soy así de chungo, me he dedicado a correr y
repasar toda la actualidad informativa y bloguera. He leído sobre la burbuja en la alta cocina y como esta ha bajado los
humos a aquellos que intentaron sumarse al carro de la alta cocina de Michelin.
Después me he acordado de otro tipo de Madrid que dejó la música para dedicarse
a diseñar y construir bicicletas a medida sin
ningún tipo de experiencia. He repasado de pe a pa todo el contenido de Feedly (para el que no lo sepa una app estupenda para seguir
los blogs que tienen a uno enamorado/a).
Mostrando entradas con la etiqueta cotidiano. Mostrar todas las entradas
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viernes, 28 de noviembre de 2014
viernes, 17 de octubre de 2014
El alquimista de las hamburguesas
Cuando estaba
en Cork cocinaba mucho. Menuda obviedad, no tenía a la mamá para hacerme la
comida. Lo pasaba realmente bien en aquella cocina que se caía a trozos con
fogones lentos y débiles. Teníamos unos cuchillos que no eran capaces de cortar
ni tan siquiera la mantequilla. Yo solía comentar que si en alguna ocasión
entraba un ladrón en casa, tendría que acomodarle en el sofá para poder
matarlo. Aquellos cuchillos eran horribles. La gente aún alucina cuando les
digo que me llevé un cuchillo en la maleta cuando volví a Rainland después de navidad.
viernes, 10 de octubre de 2014
Masaya no quiere decir Más allá en japonés
Hoy he estado
en Japón visitando a Masaya. Bueno yo
no he estado pero mi mente sí. Os hablo del lugar en el que descubrí que el sushi estaba bueno. Cuando le cuento a
mis amigos, compañeros de viaje, familia, viandantes, camareros de bar, que he
estado comiendo sushi en Barcelona
muchos piensan en Àsia amb gràcia. No.
Descubrí este rincón japonés en mitad del barrio de Sarrià gracias a una buena
amiga que conocí hace ya tres años en uno de mis viajes de aventura. Ayer
estuve media hora aprendiendo con Youtube
a sujetar los palillos chinos (o hashis
como dicen los profesionales). Al final conseguí hacer algunos avances. El sushi ya no se me escapa pero tengo
algunos problemas para comer fideos, arroz o incluso para intentar cortar algo
con los palillos. Yo pongo los dedos como el video indica pero después el
resultado no es el mismo. A veces me pregunto porque los orientales no
aprendieron a usar cuchillo y tenedor como la gente normal. Las tradiciones
están muy bien para practicarlas en ocasiones especiales pero cuando hablamos
de aspectos prácticos como en la comida, las tradiciones las tiro por el
balcón.
Este no es el
primer post que escribo sobre comida. Me encanta recomendar lugares para comer
a mis lectores sin embargo tengo menos gracia a la hora de comunicar lo mucho o
lo poco que me ha gustado un plato o un restaurante que contando chistes. Ya lo
intenté con mi primera visita a un vegetariano y el resultado fue peor que el
primer flan de plátano de mí madre. No es que ella no sepa lo que pienso de ese
flan, ella misma lo reconoció.
jueves, 2 de octubre de 2014
La terrible mermelada Diet de Hero
Estaba
embobado elaborando un estupendo trabajo sobre la maravillosa marca de
cuadernos y agendas Moleskine cuando de golpe he caído en la cuenta que llevaba
CUATRO DÍAS sin escribir. No os miento si os digo que llevo todo el día
planeando como escribir el post de hoy. A veces me despierto con la convicción
y el compromiso de anotar en mi pequeña libreta Moleskine cualquier aspecto o anécdota
del día que pueda inspirar mi post. Hoy ha sido uno de esos días aunque como siempre,
al final ha llegado un punto en el que he olvidado anotar lo que pasaba por mi
ahuevada cabeza.
Me he
levantado con un picor de garganta terrible. No exagero tampoco si os digo que
por un momento he notado como las bacterias trabajaban en “okupar” la zona
infectada. Temo que esto derive a faringitis. No hace falta trabajar en la OMS
(Organización Mundial de la Salud) para diagnosticar las posibles causas de
este constipado. La primera, el fuerte aire acondicionado que RENFE insiste en
utilizar para torturarnos cada tarde o incluso cada mañana a las 7 (A.M!!!). La
segunda causa puede haber sido el haber compartido material escolar con la
compañera de la izquierda ya de por si enferma. Mi diagnóstico final es que ha
sido una combinación de las dos reforzadas por un golpe de mal karma al reírme de la voz nasal de la
chica.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Back in town
Hoy me estoy descomponiendo a niveles saharianos. Ayer llegué a Barcelona a
las diez de la noche con una bolsa que pesa tres mil quilos. Aún me quedan seis
horas hasta que pueda descansar en el tren de vuelta a casa. Hoy además tengo
oratoria y no sé si me veo en cuerpo o en alma o en las dos cosas para poder
intervenir. Mi cara ha envejecido varios años y ahora mismo solo deseo tumbarme
en la cama. He aguantado como un toro la clase de fiscalidad la cual me preparé
ayer tarde en el tren y ha sido un auténtico coñazo. Aun así, le he respondido
una pregunta. Ese ha sido mi aportación del día.
Aun me queda un largo día cargando con mi bolsa de viaje a cuestas. Me
queda el trayecto hasta Drasanes y la clase de francés con mis nuevos
compañeros quienes me mirarán o tacharán de loco al verme con el equipaje.
- ¡Oh sí Javier! ¿Cómo fue el viaje?
- ¡Estupendo, gracias!
No consigo decidirme si este viaje ha sido o no mejor que el primero. Mi
inmersión en la cultura vasca lleva ritmos similares a los de Gareth Bale tras
el balón. La sensación de estar entre decenas de vascos y ser el único que
confundiría Ongi Etorri con Onegin es incomoda. A mí ya me ha pasado. Mi
travesía tras el rastro de Ocho Apellidos Vascos me llevó a San Juan de
Gasteluatxe donde no solo hicimos piernas, culo e incrementamos nuestra
capacidad respiratoria (tres hurras para Sara que llegó al primera: hip hip…)
sino que además recibí una clase magistral de cultura vasca para no vascos de
la mano de su tío. A esa clase teórica, le siguió una clase práctica de
botellón o “litreo” como se dice por ahí en medio de Bolueta (un sitio raro
junto a una discoteca).
| No se cuantos escalones: 300 o por ahí. Lo peor no fueron los escalones sino la cuesta arriba de vuelta al coche |
jueves, 25 de septiembre de 2014
Victor, Alfa, Sierra, Charlie, Oscar, el tomate está en el plato
Chicos, no se
lo digáis a nadie pero estoy en una operación encubierta. He accedido a los
archivos secretos de las Vascongadas. Ahora mismo estoy en la biblioteca de
Deusto. Se supone que he de dedicar el tiempo que Sara está en clase para
atender mis tareas académicas. La operación ha sido planeada con todo tipo de
detalle gracias a nuestro topo en el interior (Sara) quien me ha indicado los pasos
a seguir: Cruza la puerta y gira a la derecha donde encontrarás otras puerta.
Aquí viene lo complicado, desliza la tarjeta personal e intransferible del topo
a través del lector y si nadie ha dado la voz de alarma, estarás dentro.
Continua recto hacia unas escaleras con las que accederás a la siguiente
planta. Gira a la izquierda y finalmente llegarás a una inmensa sala donde
reina paz y tranquilidad. El tomate está en el plato.
domingo, 14 de septiembre de 2014
Vigilia de universidad y mi nueva habilidad para empatizar
Aix…domingos,
cuan diferentes son los domingos de verano de los domingos de cole. Aquí en las
calles parece que se haya muerto alguien. Están desérticas. Estamos en vísperas
de comenzar la universidad o el colegio para aquellos que aún disfrutan de la
infancia. El tiempo tampoco acompaña, está nublado y escribo en el comedor a
oscuras como un periodista profesional iluminado únicamente por la luz de la
pantalla del ordenador mientras escribe a hurtadillas su próxima exclusiva. Aún
he de comprar material de clase, me encanta comprar material de clase porque
representa el inicio de nuevas rutinas y compromiso con mis tareas aunque
después se desvanezcan. Este año me niego a consumir el horrible café de la
cafetería de la universidad. De hecho, cualquier persona que beba café cada
mañana, sabe que eso no es café, es más bien barro.
Estos
últimos días he estado dando muchos consejos. Últimamente me siento más
empático con la gente. La gente viene a mí y me explica cosas y los veo igual
que yo: perdidos y hechos un mar de dudas. ¿Y quién soy yo para dar consejos?
Pues nadie pero estoy motivado y tengo unas ganas enormes de tirar hacia
delante. Les doy consejos sobre qué podrían hacer para intentar deshacer este
mar de dudas.
Por
ejemplo una antigua compañera de clase está asustada sobre su futuro. Quiere
conseguir unas prácticas y hay pocas plazas. De
hecho, le atrae principalmente una empresa. Me estuvo comentado las
razones por las que se sentía tan interesada por esa empresa y sin embargo teme
que con tan poca experiencia, se vayan a reír en su blanca cara. Le he
aconsejado que cogiera esas mismas razones que me ha explicado a mí y las utilice
para redactar una buena carta de motivación. Sin duda si utiliza las mismas
palabras que ha utilizado conmigo, conseguirá llamar la atención del
departamento de recursos humanos.
Otro
compañero de clase no está pasando por un buen momento, tanto amoroso como
académico. No le gusta la carrera que está haciendo. Asumámoslo, Administración
y Dirección de Empresas es un grandísimo truño y solo puedes aguantarla si después
de un año o dos, consigues encontrar una motivación en ella. A principios de
este año pasé por una crisis existencial. Quería dedicar mis esfuerzos al campo
de las finanzas porque pensaba que era el único que me haría rico y me llevaría
al éxito. Durante una clase de dirección financiera me di cuenta de lo mucho
que me aburría en ella. No sabía a donde iba, qué iba a hacer e incluso pasé
por un career advisor. Mil y una veces
se me han presentado pruebas que lo que a mí me va es un ambiente internacional,
con viajes, dirección, responsabilidad, planificación y DAR ORDENES. Por eso me
gusta Kevin Spacey. Volvamos a mí amigo. Le he recomendado que busque, que
busque algo que le llame la atención y vaya a por ello. Todos deberíamos
encontrar nuestro Proyecto Grande y Loco para motivarnos.
A Sara
también la he motivado a buscar su camino. Últimamente está desarrollando su
vena más creativa. Está inmersa en su proyecto de video. Me encanta está fotografía
porque aparece haciendo una de las cosas que más le gusta: grabar videos. Tiene
un perfil especialmente sexy en esta imagen. Puedo percibir la línea de los
labios que tanto me gustan o el pelo moreno que le cae por la espalda. Sara es
la segunda persona a la que le aconsejo empezar un blog. Ella está convencida
que se expresa realmente mal de forma escrita pero la única forma de mejorar es
escribiendo.
| La princesa vasca concentrada mientras graba el skyline barcelonino |
¿Y quién
cuida de mí? Pues Sara con sus palabras de ánimo. Ella es quien me motiva
cuando más lo necesito. Me encanta darle mi apoyo. Esta mañana he estado media
mañana estrujándome el cerebro intentando sacar lo mejor de mí para escribirle
a Iberdrola una buena carta de motivación.
Hoy
todo el mundo se recoge pronto, algunos deben tener la mochila preparada, otros
no. Algunos estrenan estuche. Yo ya hace años que no tengo estuche. De hecho mi
Deuter tiene un bolsillo para bolígrafos. Me encanta mi mochila porque tiene
muchísimo espacio y con ella he viajado a muchísimos lugares. Incluso se ha
hundido en barro conmigo.
Os
dejo, mañana veré al repartidor del periódico hacer carrera conmigo mientras
bajo hacia la estación de tren; compartiré camino con aquellos otros miembros
del Renfe Club. Ojo al dato porque tengo nuevo compañero de viaje en el tren,
un viejo amigo de instituto que comienza mañana sus prácticas en ginecología. Le
he dicho que ante todo lleve guantes.
Sara
también comienza sus prácticas mañana. Mucha suerte.
Al
resto, espero que tengáis también un estupendo día. Hacer campana el primer día
no está éticamente permitido. Podéis hacerla el martes. Gracias por su
atención.
martes, 9 de septiembre de 2014
Por qué House of Cards y mi apuesta seriéfila de otoño
No hay duda que septiembre es sinónimo de volver a poner en
marcha las máquinas. El país entero se paraliza durante agosto pero ahora todo
comienza a rodar de nuevo. Yo mismo hago los últimos preparativos antes de
empezar este último curso y después de los problemas con mi matriculación fruto
de la incompetencia burocrática de la universidad, mis notas comienzan a
publicarse en mi expediente. Me encanta septiembre, tengo una amiga que lo odia
porque significa el comienzo del estudio. Sin embargo yo pienso que tampoco es
tan terrible. La vida de estudiante es estupenda y para aquellos que son como
mi amiga y odian septiembre, hoy se han publicado una serie de malos, malísimos
datos sobre España. Para comenzar, España triplica la media de titulados
superiores en paro; ocho de cada diez jóvenes de hasta treinta años viven aún
en casa; somos el país europeo con más ninis.
Todo y lo que he mencionado, yo voy motivado para este año.
Si hago bien las cosas será un buen año y la motivación es clave en estos
tiempos para no caer en la frustración. Reencontrarme con mis compañeros de
clase, ver a la camarera con voz porno del bar Versalles o la italiana de la copistería
Alfambra no son mis únicas alegrías. No solo porque la mitad de mis compañeros
de clase se han largado de Erasmus a algún otro país con mejores oportunidades
que este en el que vivimos, sino porque todo empieza de nuevo: en septiembre
vuelven las series de televisión.
En verano he estado viendo Friends (a insistencia de Sara). Esta ya hace tiempo que acabó
aunque hace tan solo dos semanas se juntaron en el show de Jimmy Kimmel (aqueldonde se juega con la infancia de los niños robándoles los caramelos de Halloween a los niños). Ahí sigo con Friends
encantado de la vida. Aun así, más series vuelven en septiembre, otras
nacen y otras que vuelven para acabar muriendo.
Ya llega, ya está aquí. La cuarta temporada de Homeland está a punto de salir del horno
(el 5 de octubre) y aunque la tercera temporada me dejó un sabor de boca un
tanto similar al sabor que me dejó el sushi
la primera vez que lo probé, espero esta temporada con ansias. No con tantas
ansias como espero a mi querido Kevin Spacey en House of Cards quien no se dignará a visitar mi pantalla hasta
febrero del 2015. Volvamos a Homeland
pues algo me dice que a menos que cambien las cosas, la serie verá su final en la
quinta temporada y la supermamá Mathison nos dirá bye bye y hasta otro ratito. Cary Stoll (de House of Cards) sale en esta nueva temporada.
¿Por qué deberías ver House
of Cards si no la estás viendo ya?
Fácil respuesta. Porque el protagoniza es Kevin Spacey. Si
el papel fuera interpretado por Richard Gere o Harrison Ford, no sería igual de
buena ¿Por qué? Porque no tienen el mismo flow
que tiene Kevin. Él sabe cómo entablar el papel de un político ambicioso. Es
más te voy a dar más de una razón: la serie tiene giros y giros inesperados de
guión y golpes tan radicales que te dejarán más loco que la boda roja de Game of Thrones. A más a más, la
ambición, traición y el odio que hay entre cada uno de los protagonistas, hace
de ellos piezas imprescindibles en la serie. El inglés de Kevin es awesome (en mi opinión un crimen
doblarlo aunque hay que respetarlo todo) y su mujer Claire (Robin Wright) es fría,
calculadora y casi tan femme fatale como
lo es Christina Gallagher (Kristen Connolly). ¿Quieres más razones? Está bien,
mi madre la ve y ya conozco otros padres que lo hacen.
Mi última y esta debería
ser una razón suficiente para todos aquellos impacientes incapaces de esperar
una semana para ver el capítulo siguiente: la serie es producida por Netflix y
estrena la temporada entera en un solo día. Así pues no hay esperas que valgan.
Volviendo al trapo seriéfilo, he estado repasando la crónica
de El País de cara a otras series que vuelven en otoño y otras que nacen. He añadido
a mi lista de series para evaluar The
Good Wife y Boardwalk Empire. Estas ya llevan varias temporadas en pantalla. Me encantan los dramas y me encantan las series
que mezclan sexo, amor, ambición, traición y venganza. De hecho Boardwalk Empire junto con mi ya mil y
una veces mencionada House of Cards y
Homeland conforman las tres series
preferidas del presidente Obama, ahí es ná. The
Good Wife y Boardwalk Empire
tratan de corrupción aunque hay grandes diferencias entre una y otra. La
primera narra la vida de la mujer de un político corrupto y como esta se hace
cargo de una familia constantemente asediada por la mala prensa que está
recibiendo el marido. La segunda serie que he mencionado ambienta la Atlantic
City en plena ley seca.
Finalmente, de la lista de series que se estrenan en
septiembre, me he quedado con dos. Una de ellas huele bien, la otra no tanto
pero quiero probarla. Gotham tiene
sus orígenes en el cómic (como todo lo que hay en el cine hoy en día) y narra
los orígenes de Batman así como el de villanos como Catwoman (y otros más). Sin
duda el tráiler pinta muy bien y ha sido un factor decisivo para apuntarla a mi
lista de evaluación. El otro estreno del que no estoy tan convencido de su
éxito es Madame Secretary. De hecho
la he elegido por su aroma a drama. La serie narra la vida de una mujer al
mando de la Secretaria de Estado y como compagina su trabajo con la familia. Como
curiosidad a destacar, en la serie participa quien interpretaba (o interpreta,
no quiero spoilear a nadie) a Lucas en mi amada serie con Kevin Spacey. Sin
duda puede que sea un truño indigerible y por esa razón será de las primeras series
en ver para dar mi veredicto.
Resumiendo:
Gotham, Homeland, Madame Secretary, The
Good Wife y Boardwalk Empire constituyen
mi apuesta otoñal. El tiempo y mi disponibilidad horaria harán el resto.
Aún he de ponerme al día con muchos otros asuntos como el ajedrez, James Altucher
o Rafael Fernández Ezcritor y la universidad. Me quedan 5 días. Voy a apuntarme
a un curso de oratoria y debate en la universidad aunque ya os contaré más otro
día.
Si os habéis leído este post sin bostezar, retwitteame o
comparte por favor!
martes, 26 de agosto de 2014
Lo que me enseñó mi amigo Cherry
Alba se ha ido hoy por la mañana a emprender la aventura que
empecé yo hace ya casi un año (faltan diez días para hacer un año). Aitor la
empieza mañana. Quien pudiera repetir me digo durante estos días. La semana
pasada recordaba con Sara algunos momentos aunque realmente todo esto es agua
pasada. Aun así, todos estos acontecimientos no hacen más que alimentar mi
deseo de volver a irme una temporada y dejar atrás la rutina de Pineda de Mar. Puede
que definitivamente lo que necesito es independizarme.
Probablemente este pasado fin de semana fue alguno de los
mejores que haya tenido durante este verano. Después de una frenética tarde en
Barcelona, conseguimos juntarnos para despedirnos de Alba. La tarde en
Barcelona no pasó sin incidencias pues volví a toparme con un servicio de
restauración maleducado. Todo y que su café y su pastel de chocolate estaban
deliciosos, el servicio de cafetería de We Pudding era de lo más lamentable.
Jamás me han atendido con “Rápido que voy de culo” y aun así he tenido que
repetirlo varias veces. Sin embargo, el lugar era genial y estaba ambientado en
David el Gnomo donde había champiñones gigantes a modo de lámparas. Para quemar
parte delas 800 calorías que tragué con aquel pastel, andamos hasta la calle
Roselló 158 para visitar la librería Re-Read de la que había leído hacía meses
en El País. Se trata de una librería low cost
y te permite comprar hasta cinco libros por 10 euros. Todos son títulos
posteriores a los noventa aunque la librería tiene una sección de clásicos. Los
libros son de segunda mano y algunos tienen aún la etiqueta del Opencor o el
Alcampo pegada en la cubierta. Es un lugar pequeño pero muy tranquilo. Además
de buen precio, la librería también compra libros de segunda mano a euro la
unidad (una oportunidad para perder un poco de peso literario Sara). Una
adorable pareja de jubilados vendió dos bolsas repletas de libros en los que al
menos había 50 o 70 euros.
No sé qué tienen estas noches con los amigos que siempre
acabamos haciendo referencia a los buenos tiempos de instituto y recordando
viejas glorias como la historia de un chico al que le llamábamos Zapacaca en
honor a una mierda que pisó y con la que fue al aula. Esto y unas piñas coladas
cargadas hicieron que nos llamaran la atención en la terraza. A los 21 años,
aún nos queda parte de aquel niñato de instituto.
La vuelta en tren con Mireia me hizo llegar a la conclusión
que el hecho de querer moverme y cambiar de rutina no era un deseo único en mí
sino que ella también lo estaba deseando e incluso puedo decir que en ella era
más intenso. Es Mireia quien había estado rezando por la existencia de algún
programa de becas o convenios con Suramérica todavía abierto En mi caso mi
deseo incluye poder acercarme más a Sara y me imagino cruzando la ruta 66 con
ella mientras se broncea nuestra blanca (en su caso, blanquísima) piel.
Esta es mi última semana de trabajo lo cual supone el fin de
mis ingresos estivales. Desde la perspectiva económica me da pena pero desde la
perspectiva existencial (si se puede llamar tal cual) no siento ninguna lastima.
Llevo cinco veranos haciendo este trabajo y lo más útil que he hecho ha sido
grabar pulseras personalizadas como la que le gravé ayer a un hombre bastante
hecho polvo llamado Cherry. De hecho quería hacer un inciso porque después de
atender a este hombre vi lo importante que es guardar la compostura con gente creepy y saber crear conversación, acercarlo a ti, ganarte su confianza y
al final convertirte en su amigo. Así lo hago yo, no te puede temblar el pulso
porque esta gente son como las mascotas, huelen el miedo y la simpatía es tu
mejor arma. Esto es algo que me enseñó mi jefe quien tiene casi dos decenas de
clientes peculiares y con todos se lleva a las mil maravillas. Esto me obliga a
corregirme y decir que aunque puede que lo más útil que he hecho ha sido
manejar la máquina Gravograph, estar de cara al público te da seguridad y te
enseña a cómo lidiar con gente peculiar como mi amigo Cherry. Todo y eso,
durante este año que viene toca conseguir subir un escalón e iniciarse dentro
de mi campo de estudios tal y como casi logro este verano.
Sara llega el lunes, el alcalde Trias la recibirá con todos
los honores correspondientes.
Llevo casi tres semanas viendo Friends y he de decir que Mónica está buenísima.
viernes, 22 de agosto de 2014
Stop asking everything, get the right information
Estaba leyendo uno de los artículos del blog de mi queridísimo James Altucher. En él, comentaba
brevemente la necesidad de tener una opinión y no temer hasta lo más profundo
de nuestro ser lo que los demás puedan pensar sobre lo que digas. Pues bien, me
aburre la gente que se hace la tonta. Es más, no me gusta. Esa gente que te
preguntan una cosa y luego se la vuelven a preguntar a otra persona. Parece que
se limpien el ano con tus palabras. Me molesta cuando la gente se hace la lerda
y hace preguntas que podría resolver por sí misma pero prefiere preguntarlo y
que se lo den hecho antes de intentarlo. Cuantas veces me habrán preguntado “¿Cómo
solicito la beca general?” y yo amablemente les he pasado el link o le doy las
instrucciones. Sin Embargo cuando la misma persona me lo pregunta más de una
vez, le contesto “Busca en Google, hay incluso una calculadora bastante
aproximada sobre la cuantía que te corresponde”. Yo animo a la gente a que
trabaje y se busque las habichuelas igual que me las intento buscar yo. Cuando
tuve que irme a Irlanda, nadie me buscó un lugar donde vivir, ni me dijo que
Bishopstown estaba a tomar por culo, entré en Google Maps y lo comprobé por mí
mismo.
El primer año de carrera,
a mi compañero Carlos le quedó una. Una mañana de barbacoa, a pocos días del
examen de recuperación le pregunté cómo lo llevaba: pensaba que el examen era
en septiembre. A parte de darme las gracias por decírselo, se puso nervioso
aunque le ahorré un disgusto. Sin embargo este tipo de cosas le ocurren mucho a
Carlos. El otro día, mientras estábamos haciendo unos mojitos en casa de una chica, Carlos me preguntó cuando venía Sara y minutos después, me volvió a preguntar. Fue decepcionante. Es la típica persona que busca la información en otros en vez de
buscarla en otros. A todo esto y aunque Carlos no leerá esto, hay que decir que
el chico es un trozo de pan.
Cuando conocí a Sara, una
de las cosas que me gustaron, fue que buscaba información. Información es
poder. Una noche me confesó que antes de llegar a Cork había descubierto mi
blog de Erasmus (“What an honour” I said). Cuando entre Sara y yo surgen dudas
de cara a un tema, no duda en consultarlo en internet. De ahí que sea una
maniática de la planificación. Si no sabemos cuánto vale el MNAC un domingo, su
buscador mental Euskoogle está en macha. Más rápido que Siri.
Mi ex compañero de piso Benny
era un experto en doing some research
como decía él. Cuando se le presentó la posibilidad de hacer investigación de
la mano de ABB en una central térmica de Charlotte (USA), se pasó varios días
investigando sobre la central y su centro de investigación. Se pasó mañanas
retocando el currículum y una carta de motivación. Estaba preparado para
cualquier pregunta. A Benny también le encanta la música y es de los primeros
en saber cuándo viene un grupo musical. Así fue como acabé con él en Dingle, en
un festival de música y nos perdimos en Mount Eagle un siete de diciembre.
Mi recomendación a todos
aquellos despistados o vagos es que hagan el favor de prestar más atención
cuando alguien se molesta en darles información. Así mismo, hoy en día internet
puede enseñar hasta a contar. Si no te decides entre comprar la Nikon P500 o la
P510, entra en internet y busca un comparador. No solo resolverás tus dudas,
aprenderás a usar internet. Mi madre se ha convertido en toda una capitana de
barco navegando por la red. Se hace su propia declaración de la renta y no
necesita a sus hijos para reservar una habitación de hotel.
En los tiempos que nos ha
tocado vivir, ser proactivo es indispensable y si no lo eres tú, lo será el que
está detrás de ti. Cuando me llamaron del Banco Santander UK para hacerme una
entrevista, había hecho toda una profunda investigación sobre el proceso de
selección de la compañía. El hombre que me llamó me había dado una serie de
pistas sobre el tema de mi entrevista pero apenas me dio detalles sobre ella. Me
empapé de información de cara a la compañía y estuve consultando diferentes preguntas
que habían hecho a candidatos anteriores. No conseguí el trabajo, pero me evitó
de hacer el payaso delante del personal de HR británico.
Por último, nunca encontrarás en la tele información que
valga la pena. El telediario de Cuatro copia las noticias de El País o El
Mundo. Lo sé porque las mismas noticias que cuentan, las he leído yo horas
antes. Para más inri, las cuentan mal y a cuenta gotas. Últimamente he estado
leyendo un poco sobre finanzas personales y durante el trayecto de vuelta a
Barcelona desde Bilbao, me leí Escuela de Bolsa de Francisca Serrano. Un libro
claro y básico. No me acabó de gustar pero me dio muy buena base. Aplicando
esto al día a día, estate al día de las cosas que te afectan y de las que no
también pues de todo puedes sacar nuevas ideas.
martes, 19 de agosto de 2014
Lo que el New York Times me enseñó esta mañana
Esta mañana me he
levantado y he encendido el ordenador antes de hacer un poco de ejercicio
mañanero. Para mi sorpresa, se me ha presentado este artículo del súper cool periódico New York Times (“God
bless America! Hell ya!!) hablando sobre unos ejercicios de siete minutos de
duración. Es perfecto he pensado. El objetivo de estos ejercicios es engrasar
bien el cuerpo y hacerte sudar de buena mañana. Y hay que decir que tal y como
dice el artículo, cada uno de los ejercicios los notarás incomodos. El lado
bueno es que solo son siete minutos. Así pues durante aproximadamente treinta
segundos cada uno, haces un juego de pies, brazos y resistencia que harán
descubrir tus puntos flacos. Yo he conseguido hacerlos todos menos los dos
últimos pues aún me queda mucho por mejorar en resistencia de brazos.
Por otro lado, ya queda
menos para acabar de trabajar. Por un lado tendré el doble de tiempo para
dedicarlo a asuntos personales. Por otro lado comenzaré a comerme mis ingresos
tan rápido como mi perra solía vaciar el cazo de pienso. Solo me queda depender
del Estado cual parasito. Así pues no he descartado la posibilidad de buscar un
trabajo de fin de semana. También puedo escribir un bestseller y hacerme rico.
De todas formas, Jonatan
Franzen me ha enamorado con su narrativa en el libro que ya hace tres semanas
que compré Las correcciones. Sin
embargo, la innumerable lista de tareas me impide dedicar tantas horas como
querría al propio libro. Quizás debería estar leyendo en vez de escribir este
blog. Me está encantando el libro porque hace un retrato estupendo de la
sociedad. El libro hace un retrato de la sociedad americana de la última década
del siglo veinte (para los que no sepan cual es esa última década, hablo de los
noventa) pero yo creo que se asemeja muy bien a la sociedad española. Yo solo
sé que mi madre se parece mucho a Enid.
Para acabar, en estas
últimas dos semanas afronto la despedida de Alba quien marcha de Erasmus a
Finlandia y también me reciben las sextas o séptimas fiestas de pueblo. Esta
vez no pienso beber otra cosa que no sea cerveza o agua de Valencia. El año
pasado en la despedida de Mireia y mía, fui envenenado con unos licores
caducados que guardaba el padre de Alba en el bar. Aun así, sospecho que el
detonante de todo aquello fue el chupito de Beefeater que me endosaron. ¿Resultado?
Mi dosis de alcohol ha sido reducida sustancialmente. Aunque durante Erasmus
bebí, reduje mi dosis alcohólica y ahora he dejado atrás esa época adolescente.
El tiempo sigue
inestable, ahora mismo asoman unos nubarrones detrás de la colina donde está la
Ermita de Gràcia. No me quejo porque el verano está siendo suave, sin altas
temperaturas y el único problema está siendo que la mantequilla tarda más en
ablandarse de lo que habría tardado el verano anterior.
A propósito, ayer escuché
en televisión que han descubierto el fármaco definitivo para acabar con la
alopecia. El único requisito para que este funcione, es que la persona que lo
tome tenga diagnosticada la alopecia. Explico esto porque ayer vi algo
alucinante a la par de asqueroso. Era algo antagónico. Un ruso casi calvo pero
con más pelo en la espalda del que jamás había visto. A decir verdad, me
recordó a mi compañero asturiano Miguel quien tenía una plaza de toros en la
cabeza y en la espalda tenía un jardín. La única diferencia entre el ruso y él,
es que Miguel se depila la espalda y que Miguel tiene más sexappeal que aquella botella de vodka andante. El hombre iba con
su madre (quizás era su abuela porque estaba muy desmejorada) quien creo que
había decidido combinar el color canoso de su pelo con el resto de la
indumentaria pues lo llevaba todo de color plata.
Nasdrovia a todos.
miércoles, 6 de agosto de 2014
Viaje al pasado: la peluquería
Vengo de la peluquería donde me he cortarme el pelo a un nivel
aceptablemente corto pero que al mismo tiempo, conserve el sexappeal del que Sara se siente atraída. Lo que he visto en la peluquería
ha sido pura cotidianidad, una capsula del tiempo.
El hombre que hoy me ha cortado el pelo, es el mismo que me
cortaba el pelo cuando era pequeño e iba a otra peluquería regentada por un
pesetero. Cuando llegó la hora, este buen hombre se fugó y montó su propia peluquería,
haciéndose con una buena cuota de mercado. Siempre hay que pedir hora para
poder cortarse el pelo allí. Su peluquería me recuerda mucho al barbero japonés
de Pearl Harbour que en la película, pasaba información al ejército japonés. Tiene
unas ventanas muy grandes, por lo que puedes ver la plaza y una calle principal.
El peluquero puede ver pasar a la gente, saludarla y ver a sus clientes,
comprobar cómo se peinan o las últimas tendencias. Llevo unos diez o doce años
yendo a ese peluquero y desde entonces, pocas cosas han cambiado en ese
establecimiento.
En una época de rebeldía y cuando me encontraba en la edad
más gilipollas del mundo, la adolescencia, me cambié de peluquero y me fui a una
con más estilo. Sin embargo, esta nueva peluquera a que además de ser una
cotilla y trabajar para la CIA del barrio recopilando información, me cobraba
once euros por lavar y cortar. ¿Acaso tengo el pelo largo? ¿Acaso me has
preguntado si quiero que me lo laves? En aquel lugar, las yayas campaban a sus
anchas y contaban las mil doscientas treinta y tres penas que sufrían; eso sí,
el sofá era de lo más cómodo. A todo esto, no quiero decir que mi actual
peluquero corte y peine como un franquista, es excelente pero maneja menos
estilos que la cotilla de barrio a la que fui durante cuatro meses.
La peluquería que se llama como el peluquero, conserva los
mismos muebles con los que abrió: madera azul barnizada con tres fotos de
modelos con peinados que nadie pide pero sí les inspira. En una vitrina se
exponen varios frascos de perfumes que jamás nadie ha pedido y cinco sillas
junto a un perchero crean el espacio donde los clientes esperan a su turno. En
una mesa, comics de Mortadelo y Filemon,
Zipi y Zape y Aserix y Obelix acompañan a varios ejemplares (ninguno reciente) de
la revista ¡Hola! De joven, ojeaba el Interviu
buscando las fotos de las chicas en pelotas para poder recrearme la vista. Siempre
lo hacía cuando no tenía a nadie a mi lado. Por la tardes, el peluquero siempre
ve Saber y Ganar y este responde las
preguntas en susurros mientras corta el pelo; después ve los mil y una veces
repetidos documentales de La 2 (no dejan de ser fascinantes).
Hoy mientras me cortaba el pelo, en una de las sillas, un
abuelo leía el Marca. Como el
peluquero solo habla con la gente mayor que conoce (como con mi padre), el
silencio se había hecho en la peluquería y solo se podía oír el ruido del aparato
del aire acondicionado. El peluquero que debía haber visto a través del espejo
que el abuelo leía el Marca le pregunta
cómo cree que va a venir la temporada este año. “Mucho centrocampista y poco
delantero” responde el señor mayor. Comienzan a hablar del Real Madrid y del
Barça, como en la política, el bipartidismo campa a sus anchas. El anciano
sentencia su pronóstico con un “Lo tendrían que haber vendido ya” como diciendo
todo y nada al mismo tiempo.
Me cepillan las orejas y laterales para eliminar todo resto
de pelo, pago siete euros cincuenta y sin olvidarme las gafas, dejo aquel paraíso
climático de aire acondicionado.
jueves, 31 de julio de 2014
Camino al trabajo
Durante los últimos días ha llovido bastante por lo que he
bajado al trabajo en coche. Después de tres días, se me hizo extraño volver a
bajar andando de nuevo. Siempre sigo la misma ruta a pie hacia el trabajo. Es
curioso como al final, esa ruta se graba en el cerebro y no importa si vamos
escribiendo en el móvil o empanados, que tu cuerpo pone el piloto automático y
te lleva sin darte cuenta. Desde la semana pasada, he decidido hacer una
variación en mi ruta porque tiene más sombra y sube la brisa marina calle
arriba desde la playa.
Siempre salgo justo de tiempo. Me gusta aprovechar al máximo
mí tiempo libre antes de trabajar pues hasta las 23:00 no volveré a ser libre.
Así siempre voy apurado: ponerme unas bermudas y una camiseta, cepillarme los
dientes mientras me echo desodorante y me hecho gel en el pelo para peinarme. Detrás
mi madre dándome los últimos detalles de cosas que corren urgencia en el
trabajo y se han de hacer antes de que ella llegue. Sus palabras son como un Big Data y he de hacer un esfuerzo
enorme por recordar los mil y un puntos que me cita y sus innumerables detalles
que quiere que consten en las tareas.
Salgo por la puerta de casa a las 14:48 aunque cuando tengo
un golpe de gracia y puedo salir antes, puedo ir más tranquilo y relajado.
Apenas hay diez minutos caminando y durante ese tiempo me da tiempo a escuchar
dos o tres canciones de Sigur Rós aunque
últimamente estoy muy Adele y me ha
dado por escucharla durante mis andanzas. También me da tiempo de escribir unos
cuantos mensajes a Sara quien vive como una reina aunque no la culpo, es vasca.
Es una hora en la que las calles están bastante tranquilas.
La gente ha vuelto a casa para comer y en las plazas solo queda la gente que no
quiere estar en un lugar cerrado o directamente no tiene hogar. Cuando paso por
delante de una plaza delante de un hotel, esta está llena de niños a la espera
de un monitor que los lleva a la playa. Ellos me identifican como aquel chaval
(o aquel capullo que les dice que no toquen) que trabaja en esa tienda que
tiene mierdas de broma pero que parecen tan reales que se podrían comer. Otras
veces esa misma plaza esta desierta y solo hay un vagabundo que busca echarse
una siesta en un banco junto a la puerta de una casa. Después me olvido de
desconectar el Wi-Fi del móvi, se conecta con el de la biblioteca y no tengo
conexión durante unos segundos. Paso por delante de un bar que nunca me ha dado
muy buena espina. Lo regenta gente con pinta de ir medio borracha todo el día,
hacen menús cada día y en la pizarra escriben los platos con letra de palo y con
un estilo muy infantil; ayer podía leer CODILLOS AL HORNO pero cuando vi en la pizarra, aquellas letras de palo tan
apretujadas, pensé que habían cocinado codillos a la sal en el menú. En la
puerta, siempre hay un hombre bebiendo una copita de anís quien no se quita el
sombrero de vaquero pese a estar bajo una enorme sombrilla de terraza.
Después ando por una última calle la cual está a la sombra y
sopla una fuerte brisa. Paso por delante del portal de un ex compañero del
casal de verano que era un malcriado; aun así, estaba forrado y vivía en una
casa muy señorial. Saludo a amigo camarero en una heladería argentina cuyo
nombre significa preservativo en francés
y después entro a trabajar durante las siguientes ocho horas.
Como he mencionado a Sigur Rós mientras os escribía, me he puesto a escuchar el que quizás es su canción más conocida Hoppípolla. He visto su videoclip y me ha parecido tan wicked, travieso en una forma muy picara, con los abuelos en el papel de los jovenes, que he decidido dedicároslo
.
miércoles, 30 de julio de 2014
El buda de la suerte
Cuando uno trabaja de cara al público, recibe la visita de
gente muy variopinta. Hay veces que me llega gente simpática y detrás, gente de
la más antipáticos del mundo. Este año de hecho, me he propuesto aumentar mi
simpatía delante de los turistas y mi habilidad vendedora cuando así lo
requiere. Sin embargo hay días que uno no puede lidiar con algunos clientes.
Tengo estudiado que el coeficiente intelectual de muchos, se reduce en varios
puntos cuando vas de vacaciones. Aun así, siempre tienes la visita de gente que
pese a lo descabelladas que parecen sus historias, le dan un toque cómico a la
jornada.
El domingo pasado, con la zarzuela de fondo y 29,6 grados en
el interior, una mujer entró decididamente, como si supiera qué es lo que
quería comprar. Mientras yo ponía varios relojes en hora y miraba las musarañas
a la espera de algún cliente, esta señora vino rápidamente a preguntarme por un
buda. La señora llevaba el pelo teñido de color granate y contrastaba mucho con
el tono blanco de su piel, lo que denotaba que no había pisado la playa en
absoluto.
Me preguntó si recordaba a una amiga suya ciega que venía
cada año. Al parecer esta señora ciega, venía año tras año y era bastante
conocida por el número de budas de la suerte que se llevaba verano tras verano.
El año pasado, la gente a la moda, se había obsesionado con lo asiático y se
había lanzado a poner budas en los rincones de su casa con el objetivo de traer
paz y prosperidad.
Esta señora, muy emocionada, como si hubiera hecho un gran
peregrinaje. Mientras, le ponía la fecha correcta a los Casio, la señora
contaba casi entre lágrimas, como por fin había encontrado la tienda y lo
contenta que estaba. Al parecer, la ciega había derribado uno de sus budas al
dar con el pie en un pedestal donde había puesto el buda (la señora no lo tenía
muy claro, pero ella cree que fue así). Esta señora estaba de lo más orgullosa
pues se vanagloriaba de haber sido pionera en poner un buda de la suerte en su
casa y extender la moda en su barrió. Es más, ella fue quien le enganchó a la
ciega, el interés por los budas.
Con mil y un gracias, la señora se despedía, pues ya estaba
lista para emprender su viaje de vuelta a casa, ocupar de nuevo el sitio de
aquel pedestal con el buda de la suerte y dar una buena noticia a ciega. Desde
aquí le envío parte de mi suerte, por poca que sea.
sábado, 26 de julio de 2014
Ana firme como el palo de una escoba
Ana odiaba el verano por muchas razones. Para ella el verano representaba el inicio de la temporada de verano con los turistas en el hotel
que ella misma llamaba ''su mansión". Ana trabajaba en un hotel de tres
estrellas cómo gobernanta y tenía a cargo a varios empleados. Como muchos otros
compañeros suyos que ahora eran jefes de recepción o maîtres, Ana había
comenzado con 20 años en ese hotel cuando recién había abierto. Había llegado a
ese hotel a razón de haber estado los dos años anteriores trabajando como friegaplatos
en un hotel de la misma cadena en una localidad cercana a la que residía actualmente.
Cuando tenía 19 años a Ana se le ocurrió apuntarse a un curso de inglés
subvencionado por el ayuntamiento y entró como ayudante de recepción. Hacía lo
mismo que una recepcionista pero cobraba un 25% menos.
A su marido Andrés, se lo presentó Purificación (la Puri
para los amigos) en una sala de fiestas para turistas. Su marido trabajaba en
el equipo de mantenimiento de una fábrica textil en la misma localidad. Se
fueron a vivir a unos nuevos apartamentos frente a la estación de tren. A Ana le gustaba mucho ese apartamento. Tenía mucha luz y cocina americana. Sin
embargo era bastante pequeño para poder criar a una familia, una de las grandes
ambiciones de Ana.
Aun así, criar una familia no era la única ambición que
había tenido. Poder estudiar medicina o enfermería había sido siempre su gran
sueño. Antes de que internet llegara a las casas, Ana consultaba frecuentemente
una enciclopedia de medicina familiar que había adquirido a fascículos durante
el año pasado. Sus amigas la llamaban entre risas la “doctora muerte”. Sin
embargo el matrimonio y la necesidad de pagar el apartamento, la obligaron a
posponer el inicio de estudios superiores y dar mayor prioridad a incrementar
los ingresos domésticos. En los inicios de su matrimonio con Andrés, Ana era
una “friki” de los cursos por fascículos. Fue así como consiguió un ascenso
como recepcionista. Ana estuvo encallada en el quinto fascículo a causa de lo
atareados que eran sus días desde el nacimiento de su primera hija Berta, pero
finalmente, Ana acabo el curso.
Al cumplir los 25, Ana y el resto de su familia tuvieron que
mudarse a un piso nuevo de protección oficial para poder acoger a Miguel, el
segundo hijo. Ana deseaba tener un tercer hijo pero la poca convicción de
Andrés hizo darle una tregua y probar unos años más tarde.
Ahora con 36 años y dos hijos, todas sus aspiraciones por
abandonar el trabajo de verano se habían esfumado y se veía más que nunca
anclada a aquel puesto. Aunque no le disgustaba del todo aquel hotel, deseaba
poder irse de vacaciones en una época que no fueran los meses de otoño e invierno. El destino preferido para ella y su marido eran las Canarias porque no
se la jugaban con el clima. Sin embargo, en ese hotel había conseguido labrarse
una carrera y pese a tener un jefe tozudo, ella estaba orgullosa de su trabajo y
era respetada en la plantilla. Su amiga Puri, tenía que aguantar las
innumerables críticas que hacía Ana hacia el trabajo y ella le había
recomendado buscar un nuevo trabajo. No era fácil, el sueldo y la posición que
ya había conseguido eran difíciles de igualar. Por el contrario, Ana también
tenía que aguantar las críticas de Puri hacia su “amiga”
Amparo (la vecina de Ana) quien decía Puri que era una ordinaria.
Ana tenía pocas amigas. No mantenía el contacto con ninguna
amiga del colegio y los únicos amigos que podía tener, eran aquellos del
trabajo con los que hacía cenas y comidas un par de veces o tres al año. A Ana
tampoco le gustaba demasiado salir. Prefería relajarse en el sofá durante sus
días de fiesta y leer o ver la película del domingo en Multicine. Esas
películas siempre iban sobre matrimonios extraños, como el suyo.
Con los años, Ana y su marido se habían distanciado. No
habían tenido el tercer hijo que ella buscaba, aunque ella siempre se lo echase
en cara a Andrés durante el aniversario de boda y el callara como una monja.
Ana pensaba que había perdido todo el atractivo que podía haber tenido cuando
tenía veinte años. Los dos embarazos y las recetas de Arguiñano que durante varios
domingos estuvo copiando, le habían pasado factura. Ana fue
consciente de ello y decidió apuntarse a yoga y andar tres veces a la semana.
Finalmente bajó el ritmo cuando su madre Luisa le dijo que había perdido
suficientes kilos. Fueron los cincuenta euros mensuales mejor invertidos hasta
el momento (a parte de la Thermomix que se compró unas navidades).
El punto de cruz, las revista Cosas de casa (su marido se quejaba siempre del número de revistas que se amontonaban en el revistero), la cocina e Internet, eran sus últimas aficiones. Podía presumir de ser una mujer culta y leía el periódico antes de acostarse. Aun así Ana arrastraba ese remordimiento por no haber seguido adelante con sus ambiciones. Ahora que se veía extraña delante de Andrés, ella buscaba progresar por su cuenta. Sus dos hijos se hacían mayores y cada año tenía menos dominio sobre ellos.
miércoles, 23 de julio de 2014
La burbuja del turista
Cuando estoy trabajando,
me fijo en lo feliz que parecen todos los turistas que vienen a la
playa. Es muy fácil diferenciar aquellos que llegan y aquellos que ya llevan
varios días. Los martes es cuando muchos llegan o se van. Me encanta ver la
cara de las familias cuando entran por primera vez y lo primero que se
encuentran es la sección de bromas donde lo primero que encuentran es una polla
de silicona o unas tetas que las puedes apretar. Todo son risas. A las nueve de
la noche, las ruidosas carcajadas de tostados holandeses distorsionan la
zarzuela española que suena de fondo. Después, andan a ritmo de procesión
gitana de Semana Santa a través de los pasillos para decidir que van a comprar
en su primera visita a Guiriland.
Durante 10 días viven en una burbuja ajena a los problemas
tanto en casa como en España. El objetivo es conseguir el mejor moreno y
pasarlo lo mejor posible. Pasados esos días, volverán a su país donde da la
impresión que viven en una dictadura de prohibiciones y el astro rey Sol no se
deja ver demasiado. Me gusta porque consiguen desconectar de sus problemas
domésticos.
Algunos repiten año tras año. Mi madre mantiene
correspondencia con algunas abuelas que llegaron con 40 años y sus maridos.
Ahora se encuentran viudas y morenas. Son tan fieles a su querida Guirilandia que siempre escogen la misma
habitación en el mismo hotel, la misma época y ya saben dónde han de ir para
poder conseguir los mejores precios. Son lo que yo llamo veteranos de playa. Su moreno es envidiable y se mezcla con las
arrugas y los tatuajes. Sin embargo, no son esas las vacaciones ideales que
tengo en mente y no lo comparto para más de una vez.
Ayer una anciana francesa (muy tierna ella) me preguntó (me
llamó señor, que honor) si estaba allí cada día. Le dije que sí y se puso tan
contenta que se despidió con una sonrisa. Ahora han llegado los rusos a Guiriland y las sonrisas escasean mucho
más. Uno tiene miedo de hacer cualquier cosa porque todo les parece mal.
Incluso pestañear. Sin embargo cuando vienen con una copa de vino encima, son
puro amor. Ayer un tal Nikolau me dio la mano al irse.
Por alguna razón, todas las señoras rusas son grandes, de
caderas muy anchas. Ves a las hijas, con unas bonitas curvas y luego pienso en
qué hacen en casa para crecer tanto.
lunes, 21 de julio de 2014
No hacer nada
Desde que empecé a
trabajar, tengo una obsesión por aprovechar el tiempo libre que tengo. Trabajo
8 horas seguidas desde las tres de la tarde y durante la mañana estoy libre.
Entonces una fuerza suprema crece en mi interior y me dice “Levántate pronto
para aprovechar ese tiempo que tienes”. Eso significa que me levanto cada día a
las 9:30 aunque yo me haya ido a dormir a la 1 y media o 2.
Sin embargo, no consigo
saciar esta obsesión porque aunque tengo toda la mañana, no tengo suficiente
tiempo para hacer todas esas cosas que me gustaría hacer. Hoy mismo me he dado
cuenta que llevo desde la semana pasada queriendo poner un nuevo carrete a mí
querida Minolta siguiendo el manual y
no cometer los errores que cometió mi padre. Hoy lo haré, justo después de
publicar esto. De verdad, lo haré.
Lo primero que hago al
levantarme (aparte de mear y lavarme la cara) son quince minutos de ejercicio
matutino y desayunar mientras leo la prensa. Leer la prensa (porque yo leo más de
un periódico al contrario de mucha gente) me quita mucho tiempo, pero lo veo
tan imprescindible e interesante que no puedo evitarlo. Primer leo la prensa
española y luego le doy un repaso a la inglesa porque siempre profundiza más en
noticias de ámbito internacional. Me gusta estar enterado cada día de qué
ocurre en el mundo para poder discutirlo más tarde con mi jefe. Hasta este
último punto, me doy cuenta que mi vida se ha vuelto asquerosamente rutinaria y
aburriría hasta a mi abuela.
Cómo dije hace unos días,
el desayuno es lo que más me motiva al empezar el día y por ello siempre lo
cambio. Unos días me da pereza hacerme café porque la noche anterior he
olvidado dejarlo hecho en la cafetera y decido utilizar sucio café instantáneo
(mi tiempo es oro estos). Otros días utilizo el café de Aldi que no está mal
pero no se parece ni de lejos al que yo compraba. Después doy rienda suelta a
mi imaginación y a falta de granola, buenos son los Chocopic. Estos últimos
días me he tirado mucho a por una miel ecológica que compró mi madre. He de
admitir que en ese aspecto, mi madre me sorprendió.
A partir de ese momento,
queda un espacio de tiempo en el que decido que haré. Si escribo no podré leer
otros blogs, otros libros, aprender francés (sigo con mi misión francófona), no
ver series o incluso NO HACER NADA. Es todo un círculo vicioso y no podré
pararlo hasta que consiga más horas libres.
De momento me despido
feliz porque me quedan aún varias horas y voy a ponerle el carrete a la
señorita Minolta.
martes, 15 de julio de 2014
En busca del feedback perdido
Llevaba días pensando un
nuevo título para el blog, pues este me parecía demasiado general y a la vez
demasiado artificial y con el qué tampoco me sentía demasiado identificado.
Esta mañana, me he iluminado y he decidido cambiarlo y hacer honor a esos dibujos
animados que tanto me gusta por su humor tan travieso y adulto: Adventure time. Una de las cosas buenas
que tiene el tener un blog tan joven y con tan baja audiencia, es que puedes
hacer cambios de este tipo sin salir perjudicado o tus lectores monten en cólera
por no encontrar la nueva dirección.
Hace un mes y medio
decidí abrir este blog con la idea de continuar saciando esas ganas de continuar
escribiendo que habían crecido a raíz de mi primer blog erasmusero. La idea era
crear nuevos proyectos que hicieran de este verano algo diferente y renovador.
El resultado ha sido estas 17 entradas (18 contando esta) de calidad muy
variable y de las que sinceramente no sé muy bien cómo calificar yo mismo.
Como he comentado antes,
de este blog he esperado obtener algo nuevo, algo que no he conseguido
encontrar durante estos tres años de carrera y con la cual no me encuentro al
100% identificado. Quizás la culpa la tiene Miguel que compartió en Facebook un
post de un blogger a raíz del cual
descubrí a otros bloggers españoles, que
me llamaron la atención. O definitivamente la culpa la tiene Sara que como dije
al principio fue la que me dijo “Continua”.
Sin embargo, ya van 18
entradas y pese a que escribir se ha vuelto algo con lo que disfruto, también
sufro esa falta de inspiración de la que he oído tanto hablar a través del
universo blogger. Pese a que no busco
hacerme famoso a raíz de este blog, ni tener 200 comentarios con cada entrada o
300 visitas, sí busco en este un poco de feedback.
Me encantaría tener un poco de crítica de la mano de desconocidos que no tengan
compasión y no me digan “Está bien” solo por pena.
Ya no solo soy un simple
novatillo que escribe sin más en esta simple y fácil plataforma, ahora soy un
novatillo al que el periodo de prueba se le ha agotado y busca hacerlo mejor.
Echo un vistazo en otros blogs profesionales, de esos con decenas o cientos de
visitas en un solo día y veo como lo tienen organizado para que sea más fácil
obtener ese feedback del que os estoy
hablando.
Para empezar, mi problema
con las faltas de ortografía sigue siendo serio (aunque no tan serio como
cuando suspendía los exámenes de castellano en la ESO por culpa de las faltas
de ortografía). Ay señorita Lobato, que zorra era usted pero cuanto bien me
hizo. Ocho años después, he logrado corregir (literalmente) ese aspecto. Aún
así, cuando estos textos pasan el escáner made
in Basque Country de Sara, se me pone la cara como un pimiento.
Si hay un blog que me ha
ayudado a escribir mejor ha sido el de Marina. Tengo la teoría que Sara
comienza a tener envidia de ella porque hablo muy bien de su blog. Yo le he
dicho a Sara, que haga como todas esas youtubers
británicas a las que sigue y que abra un canal para hablar de libros, pero
nada, no me hace caso. ¡Maldita timidez! ¡Acabará con ella! En fin, si algo me
enseño ese post de Marina, fue a escribir mejor y con ese estilo natural y
personal que tanto busco.
Desafortunadamente, desde
que empecé a trabajar, noto una falta de ideas e inspiración y mis días están
pasando a ser demasiado normales como para atraer nuevas historias. Tengo la
esperanza o la creencia, que esto cambiará una vez haya empezado mi cuarto y
último curso.
Como escribió Salinger en
uno de sus libros, me despido con amor y sordidez.
lunes, 7 de julio de 2014
El verano es "maravilloso"
Hace nada, leía en el blog de una chica, lo maravilloso que
es el verano. Una mierda. El verano solo es maravilloso para aquellos que
pueden disfrutar de él. Con este verano, es el quinto año que trabajo en
verano. Los trabajos de verano son agotadores, estresantes y calurosos. Si a
este año le añades que he estado de Erasmus, mi depresión se agrava. La fortuna
y mi incompatibilidad de agenda, hizo no poder cambiar mi cochambroso (a la par
de privilegio) puesto de trabajo con turistas, por uno dedicado a lo que
estudio. Añadámosle y este es un factor decisorio, el trabajar con tu madre.
Cuando empecé con 16 años, era el único pringado (o
afortunado) de mis amigos, que trabajaba en verano; mis amigos se iban a la
playa, yo veía a la gente pasar por delante con la sombrilla y las toallas y yo
estaba allí, atendiendo a un maldito ruso que me hablaba en jodido ruso como si
yo hablara puto ruski. Esto parece un
post de desahogo y consolación, puede que lo sea. Sin embargo, con los años,
mis amigos han ido entrando al mercado laboral, de forma más o menos dura que
yo. Ahora me ha tocado a mí consolar o dar fuerzas a aquellos que afrontan su
primer empleo de verano. Esos compañeros de trabajo; esos clientes que se creen
que no les llegas, ni a la suela de la chancla o incluso esas horas de reloj
que no pasan y tan eternas se hacen.
¿Cómo me motivo frente a eso? Mi único foco de motivación en
este caso, es el salario a fin de mes. Puedo decir desde hace años y con la
cabeza alta, que alcancé la independencia económica de mis padres (a excepción
de mis estudios). Me motivo pensando en los viajes que haré a final de verano;
ese portátil nuevo que me compré con mi primer sueldo; el dinero extra que
ahorré para irme de Erasmus y me permitió hacer todas esas cosas que no podría
haber hecho si no hubiera trabajado.
Y cuando ese ruso me explica su vida y analiza con su escáner
una toalla de playa en busca de defectos, yo pienso en septiembre cuando por
fin podré ver a Sara en Barcelona. También tengo ganas de volver a pasarme por
el norte para ganar alguno de los kilos que perdí en Irlanda y aún no he
recuperado. Vuelvo en sí y el ruso me da el certificado de aprobación.
Qué diferencia entre mis días pre-trabajo y los de ahora.
Antes despilfarraba mi tiempo libre. Si un día no veía una serie, la veía al
día siguiente; si no estudiaba francés ese día, lo hacía dos días después; si
no iba a correr, lo hacía por la noche. Ahora, mi tiempo es oro y gestionarlo
es un trabajo más complicado que extraer gas con el método fracking. Hago malabarismos para poder escribir, ver Black Sails, West Wind, Friends o Leftovers o hacer ejercicio y mi día de
fiesta se ha convertido en un día en el que algo grande ha de ocurrir.
No dejo de pensar en lo afortunado que soy de tener un
trabajo pero también miro con rabia a otros que consiguen lo mismo con menos
esfuerzo. El año que viene, si el universo/Dios/Buda/ o yo hago bien las cosas,
entraré en ese mar de agonía juvenil post-universitario llamado mercado laboral.
¡Ánimos a todos! ¡Disfrutad del verano como podáis! ¡Yo lo
hago!
jueves, 3 de julio de 2014
El sexo es como una pizza, aunque sea malo siempre es bueno.
Ayer, después de un año
sin leer el periódico El País, volví a visitarlo y explorarlo. Para mi
sorpresa, di con uno de estos artículos de contraportada que por regla general,
están muy bien. Es uno de estos artículos, que yo me solía reservar para leer
en el tren de vuelta a casa o matar el tiempo en aquellas aburridas clases de
derecho mercantil. No quiero engañarme a mí mismo, pero el hecho que su título
incluyera la palabra sexo, fue detonante
de mi atracción por este artículo de Rita Abundancia. Tener sexo diario con tu
pareja durante un año para saber si aún siente atracción por ti. Esa es la
idea.
Me encanta la idea que
proponen y dejar de ser una sexless
marriage (pareja sin sexo) (al menos) durante un año. Pienso en la
probabilidad de acabar como muchos de nuestros padres y me aterra. Me aterra
por la probabilidad que tiene. Veo el nivel tecnológico de mi padre y al ritmo
al que avanza la tecnología, me veo convertido en él y pronunciando nombres de apps erróneamente (porque ya no se
pronunciarán en inglés, se pronunciarán en chino) y preguntando cómo puedo
enviar una foto por “Washap”. Seguramente si muchos de nuestros padres
siguieran esta propuesta, tu madre o tu padre, no estaría todo el día encima
diciendo qué o cómo has de hacer y supervisando personalmente que no te desvíes
ni un centímetro de su modus operandi
de hacer las cosas. Ha de haber algo para solucionar o mejorar esto. A mí me
encanta hacerlo por la mañana antes de ir a clase. Cuando vivía en Irlanda y
tenía la posibilidad de hacerlo, iba rebosante de felicidad. Eso y mis
desayunos eran las dos cosas que me producían un orgasmo por la mañana. Los
días lluviosos y nublosos que tanto predominan en Irlanda, se volvían menos
nublados o incluso soleados (esto último me quedó muy poético ¿No?). Cruzarme
en el campus por las mañanas con Sara me subía la autoestima a 110.
Sin embargo, opino qué
tal y como dice alguna de las máquinas de hacer el amor que cuentan su
testimonio, algunas veces puede ser muy mecánico. Aun así, y cito textualmente,
el sexo es como una pizza, aunque sea malo siempre es bueno. En mi opinión, es
uno de los mejores remedios contra el estrés. Como experiencia personal,
desahogarme de tal forma, antes de un examen de econometría de 3 horas, fue
mano de santo para obtener el resultado que obtuve. Una de las máquinas del
amor, perdió más de 9 kilos en solo un mes. Le pueden dar bien por culo al spinning.
Ya lo decía David Guapo
en uno de sus mejores monólogos “Hay que frungir, por delante y por detrás”.
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