Me he vuelto más selectivo. Eso es lo que dice un
amigo mío sobre nuestro poco amor por locales nocturnos donde principalmente
predominan canciones con alto contenido en sabrosura,
caliéntame y nadie te ha dado tanto como yo. Puede que no me haya vuelto más
selectivo sino que directamente haya envejecido. Puede que desde que he empezado a
salir con la princesa vasca me haya convertido en un viejo aburrido que
prefiere quedarse en casa un sábado por la noche mientras el resto de amigos
míos pisotea la pista de baile, mancha sus zapatillas de salpicaduras de cubata
y clava pequeños fragmentos de vaso roto en la suela de sus New Balance.
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lunes, 20 de octubre de 2014
lunes, 4 de agosto de 2014
Rodar de gordo hasta el lejano Oriente
La última vez que actualicé fue el pasado viernes. Lo sé,
con esta seriedad no voy a llegar muy lejos pero queridos y queridas, en tu día
de fiesta, la llamada de la sirena playera no puede ser ignorada. Me sentí
culpable el domingo que tampoco lo hice por el sueño y mis ganas por leer a
Franzen acabaron con cualquier flow que
pudiera tener en ese momento.
Ha sido un fin de semana normal, lo más atípico que he hice,
fue irme de montaditos a las once de la noche y conseguir una mesa delante de
veinte personas a la cola. No hay nada como tener contactos decía un padre a
sus hijos. Me comí diez montaditos y después de eso, al que tenían que montar
para llevar al siguiente lugar, era a mí, quien se arrepintió de no dejar
espacio para alguno de los postres que había.
Por la noche acabé recordando mi adolescencia de desfases
alcohólicos en una antigua discoteca que ha cogido otro dueño, se han gastado
mucho dinero en pintura, le ha cambiado el nombre y sigue siendo la misma
mierda pinchada en un palo con una sola diferencia respecto al otro: ahora es
para mayores de dieciocho. Suerte que era gratis, porque si tenía que pagar por
esa porquería me hago el harakiri con
una botella de Cacaolat delante de la chica con tetas postizas. En la
discoteca, por no haber no había ni guiris.
Menos mal que antes de entrar me trinqué una Voll Damm y un tequila porque para
aguantar eso hacía falta valor.
Volví a la cinco de la mañana y después de todo el proceso
pre-cama que incluye entre varías cosas, lavarse los dientes, me encontré a mi
madre en el pasillo quién tuvo la valentía de preguntarme si venía ebrio. Pues
no, no venía, pero si lo fuera, qué más le da, se cree que ella a mi edad era
una santa.
Por otro lado, aprovecho para darle el tono serio que la
falta a este post, para hablar un poco de mis problemas diarios. Hace ya días
que ando tras la decisión de embarcarme en un nuevo idioma y de hecho aún no lo
tengo del todo decidido. Me he dado cuenta que en muchas de las ocasiones
pasadas, cuando se me han presentado dos alternativas, he escogido la más “conveniente”
frente a la que más me “apetece”. La lógica me diría que este año me apuntara a
francés para perfeccionarlo pero por alguna razón que desconozco, a mí me
apetece comenzar con el chino. Sí, el chino. Ya he oído varios comentarios de
su dificultad. Este fin de semana he estado documentándome y creo que al punto
al que estamos, en todo el pueblo (a parte de los tres chinos que regentan un bar)
no hay nadie que sepa más que yo sobre el sistema pinyin y sus ventajas y desventajas. Tengo un mes para decidirlo pero
es una cosa que he de decidir yo y cuando pienso “lo más lógico sería haces
francés”, me siento como si estuviera arrojando la toalla. Hay que dejar de
convencerse a uno mismo de las cosas y simplemente, querer hacerlas. Sara que
me entiende, aguantó mi charla. Que buena es.
Hoy mientras escribo esto, me he levantado con el objetivo
de coordinarme perfectamente la mañana y hacer todo lo que quiero hacer hoy. Anoche
antes de acostarme, diseñé la agenda para esta mañana. He dejado el blog en
último lugar, porque no puedo marcarle una franja de tiempo exacta para acabar
un post; sería como sacar un bizcocho del horno antes de tiempo porque has de
llegar al fiesta de cumpleaños antes de que llegue la persona que cumple años.
Os dejo porque la excavadora que derribó una antigua casa
junto a la mía, me está poniendo la cabeza como Manolo el del bombo.
domingo, 27 de julio de 2014
Superman y bola plus
El sabado por la noche, después de una celebración de cumpleaños
fallida, me fui a jugar al bingo en una sala de juego a las afueras de Pineda
de Mar. Hacía ya varios meses que algunos amigos me habían dicho que iban a
jugar al bingo muy de vez en cuando durante una hora o dos. El tópicazo de ser un juego para la
tercera edad se hizo real cuando llegué. Aquello era como un club, un GRAN CLUB
de la tercera edad en el que aparte había excepciones como nosotros que iban a
probar suerte y a matar el aburrimiento de un sábado normal de verano. El
ambiente que tenía aquel lugar era tan +cincuentón
que incluso las camareras tenían esa voz fumadora y ese lenguaje tan “de quinta”
(“Nenes ¿Pasáis?” nos decía la
camarera con voz de fumadora y los cartones en la mano) que utilizan ellos para que te sientas como en
casa. Incluso el que parecía el jefe de sala, combinaba perfectamente con el
público: barriga, pelo corto con canas, gafas y apariencia seria, un hombre con
cara de llamarse entre los amigos Pepe, Andrés o Manolo, algo típico de esa
quinta.
El ambiente en si era bastante serio, quizás de juego, todo
el mundo estaba por sus cartones y las yayas estaban muy pendientes de todo,
como si llevaran años allí y fueran las reguladoras del juego. Definitivamente
se respiraba cierto ludopadismo en la sala. Todo parecía estar diseñado para
que consumieras. El simple hecho de comprar un cartón (por solo dos euros), te
permitía iniciarte en el consumo de cualquier bebida, plato, helado que se te
antojara. Así como podías meterte una copa de cava por 1,50 euros o un helado de tres sabores
por 2 euros, podías cenar por cinco.
De hecho, la razón por la que decidimos ir aquella noche al
bingo, fue porque se repartían primas Superman (como anunciaban en la entrada)
de 1500 euros cada media hora. El efecto Superman
se había notado en la sala, pues mis compañeros me habían dicho que normalmente
la sala no estaba ni la mitad de llena, aquella noche sin embargo,
prácticamente lo estaba.
En mi primera partida, noté un subidón de adrenalina muy
tonto. El precio del cartón te invitaba a comprar más y más y decidí muy pronto
ponerme un tope. Aquellos ancianos tienen una velocidad mental alucinante, ven
los números más rápido que un joven. Yo solo podía manejarme con un cartón por
partida, pero aquellos ancianos bien entrenados, podían jugar con más de ocho
cartones a la vez.
Al iniciarse la partida, se hace el silencio, uno ha de ir
muy rápido pues el primero que cante línea, es el que se lleva el extra. Pronto
cantan línea y hay gritos de maldición a nuestros alrededores. Las abuelas se
enfadaban cuando alguien se les
adelantaba o solo les queda un número. El juego sigue y de repente suena en la
sala “Bola plus” un premio extra de 50 euros. La expectación llegó a su punto álgido
a una de la mañana con la última prima Superman. Decidimos hacer nuestra última
jugada con dos cartones por persona y un total de once euros gastados en bingo
aquella noche. Yo pensaba que a alguien le iba a dar un ataque cuando cantara
bingo. En aquella ocasión, alguien cantó línea por error y casi lo cuelgan en
la sala. La anciana que ganó a Superman, gritó un BINGO de alegría.
Abandonamos el bingo y mientras iba hacia la puerta de la
sala, miraba la cantidad de cartones y dinero que tenían esos abuelos. Esos sí
que viven bien. Un Mcflurry de vuelta a casa antes de acabar con un sábado suave
con estilo binguero.
domingo, 13 de julio de 2014
Más trágico que el 1-7 de Brasil contra Alemania
Hacía semanas que no conseguía levantarme por la mañana y
sentir tantas ganas de escribir. Aquí estamos, mi desordenada habitación la
cual mi madre califica de “vergüenza” y yo con mi cara de sueño después de
haber dormido solo 7 horas. Por alguna extraña razón, no quiero dormir
demasiado. Siempre estoy pensando en lo corto que es el día, lo valioso que es
mí tiempo y cuanto he de aprovecharlo. Cuando trabajas, ese sentimiento se
intensifica.
Hoy la habitación me apesta a leña. Es el último día de las
fiestas del barrio y lo celebran haciendo alguna comida popular en la que por
supuesto, el lameculos del alcalde participa. Último día de música flamenca de
fondo. Gracias Señor.
Sin duda, no está siendo un verano digno de alguien que ha
vuelto de Erasmus. La depresión crece en mi interior y cada día me dan más
ganas de tirarme a la bebida. Para empezar, no veo a Sara, lo cual también
tiene su lado positivo porque no me da la tabarra con lo despacio que leo o ver
alguna serie/vlogger que a mí no me
apetece. Ni yo le doy la tabarra con mi obsesión por la salud y que pronto
contaré. Pero por otro lado, echo de menos esas noches post-resaca en la que
subía a su céntrico apartamento con vistas al despacho de abogados y abríamos la
primera sidra. Después la cosa se desmadraba y lo que había empezado como un sábado
de recuperación, acababa con enviarme a por más sidra a la off licence de Washington Street (qué vida aquella…y qué lejos
queda ya, 2 meses casi). Cuando digo se desmadraba, lo digo en todos los
aspectos.
Llegados a este punto tan nostálgico de recordarme aquellos
buenos tiempos en los que el régimen totalitario de mí madre estaba lejos de
casa y en la cocina, reinaba un nuevo rey (yo) dejando entrar nuevos sabores,
me pregunto si estoy siendo demasiado masoca o gilipollas de recordar estas
cosas.
La mayoría de proyectos que tenía para hacer tan estupendo
el verano como había planeado, no los he cumplido. El proyecto de girasol que
planté a principios de junio, ha muerto. Lamentablemente, mi madre no consiguió
otorgarme la habilidad de la botánica cuando me engendró. Sin embargo, he hecho
un nuevo intento. Esta vez en una maceta mejor y más grande. Por otro lado,
todas las fotos que hice Bolson Cerrado (Bilbo o en la lengua común, Bilbao) con
mí Minolta X-700, se fueron al traste por culpa de mí padre que no enganchó
correctamente la película del carrete cuando lo puso. Alex de la Iglesia
debería haber grabado mi cara de terror cuando comencé a asumir que todas mis
fotos estaban perdidas. Eso fue una tragedia y no la derrota de Brasil contra
Alemania. Por no hablar del bonsái que ni siquiera germinó.
Por otro lado, como ya dije, este año casi todos mis amigos también
trabajan (para que luego digan que no hay trabajo). Nos vemos un poco más que
el cometa Halley: una vez a la semana. Ahora comenzamos a ir a chiringuitos de
playa y a veces hablamos de trabajo. Qué adulto suena todo por Dios. Veo el
público de 30-45 años y me asusto.
Así pues me queda un mes y medio por delante en un trabajo
en el que su ambiente, no ayuda a trabajar más a gusto; una novia que va más de
fiesta que yo; una madre a la que tengo como jefa; un viaje a Barcelona que planificar
para Sara, aunque de eso ya hablaré.
¿Cosas buenas que han pasado estos días? Con esto ya acabo,
lo prometo. Recibí una carta de UCC con mis super notazas de las que he de
estar, enormemente agradecido al sistema de conversión europeo. Gracias EU.
Iba con el objetivo de escribir sobre mi futuro pero he
acabado contándoos como se plantea este verano.
Me despido con Ana Belén sonando de fondo desde la plaza enviando
muchos besos y ternura.
miércoles, 25 de junio de 2014
Huelo a verano y a flow
Ayer tarde (más bien noche), en un alarde de intentar mantener
mi (extraño) hábito deportivo que
llevaba en Irlanda, volví a ir en bici
(o andar en bici como dicen por el norte) por la playa a gran velocidad. Digo
extraño porque hasta que llegué a Irlanda, mi hábito deportivo era más bien
bajo y bastante sedentario. Un día de running
o bici cada semana (o cada dos), combinado con mis ejercicios caseros que
poco o mucho me mantenían en una forma aceptable. Sin embargo, en Irlanda se me
ofreció la posibilidad de hacer todo tipo de deporte gratuito. Allí sorprendí hasta
a mis amigos ¡Hacía deporte cada semana! Me apunté a esgrima, deporte el cual
recomiendo a todo el mundo si quieres pasárselo bien, sudar y luchar con la
espada al más estilo Dartacan. Me iba a apuntar al club de paracaidismo pero
estos irlandeses querían que yo, si ningún tipo de experiencia, me tirara solo
desde el avión. Sí, claro.
En fin, no vengo a hablar de cómo han cambiado mis hábitos
saludables después de mi año Erasmus. Desde luego han mejorado bastante. El
verano ya ha llegado, se huele, se nota y se sufre por el bochorno que pasé
todo e ir a las 8 de la tarde (evening
si eres alguien normal y no español). La gente va a casa a cenar después de un
largo día en la playa con los niños llenos de arena, la sombrilla, la hamaca,
la nevera, la colchoneta, las palas y todo lo demás. A mí no me gusta demasiado
la playa de mi pueblo porque está muy llena de gente, no es bonita.
Sin embargo, en mi profunda opinión, yo no considero el
verano por empezado hasta la verbena de San Juan y en Catalunya, la verbena es
de lo más mágica. Me atrevo a decir que esta fue sin duda, la mejor verbena que
tuve en muchos años. Como ya dije una vez, me encanta Sant Pol. Yo si pudiera
viviría allí, es tranquilo, tiene playa y montaña (como mi pueblo sí) pero tiene
se rollito mediterráneo al estilo anuncio de Estrella Damn que tanto me gusta.
Las callejuelas y la gente en la calle con la música de fondo y las barrakas al lado del escenario. Veía
gente madurita (40-50) años con más flow que
Tito MC bailando hip hop. Decía a mis amigos “Yo de mayor quiero estar como
ellos”. La cervecita o el agua de valencia son el alma de la fiesta y todo esto
mezclado con el olor de la pólvora quemada. Quizás ese es el olor del inicio
del verano. Sin embargo por fortuna más que por desgracia, a mí me toca
trabajar y más bien yo al veranito lo dejo descansar. El ambiente estaba tan
animado que me pusieron incluso una de Fangoria
y dices, “¿Y esto?”. Genial. Sin embargo quizás el signo más claro de que el
verano ya ha llegado, es la piel que se me está pelando aún dos semanas después
de mi día de playa en Donosti.
Hablar con mis amigos sobre lo que el futuro nos depara, ese
fue el principal tema de la noche. En el fondo me gustaría poder verme a mí y
al resto de mis amigos dentro de 5-7 años. Veo a gente de mi instituto más
joven que yo y veo que al final, con los años, gente que parecía totalmente
perdida en el camino, ha conseguido encontrar indicaciones.
domingo, 22 de junio de 2014
Yo nunca he bebido cerveza sin alcohol
Esta noche tengo plan (ni yo mismo me
lo creo). Desde que volví de Bilbo no he visto a nadie. Ya sea por
motivos de estudios o trabajo. Jamás pensé que podía decirlo, pero
dios !Creo que necesito un poco de contacto humano cara a cara!
Necesito discutir con mis amigos sobre nuestros problemas e
intereses; escuchar a Mireia contarme sus ideas súper optimistas y
por que no, también seguirle la corriente a Jim con sus bromas “Yao,
random, troll face, mam”. Todo
es tan “pueblo”, es incluso (quizás) normal.
Mis ganas por ver a
gente, hablar e interactuar con ellos son tales que incluso, en un
alarde de mis ganas por ver a alguien, esta tarde he acompañado a
Alba a fotocopiar a un Carrefour en el pueblo de al lado. Alba tiene
muchas virtudes, es guapa, lista, responsable y misteriosamente
atrevida. Sin embargo cuando se trata de escuchar, es terrible,
acciona el botón de piloto automático y su cara parece la de Belén
Esteban, no se mueve. En la chirriante furgoneta Citroen de sus
padres, que ya va por la segunda generación, ella me hablaba sobre
sus problemas erasmusiles. Yo le he dado unos cuantos consejos como
veterano que soy (el título me lo otorgo yo mismo) y a juzgar por su
cara, por una oreja le ha entrado y por otra le ha salido. Ha sido
fascinante. Se le ve una chica con mucho estrés pero a la vez le doy
uno, dos y incluso tres aplausos por la vida que lleva. Me cuenta
deprisa el resto de sus problemas (que se resumen a la universidad)
mientras me utiliza para hacerle agujeros a las hojas y prepararlas
para encuadernar. Teamwork yes. Después de bloquear la
impresora, enviar tres mil ordenes de impresión, ha pagado y yo he
aprovechado para comprar el pack de amigo enrrollado: 4 cervezas y
dos pizzas. Lo parto, lo sé.
Esta noche vamos a
cenar a casa del gigante Jim (un chico muy alto como bien indica la
palabra su adjetivo) y después iremos a aquella zona de fiesta
que tanto criticaba ayer. Sí, también lo sé, es un poco hipócrita
pero no está tan mal cuando vas con gente así de maja a la que le
importa una porquería el futuro. A veces admiro lo relajados que
viven.
Al llegar a casa de
Jim, mi pack de fiesta triunfa, pero solo yo he traído algo decente.
Comenzamos a picar cerezas de la cocina hasta que las pizzas están
listas. Jim opina que estas pizzas no se pueden hacer mucho porque
son así (crudas). Para mi gusto, eso está crudo, crudo. Me las como
igualmente. También hay más comida, así que no paso hambre.
Las cerveza ya
corre libre de boca en boca y el asunto ha desvariado hasta el punto
de bajarme la aplicación de Yo nunca (muy típico sí). Las
preguntas son de lo más variopintas e impactantes en plan: Yo
nunca he recibido un pollazo en el ojo o Yo nunca he cogido
una mierda pensando que era una piedra (alguien bebió en esta
última, so sad..). Al llegar las 12, las provisiones de alcohol se
han agotado y algunos estaban jugando con cerezas (fruta, no licor).
En pleno éxtasis del juego, decidimos ir al paki (como bien
deduces, paki de pakistaní, enhorabuena) de la estación de
tren y comprarle unas litronas. El plan marcha bien.
Hemos vuelto y
estamos en la terraza de Jim con Pink Floyd de fondo. Me encanta, no
hay nada más veraniego que su terraza. Sus padres son hiper hippies
de primera generación. Son independentistas guays y lo tienen todo
muy así naturista molón. Hablamos de lo privilegiados que somos, de
la pobreza y de lo contentos que estamos (qué seriedad). Yo
coincido. Podría haber añadido que eramos una panda de hipócritas
pero no estoy en el momento ni la condición para defender mis
argumentos (gracias sentido común por frenarme). Somo seres humanos
y queremos más. Bebemos más, aprendo más cosas de esos mosquitos
muertos (me incluyo) y acabamos haciendo recital de eructos.
Delicioso.
Me canso y a las
2:30 vuelvo a casa. De camino escribo a Sara. Me pasa siempre, me
pasaba en Cork y me pasaba aquí; cuando salgo sin ella de farra,
tengo unas ganas inmensas de volver a ella y abrazarla en la cama
doble de Deanshall, contarle cosas, reírnos un rato y hacer el amor
(¿Puedo decir hacer el amor aquí verdad?). La echo de menos. Es
sorprendente como esta chica me ha hecho replantearme mucho a mi
mismo como persona. Las vascas son brujas y no lo digo yo, lo dice
Álex de la Iglesia en Las brujas de Zugarramurdi.
Agur!
sábado, 21 de junio de 2014
Viernes noche con 21 años
Es viernes por la noche y
aquí estoy, en mi cama sin hacer desde el miércoles y con mis ganas inmensas
por escribir, las cuales están siendo satisfechas en este mismo momento
mientras desarrollo este intento de literatura de calidad. Esta tarde me he
dormido durante dos horas y media mientras leía a Joyce. No es que Joyce sea
aburrido, ha sido ese momento de la tarde, el sol de las siete que entra en mi
habitación. Tengo la sensación de que la noche va a ser muy larga para mí. Lo
sé, igual debería estar buscando planes nocturnos como joven de 21 años que
soy, pero oye, estoy digievolucionando y estoy muy contento con ello.
Hay pueblos y pueblos. El
pueblo en el que vivo es un pueblo de segunda clase. De hecho el pueblo en el
que vivo no se puede calificar como tal, es más una villa pues tiene 26000
habitantes (según los últimos datos de Wikipedia). Por ser una zona turística,
hay bastante fiesta alrededor donde vivo pero es fiesta mala, fiesta que no
mola, fiesta para turistas que no saben lo que es el salir de noche. Me es muy
difícil encontrar donde vivo a gente que mole y por eso me aburre tanto salir
por aquí. Únicamente disfruto cuando hay fiestas en la playa y conciertos. Es
genial. Antes de irme de Erasmus, ya me aburría esta zona de fiesta. Disfrutaba
mucho (¿puedo decir que gozaba?) cuando salía por Barcelona por las
antiestéticas y industriales calles de Marina en Barcelona y esas tajas en la Ovella
Negre. Qué recuerdos. Después vi la luz en Cork, encontré mi estilo. Cerveza,
buena música con estilo y en vivo, compañía y variedad. Siempre que he salido
en Cork, ha sido una noche notable como nota media. Nueve meses más tarde aquí
me encuentro, de vuelta en una zona de fiesta a la que le doy un simple
aprobado. Música comercial (reggeton) y poca variedad de gustos.
Perdonar este delirio nostálgico,
hoy tengo día. Hoy incluso estuve viendo mis videos de Erasmus. Aquel video en
el que Sara me grababa dormidito en su cama doble en la que hacíamos cosas para
mayores y yo negaba estar durmiendo; mi celebración de cumpleaños (el mejor
cumpleaños que tuve jamás; cruzando en coche Connemara.
Hablaba de
digievolucionar (o evolucionar si queréis tomarme en serio) y con la edad
aumenta mi necesidad de pasar más momentos solos, descubrirme a mí mismo y
desarrollar esos aspectos que poco a poco veo que me tiran más. Me he tirado
todo el día enviando correos y movilizándome para conseguir las mejores prácticas
que este señor pueda conseguir. Si me voy a tirar seis meses trabajando a
jornada completa y me dejan elegir donde quiero hacerlo, tendré que asegurarme
que es un lugar que se asemeje a mis futuras expectativas laborales. ¿Pero qué
futuras expectativas laborales Javier? Si hace meses que te convenciste de lo poco
que te identificas con tus compañeros de carrera y de lo aburrida que llega a
ser. Sin embargo, al final he encontrado un campo atractivo y un profesor que
me motiva. Estoy satisfecho en este último aspecto. No soy el único que se
encuentra en esta encrucijada y ve como este muro llamado mundo laboral se
acerca a velocidades alarmantes y muchos tenemos miedo de estamparnos contra él.
La sociedad va demasiado
rápido y apenas te permite equivocarte en tus elecciones. Tenemos una presión impresionante
por hacer la correcta elección sobre nuestros estudios y por acabar cuanto
antes. Sigo aprendiendo francés por mi cuenta; aumento mi ritmo de lectura por
culpa de la vasca con cara de inocente y cada vez más escribo como si esto se
estuviera convirtiendo en un hobby. Mientras mi madre, se duerme en frente de
la pantalla del ordenador en la que ve Comando
actualidad dedicado a la cocina y me recuerda a mi segundo (¿o primer?) hobby
favorito. Hablan de la semana del pintxo de Navarra y de nuevo me vuelve esa nostalgia
de la que hablaba. Oigo pintxo y pienso en Bilbao, en País Vasco y pienso en
Sara. Soy un gordo.
Como decía, me veo en
pleno proceso de cambio, aprendiendo cosas por mi cuenta como mi próximo proyecto,
el revelado en casa. Escribir cosas nuevas, cosas de verdad, relatos como los
que a mí me gustan. Pienso en relatos y pienso en Salinger, Salinger es lo más,
mola. Por otro lado, se me amontonan las series. A Vikings se me añade ahora Black
Sails, una serie sobre piratas. Me gustan los piratas.
Quizás me he hecho la
picha un lio.
Actualizo: Dándole al coco ahora mismo y leyendo a mi amiga Mireia me ha hecho pensar sobre el lugar en el que vivo. Mi pueblo (o villa) es bonito, tiene playa y tiene montaña, es tranquilo y siempre tiene la misma gente. La única pega a que le doy es estar lejos de Barcelona y ese odio que disparo a todo aquel que se sube al tren que muere en Calella y me deja a una parada de casa. Esa gente da asco. Como ya dije, la fiesta de aquí, también da asco.
Actualizo: Dándole al coco ahora mismo y leyendo a mi amiga Mireia me ha hecho pensar sobre el lugar en el que vivo. Mi pueblo (o villa) es bonito, tiene playa y tiene montaña, es tranquilo y siempre tiene la misma gente. La única pega a que le doy es estar lejos de Barcelona y ese odio que disparo a todo aquel que se sube al tren que muere en Calella y me deja a una parada de casa. Esa gente da asco. Como ya dije, la fiesta de aquí, también da asco.
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