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viernes, 28 de noviembre de 2014

El estandarte del blog

No sé qué ocurre con los viernes que por regla general no son productivos. Debería haberme dedicado a estudiar y leer algunos artículos para la universidad pero como soy así de chungo, me he dedicado a correr y repasar toda la actualidad informativa y bloguera. He leído sobre la burbuja en la alta cocina y como esta ha bajado los humos a aquellos que intentaron sumarse al carro de la alta cocina de Michelin. Después me he acordado de otro tipo de Madrid que dejó la música para dedicarse a diseñar y construir bicicletas a medida sin ningún tipo de experiencia. He repasado de pe a pa todo el contenido de Feedly (para el que no lo sepa una app estupenda para seguir los blogs que tienen a uno enamorado/a).


domingo, 14 de septiembre de 2014

Vigilia de universidad y mi nueva habilidad para empatizar

Aix…domingos, cuan diferentes son los domingos de verano de los domingos de cole. Aquí en las calles parece que se haya muerto alguien. Están desérticas. Estamos en vísperas de comenzar la universidad o el colegio para aquellos que aún disfrutan de la infancia. El tiempo tampoco acompaña, está nublado y escribo en el comedor a oscuras como un periodista profesional iluminado únicamente por la luz de la pantalla del ordenador mientras escribe a hurtadillas su próxima exclusiva. Aún he de comprar material de clase, me encanta comprar material de clase porque representa el inicio de nuevas rutinas y compromiso con mis tareas aunque después se desvanezcan. Este año me niego a consumir el horrible café de la cafetería de la universidad. De hecho, cualquier persona que beba café cada mañana, sabe que eso no es café, es más bien barro.

Estos últimos días he estado dando muchos consejos. Últimamente me siento más empático con la gente. La gente viene a mí y me explica cosas y los veo igual que yo: perdidos y hechos un mar de dudas. ¿Y quién soy yo para dar consejos? Pues nadie pero estoy motivado y tengo unas ganas enormes de tirar hacia delante. Les doy consejos sobre qué podrían hacer para intentar deshacer este mar de dudas.

Por ejemplo una antigua compañera de clase está asustada sobre su futuro. Quiere conseguir unas prácticas y hay pocas plazas. De  hecho, le atrae principalmente una empresa. Me estuvo comentado las razones por las que se sentía tan interesada por esa empresa y sin embargo teme que con tan poca experiencia, se vayan a reír en su blanca cara. Le he aconsejado que cogiera esas mismas razones que me ha explicado a mí y las utilice para redactar una buena carta de motivación. Sin duda si utiliza las mismas palabras que ha utilizado conmigo, conseguirá llamar la atención del departamento de recursos humanos.

Otro compañero de clase no está pasando por un buen momento, tanto amoroso como académico. No le gusta la carrera que está haciendo. Asumámoslo, Administración y Dirección de Empresas es un grandísimo truño y solo puedes aguantarla si después de un año o dos, consigues encontrar una motivación en ella. A principios de este año pasé por una crisis existencial. Quería dedicar mis esfuerzos al campo de las finanzas porque pensaba que era el único que me haría rico y me llevaría al éxito. Durante una clase de dirección financiera me di cuenta de lo mucho que me aburría en ella. No sabía a donde iba, qué iba a hacer e incluso pasé por un career advisor. Mil y una veces se me han presentado pruebas que lo que a mí me va es un ambiente internacional, con viajes, dirección, responsabilidad, planificación y DAR ORDENES. Por eso me gusta Kevin Spacey. Volvamos a mí amigo. Le he recomendado que busque, que busque algo que le llame la atención y vaya a por ello. Todos deberíamos encontrar nuestro Proyecto Grande y Loco para motivarnos.

A Sara también la he motivado a buscar su camino. Últimamente está desarrollando su vena más creativa. Está inmersa en su proyecto de video. Me encanta está fotografía porque aparece haciendo una de las cosas que más le gusta: grabar videos. Tiene un perfil especialmente sexy en esta imagen. Puedo percibir la línea de los labios que tanto me gustan o el pelo moreno que le cae por la espalda. Sara es la segunda persona a la que le aconsejo empezar un blog. Ella está convencida que se expresa realmente mal de forma escrita pero la única forma de mejorar es escribiendo.

La princesa vasca concentrada mientras graba el skyline barcelonino

¿Y quién cuida de mí? Pues Sara con sus palabras de ánimo. Ella es quien me motiva cuando más lo necesito. Me encanta darle mi apoyo. Esta mañana he estado media mañana estrujándome el cerebro intentando sacar lo mejor de mí para escribirle a Iberdrola una buena carta de motivación.

Hoy todo el mundo se recoge pronto, algunos deben tener la mochila preparada, otros no. Algunos estrenan estuche. Yo ya hace años que no tengo estuche. De hecho mi Deuter tiene un bolsillo para bolígrafos. Me encanta mi mochila porque tiene muchísimo espacio y con ella he viajado a muchísimos lugares. Incluso se ha hundido en barro conmigo.
Os dejo, mañana veré al repartidor del periódico hacer carrera conmigo mientras bajo hacia la estación de tren; compartiré camino con aquellos otros miembros del Renfe Club. Ojo al dato porque tengo nuevo compañero de viaje en el tren, un viejo amigo de instituto que comienza mañana sus prácticas en ginecología. Le he dicho que ante todo lleve guantes.

Sara también comienza sus prácticas mañana. Mucha suerte.


Al resto, espero que tengáis también un estupendo día. Hacer campana el primer día no está éticamente permitido. Podéis hacerla el martes. Gracias por su atención. 

sábado, 13 de septiembre de 2014

Ser solidario por un día

Hoy ha sido un día muy completo. Acabo de escuchar el último podcasts de James Altucher quien afirma que es más satisfactorio escribir I-did Lists que no To-do Lists porque al hacer la segunda, nos frustramos al no completarla. Así que yo haré lo mismo y sacaré pecho con todas las cosas que he hecho.

Para empezar me he levantado a las 6:50 de la mañana un sábado por la mañana ¡Un sábado! Como ya había comentado hace dos días, me había apuntado de voluntario a una carrera solidaria con el objetivo de recaudar fondos para un niño llamado Pol. Aprovecho la gran cantidad de tráfico que tiene mi blog para dar a conocer su caso. Con el estómago lleno, mi vestimenta de falso runner y una ilusión máxima, me he plantado a las 7:57 en la playa. Me he encontrado a un hombre catalán hablando con acento vasco y lo he ayudado a montar todo el tinglado, he cargado 150 botellas de agua y otras 150 de Powerade y nos hemos ido a montar el avituallamiento de agua.

Entre tres docenas y media de mocas, hemos preparado toda la bebida. He visto muchísima gente correr, algunos lo llevaban mejor, otros no tanto, pero la intención es lo que cuenta, al menos eso dicen. Sin embargo, yo soy de los que piensa que esa frase es solo una consolación para las primeras veces. Hay que ir siempre a por el máximo. La edad de la mayoría de corredores rondaba los 35-55 años, una edad que desde hace unos pocos años es la que frecuenta los paseos y las playas a cualquier hora. Los que tienen más valor lo hacen por la mañana muy temprano, los que tienen aún más y más valor, lo hacen en las horas en las que pega más el sol y los que aún les queda fuerza de voluntad, salen al volver del trabajo por la tarde al atardecer. He visto abuelos que tranquilamente tendrían 70 años largos y podrían aparentar 60. Mi deseo es que pueda mantenerme al menos la mitad de bien que esos ancianos.

Me costó decidirme entre apuntarme como voluntario o no. Jamás había participado en un evento de este tipo y sentía vergüenza al no conocer a nadie de la organización dentro del evento. Recordé uno de los consejos que me dio un test de aptitud (“Alguna vez prueba a llegar hasta el final de tus objetivos) y me apunté. Probablemente habría estado más emocionante si hubiera participado en la carrera, pero ni siquiera para correr 6 quilómetros estaba preparado (pero sí que lo estoy para hacer 3. Ahora ya puedes reírte). Me ha encantado participar porque aunque no me conocieran de nada, me han tratado como si hubiera estado con ellos desde el primer día. Incluso me he llegado a sentir como si hubiera hecho algo muy grande (y de hecho todos lo hemos hecho) al salir en una foto con todo el equipo.

Mi gesto solidario no es de las únicas cosas que puedo añadir a mi I-did List de hoy porque apenas he descansado en casa 2 horas para después darme un chapuzón (posiblemente el último de verano) en la playa y después darnos un atracón de galletas tanto dulces como saladas y jugar al Uno hasta que ha anochecido. Hacía tiempo que no congeniaba tan bien con algunas de las personas que se encontraban conmigo hoy. Quizás es el efecto pareja que te permite hablar de temas exclusivos que no puedes hablar con otros.

El lunes comenzamos, hoy nos vamos de farra (lo añado a mí I-did List) y mañana será obligatorio aprovechar el último día antes del inicio de nuestra rutina. Volvemos a la capital catalana.

Ah sí, olvidaba añadir algo a la lista: he escrito en el blog.

Paz para todos. 

viernes, 22 de agosto de 2014

Stop asking everything, get the right information

Estaba leyendo uno de los artículos del blog de mi queridísimo James Altucher. En él, comentaba brevemente la necesidad de tener una opinión y no temer hasta lo más profundo de nuestro ser lo que los demás puedan pensar sobre lo que digas. Pues bien, me aburre la gente que se hace la tonta. Es más, no me gusta. Esa gente que te preguntan una cosa y luego se la vuelven a preguntar a otra persona. Parece que se limpien el ano con tus palabras. Me molesta cuando la gente se hace la lerda y hace preguntas que podría resolver por sí misma pero prefiere preguntarlo y que se lo den hecho antes de intentarlo. Cuantas veces me habrán preguntado “¿Cómo solicito la beca general?” y yo amablemente les he pasado el link o le doy las instrucciones. Sin Embargo cuando la misma persona me lo pregunta más de una vez, le contesto “Busca en Google, hay incluso una calculadora bastante aproximada sobre la cuantía que te corresponde”. Yo animo a la gente a que trabaje y se busque las habichuelas igual que me las intento buscar yo. Cuando tuve que irme a Irlanda, nadie me buscó un lugar donde vivir, ni me dijo que Bishopstown estaba a tomar por culo, entré en Google Maps y lo comprobé por mí mismo.

El primer año de carrera, a mi compañero Carlos le quedó una. Una mañana de barbacoa, a pocos días del examen de recuperación le pregunté cómo lo llevaba: pensaba que el examen era en septiembre. A parte de darme las gracias por decírselo, se puso nervioso aunque le ahorré un disgusto. Sin embargo este tipo de cosas le ocurren mucho a Carlos. El otro día, mientras estábamos haciendo unos mojitos en casa de una chica, Carlos me preguntó cuando venía Sara y minutos después, me volvió a preguntar. Fue decepcionante. Es la típica persona que busca la información en otros en vez de buscarla en otros. A todo esto y aunque Carlos no leerá esto, hay que decir que el chico es un trozo de pan.

Cuando conocí a Sara, una de las cosas que me gustaron, fue que buscaba información. Información es poder. Una noche me confesó que antes de llegar a Cork había descubierto mi blog de Erasmus (“What an honour” I said). Cuando entre Sara y yo surgen dudas de cara a un tema, no duda en consultarlo en internet. De ahí que sea una maniática de la planificación. Si no sabemos cuánto vale el MNAC un domingo, su buscador mental Euskoogle está en macha. Más rápido que Siri.  

Mi ex compañero de piso Benny era un experto en doing some research como decía él. Cuando se le presentó la posibilidad de hacer investigación de la mano de ABB en una central térmica de Charlotte (USA), se pasó varios días investigando sobre la central y su centro de investigación. Se pasó mañanas retocando el currículum y una carta de motivación. Estaba preparado para cualquier pregunta. A Benny también le encanta la música y es de los primeros en saber cuándo viene un grupo musical. Así fue como acabé con él en Dingle, en un festival de música y nos perdimos en Mount Eagle un siete de diciembre.

Mi recomendación a todos aquellos despistados o vagos es que hagan el favor de prestar más atención cuando alguien se molesta en darles información. Así mismo, hoy en día internet puede enseñar hasta a contar. Si no te decides entre comprar la Nikon P500 o la P510, entra en internet y busca un comparador. No solo resolverás tus dudas, aprenderás a usar internet. Mi madre se ha convertido en toda una capitana de barco navegando por la red. Se hace su propia declaración de la renta y no necesita a sus hijos para reservar una habitación de hotel.

En los tiempos que nos ha tocado vivir, ser proactivo es indispensable y si no lo eres tú, lo será el que está detrás de ti. Cuando me llamaron del Banco Santander UK para hacerme una entrevista, había hecho toda una profunda investigación sobre el proceso de selección de la compañía. El hombre que me llamó me había dado una serie de pistas sobre el tema de mi entrevista pero apenas me dio detalles sobre ella. Me empapé de información de cara a la compañía y estuve consultando diferentes preguntas que habían hecho a candidatos anteriores. No conseguí el trabajo, pero me evitó de hacer el payaso delante del personal de HR británico.

Por último, nunca encontrarás en la tele información que valga la pena. El telediario de Cuatro copia las noticias de El País o El Mundo. Lo sé porque las mismas noticias que cuentan, las he leído yo horas antes. Para más inri, las cuentan mal y a cuenta gotas. Últimamente he estado leyendo un poco sobre finanzas personales y durante el trayecto de vuelta a Barcelona desde Bilbao, me leí Escuela de Bolsa de Francisca Serrano. Un libro claro y básico. No me acabó de gustar pero me dio muy buena base. Aplicando esto al día a día, estate al día de las cosas que te afectan y de las que no también pues de todo puedes sacar nuevas ideas. 

viernes, 1 de agosto de 2014

Primeros de agosto

Se acabó julio y empezó agosto. Apenas queda la mitad del verano para empezar un nuevo curso académico del que espero mucho más que este simple verano. Siento como si apenas hubiera alcanzado mis expectativas veraniegas y a decir verdad, así ha sido. El único gran logro que he conseguido, ha sido este blog del cual comienzo a estar un poco quemado por el hecho de estar poco inspirado o directamente, porque no me lee ni el tato. Mientras escribo esto, descubro un segundo gran logro: este año estoy leyendo mucho y he retomado un hábito de lectura decente (o insuficiente en comparación con el de Sara). Aun así, el hecho que mi verano sea tan monótono, hace muy difícil escribir posts que hagan pensar a la gente “la vida de este tío mola”. Qué va, la vida de este tío molaba hasta hace dos meses. Ahora he de aguantar a gente mal follada ocho horas al día y comienzo a creer que se me está poniendo cara de mal follado.

Puede, que esté cometiendo el mismo error que cometí en junio cuando planee hacer de mi verano, un verano estupendo, lleno de proyectos grandes y locos que luego se quedaron en papel mojado por falta de tiempo. Sin embargo, una vez haya comenzado el último año de carrera (ni yo me lo creo), esos proyectos pueden volver a la luz.

Sí, cuarto año de carrera. Este año haré menos clases y después tendré seis meses de prácticas. El hecho de tener menos horas lectivas me permitirá dedicarme más tiempo. Mucha gente no consigue ver en mí, esa preocupación de la que hablo. Un año y medio más y habrá acabado la utopía estudiantil en la que vivo y entonces seré libre para tomar un nuevo camino. Si mi estancia Erasmus me enseñó algo académicamente hablando (aparte de leer una regresión multivariable y hacer una bibliografía como Dios manda) fue ser un caradura, maximizar mi tiempo y no ir a clase a calentar el asiento; preguntar al profesor y ser más autodidacta. Aprendí que si un tema te interesa, el profesor te da las herramientas para que profundices más en esos temas que te gustan y puedas preguntarle.

Así pues, este año me lo planteo como un aprendizaje a dos bandas, personal y universitario. Necesito conseguir unas prácticas que me atraigan personalmente y no quiero cometer el error de dejar que la misma universidad me busque cualquier cosa. Ya he estado acosando virtualmente a algunos HR directors y haciendo un poco de networking como hago con los tíos de Sara. Así mismo, estoy doblemente contento porque Sara ha conseguido arrojarse a sí misma un poco de luz de cara a sus planes futuros, cosa que me preocupaba. La seguridad que tiene en si misma crece exponencialmente y eso es cool al cuadrado.
Finalmente, la vena escritora que he desarrollado durante este año, sigue creciendo fuerte y dada la buena acogida que tuvieron la descripción de dos típicas señoras de clase media, seguiré desarrollando en privado algún escrito en relación a esta narrativa. Crear flow, leer muchísimo, corregir y crear hábito. Esa es la clave según Marina.

Así Javier, ¿Qué dices, estás contento o no? Ambas cosas. Contento porque viene un año muy interesante, un año que representa un final de ciclo y el inicio de nuevos retos. Por otro lado, ya he hablado de mis temores aunque estoy convencido de poder superarlos con mi seguridad al alza. Mi preciosa libreta Moleskine comienza a llenarse de mil y una ideas que decidí apuntar y me ayudan a recordar detalles y diferentes soluciones que voy pensando respecto a problemas varios. Estoy convencido que esta vez, mis proyectos grandes y locos no van a quedarse en la libreta y un buen plan de ejecución debe ayudarme a ello. Este año me compraré una agenda de papel, nada de Google Calendar.

He olvidado comentar que hace justo tres días, comencé a leer Las correcciones de Franzen, a quien descubrí gracias a mí blogger favorita. Es curioso porque jamás había leído a Franzen y cuando describí a Amparo o Ana, era ese mismo estilo de narración el que estaba buscando desarrollar. El libro es genial, y voy saborearlo mucho.


Me despido de vosotros, no sin antes disculparme a aquellos lindos gatitos que han leído este post de reflexión. 

lunes, 21 de julio de 2014

No hacer nada

Desde que empecé a trabajar, tengo una obsesión por aprovechar el tiempo libre que tengo. Trabajo 8 horas seguidas desde las tres de la tarde y durante la mañana estoy libre. Entonces una fuerza suprema crece en mi interior y me dice “Levántate pronto para aprovechar ese tiempo que tienes”. Eso significa que me levanto cada día a las 9:30 aunque yo me haya ido a dormir a la 1 y media o 2.

Sin embargo, no consigo saciar esta obsesión porque aunque tengo toda la mañana, no tengo suficiente tiempo para hacer todas esas cosas que me gustaría hacer. Hoy mismo me he dado cuenta que llevo desde la semana pasada queriendo poner un nuevo carrete a mí querida Minolta siguiendo el manual y no cometer los errores que cometió mi padre. Hoy lo haré, justo después de publicar esto. De verdad, lo haré.

Lo primero que hago al levantarme (aparte de mear y lavarme la cara) son quince minutos de ejercicio matutino y desayunar mientras leo la prensa. Leer la prensa (porque yo leo más de un periódico al contrario de mucha gente) me quita mucho tiempo, pero lo veo tan imprescindible e interesante que no puedo evitarlo. Primer leo la prensa española y luego le doy un repaso a la inglesa porque siempre profundiza más en noticias de ámbito internacional. Me gusta estar enterado cada día de qué ocurre en el mundo para poder discutirlo más tarde con mi jefe. Hasta este último punto, me doy cuenta que mi vida se ha vuelto asquerosamente rutinaria y aburriría hasta a mi abuela.

Cómo dije hace unos días, el desayuno es lo que más me motiva al empezar el día y por ello siempre lo cambio. Unos días me da pereza hacerme café porque la noche anterior he olvidado dejarlo hecho en la cafetera y decido utilizar sucio café instantáneo (mi tiempo es oro estos). Otros días utilizo el café de Aldi que no está mal pero no se parece ni de lejos al que yo compraba. Después doy rienda suelta a mi imaginación y a falta de granola, buenos son los Chocopic. Estos últimos días me he tirado mucho a por una miel ecológica que compró mi madre. He de admitir que en ese aspecto, mi madre me sorprendió.

A partir de ese momento, queda un espacio de tiempo en el que decido que haré. Si escribo no podré leer otros blogs, otros libros, aprender francés (sigo con mi misión francófona), no ver series o incluso NO HACER NADA. Es todo un círculo vicioso y no podré pararlo hasta que consiga más horas libres.


De momento me despido feliz porque me quedan aún varias horas y voy a ponerle el carrete a la señorita Minolta. 

martes, 15 de julio de 2014

En busca del feedback perdido

Llevaba días pensando un nuevo título para el blog, pues este me parecía demasiado general y a la vez demasiado artificial y con el qué tampoco me sentía demasiado identificado. Esta mañana, me he iluminado y he decidido cambiarlo y hacer honor a esos dibujos animados que tanto me gusta por su humor tan travieso y adulto: Adventure time. Una de las cosas buenas que tiene el tener un blog tan joven y con tan baja audiencia, es que puedes hacer cambios de este tipo sin salir perjudicado o tus lectores monten en cólera por no encontrar la nueva dirección.

Hace un mes y medio decidí abrir este blog con la idea de continuar saciando esas ganas de continuar escribiendo que habían crecido a raíz de mi primer blog erasmusero. La idea era crear nuevos proyectos que hicieran de este verano algo diferente y renovador. El resultado ha sido estas 17 entradas (18 contando esta) de calidad muy variable y de las que sinceramente no sé muy bien cómo calificar yo mismo.

Como he comentado antes, de este blog he esperado obtener algo nuevo, algo que no he conseguido encontrar durante estos tres años de carrera y con la cual no me encuentro al 100% identificado. Quizás la culpa la tiene Miguel que compartió en Facebook un post de un blogger a raíz del cual descubrí a otros bloggers españoles, que me llamaron la atención. O definitivamente la culpa la tiene Sara que como dije al principio fue la que me dijo “Continua”.

Sin embargo, ya van 18 entradas y pese a que escribir se ha vuelto algo con lo que disfruto, también sufro esa falta de inspiración de la que he oído tanto hablar a través del universo blogger. Pese a que no busco hacerme famoso a raíz de este blog, ni tener 200 comentarios con cada entrada o 300 visitas, sí busco en este un poco de feedback. Me encantaría tener un poco de crítica de la mano de desconocidos que no tengan compasión y no me digan “Está bien” solo por pena.

Ya no solo soy un simple novatillo que escribe sin más en esta simple y fácil plataforma, ahora soy un novatillo al que el periodo de prueba se le ha agotado y busca hacerlo mejor. Echo un vistazo en otros blogs profesionales, de esos con decenas o cientos de visitas en un solo día y veo como lo tienen organizado para que sea más fácil obtener ese feedback del que os estoy hablando.

Para empezar, mi problema con las faltas de ortografía sigue siendo serio (aunque no tan serio como cuando suspendía los exámenes de castellano en la ESO por culpa de las faltas de ortografía). Ay señorita Lobato, que zorra era usted pero cuanto bien me hizo. Ocho años después, he logrado corregir (literalmente) ese aspecto. Aún así, cuando estos textos pasan el escáner made in Basque Country de Sara, se me pone la cara como un pimiento.

Si hay un blog que me ha ayudado a escribir mejor ha sido el de Marina. Tengo la teoría que Sara comienza a tener envidia de ella porque hablo muy bien de su blog. Yo le he dicho a Sara, que haga como todas esas youtubers británicas a las que sigue y que abra un canal para hablar de libros, pero nada, no me hace caso. ¡Maldita timidez! ¡Acabará con ella! En fin, si algo me enseño ese post de Marina, fue a escribir mejor y con ese estilo natural y personal que tanto busco.

Desafortunadamente, desde que empecé a trabajar, noto una falta de ideas e inspiración y mis días están pasando a ser demasiado normales como para atraer nuevas historias. Tengo la esperanza o la creencia, que esto cambiará una vez haya empezado mi cuarto y último curso.


Como escribió Salinger en uno de sus libros, me despido con amor y sordidez. 


domingo, 13 de julio de 2014

Más trágico que el 1-7 de Brasil contra Alemania

Hacía semanas que no conseguía levantarme por la mañana y sentir tantas ganas de escribir. Aquí estamos, mi desordenada habitación la cual mi madre califica de “vergüenza” y yo con mi cara de sueño después de haber dormido solo 7 horas. Por alguna extraña razón, no quiero dormir demasiado. Siempre estoy pensando en lo corto que es el día, lo valioso que es mí tiempo y cuanto he de aprovecharlo. Cuando trabajas, ese sentimiento se intensifica.

Hoy la habitación me apesta a leña. Es el último día de las fiestas del barrio y lo celebran haciendo alguna comida popular en la que por supuesto, el lameculos del alcalde participa. Último día de música flamenca de fondo. Gracias Señor.

Sin duda, no está siendo un verano digno de alguien que ha vuelto de Erasmus. La depresión crece en mi interior y cada día me dan más ganas de tirarme a la bebida. Para empezar, no veo a Sara, lo cual también tiene su lado positivo porque no me da la tabarra con lo despacio que leo o ver alguna serie/vlogger que a mí no me apetece. Ni yo le doy la tabarra con mi obsesión por la salud y que pronto contaré. Pero por otro lado, echo de menos esas noches post-resaca en la que subía a su céntrico apartamento con vistas al despacho de abogados y abríamos la primera sidra. Después la cosa se desmadraba y lo que había empezado como un sábado de recuperación, acababa con enviarme a por más sidra a la off licence de Washington Street (qué vida aquella…y qué lejos queda ya, 2 meses casi). Cuando digo se desmadraba, lo digo en todos los aspectos.

Llegados a este punto tan nostálgico de recordarme aquellos buenos tiempos en los que el régimen totalitario de mí madre estaba lejos de casa y en la cocina, reinaba un nuevo rey (yo) dejando entrar nuevos sabores, me pregunto si estoy siendo demasiado masoca o gilipollas de recordar estas cosas.

La mayoría de proyectos que tenía para hacer tan estupendo el verano como había planeado, no los he cumplido. El proyecto de girasol que planté a principios de junio, ha muerto. Lamentablemente, mi madre no consiguió otorgarme la habilidad de la botánica cuando me engendró. Sin embargo, he hecho un nuevo intento. Esta vez en una maceta mejor y más grande. Por otro lado, todas las fotos que hice Bolson Cerrado (Bilbo o en la lengua común, Bilbao) con mí Minolta X-700, se fueron al traste por culpa de mí padre que no enganchó correctamente la película del carrete cuando lo puso. Alex de la Iglesia debería haber grabado mi cara de terror cuando comencé a asumir que todas mis fotos estaban perdidas. Eso fue una tragedia y no la derrota de Brasil contra Alemania. Por no hablar del bonsái que ni siquiera germinó.

Por otro lado, como ya dije, este año casi todos mis amigos también trabajan (para que luego digan que no hay trabajo). Nos vemos un poco más que el cometa Halley: una vez a la semana. Ahora comenzamos a ir a chiringuitos de playa y a veces hablamos de trabajo. Qué adulto suena todo por Dios. Veo el público de 30-45 años y me asusto.

Así pues me queda un mes y medio por delante en un trabajo en el que su ambiente, no ayuda a trabajar más a gusto; una novia que va más de fiesta que yo; una madre a la que tengo como jefa; un viaje a Barcelona que planificar para Sara, aunque de eso ya hablaré.

¿Cosas buenas que han pasado estos días? Con esto ya acabo, lo prometo. Recibí una carta de UCC con mis super notazas de las que he de estar, enormemente agradecido al sistema de conversión europeo. Gracias EU.

Iba con el objetivo de escribir sobre mi futuro pero he acabado contándoos como se plantea este verano.


Me despido con Ana Belén sonando de fondo desde la plaza enviando muchos besos y ternura.

lunes, 7 de julio de 2014

El verano es "maravilloso"

Hace nada, leía en el blog de una chica, lo maravilloso que es el verano. Una mierda. El verano solo es maravilloso para aquellos que pueden disfrutar de él. Con este verano, es el quinto año que trabajo en verano. Los trabajos de verano son agotadores, estresantes y calurosos. Si a este año le añades que he estado de Erasmus, mi depresión se agrava. La fortuna y mi incompatibilidad de agenda, hizo no poder cambiar mi cochambroso (a la par de privilegio) puesto de trabajo con turistas, por uno dedicado a lo que estudio. Añadámosle y este es un factor decisorio, el trabajar con tu madre.

Cuando empecé con 16 años, era el único pringado (o afortunado) de mis amigos, que trabajaba en verano; mis amigos se iban a la playa, yo veía a la gente pasar por delante con la sombrilla y las toallas y yo estaba allí, atendiendo a un maldito ruso que me hablaba en jodido ruso como si yo hablara puto ruski. Esto parece un post de desahogo y consolación, puede que lo sea. Sin embargo, con los años, mis amigos han ido entrando al mercado laboral, de forma más o menos dura que yo. Ahora me ha tocado a mí consolar o dar fuerzas a aquellos que afrontan su primer empleo de verano. Esos compañeros de trabajo; esos clientes que se creen que no les llegas, ni a la suela de la chancla o incluso esas horas de reloj que no pasan y tan eternas se hacen.

¿Cómo me motivo frente a eso? Mi único foco de motivación en este caso, es el salario a fin de mes. Puedo decir desde hace años y con la cabeza alta, que alcancé la independencia económica de mis padres (a excepción de mis estudios). Me motivo pensando en los viajes que haré a final de verano; ese portátil nuevo que me compré con mi primer sueldo; el dinero extra que ahorré para irme de Erasmus y me permitió hacer todas esas cosas que no podría haber hecho si no hubiera trabajado.

Y cuando ese ruso me explica su vida y analiza con su escáner una toalla de playa en busca de defectos, yo pienso en septiembre cuando por fin podré ver a Sara en Barcelona. También tengo ganas de volver a pasarme por el norte para ganar alguno de los kilos que perdí en Irlanda y aún no he recuperado. Vuelvo en sí y el ruso me da el certificado de aprobación.

Qué diferencia entre mis días pre-trabajo y los de ahora. Antes despilfarraba mi tiempo libre. Si un día no veía una serie, la veía al día siguiente; si no estudiaba francés ese día, lo hacía dos días después; si no iba a correr, lo hacía por la noche. Ahora, mi tiempo es oro y gestionarlo es un trabajo más complicado que extraer gas con el método fracking. Hago malabarismos para poder escribir, ver Black Sails, West Wind, Friends o Leftovers o hacer ejercicio y mi día de fiesta se ha convertido en un día en el que algo grande ha de ocurrir.

No dejo de pensar en lo afortunado que soy de tener un trabajo pero también miro con rabia a otros que consiguen lo mismo con menos esfuerzo. El año que viene, si el universo/Dios/Buda/ o yo hago bien las cosas, entraré en ese mar de agonía juvenil post-universitario llamado mercado  laboral.

¡Ánimos a todos! ¡Disfrutad del verano como podáis! ¡Yo lo hago!

jueves, 3 de julio de 2014

El sexo es como una pizza, aunque sea malo siempre es bueno.

Ayer, después de un año sin leer el periódico El País, volví a visitarlo y explorarlo. Para mi sorpresa, di con uno de estos artículos de contraportada que por regla general, están muy bien. Es uno de estos artículos, que yo me solía reservar para leer en el tren de vuelta a casa o matar el tiempo en aquellas aburridas clases de derecho mercantil. No quiero engañarme a mí mismo, pero el hecho que su título incluyera la palabra sexo, fue detonante de mi atracción por este artículo de Rita Abundancia. Tener sexo diario con tu pareja durante un año para saber si aún siente atracción por ti. Esa es la idea.

Me encanta la idea que proponen y dejar de ser una sexless marriage (pareja sin sexo) (al menos) durante un año. Pienso en la probabilidad de acabar como muchos de nuestros padres y me aterra. Me aterra por la probabilidad que tiene. Veo el nivel tecnológico de mi padre y al ritmo al que avanza la tecnología, me veo convertido en él y pronunciando nombres de apps erróneamente (porque ya no se pronunciarán en inglés, se pronunciarán en chino) y preguntando cómo puedo enviar una foto por “Washap”. Seguramente si muchos de nuestros padres siguieran esta propuesta, tu madre o tu padre, no estaría todo el día encima diciendo qué o cómo has de hacer y supervisando personalmente que no te desvíes ni un centímetro de su modus operandi de hacer las cosas. Ha de haber algo para solucionar o mejorar esto. A mí me encanta hacerlo por la mañana antes de ir a clase. Cuando vivía en Irlanda y tenía la posibilidad de hacerlo, iba rebosante de felicidad. Eso y mis desayunos eran las dos cosas que me producían un orgasmo por la mañana. Los días lluviosos y nublosos que tanto predominan en Irlanda, se volvían menos nublados o incluso soleados (esto último me quedó muy poético ¿No?). Cruzarme en el campus por las mañanas con Sara me subía la autoestima a 110.

Sin embargo, opino qué tal y como dice alguna de las máquinas de hacer el amor que cuentan su testimonio, algunas veces puede ser muy mecánico. Aun así, y cito textualmente, el sexo es como una pizza, aunque sea malo siempre es bueno. En mi opinión, es uno de los mejores remedios contra el estrés. Como experiencia personal, desahogarme de tal forma, antes de un examen de econometría de 3 horas, fue mano de santo para obtener el resultado que obtuve. Una de las máquinas del amor, perdió más de 9 kilos en solo un mes. Le pueden dar bien por culo al spinning.


Ya lo decía David Guapo en uno de sus mejores monólogos “Hay que frungir, por delante y por detrás”.


martes, 1 de julio de 2014

Llámame hipster

Últimamente me noto como sin inspiración para escribir. Sara me diría que si quiere me da temas  pero ella es que es muy esplendida. Como le gusta chulear. La verdad, es que los últimos días antes de que empezar  trabajar no han sido de gran novedad. Inauguré la temporada de baño 2014 con varios amigos y después por la noche, tuve que escuchar la incultura de algunos con la mente muy parecida a la de mi padre.

Ayer descubrí que los humanos no somos los únicos que creamos modas estúpidas, los chimpancés también. Teniendo en cuenta que somos nosotros los que descendemos de ellos  ¿Quién es más estúpido? Se cuelgan briznas de hierba porque uno empezó a hacerlo. Genial. Esto es como lo del SWAG que tan de moda está ahora entre los jóvenes adolescentes o las barbas. El otro día leí que la barba ya veía el final del túnel dentro de la moda hipster. Es una pena, a mí me gustan las barbas, quizás porque nunca conseguí tener una barba decente. Aunque una vez estuve sin afeitarme para ver la “fertilidad” de mi barba, descubrí que esta salía a trozos. Horrible. Al final opté por algo sencillo, 3 días. A Sara le encanta (y a mí también).

No sé porque la gente le tiene esa manía a los hipsters. Hoy en día ya casi todo es hipster. Un día me compré un jersey molón así con unos motivos bastante guays, un rollo muy escandinavo y al día siguiente, cuando fui a clase un chico me tachó de hipster. Al parecer mi ropa es bastante hipster pero oye, me encanta. Al final creo que todo es hipster. Utilizas la cámara analógica de tu padre, es hipster; llevas botas en vez de zapatillas, es hipster; lees clásicos literarios, es hipster; me limpio el culo con hojas de árbol en vez de papel higiénico, ¿Es hipster? Nooo, eso es ser natural y ecológico. Al final he decidido hacer lo que me da la gana y si me tachan de hipster pues será verdad quien sabe.


El otro día, estaba viendo Lost donde salía la Iniciativa Darma. Me encantaba el bunker en el que vivía Desmond, con todas esas comodidades setenteras con ese aire a lo Guerra Fria y american way of life y la canción de Make your own music de Mama Cass de fondo. Lo dicho, llamarme hipster si queréis. 


domingo, 22 de junio de 2014

Yo nunca he bebido cerveza sin alcohol

Esta noche tengo plan (ni yo mismo me lo creo). Desde que volví de Bilbo no he visto a nadie. Ya sea por motivos de estudios o trabajo. Jamás pensé que podía decirlo, pero dios !Creo que necesito un poco de contacto humano cara a cara! Necesito discutir con mis amigos sobre nuestros problemas e intereses; escuchar a Mireia contarme sus ideas súper optimistas y por que no, también seguirle la corriente a Jim con sus bromas “Yao, random, troll face, mam”. Todo es tan “pueblo”, es incluso (quizás) normal.

Mis ganas por ver a gente, hablar e interactuar con ellos son tales que incluso, en un alarde de mis ganas por ver a alguien, esta tarde he acompañado a Alba a fotocopiar a un Carrefour en el pueblo de al lado. Alba tiene muchas virtudes, es guapa, lista, responsable y misteriosamente atrevida. Sin embargo cuando se trata de escuchar, es terrible, acciona el botón de piloto automático y su cara parece la de Belén Esteban, no se mueve. En la chirriante furgoneta Citroen de sus padres, que ya va por la segunda generación, ella me hablaba sobre sus problemas erasmusiles. Yo le he dado unos cuantos consejos como veterano que soy (el título me lo otorgo yo mismo) y a juzgar por su cara, por una oreja le ha entrado y por otra le ha salido. Ha sido fascinante. Se le ve una chica con mucho estrés pero a la vez le doy uno, dos y incluso tres aplausos por la vida que lleva. Me cuenta deprisa el resto de sus problemas (que se resumen a la universidad) mientras me utiliza para hacerle agujeros a las hojas y prepararlas para encuadernar. Teamwork yes. Después de bloquear la impresora, enviar tres mil ordenes de impresión, ha pagado y yo he aprovechado para comprar el pack de amigo enrrollado: 4 cervezas y dos pizzas. Lo parto, lo sé.

Esta noche vamos a cenar a casa del gigante Jim (un chico muy alto como bien indica la palabra su adjetivo) y después iremos a aquella zona de fiesta que tanto criticaba ayer. Sí, también lo sé, es un poco hipócrita pero no está tan mal cuando vas con gente así de maja a la que le importa una porquería el futuro. A veces admiro lo relajados que viven.

Al llegar a casa de Jim, mi pack de fiesta triunfa, pero solo yo he traído algo decente. Comenzamos a picar cerezas de la cocina hasta que las pizzas están listas. Jim opina que estas pizzas no se pueden hacer mucho porque son así (crudas). Para mi gusto, eso está crudo, crudo. Me las como igualmente. También hay más comida, así que no paso hambre.

Las cerveza ya corre libre de boca en boca y el asunto ha desvariado hasta el punto de bajarme la aplicación de Yo nunca (muy típico sí). Las preguntas son de lo más variopintas e impactantes en plan: Yo nunca he recibido un pollazo en el ojo o Yo nunca he cogido una mierda pensando que era una piedra (alguien bebió en esta última, so sad..). Al llegar las 12, las provisiones de alcohol se han agotado y algunos estaban jugando con cerezas (fruta, no licor). En pleno éxtasis del juego, decidimos ir al paki (como bien deduces, paki de pakistaní, enhorabuena) de la estación de tren y comprarle unas litronas. El plan marcha bien.

Hemos vuelto y estamos en la terraza de Jim con Pink Floyd de fondo. Me encanta, no hay nada más veraniego que su terraza. Sus padres son hiper hippies de primera generación. Son independentistas guays y lo tienen todo muy así naturista molón. Hablamos de lo privilegiados que somos, de la pobreza y de lo contentos que estamos (qué seriedad). Yo coincido. Podría haber añadido que eramos una panda de hipócritas pero no estoy en el momento ni la condición para defender mis argumentos (gracias sentido común por frenarme). Somo seres humanos y queremos más. Bebemos más, aprendo más cosas de esos mosquitos muertos (me incluyo) y acabamos haciendo recital de eructos. Delicioso.

Me canso y a las 2:30 vuelvo a casa. De camino escribo a Sara. Me pasa siempre, me pasaba en Cork y me pasaba aquí; cuando salgo sin ella de farra, tengo unas ganas inmensas de volver a ella y abrazarla en la cama doble de Deanshall, contarle cosas, reírnos un rato y hacer el amor (¿Puedo decir hacer el amor aquí verdad?). La echo de menos. Es sorprendente como esta chica me ha hecho replantearme mucho a mi mismo como persona. Las vascas son brujas y no lo digo yo, lo dice Álex de la Iglesia en Las brujas de Zugarramurdi.


Agur!

sábado, 21 de junio de 2014

Viernes noche con 21 años

Es viernes por la noche y aquí estoy, en mi cama sin hacer desde el miércoles y con mis ganas inmensas por escribir, las cuales están siendo satisfechas en este mismo momento mientras desarrollo este intento de literatura de calidad. Esta tarde me he dormido durante dos horas y media mientras leía a Joyce. No es que Joyce sea aburrido, ha sido ese momento de la tarde, el sol de las siete que entra en mi habitación. Tengo la sensación de que la noche va a ser muy larga para mí. Lo sé, igual debería estar buscando planes nocturnos como joven de 21 años que soy, pero oye, estoy digievolucionando y estoy muy contento con ello.

Hay pueblos y pueblos. El pueblo en el que vivo es un pueblo de segunda clase. De hecho el pueblo en el que vivo no se puede calificar como tal, es más una villa pues tiene 26000 habitantes (según los últimos datos de Wikipedia). Por ser una zona turística, hay bastante fiesta alrededor donde vivo pero es fiesta mala, fiesta que no mola, fiesta para turistas que no saben lo que es el salir de noche. Me es muy difícil encontrar donde vivo a gente que mole y por eso me aburre tanto salir por aquí. Únicamente disfruto cuando hay fiestas en la playa y conciertos. Es genial. Antes de irme de Erasmus, ya me aburría esta zona de fiesta. Disfrutaba mucho (¿puedo decir que gozaba?) cuando salía por Barcelona por las antiestéticas y industriales calles de Marina en Barcelona y esas tajas en la Ovella Negre. Qué recuerdos. Después vi la luz en Cork, encontré mi estilo. Cerveza, buena música con estilo y en vivo, compañía y variedad. Siempre que he salido en Cork, ha sido una noche notable como nota media. Nueve meses más tarde aquí me encuentro, de vuelta en una zona de fiesta a la que le doy un simple aprobado. Música comercial (reggeton) y poca variedad de gustos.

Perdonar este delirio nostálgico, hoy tengo día. Hoy incluso estuve viendo mis videos de Erasmus. Aquel video en el que Sara me grababa dormidito en su cama doble en la que hacíamos cosas para mayores y yo negaba estar durmiendo; mi celebración de cumpleaños (el mejor cumpleaños que tuve jamás; cruzando en coche Connemara.

Hablaba de digievolucionar (o evolucionar si queréis tomarme en serio) y con la edad aumenta mi necesidad de pasar más momentos solos, descubrirme a mí mismo y desarrollar esos aspectos que poco a poco veo que me tiran más. Me he tirado todo el día enviando correos y movilizándome para conseguir las mejores prácticas que este señor pueda conseguir. Si me voy a tirar seis meses trabajando a jornada completa y me dejan elegir donde quiero hacerlo, tendré que asegurarme que es un lugar que se asemeje a mis futuras expectativas laborales. ¿Pero qué futuras expectativas laborales Javier? Si hace meses que te convenciste de lo poco que te identificas con tus compañeros de carrera y de lo aburrida que llega a ser. Sin embargo, al final he encontrado un campo atractivo y un profesor que me motiva. Estoy satisfecho en este último aspecto. No soy el único que se encuentra en esta encrucijada y ve como este muro llamado mundo laboral se acerca a velocidades alarmantes y muchos tenemos miedo de estamparnos contra él.

La sociedad va demasiado rápido y apenas te permite equivocarte en tus elecciones. Tenemos una presión impresionante por hacer la correcta elección sobre nuestros estudios y por acabar cuanto antes. Sigo aprendiendo francés por mi cuenta; aumento mi ritmo de lectura por culpa de la vasca con cara de inocente y cada vez más escribo como si esto se estuviera convirtiendo en un hobby. Mientras mi madre, se duerme en frente de la pantalla del ordenador en la que ve Comando actualidad dedicado a la cocina y me recuerda a mi segundo (¿o primer?) hobby favorito. Hablan de la semana del pintxo de Navarra y de nuevo me vuelve esa nostalgia de la que hablaba. Oigo pintxo y pienso en Bilbao, en País Vasco y pienso en Sara. Soy un gordo.

Como decía, me veo en pleno proceso de cambio, aprendiendo cosas por mi cuenta como mi próximo proyecto, el revelado en casa. Escribir cosas nuevas, cosas de verdad, relatos como los que a mí me gustan. Pienso en relatos y pienso en Salinger, Salinger es lo más, mola. Por otro lado, se me amontonan las series. A Vikings se me añade ahora Black Sails, una serie sobre piratas. Me gustan los piratas.

Quizás me he hecho la picha un lio.

Actualizo: Dándole al coco ahora mismo y leyendo a mi amiga Mireia me ha hecho pensar sobre el lugar en el que vivo. Mi pueblo (o villa) es bonito, tiene playa y tiene montaña, es tranquilo y siempre tiene la misma gente. La única pega a que le doy es estar lejos de Barcelona y ese odio que disparo a todo aquel que se sube al tren que muere en Calella y me deja a una parada de casa. Esa gente da asco. Como ya dije, la fiesta de aquí, también da asco. 

lunes, 9 de junio de 2014

Club Socios del Tren

Aquí estoy, con la bolsa de viaje a medio acabar con el drama de decidir que llevar y que no llevar. Me voy para solo una semana y entre mis cosas y las de Sara, que se dejó en Irlanda para no tener que pagar por el exceso de peso, parece que me vaya para dos semanas. Seis libros de Sara, uno mio y mi Minolta X-700 complementan la bolsa. Normalmente cuando viajo no me pongo nervioso pero con gente a mí alrededor como mi madre u otros que piensan que me largo a las antípodas en Nueva Zelanda, uno no puede evitar que le invada cierta tensión pre-viajera. Estaba viendo que a este paso no iba a escribir nada nuevo antes de irme así que aquí estoy escribiendo mi post.

Mí viaje en tren a Barcelona fue una mina de inspiración. Me encanta viajar en tren porque ves a la gente, ves a la gente de la calle quienes con poca probabilidad te verán a ti y si tienes suerte como yo, puedes gozar de un paisaje magnífico. Al final no asistí al evento de couchsurfing entre otros motivos porque confundí la hora y lo hacían a la noche. Llamarme antiguo o raro pero jamás he hecho un picnic por la noche y creo que lo gracioso del picnic es disfrutar de la luz del día y ese ambiente que se respira.

El viaje no comenzó bien, perdí dos trenes, uno por culpa de un amigo que también iba a Barcelona de ligoteo y salió tarde de casa; otro por culpa de unos turistas rusos que no se aclaraban a donde iban. Tuve que esperar media hora en el andén, tiempo que dediqué a seleccionar qué gente no quería tener ni de lejos cerca mio en el vagón (como por ejemplo, la niña pequeña que no paraba de gritar). Sin mi amigo, sin auriculares y sin libro, mi aburrimiento hizo que me fijara en la gente del vagón, en el mar que pasaba rápido junto al paseo de Calella por el que normalmente paso veloz en bicicleta.

Es muy diferente el tipo de gente que frecuenta el tren durante los días laborales y durante el fin de semana. La principal diferencia, es que unos son como socios permanentes, nos vemos las caras cada mañana al ir en tren a Barcelona, algunos te miran, ya saben quien se duerme, quien no, quien abre la boca al dormir y quien lee o qué lee, amiguitas y amigotes etc. En fin de semana hay pasajeros ocasionales que van por alguna razón concreta: unos van de compras, a un concierto, han quedado con alguien y algunos otros que sí que van a trabajar. Después de pararnos en Calella, el vagón ya lleva unos cuantos jóvenes súper preparados para el futuro y con mucho SWAG. Me senté en una ventana junto al mar porque en un día tan soleado como el que hizo ayer tenía que volver a ver el mar como no lo veía en Irlanda desde hacía meses. Pasamos por San Pol, pueblo en el que si me tuviera que quedar a vivir cerca de mis padres viviría. Junto a Banys Lluis, un chiringuito al que fui una o dos veces el verano pasado a tomar algunas cervezas junto al mar, unos niños saludan al tren desde unas canoas en la arena sin que ellos puedan ver a la gente del interior y pienso en lo desconectado que he estado de mi circulo rutinario en casa durante estos meses en el extranjero y la de cosas que me he perdido. Me he perdido fracasos amorosos, malos rollos, me perdí Sant Jordi (el día más bonito para visitar la capital catalana) y he perdido el contacto con algunas personas de la universidad (creo que la culpa está repartida al 50%).

Siempre que el tren pasa por Canet de Mar, miro la playa nudista, culos, tetas y todo lo que alcanza la vista desde la ventana, cada año hay más gente, eso es bueno. Ya no estoy solo y una chica sonríe con el móvil por algún contenido gracioso, seguro. Después se nos une otra mujer, esta parece que viaja frecuentemente los sábados, lleva una sopa de letras y mira el reloj como preocupada por el horario del tren. Ya tiene la palabra RECORD. Recibo whatsapps de una amiga con la que había quedado y la cual estaba empinando el codo a las 2 de la tarde, le mentí unas cuantas veces para excusar mi retraso.

El set de cuatro asientos se completó con una mujer que como yo miraba al mar y un chico que venía de la playa y leía El médico de Noah Gordon. Veía Barcelona a lo lejos envuelta en una nube de polvo en suspensión que anunció el hombre del tiempo el viernes pasado. Eso me hizo arrepentirme de llevar pantalón largo. Llegamos a Barcelona después de que un dúo de jóvenes argentinos (al menos parecían argentinos) cantara unas canciones (con un buen acento inglés) de los Beatles. La mujer de la sopa de letras acabó con la palabra BIENESTAR.


Qué calor en Barcelona, recordé porque voy tan poco en verano a la ciudad, miles de turistas, calor y agobio pero mi visita a la librería La Central valió la pena y ya os contaré otro día.