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lunes, 20 de octubre de 2014

Sobre como me volví selecto y no viejo



Me he vuelto más selectivo. Eso es lo que dice un amigo mío sobre nuestro poco amor por locales nocturnos donde principalmente predominan canciones con alto contenido en sabrosura, caliéntame y nadie te ha dado tanto como yo. Puede que no me haya vuelto más selectivo sino que directamente haya envejecido. Puede que desde que he empezado a salir con la princesa vasca me haya convertido en un viejo aburrido que prefiere quedarse en casa un sábado por la noche mientras el resto de amigos míos pisotea la pista de baile, mancha sus zapatillas de salpicaduras de cubata y clava pequeños fragmentos de vaso roto en la suela de sus New Balance. 

lunes, 4 de agosto de 2014

Rodar de gordo hasta el lejano Oriente

La última vez que actualicé fue el pasado viernes. Lo sé, con esta seriedad no voy a llegar muy lejos pero queridos y queridas, en tu día de fiesta, la llamada de la sirena playera no puede ser ignorada. Me sentí culpable el domingo que tampoco lo hice por el sueño y mis ganas por leer a Franzen acabaron con cualquier flow que pudiera tener en ese momento.

Ha sido un fin de semana normal, lo más atípico que he hice, fue irme de montaditos a las once de la noche y conseguir una mesa delante de veinte personas a la cola. No hay nada como tener contactos decía un padre a sus hijos. Me comí diez montaditos y después de eso, al que tenían que montar para llevar al siguiente lugar, era a mí, quien se arrepintió de no dejar espacio para alguno de los postres que había.
Por la noche acabé recordando mi adolescencia de desfases alcohólicos en una antigua discoteca que ha cogido otro dueño, se han gastado mucho dinero en pintura, le ha cambiado el nombre y sigue siendo la misma mierda pinchada en un palo con una sola diferencia respecto al otro: ahora es para mayores de dieciocho. Suerte que era gratis, porque si tenía que pagar por esa porquería me hago el harakiri con una botella de Cacaolat delante de la chica con tetas postizas. En la discoteca, por no haber no había ni guiris. Menos mal que antes de entrar me trinqué una Voll Damm y un tequila porque para aguantar eso hacía falta valor.

Volví a la cinco de la mañana y después de todo el proceso pre-cama que incluye entre varías cosas, lavarse los dientes, me encontré a mi madre en el pasillo quién tuvo la valentía de preguntarme si venía ebrio. Pues no, no venía, pero si lo fuera, qué más le da, se cree que ella a mi edad era una santa.

Por otro lado, aprovecho para darle el tono serio que la falta a este post, para hablar un poco de mis problemas diarios. Hace ya días que ando tras la decisión de embarcarme en un nuevo idioma y de hecho aún no lo tengo del todo decidido. Me he dado cuenta que en muchas de las ocasiones pasadas, cuando se me han presentado dos alternativas, he escogido la más “conveniente” frente a la que más me “apetece”. La lógica me diría que este año me apuntara a francés para perfeccionarlo pero por alguna razón que desconozco, a mí me apetece comenzar con el chino. Sí, el chino. Ya he oído varios comentarios de su dificultad. Este fin de semana he estado documentándome y creo que al punto al que estamos, en todo el pueblo (a parte de los tres chinos que regentan un bar) no hay nadie que sepa más que yo sobre el sistema pinyin y sus ventajas y desventajas. Tengo un mes para decidirlo pero es una cosa que he de decidir yo y cuando pienso “lo más lógico sería haces francés”, me siento como si estuviera arrojando la toalla. Hay que dejar de convencerse a uno mismo de las cosas y simplemente, querer hacerlas. Sara que me entiende, aguantó mi charla. Que buena es.

Hoy mientras escribo esto, me he levantado con el objetivo de coordinarme perfectamente la mañana y hacer todo lo que quiero hacer hoy. Anoche antes de acostarme, diseñé la agenda para esta mañana. He dejado el blog en último lugar, porque no puedo marcarle una franja de tiempo exacta para acabar un post; sería como sacar un bizcocho del horno antes de tiempo porque has de llegar al fiesta de cumpleaños antes de que llegue la persona que cumple años.


Os dejo porque la excavadora que derribó una antigua casa junto a la mía, me está poniendo la cabeza como Manolo el del bombo.  

domingo, 27 de julio de 2014

Superman y bola plus

El sabado por la noche, después de una celebración de cumpleaños fallida, me fui a jugar al bingo en una sala de juego a las afueras de Pineda de Mar. Hacía ya varios meses que algunos amigos me habían dicho que iban a jugar al bingo muy de vez en cuando durante una hora o dos. El tópicazo de ser un juego para la tercera edad se hizo real cuando llegué. Aquello era como un club, un GRAN CLUB de la tercera edad en el que aparte había excepciones como nosotros que iban a probar suerte y a matar el aburrimiento de un sábado normal de verano. El ambiente que tenía aquel lugar era tan +cincuentón que incluso las camareras tenían esa voz fumadora y ese lenguaje tan “de quinta” (“Nenes ¿Pasáis?” nos decía la camarera con voz de fumadora y los cartones en la mano) que utilizan ellos para que te sientas como en casa. Incluso el que parecía el jefe de sala, combinaba perfectamente con el público: barriga, pelo corto con canas, gafas y apariencia seria, un hombre con cara de llamarse entre los amigos Pepe, Andrés o Manolo, algo típico de esa quinta.

El ambiente en si era bastante serio, quizás de juego, todo el mundo estaba por sus cartones y las yayas estaban muy pendientes de todo, como si llevaran años allí y fueran las reguladoras del juego. Definitivamente se respiraba cierto ludopadismo en la sala. Todo parecía estar diseñado para que consumieras. El simple hecho de comprar un cartón (por solo dos euros), te permitía iniciarte en el consumo de cualquier bebida, plato, helado que se te antojara. Así como podías meterte una copa de cava  por 1,50 euros o un helado de tres sabores por 2 euros, podías cenar por cinco.

De hecho, la razón por la que decidimos ir aquella noche al bingo, fue porque se repartían primas Superman (como anunciaban en la entrada) de 1500 euros cada media hora. El efecto Superman se había notado en la sala, pues mis compañeros me habían dicho que normalmente la sala no estaba ni la mitad de llena, aquella noche sin embargo, prácticamente lo estaba.

En mi primera partida, noté un subidón de adrenalina muy tonto. El precio del cartón te invitaba a comprar más y más y decidí muy pronto ponerme un tope. Aquellos ancianos tienen una velocidad mental alucinante, ven los números más rápido que un joven. Yo solo podía manejarme con un cartón por partida, pero aquellos ancianos bien entrenados, podían jugar con más de ocho cartones a la vez.

Al iniciarse la partida, se hace el silencio, uno ha de ir muy rápido pues el primero que cante línea, es el que se lleva el extra. Pronto cantan línea y hay gritos de maldición a nuestros alrededores. Las abuelas se enfadaban  cuando alguien se les adelantaba o solo les queda un número. El juego sigue y de repente suena en la sala “Bola plus” un premio extra de 50 euros. La expectación llegó a su punto álgido a una de la mañana con la última prima Superman. Decidimos hacer nuestra última jugada con dos cartones por persona y un total de once euros gastados en bingo aquella noche. Yo pensaba que a alguien le iba a dar un ataque cuando cantara bingo. En aquella ocasión, alguien cantó línea por error y casi lo cuelgan en la sala. La anciana que ganó a Superman, gritó un BINGO de alegría.


Abandonamos el bingo y mientras iba hacia la puerta de la sala, miraba la cantidad de cartones y dinero que tenían esos abuelos. Esos sí que viven bien. Un Mcflurry de vuelta a casa antes de acabar con un sábado suave con estilo binguero. 

domingo, 13 de julio de 2014

Más trágico que el 1-7 de Brasil contra Alemania

Hacía semanas que no conseguía levantarme por la mañana y sentir tantas ganas de escribir. Aquí estamos, mi desordenada habitación la cual mi madre califica de “vergüenza” y yo con mi cara de sueño después de haber dormido solo 7 horas. Por alguna extraña razón, no quiero dormir demasiado. Siempre estoy pensando en lo corto que es el día, lo valioso que es mí tiempo y cuanto he de aprovecharlo. Cuando trabajas, ese sentimiento se intensifica.

Hoy la habitación me apesta a leña. Es el último día de las fiestas del barrio y lo celebran haciendo alguna comida popular en la que por supuesto, el lameculos del alcalde participa. Último día de música flamenca de fondo. Gracias Señor.

Sin duda, no está siendo un verano digno de alguien que ha vuelto de Erasmus. La depresión crece en mi interior y cada día me dan más ganas de tirarme a la bebida. Para empezar, no veo a Sara, lo cual también tiene su lado positivo porque no me da la tabarra con lo despacio que leo o ver alguna serie/vlogger que a mí no me apetece. Ni yo le doy la tabarra con mi obsesión por la salud y que pronto contaré. Pero por otro lado, echo de menos esas noches post-resaca en la que subía a su céntrico apartamento con vistas al despacho de abogados y abríamos la primera sidra. Después la cosa se desmadraba y lo que había empezado como un sábado de recuperación, acababa con enviarme a por más sidra a la off licence de Washington Street (qué vida aquella…y qué lejos queda ya, 2 meses casi). Cuando digo se desmadraba, lo digo en todos los aspectos.

Llegados a este punto tan nostálgico de recordarme aquellos buenos tiempos en los que el régimen totalitario de mí madre estaba lejos de casa y en la cocina, reinaba un nuevo rey (yo) dejando entrar nuevos sabores, me pregunto si estoy siendo demasiado masoca o gilipollas de recordar estas cosas.

La mayoría de proyectos que tenía para hacer tan estupendo el verano como había planeado, no los he cumplido. El proyecto de girasol que planté a principios de junio, ha muerto. Lamentablemente, mi madre no consiguió otorgarme la habilidad de la botánica cuando me engendró. Sin embargo, he hecho un nuevo intento. Esta vez en una maceta mejor y más grande. Por otro lado, todas las fotos que hice Bolson Cerrado (Bilbo o en la lengua común, Bilbao) con mí Minolta X-700, se fueron al traste por culpa de mí padre que no enganchó correctamente la película del carrete cuando lo puso. Alex de la Iglesia debería haber grabado mi cara de terror cuando comencé a asumir que todas mis fotos estaban perdidas. Eso fue una tragedia y no la derrota de Brasil contra Alemania. Por no hablar del bonsái que ni siquiera germinó.

Por otro lado, como ya dije, este año casi todos mis amigos también trabajan (para que luego digan que no hay trabajo). Nos vemos un poco más que el cometa Halley: una vez a la semana. Ahora comenzamos a ir a chiringuitos de playa y a veces hablamos de trabajo. Qué adulto suena todo por Dios. Veo el público de 30-45 años y me asusto.

Así pues me queda un mes y medio por delante en un trabajo en el que su ambiente, no ayuda a trabajar más a gusto; una novia que va más de fiesta que yo; una madre a la que tengo como jefa; un viaje a Barcelona que planificar para Sara, aunque de eso ya hablaré.

¿Cosas buenas que han pasado estos días? Con esto ya acabo, lo prometo. Recibí una carta de UCC con mis super notazas de las que he de estar, enormemente agradecido al sistema de conversión europeo. Gracias EU.

Iba con el objetivo de escribir sobre mi futuro pero he acabado contándoos como se plantea este verano.


Me despido con Ana Belén sonando de fondo desde la plaza enviando muchos besos y ternura.

miércoles, 25 de junio de 2014

Huelo a verano y a flow

Ayer tarde (más bien noche), en un alarde de intentar mantener mi (extraño)  hábito deportivo que llevaba en Irlanda, volví  a ir en bici (o andar en bici como dicen por el norte) por la playa a gran velocidad. Digo extraño porque hasta que llegué a Irlanda, mi hábito deportivo era más bien bajo y bastante sedentario. Un día de running o bici cada semana (o cada dos), combinado con mis ejercicios caseros que poco o mucho me mantenían en una forma aceptable. Sin embargo, en Irlanda se me ofreció la posibilidad de hacer todo tipo de deporte gratuito. Allí sorprendí hasta a mis amigos ¡Hacía deporte cada semana! Me apunté a esgrima, deporte el cual recomiendo a todo el mundo si quieres pasárselo bien, sudar y luchar con la espada al más estilo Dartacan. Me iba a apuntar al club de paracaidismo pero estos irlandeses querían que yo, si ningún tipo de experiencia, me tirara solo desde el avión. Sí, claro.

En fin, no vengo a hablar de cómo han cambiado mis hábitos saludables después de mi año Erasmus. Desde luego han mejorado bastante. El verano ya ha llegado, se huele, se nota y se sufre por el bochorno que pasé todo e ir a las 8 de la tarde (evening si eres alguien normal y no español). La gente va a casa a cenar después de un largo día en la playa con los niños llenos de arena, la sombrilla, la hamaca, la nevera, la colchoneta, las palas y todo lo demás. A mí no me gusta demasiado la playa de mi pueblo porque está muy llena de gente, no es bonita.

Sin embargo, en mi profunda opinión, yo no considero el verano por empezado hasta la verbena de San Juan y en Catalunya, la verbena es de lo más mágica. Me atrevo a decir que esta fue sin duda, la mejor verbena que tuve en muchos años. Como ya dije una vez, me encanta Sant Pol. Yo si pudiera viviría allí, es tranquilo, tiene playa y montaña (como mi pueblo sí) pero tiene se rollito mediterráneo al estilo anuncio de Estrella Damn que tanto me gusta. Las callejuelas y la gente en la calle con la música de fondo y las barrakas al lado del escenario. Veía gente madurita (40-50) años con más flow que Tito MC bailando hip hop. Decía a mis amigos “Yo de mayor quiero estar como ellos”. La cervecita o el agua de valencia son el alma de la fiesta y todo esto mezclado con el olor de la pólvora quemada. Quizás ese es el olor del inicio del verano. Sin embargo por fortuna más que por desgracia, a mí me toca trabajar y más bien yo al veranito lo dejo descansar. El ambiente estaba tan animado que me pusieron incluso una de Fangoria y dices, “¿Y esto?”. Genial. Sin embargo quizás el signo más claro de que el verano ya ha llegado, es la piel que se me está pelando aún dos semanas después de mi día de playa en Donosti.


Hablar con mis amigos sobre lo que el futuro nos depara, ese fue el principal tema de la noche. En el fondo me gustaría poder verme a mí y al resto de mis amigos dentro de 5-7 años. Veo a gente de mi instituto más joven que yo y veo que al final, con los años, gente que parecía totalmente perdida en el camino, ha conseguido encontrar indicaciones. 


domingo, 22 de junio de 2014

Yo nunca he bebido cerveza sin alcohol

Esta noche tengo plan (ni yo mismo me lo creo). Desde que volví de Bilbo no he visto a nadie. Ya sea por motivos de estudios o trabajo. Jamás pensé que podía decirlo, pero dios !Creo que necesito un poco de contacto humano cara a cara! Necesito discutir con mis amigos sobre nuestros problemas e intereses; escuchar a Mireia contarme sus ideas súper optimistas y por que no, también seguirle la corriente a Jim con sus bromas “Yao, random, troll face, mam”. Todo es tan “pueblo”, es incluso (quizás) normal.

Mis ganas por ver a gente, hablar e interactuar con ellos son tales que incluso, en un alarde de mis ganas por ver a alguien, esta tarde he acompañado a Alba a fotocopiar a un Carrefour en el pueblo de al lado. Alba tiene muchas virtudes, es guapa, lista, responsable y misteriosamente atrevida. Sin embargo cuando se trata de escuchar, es terrible, acciona el botón de piloto automático y su cara parece la de Belén Esteban, no se mueve. En la chirriante furgoneta Citroen de sus padres, que ya va por la segunda generación, ella me hablaba sobre sus problemas erasmusiles. Yo le he dado unos cuantos consejos como veterano que soy (el título me lo otorgo yo mismo) y a juzgar por su cara, por una oreja le ha entrado y por otra le ha salido. Ha sido fascinante. Se le ve una chica con mucho estrés pero a la vez le doy uno, dos y incluso tres aplausos por la vida que lleva. Me cuenta deprisa el resto de sus problemas (que se resumen a la universidad) mientras me utiliza para hacerle agujeros a las hojas y prepararlas para encuadernar. Teamwork yes. Después de bloquear la impresora, enviar tres mil ordenes de impresión, ha pagado y yo he aprovechado para comprar el pack de amigo enrrollado: 4 cervezas y dos pizzas. Lo parto, lo sé.

Esta noche vamos a cenar a casa del gigante Jim (un chico muy alto como bien indica la palabra su adjetivo) y después iremos a aquella zona de fiesta que tanto criticaba ayer. Sí, también lo sé, es un poco hipócrita pero no está tan mal cuando vas con gente así de maja a la que le importa una porquería el futuro. A veces admiro lo relajados que viven.

Al llegar a casa de Jim, mi pack de fiesta triunfa, pero solo yo he traído algo decente. Comenzamos a picar cerezas de la cocina hasta que las pizzas están listas. Jim opina que estas pizzas no se pueden hacer mucho porque son así (crudas). Para mi gusto, eso está crudo, crudo. Me las como igualmente. También hay más comida, así que no paso hambre.

Las cerveza ya corre libre de boca en boca y el asunto ha desvariado hasta el punto de bajarme la aplicación de Yo nunca (muy típico sí). Las preguntas son de lo más variopintas e impactantes en plan: Yo nunca he recibido un pollazo en el ojo o Yo nunca he cogido una mierda pensando que era una piedra (alguien bebió en esta última, so sad..). Al llegar las 12, las provisiones de alcohol se han agotado y algunos estaban jugando con cerezas (fruta, no licor). En pleno éxtasis del juego, decidimos ir al paki (como bien deduces, paki de pakistaní, enhorabuena) de la estación de tren y comprarle unas litronas. El plan marcha bien.

Hemos vuelto y estamos en la terraza de Jim con Pink Floyd de fondo. Me encanta, no hay nada más veraniego que su terraza. Sus padres son hiper hippies de primera generación. Son independentistas guays y lo tienen todo muy así naturista molón. Hablamos de lo privilegiados que somos, de la pobreza y de lo contentos que estamos (qué seriedad). Yo coincido. Podría haber añadido que eramos una panda de hipócritas pero no estoy en el momento ni la condición para defender mis argumentos (gracias sentido común por frenarme). Somo seres humanos y queremos más. Bebemos más, aprendo más cosas de esos mosquitos muertos (me incluyo) y acabamos haciendo recital de eructos. Delicioso.

Me canso y a las 2:30 vuelvo a casa. De camino escribo a Sara. Me pasa siempre, me pasaba en Cork y me pasaba aquí; cuando salgo sin ella de farra, tengo unas ganas inmensas de volver a ella y abrazarla en la cama doble de Deanshall, contarle cosas, reírnos un rato y hacer el amor (¿Puedo decir hacer el amor aquí verdad?). La echo de menos. Es sorprendente como esta chica me ha hecho replantearme mucho a mi mismo como persona. Las vascas son brujas y no lo digo yo, lo dice Álex de la Iglesia en Las brujas de Zugarramurdi.


Agur!

sábado, 21 de junio de 2014

Viernes noche con 21 años

Es viernes por la noche y aquí estoy, en mi cama sin hacer desde el miércoles y con mis ganas inmensas por escribir, las cuales están siendo satisfechas en este mismo momento mientras desarrollo este intento de literatura de calidad. Esta tarde me he dormido durante dos horas y media mientras leía a Joyce. No es que Joyce sea aburrido, ha sido ese momento de la tarde, el sol de las siete que entra en mi habitación. Tengo la sensación de que la noche va a ser muy larga para mí. Lo sé, igual debería estar buscando planes nocturnos como joven de 21 años que soy, pero oye, estoy digievolucionando y estoy muy contento con ello.

Hay pueblos y pueblos. El pueblo en el que vivo es un pueblo de segunda clase. De hecho el pueblo en el que vivo no se puede calificar como tal, es más una villa pues tiene 26000 habitantes (según los últimos datos de Wikipedia). Por ser una zona turística, hay bastante fiesta alrededor donde vivo pero es fiesta mala, fiesta que no mola, fiesta para turistas que no saben lo que es el salir de noche. Me es muy difícil encontrar donde vivo a gente que mole y por eso me aburre tanto salir por aquí. Únicamente disfruto cuando hay fiestas en la playa y conciertos. Es genial. Antes de irme de Erasmus, ya me aburría esta zona de fiesta. Disfrutaba mucho (¿puedo decir que gozaba?) cuando salía por Barcelona por las antiestéticas y industriales calles de Marina en Barcelona y esas tajas en la Ovella Negre. Qué recuerdos. Después vi la luz en Cork, encontré mi estilo. Cerveza, buena música con estilo y en vivo, compañía y variedad. Siempre que he salido en Cork, ha sido una noche notable como nota media. Nueve meses más tarde aquí me encuentro, de vuelta en una zona de fiesta a la que le doy un simple aprobado. Música comercial (reggeton) y poca variedad de gustos.

Perdonar este delirio nostálgico, hoy tengo día. Hoy incluso estuve viendo mis videos de Erasmus. Aquel video en el que Sara me grababa dormidito en su cama doble en la que hacíamos cosas para mayores y yo negaba estar durmiendo; mi celebración de cumpleaños (el mejor cumpleaños que tuve jamás; cruzando en coche Connemara.

Hablaba de digievolucionar (o evolucionar si queréis tomarme en serio) y con la edad aumenta mi necesidad de pasar más momentos solos, descubrirme a mí mismo y desarrollar esos aspectos que poco a poco veo que me tiran más. Me he tirado todo el día enviando correos y movilizándome para conseguir las mejores prácticas que este señor pueda conseguir. Si me voy a tirar seis meses trabajando a jornada completa y me dejan elegir donde quiero hacerlo, tendré que asegurarme que es un lugar que se asemeje a mis futuras expectativas laborales. ¿Pero qué futuras expectativas laborales Javier? Si hace meses que te convenciste de lo poco que te identificas con tus compañeros de carrera y de lo aburrida que llega a ser. Sin embargo, al final he encontrado un campo atractivo y un profesor que me motiva. Estoy satisfecho en este último aspecto. No soy el único que se encuentra en esta encrucijada y ve como este muro llamado mundo laboral se acerca a velocidades alarmantes y muchos tenemos miedo de estamparnos contra él.

La sociedad va demasiado rápido y apenas te permite equivocarte en tus elecciones. Tenemos una presión impresionante por hacer la correcta elección sobre nuestros estudios y por acabar cuanto antes. Sigo aprendiendo francés por mi cuenta; aumento mi ritmo de lectura por culpa de la vasca con cara de inocente y cada vez más escribo como si esto se estuviera convirtiendo en un hobby. Mientras mi madre, se duerme en frente de la pantalla del ordenador en la que ve Comando actualidad dedicado a la cocina y me recuerda a mi segundo (¿o primer?) hobby favorito. Hablan de la semana del pintxo de Navarra y de nuevo me vuelve esa nostalgia de la que hablaba. Oigo pintxo y pienso en Bilbao, en País Vasco y pienso en Sara. Soy un gordo.

Como decía, me veo en pleno proceso de cambio, aprendiendo cosas por mi cuenta como mi próximo proyecto, el revelado en casa. Escribir cosas nuevas, cosas de verdad, relatos como los que a mí me gustan. Pienso en relatos y pienso en Salinger, Salinger es lo más, mola. Por otro lado, se me amontonan las series. A Vikings se me añade ahora Black Sails, una serie sobre piratas. Me gustan los piratas.

Quizás me he hecho la picha un lio.

Actualizo: Dándole al coco ahora mismo y leyendo a mi amiga Mireia me ha hecho pensar sobre el lugar en el que vivo. Mi pueblo (o villa) es bonito, tiene playa y tiene montaña, es tranquilo y siempre tiene la misma gente. La única pega a que le doy es estar lejos de Barcelona y ese odio que disparo a todo aquel que se sube al tren que muere en Calella y me deja a una parada de casa. Esa gente da asco. Como ya dije, la fiesta de aquí, también da asco.